Categoría: Salud mental

Tratamos el tema de los enfermos mentales en prisión y, en especial, el caso de Alfonso Miguel Codón Belmonte, encerrado en régimen especial de castigo, sin ninguna terapia ni diagnóstico adecuado, a pesar de sufrir ataques epilépticos y de haber atentado muchas veces contra su propia vida. Hablamos de la huelga de hambre del preso político vasco Patxi Ruiz y del apoyo solidario que está suscitando. Leemos varias cartas de presos en lucha que han participado en la huelga de hambre colectiva de mayo, reflexionando sobre ésa y otras experiencias y sobre la posibilidad de nuevas acciones colectivas.

Huelga de Hambre Mayo 2020 Presxs "políticxs" Radio: Tokata Y Fuga Salud mental

Alfonso Miguel Codon Belmonte es un preso extremadamente vulnerable, con graves problemas de sufrimiento psíquico. Padece ataques epilépticos desde su infancia y, en diferentes momentos, los “expertos” le han etiquetado con ominosas expresiones como “trastorno mixto”, “trastorno límite de la personalidad”, “trastornos afectivos”, atribuyéndole un coeficiente intelectual limitado que, a pesar de ser una persona lista, le hace incapaz de comprender el porqué de que se le tenga sometido a régimen de aislamiento. Lo que no se ha llegado a hacer nunca es unificar todas esas piezas sueltas de la maquinaria psiquiátrica en un verdadero diagnóstico que justifique de algún modo la garantía de una “atención médico-sanitaria equivalente a la dispensada al conjunto de la población” que hipócritamente atribuye a la institución penitenciaria el artículo 208.1 de su reglamento. Lo que llevan unos 10 años haciendo con Miguel –que tiene ahora 28 de edad y está preso desde los 18– convierte esas pretensiones y el mismo concepto de salud mental referido a las cárceles españolas en una grotesca balandronada. Después de toda una vida encerrado e institucionalizado, sometido a un tratamiento cuya supuesta finalidad sería la “reinserción social”, se encuentra catalogado por la SGIP como preso no adaptado, además de extremadamente violento. Pero esta supuesta extrema violencia que le achacan, ha sido ejercida siempre contra él mismo, como única respuesta posible ante la verdadera violencia que la máquina carcelaria hace pesar sobre él, oscilando entre el régimen especial de castigo, definido en el artículo 91.3 RP y reservado a presos “extremadamente peligrosos”, y el régimen cerrado, 91.2 RP, para “inadaptados”. ¿Servirá eso para justificar la brutalidad con que se ha respondido a sus problemas y el cruel abandono médico-psiquiátrico en que se le ha dejado? ¿Para qué mentalidad?

En la respuesta parlamentaria que el gobierno dio el pasado 7 de mayo de 2020 ante el cuestionamiento sobre las causas de la mortalidad en prisión se dice: “En cuanto a las causas que pudieran explicar el motivo de los fallecimientos, se está observando que el perfil más frecuente responde a personas que las sitúa en un alto nivel de vulnerabilidad: personas jóvenes, con un largo historial de consumo de múltiples sustancias desde edades muy tempranas y que no han sido tratadas en ningún momento para afrontar esa problemática. Se añaden además, situaciones de abandono social y desestructuración familiar, baja formación académica y ausencia de hábitos laborales. Asimismo, en la mayoría de los casos se trata de personas que padecen un trastorno límite de la personalidad.” Una definición casi perfecta del perfil de Miguel, que sigue una conducta autolesiva y suicida, con numerosos intentos de quitarse la vida. El último del que tenemos constancia fehaciente ha sido el pasado 22 de febrero al intentar ahorcarse en la celda acristalada donde se encuentra en A Lama (aunque parece ser que ha habido intentos más recientes, sin confirmar).

