
Ya sabemos que la cárcel es una maquinaria social cruel, inhumana, degradante, cuya función es debilitar y condicionar, para hacerla previsible y manipulable, a la gente que tiene buenos motivos para no adaptarse a las normas sociales ni obedecer las leyes. No se trata de luchar contra el delito ni de reinsertar a los delincuentes, sino de irles destruyendo más despacio o más deprisa, mientras se les explota como materia prima del negocio carcelario, del que viven y hasta se enriquecen tantos parásitos, y de utilizarles como chivos expiatorios de la sumisión generalizada. Y sabemos que la cárcel arrebata el tiempo, la libertad y la vida de sus víctimas, que la cárcel mata, más o menos lentamente. La de Albocàsser es de las que matan más, con mayor crueldad y más rápidamente. Hemos recibido el siguiente mensaje, donde su madre nos habla de la muerte de Daniel Sánchez Molina en esa cárcel de siniestra fama. Queremos acompañarla en su dolor y ayudarla a poner su granito de arena para que no vuelva suceder. Sin duda, harán falta muchísimos más.
Hola, soy madre de un preso que falleció el día 12 de septiembre del 2016, en la cárcel de Albocàsser (Castellón). No sé por dónde empezar. Daniel tenía 30 años, era la primera vez que entraba en prisión, tenía una depresión muy grande, tuvo un intento de suicidio una semana antes de su muerte que fue por suicidio, lamentablemente. Entre sus pertenencias encontré una solicitud para recibir tratamiento psiquiátrico, cosa que no se le hizo ningún caso. También encontré un papel en el que consta su intento de suicidio anterior, a mi hijo no se le hizo ningún protocolo para cuidarlo o protegerlo ante esta situación en la que se encontraba, no se le presto atención ninguna y se le dejó como si nada. En la autopsia se ve que no era la primera vez que lo intentaba, por lo que no entiendo cómo son tan inhumanos e ineptos, está claro que su única preocupación es tenerlos empastillados hasta las cejas para que no den qué hacer. Sé que tanto a Daniel como a su compañero los tenían super empastillados y que las dosis más altas eran a la tarde después de la comida y a la noche.
Tanto su padre como yo pedimos hablar con el director y se nos concedió, pero el inepto y sinvergüenza ni siquiera se preocupó de informarse de quién tenía que hablar, sus respuestas eran un montón de evasivas y mentiras. Dejaba bien claro con su actitud que mi hijo para él era un número más, que no podía ponerle cara porque ni se había molestado en saber ni cómo era su aspecto y que los presos no son personas. Y no os exagero, es desgraciadamente la cruda realidad. Está clarísimo que en esta cárcel ocurren muchísimas cosas inaceptables y sobre todo que ya son muchos los presos que fallecen por suicidio sin que se les preste ningún tipo de atención, ni siquiera básica, para personas en una situación semejante. Yo hablaba con una trabajadora social que parecía tener un poco de humanidad y siempre me hacia referencia de que Daniel necesitaba un tratamiento psiquiátrico y que cuando saliese de permiso debería de buscar ayuda. Lo que no puedo entender es por qué no se le dio en el centro donde estaba, ellos son responsables de las personas que tienen a su cargo y deben de proporcionarle los tratamientos necesarios porque están obligados a ello. Cuando comenté esto con el director, el sinvergüenza me dijo que esta trabajadora social no era ningún médico para decirme algo así y que esa no era su función.
El caso es que Daniel nos dejó y sé que ya nada me lo devolverá, pero me sentiría mejor si su muerte no fuese una más, sino que fuese un detonante para que a todos los presos que están dentro o que entraran, se les dé el tratamiento que necesitan y no se les siga atiborrando a pastillas a todos por igual, que se les ayude y se les trate con humanidad. Tienen derecho a otra oportunidad y a n trato decente. Dios mío ¿dónde están los derechos humanos? ¿qué ha hecho con ellos la gente que trabaja en esta cárcel?
Lola Molina Santiago