La respuesta de la cárcel ante tales intentos autolesivos y suicidas ha consistido siempre en  sanciones, aislamiento y sujeciones mecánicas. Sufriendo  desde niño Miguel, como hemos dicho, de ataques epilépticos, y habiendo desaconsejado  ese tratamiento en pacientes epilépticos –a través del Mecanismo de Prevención (de la Tortura), en la “Guía de buenas prácticas en contenciones mecánicas en centros de privación de libertad”– el defensor del pueblo o, mejor dicho, el defensor de nadie, como bien le definen los presos en lucha. Hay que decir que tales medidas de contención o sanción de aislamiento en el caso de enfermos mentales deben ser firmadas por el médico, con lo que, con todas las apariencias de un “acto terapeútico” en lugar de ofrecerle un tratamiento, dada su situación, que merezca ese adjetivo, se le somete a torturas y malos tratos “democráticos”: violentar, atar, encerrar y aislar a una persona con problemas de salud mental. Esa guía de buenas prácticas en contenciones mecánicas también dice que “quedará prohibida de modo explícito la contención mecánica por causas estrictamente regimentales a enfermos mentales con antecedentes de patología psicótica (esquizofrenia o similar), incluidos por dicha causa en el programa Programa de Atención Integral a Enfermos Mentales (PAIEM). De ser eventualmente necesarias, se trataría siempre de sujeciones sanitarias.”

Claro que a Miguel nunca se le ha incluido en ese programa ni en ningún otro plan de terapia para sus patologías diagnosticadas. Así, puede deducirse que ese PAIEM es un premio, o la cara buena de la moneda, que no se aplica al preso inadaptado al régimen. A lo más que ha tenido acceso Miguel es a la aplicación del principio de flexibilidad del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario, si bien nunca se ha sabido cuál ha sido esa flexibilidad, a no ser que se  llame así a pasar a una celda acristalada, monitorizado por videocámaras las 24 horas y sin mantener contacto alguno con ningún otro preso, saliendo, en el mejor de los casos, solo al patio, ya que en otras ocasiones ni siquiera disfrutaba sus horas correspondientes de paseo en el patio, pues se limitaban a abrirle la celda para que lo realizara en una galería.

Las denuncias de malos tratos y las contra-denuncias correspondientes, al final le han acarreado sentencias condenatorias por atentado. Su lamentable situación ha sido comunicada por ESCULCA mediante queja a los defensores del pueblo gallego y español sin que surja respuesta efectiva ninguna de esas instituciones. Además, se tramitaron preguntas al parlamento gallego, sin que haya servido de mucho, a lo sumo para que se le traslade a prisiones fuera de Galicia, lejos de ese colectivo que se ha interesado por su situación. Ahora, vuelve a estar en una cárcel gallega, llevado desde Asturias en un traslado fantasma del que no se le había avisado, sin sus  pertenencias personales, que aún no le han sido entregadas, por lo cual él ha protestado severamente, de la manera que sabe, mediante una huelga de hambre.

Hay que recordar que Miguel lleva aportando su grano de arena desde 2017 a la lucha del colectivo de compañeros presos  que hace unos cinco años vienen denunciando en 14 puntos los atentados rutinarios contra la dignidad humana que padecen las personas presas. Gran parte de las situaciones recogidas en esas reivindicaciones se dan con suma dureza en el encierro que padece él. En estos momentos está llevando una huelga de hambre solidaria, como método para reivindicar la excarcelación de las personas presas enfermas y/o ancianas protestar por las privaciones y el endurecimiento de las condiciones de vida que ha supuesto para la gente presa el estado de excepción para el que ha servido de excusa la pandemia falsificada. Empezó el 20 de mayo con intención de continuar hasta el 30. Cuando termine será hora, y ya lo es en este preciso instante, de luchar por el lugar que le corresponde a Miguel, dado su vulnerable estado de salud mental, o sea, un lugar en la calle, junto a nosotros.

Más información sobre Miguel en Tokata

Propuesta De Lucha Colectiva Para Ser Difundida Y Debatida Dentro Y Fuera (Renovada)

Noticias Sobre La Huelga De Hambre Rotativa De 2019-2020

Sobre La Huelga De Hambre De Mayo 2020

¡No Olvidéis A Lxs Presxs En Lucha! [Lista Actualizada, 29-IV-2020]

Huelga de Hambre Mayo 2020 Salud mental

Hablamos de algunos presos con enfermedad mental que, en lugar de recibir cuidados como correspondería, sufren el régimen de máxima crueldad en cárceles españolas. Comentamos la huelga de hambre y sed de Patxi Ruiz en la cárcel de Murcia II, ahora ya sólo de hambre, y la solidaridad que ha suscitado. Leemos algunas cartas de presos en lucha. Hablamos de Shadi Habach, muerto en una cárcel egipcia, de lxs miembrxs del grupo Yorum que hicieron huelga de hambre hasta la muerte, de lxs presxs palextinxs en cárceles de “Israel”, y de la terrible situación en las de Marruecos.

Huelga de Hambre Mayo 2020 Internacional Radio: Tokata Y Fuga Salud mental

Desde el grupo anticarcelario de Tarragona, La Corda, nos vuelven a informar de la situación de Juan Ruiz López, preso en Mas d’Enric (Tarragona). El compañero habla de su situación personal y de las medidas que le aplican, también de la situación general en esta cárcel. En la publicación se hace referencia a los impedimentos que ponen desde este centro de exterminio para que según qué presxs puedan hablar con las personas del exterior.

Mayo 2020

El compañero está en aislamiento de forma permanente. Nos dice que está mal, y que ha estado mas de 20 días que lo han estado sacando esposado cada vez que tenia que salir de la celda.

Comenta que se ha sumado a enviar el escrito de denuncia al Juzgado de Vigilancia Penitenciaria de Tarragona (que está en Lleida ya que en Tarragona no hay juzgado de vigilancia propio) la queja en relación a que en Mas d’Enric, a según qué presos, no les permiten llamar a una misma persona del exterior. Es decir, un mismo número de teléfono de alguien de la calle, no se lo autorizan a más de un preso. Sobre este tema, sabemos que no hay ninguna norma establecida que prohíba que una misma persona (familiar o amiga) pueda comunicarse telefónicamente con más de una persona presa. Pero que en la cárcel de Tarragona hay una regulación “propia e interna” sobre esto (vamos, que hacen lo que les da la santísima gana) supuestamente para evitar situaciones de amenazas o extorsiones a personas del exterior para que paguen deudas que lxs presxs han contraído en el centro. Esto es un argumento pobre, ya que dichas “amenazas” van a producirse igualmente si es el caso. Además, esta medida acaba afectando negativamente a muchas personas que no está demostrado que hayan hecho o vayan a hacer esta clase de acciones. Hemos comprobado que esta es una medida arbitraria, aplicada a según qué presos en función del juicio subjetivo que hagan lxs carcelerxs.

Además, Juan comenta que ha estado escribiendo a distintos organismos para denunciar su situación y la vulneración de derechos que sufre de manera permanente, así como otros hechos que ocurren en esta cárcel. Con indignación comenta que no recibe respuesta alguna de estos organismos, y que cuando la recibe llega al cabo de mas de un mes. En estas respuestas le dicen que tiene tres días para recurrir o aportar más información, plazos de tiempo obviamente imposibles de cumplir.

Denuncia la desatención médica que sufre. Comenta que el martes 12 de mayo hizo una vídeo-llamada con su familia (estas vídeo-llamadas son a través de wasap, con falta de intimidad y con una calidad de mierda. Duran tan solo 10 minutos). Comenta que después de la vídeo-llamada, tuvo un ataque de ansiedad y pidió que lo atendiera un médico. Nadie fue a verlo. Dio un puñetazo a la pared y siguió sin ser atendido por nadie. Comenta que lo tienen chapado 21 o 22 horas al día, sin acceso a ninguna clase de actividad o taller. Él mismo explica cómo esta situación que perdura en el tiempo está afectando a sus patologías psicológicas y físicas. Recordamos que Juan tiene problemas de toxicomanía desde los 13 años, y varios problemas de salud física y sobre todo mental. Ha protagonizado varias autolesiones de todo tipo, y se le ha aplicado en mas de una vez el PPS (Protocolo de Prevención se Suicidios). Denuncia que cuando se le han hecho informes médicos estos no han sido completos y no han incluido toda la información necesaria. Dice que solamente una subdirectora médica, una tal Elisa, es la que le atiende cordialmente, tratándole como una persona y como un paciente.

También relata que en el mes de marzo hubo al menos un incendio en una celda, y que al chaval lo ataron y le pegaron. Hace referencia a varias situaciones de abandono y maltrato a otros compañeros, además de a él mismo.

Denuncia lo que ya se ha confirmado reiteradas veces, que a lxs presxs no les han entregado ni guantes ni mascarillas, ni tampoco productos de higiene. Comenta que los lotes de higiene que se reparten una vez al mes son insuficientes, y tampoco han aumentado los productos ni las cantidades de dichos lotes ahora que hay toda la movida del COVID. Incluso dice que los presos que reparten la comida tampoco llevan medidas de protección por lo que es fácil que se propague el virus. Tampoco ponen ni bolsas de plástico en el patio para tirar los residuos. Al igual que nosotrxs, siente que con la excusa del COVID les han aislado aún más, pero, sin embargo, no se aplican medidas reales que vayan mas allá de la incomunicación con el exterior.

Adjuntamos aquí algunos de los resguardos de las peticiones que está haciendo Juan desde hace tiempo: Entrevista urgente con el psiquiatra, solicitud de los informes médicos psiquiátricos y de la medicación que está tomando, necesidad de poder realizar actividades. También un papel donde se le informa de las medidas que se le estuvieron aplicando en relación al control de sus llamadas telefónicas, donde entre otras cosas tiene que solicitar a primera hora de la mañana a quién va querer llamar, que estas llamadas siempre serán a primera hora de la salida al patio, pero solo desde el pasillo, y el tiempo de estas llamadas SE LE RESTA de su tiempo de patio, y que durante la llamada habrá siempre un carcelero presente. También nos hace llegar otro papel donde se le informa que va a estar permanentemente bajo vigilancia, mediante cámaras en tiempo real.

A pesar de que estas medidas ya se le cancelaron, todo esto nos puede dar una idea de las condiciones de máximo control a que está sometido el compañero. Sabemos que Juan “no se adapta” a la vida en la cárcel (¿quién puede adaptarse a esta vida?) ya que además tiene distintas problemáticas añadidas. Pero la solución a esto sigue siendo el maltrato, la represión y el control hacia su persona, elementos que solo aumentan su agresividad y odio y repercuten más negativamente en su salud general. Como él dice, “me tienen como un animal y hacen que me convierta en un animal”.

Juan Ruiz Lopez

Centro Penitenciario Mas d’Enric

Travessia Comella Moro, 15

43764 El Catllar (Tarragona)

Cárcel=Tortura Salud mental

La sexta reivindicación de la tabla de 14 puntos que están defendiendo lxs presxs en lucha desde hace cuatro años dice así: “Respecto a lxs enfermxs mentales, exigimos que se les trate adecuadamente en lugares apropiados para ello y no en las cárceles, y mucho menos en régimen cerrado o en aislamiento. Nosotrxs, como presxs en lucha, nos comprometemos a velar por todxs ellxs. No permitiremos que se les torture ni que se haga negocio con ellxs.” Una reivindicación olvidada al principio por las organizaciones que demandan desde la “sociedad civil” excarcelación de presos enfermos y ancianos, preventivos, gente que está a punto de cumplir su condena, etc. Vicent Almela ha publicado en la web de La Directa el siguiente artículo, que traducimos al castellano, sobre la situación de las personas con enfermedad mental que están en la cárcel, con participación de algunos “expertos”, de gente solidaria que desde el principio está intentando señalar ese olvido, como Gonzalo Tejerina, y, sobre todo, de una persona directamente afectada, el compañero José Antonio López Cabrera, y de la hermana de otro compañero que está sufriendo ahora mismo el problema.

EL TRASTORNO MENTAL, UN MURO MÁS DENTRO DE LA CÁRCEL

Alrededor del 40% de la población penitenciaria padece algún tipo de trastorno mental, la mayoría derivados de haber vivido situaciones traumáticas durante la infancia, o en la misma prisión, o del uso abusivo o la adicción a sustancias, según expertas en el campo de la psiquiatría. Familiares, médicos, psiquiatras y los mismos presos solicitan ser tratados en entornos terapéuticos fuera de las cárceles, y que se acabe con la “sobremedicación”.

El pasado viernes 17 de abril un preso de 27 años con antecedentes psiquiátricos empezaba a crear disturbios en el patio del módulo 14 del centro penitenciario de Brians 2, en Sant Esteve de Sesrovires. Según fuentes penitenciarias, el joven estaba muy nervioso, rompió parte del mobiliario y agredió a otros internos. Varios funcionarios del centro lo redujeron por la fuerza “con mucha violencia”, según han explicado a la Directa algunos presos que presenciaron la escena, y lo trasladaron al área de salud mental del centro penitenciario. Allí, por orden del médico de guardia, fue inmovilizado en una sala de contención mecánica –una práctica denunciada por el Comité Europeo para la Prevención de la Tortura (CPT), multitud de entidades en defensa por los derechos humanos y el propio Consejo de Europa–, sufrió un paro cardíaco y murió. Hacía dos días que esta persona había salido de la Unidad de Psiquiatría de Brians 1 y, previamente, ya había entrado en prisión y había sido considerado “inimputable” por un juez debido a sus problemas de salud mental. Ahora, otro magistrado ha abierto diligencias para investigar las causas de la muerte, y desde el Observatorio del Sistema Penal y los Derechos Humanos (OSPDH) de la Universidad de Barcelona han presentado una denuncia ante el Síndic de Greuges para que investigue  lo que pasó realmente.

Desde que se declaró la situación de emergencia por el Covid-19 el pasado 14 de marzo, en las cárceles catalanas han muerto siete personas, tres de ellas por suicidio. Según fuentes del Departamento de Justicia, se estima que actualmente la mitad de los presos tienen problemas de salud mental y un 25% presenta una patología dual (convergencia entre una adicción y un trastorno). Según afirman fuentes de este mismo departamento, el 33% de la población penitenciaria de Cataluña presenta problemas de drogodependencias en la cárcel.

Para tratar a las personas presas con trastornos mentales, en 2018, la Generalitat aumentó un 60% el presupuesto y se instauraron equipos de salud mental permanente, con psiquiatra, psicólogo clínico, enfermeros especializados y terapeutas ocupacionales, en todas las cárceles catalanas. Desde 2003, en el centro penitenciario de Brians I existe la Unidad de Hospitalización Psiquiátrica (UHPP) de Cataluña, a donde se traslada a todos los internos con trastornos mentales agudos. Esta unidad cuenta con una capacidad para 62 pacientes, para atender una población penitenciaria que ronda las 8.000 personas. Actualmente, hay 37 personas ingresadas con trastornos mentales graves.

En las cárceles españolas, según reconocía el año pasado el Ministerio del Interior español, en respuesta a una pregunta parlamentaria efectuada por el senador de EH Bildu Jon Iñarritu, “no existen salas específicas para albergar a las personas con enfermedades mentales”. Por lo tanto, estas personas o bien están ingresadas en los módulos ordinarios o en las unidades de enfermería de los centros. Según fuentes ministeriales, sólo el 4,2% de la población reclusa presenta algún tipo de Trastorno Mental Grave (TMG), unos datos que son cuestionados por expertos en el campo de la psiquiatría y la medicina, por familiares y por las mismas personas presas.

Pau Pérez Sales, psiquiatra del hospital La Paz (Madrid), técnico del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNPT) y director de la red SIRA, Considera que el dato que da el Ministerio del Interior “no refleja en absoluto la realidad en las cárceles”, ya que, según explica, se estima que alrededor del 40% de la población penitenciaria padece algún tipo de trastorno. “Es cierto que desde 2011 existe el Programa de Atención Integral a Enfermos Mentales (PAIEM), pero, como no está supervisado, cada cárcel lo aplica de una manera diferente, dependiendo de la dirección, y sólo se incluye en él a personas con algún tipo de trastorno psicótico”. Actualmente, Instituciones Penitenciarias sólo cuenta con seis psiquiatras para atender a una población penitenciaria de alrededor de  58.000 personas, una ratio que Pérez considera “completamente insuficiente”, y que provoca que algunas cárceles tengan que contratar psiquiatras privados para que visiten a los internos: “este psiquiatra va una vez al mes y sólo le puede dedicar diez minutos a cada paciente, así que lo único que hace es recetar psicofármacos para que los presos estén calmados, aturdidos, y que haya los mínimos problemas de orden posibles en el centro.”

Según Pérez, es importante definir qué consideramos como trastorno mental grave: “si sólo consideramos como trastornos mentales agudos la esquizofrenia y el trastorno bipolar, las cifras serían muy bajas, entre un 6 y un 7% en las cárceles, pero la realidad nos dice que hay muchos otros tipos de trastornos que pueden conducir a una persona a la autolesión o el suicidio”. El psiquiatra explica que, cuando esto ocurre, los profesionales de la salud mental en las prisiones lo atribuyen a trastornos de personalidad, y normalmente estos internos son sancionados y castigados mediante el aislamiento, la contención mecánica o la prohibición de tener permisos o comunicaciones, “en lugar de ser escuchados y tratados de una forma respetuosa y adecuada al momento que están pasando.”

“En las cárceles hay personas que se han criado en entornos muy complicados y con mucha violencia, y muchas veces estas personas presentan una gran fragilidad emocional, lo que hace que cualquier cambio en sus vidas les desborde emocionalmente y no sepan cómo gestionarlo”, explica el médico. Además, con el estado de alarma generado por el Covid-19 se han suprimido desde hace dos meses los vis a vis y las comunicaciones por locutorio entre las personas presas y sus familias. “Los efectos pueden ser muy graves, ya que harán que aumente aún la irritabilidad, el malestar y la inestabilidad emocional de las personas presas. Esto provocará conflictos y, por tanto, más sanciones y castigos hacia ellas”. Pérez concluye que el estado de la salud mental en las prisiones dependerá mucho de los recursos que se inviertan y la voluntad política para mejorarlo, que “de momento,  es nula, lo que hace que estas personas estén completamente abandonadas.”

Veinte pastillas al día

Para José Antonio López Cabrera, “hay una dejadez total y mucha mala praxis”. Habla desde la experiencia, en primera persona, después de haber pasado 30 años privado de libertad en diferentes cárceles catalanas. Ingresó por primera vez con diecisiete años en la Modelo, en 1984, por atracar bancos, y, en ese momento, sufría problemas de adicción a algunas sustancias. “Ya venía con muchos traumas de la infancia, y ahora, después de pagar 30 años, te puedes imaginar cuántos trastornos más he acumulado dentro de la prisión”, relata. Según López Cabrera, cuando se cerraron los “manicomios”, en 1986, las cárceles se llenaron de personas con enfermedades mentales. “Las personas con trastornos mentales deberían ser tratadas en un centro terapéutico, no en una prisión, y menos aún ser sometidos al castigo y a la violencia por parte de los funcionarios”, razona.

“Yo, por ejemplo, nunca había sido diagnosticado antes de entrar, pero en la Modelo me empezaron a medicar desde el primer día, así que me he hecho adicto a la medicación en la cárcel, porque antes no tomaba”, explica el preso. En su opinión, “lo que quieren es anularte como persona. En teoría, tienes que tomar la medicación que te corresponde ante el funcionario, pero muchos presos la esconden en la boca o en la mano y luego hacen mercadeo o la venden en el módulo. Como han guardado las pastillas en la boca, a menudo, así se transmiten también muchas enfermedades. Yo, ha habido días en que me he llegado a tomar más de veinte pastillas, iba completamente zombi y no me enteraba de nada”, explica.

De los 30 años que ha pasado preso, la mitad ha estado en departamentos de aislamiento, sin contacto con otros internos y sólo con dos horas de patio al día, un estado que “te destruye” y “te va dejando secuelas mentales”, que pueden acabar en brotes psicóticos u otros trastornos. “Yo me he mutilado partes del cuerpo y me he autolesionado para conseguir que me sacaran de aislamiento y poder hablar con alguien. Llegas hasta puntos que no te puedes ni imaginar”, relata el ex preso. “En las cárceles todo es miseria, y tampoco tienes ninguna clase de relación afectiva. Cuando me dieron el primer abrazo, al salir, me puse a temblar… Cuando una persona está mal psicológicamente, necesita afecto y en la cárcel eso no existe. Porque si muestras debilidad, se te comen.”

La ficha médica de López Cabrera, que hace llegar a la Directa con la voluntad de que se publique, muestra el historial de medicamentos que tenía recetados durante su paso por prisión. Además de los derivados de opiáceos, que normalmente se prescriben a personas con problemas de adicciones a este tipo de sustancias, también se le dispensaban tratamientos con antipsicóticos, ansiolíticos y antidepresivos. Según explica Tere Borrás, experta en adicciones, psiquiatra y educadora social, “los tratamientos con benzodiazepinas, a largo plazo, pueden generar dependencia de la medicación”, y considera que “estas personas que presentan cuadros similares, en la cárcel deberían recibir, además de la atención sanitaria y psicofarmacológica adecuada, mucha más atención psicosocial”. Borrás considera que a pesar de que en las cárceles catalanas últimamente se están invirtiendo más recursos, pero siguen siendo insuficientes: “normalmente aquí también se acaban haciendo intervenciones muy simplificadoras de un problema muy complejo que, en muchos casos, no acaban teniendo ningún tipo de capacidad de rehabilitación para las personas presas.”

Ahora, después de cinco años en la calle, López Cabrera explica que sigue enganchado al Tranxilium y al Tramadol: “la mezcla de estos dos medicamentos hace que pueda hablar ahora contigo, si no, estaría con una depresión de caballo. A veces, he intentado dejarlo, pero no puedo… Yo ahora estoy fuera, pero en realidad sigo preso: pegado a la televisión todo el día, casi siempre deprimido, sin ganas de nada, tomando medicación a diario para poderme levantar de la cama… que me digan a mí, quién paga 30 años de condena en cualquier prisión y sale bien mentalmente”.

Se exigen medidas urgentes

El hermano de Bienve Peña, que forma parte de la asociación Familias de Presos en Cataluña, entró en la Modelo hace siete años, condenado por un atraco de un supermercado por problemas con las drogas. Pocos meses después de su ingreso, sufría una sobredosis dentro de la cárcel, entraba en parada cardíaca y en estado de coma. Desde ese momento, está diagnosticado con amnesia anterógrada, y no recuerda, a corto plazo, nada de lo que le pasa: “Le dices cualquier cosa y al momento ya lo ha olvidado”. Actualmente, el hermano de Bienve, del cual ella es la tutora legal, tiene una incapacidad total para trabajar reconocida por la administración, lo que le supone una pensión. “Tenemos el informe de neurología del hospital penitenciario de Terrassa que indica esta afectación mental, y sin embargo la responsable de medicina de Brians sigue pensando que él tiene que estar en un módulo ordinario”. Peña explica que su hermano se siente muy inseguro cada vez que hay cambios en su vida, por lo tanto, que el cambien de módulo frecuentemente no ayuda. “Tiene que apuntarse en la mano el número de celda, porque no recuerda dónde tiene que volver después de la comunicación y, cuando ha venido a casa de permiso, no sabe ni cuál es su habitación”.

Peña también se queja de que “algunos funcionarios se ríen de él y dicen que hace comedia, y otros presos aprovechan de que no recuerda las cosas para coaccionarle y pedirle dinero que, según ellos, les debía”. También comenta que es la trabajadora social la que debe gestionar y pedir los vis a vis y los permisos, “porque él no recuerda nada”. Con la situación de emergencia por el coronavirus dentro de los centros penitenciarios “está más nervioso, porque ve a la gente con mascarilla en el módulo y no entiende nada. Llama muy preocupado por nosotros, le explicamos y, al momento, vuelve a preguntar lo mismo”. Aparte, según explica Peña, su hermano es una persona en una situación muy vulnerable ante el virus, ya que desde que sufrió la parada respiratoria tiene afectados los pulmones y el hígado: “en la cárcel está empeorando cada vez más, tanto mentalmente como físicamente. Una persona como él debería ser tratada en un centro especializado, que con toda seguridad no es el módulo ordinario de una cárcel.”

Con todo, hace seis meses que Bienve Peña no puede ver a su hermano porque le sancionaron sin vis a vis y comunicaciones por motivos disciplinarios. A pesar de haber cumplido prácticamente el total de la pena –siete de ocho años– aún no disfruta del tercer grado. “¿Crees que es normal que una persona en su estado pague los ochos año íntegros por robar un supermercado?” Se pregunta. “Yo me siento impotente, hace muchos años que lucho, he hablado con mucha gente, pero no he conseguido nada. Lo único que sé seguro es que mi hermano entró en prisión como una persona dependiente de las drogas, y ahora saldrá como una persona completamente dependiente de otra persona.”

Precisamente, una de las catorce reivindicaciones del grupo de presos en lucha activa dentro de las cárceles del estado es pedir la excarcelación de las personas presas con enfermedades mentales, o al menos que no se les apliquen sanciones ni castigos como el aislamiento o el régimen cerrado. Por otra parte, desde colectivos como Oteando o Solidarios de la Sanidad, se está intentando seguir una triple estrategia para visibilizar la situación de las personas con problemas de salud mental en los centros penitenciarios. Según explica Gonzalo Tejerina, médico y miembro de estos dos colectivos: “Por un lado, hemos enviado un escrito al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) para que se tenga en cuenta a los enfermos mentales en las excarcelaciones que se están reclamando para reducir el impacto del coronavirus en los centros penitenciarios”. Por otra, “estamos presionando para que, desde el campo de la psiquiatría española, se pronuncien respecto a las cárceles, ya que siempre son los espacios más olvidados desde esta disciplina”. Y, por último, “nos queremos reunir con el Consejo General de la Abogacía Española para abordar la necesidad de tratar el tema de salud mental en las prisiones como un derecho sanitario, y no de seguridad, como hasta ahora, que depende del Ministerio del interior”. Según Tejerina, “queda mucho camino por recorrer si queremos atender estas realidades de una forma mínimamente respetuosa, y está claro que las cárceles no son el espacio adecuado para hacerlo”.

Propuesta De Lucha Colectiva Para Ser Difundida Y Debatida Dentro Y Fuera (Renovada)

Noticias Sobre La Huelga De Hambre Rotativa De 2019-2020

Sobre La Huelga De Hambre De Mayo 2020

¡No Olvidéis A Lxs Presxs En Lucha! [Lista Actualizada, 29-IV-2020]

Huelga de Hambre Mayo 2020 Salud mental

Coral nos ofrece algunos de sus poemas. Informamos de la huelga de hambre que inician el próximo 1 de mayo al menos cinco compañeros, por la excarcelación de las personas presas gravemente enfermas y mayores de 70 y el resto de las 14 reivindicaciones de lxs presxs en lucha. Hablamos con Gonzalo Tejerina de la necesidad de reclamar también la excarcelación de las persona presas con enfermedad mental y de pedir cuentas a los médicos carceleros por su complicidad en tratos crueles, inhumanos y degradantes.

covid19 Huelga de Hambre Mayo 2020 Radio: Tokata Y Fuga Salud mental Sociedad-cárcel

Lxs compis del Grup de Suport a Presxs de Lleida piden que se difunda la presente noticia sobre una persona presa que empezó siendo aislada por sospechas de cornavirus, le llevaron después a régimen de castigo y, finalmente, a una Unidad Psiquiátrica Penitenciaria, incomunicándole de su familia durante varios días y haciéndole objeto de malos tratos. Su familia y sus compañerxs están muy preocupadxs por su desaparición en lo que tiene toda la pinta de un  secuestro y por la falta de informacion clara sobre lo que le pasa y sobre lo que le están haciendo.

La mañana del pasado miércoles 15 de abril, un preso de la cárcel de Lledoners, Barcelona, que llevaba casi 15 días aislado en la enfermería del centro a la espera del resultado de la prueba de Covid-19, fue llevado al DERT (aislamiento), por varios funcionarios desde donde, según la versión de los guardias, lo tuvieron que trasladar rápidamente a la UHPP, Unidad Hospitalaria Psiquiátrica Penitenciaria, en Brians I, Barcelona, porque “estaba muy nervioso y decía cosas sin sentido”.

Sabemos por fuentes próximas a él y por parte del equipo de UHPP que el resultado de la prueba fue negativo pero, al parecer, según el protocolo de prevención, se debía mantener al interno 48 horas más aislado porque presentaba síntomas. Esto, sumado al ingreso en la UHPP, significó la incomunicación total del preso hasta que ayer, viernes 17 de abril, después de más de 6 días sin que su familia pudiera recibir una llamada suya. Desde la UHPP, se justificó esta situación por el protocolo de prevención y con el tema de que, por su salud mental, debía hacérsele una valoración previa de si sería positivo para él llamar a su familia. Ayer, cuando su familia pudo hablar con él, finalmente, este les dijo que no se acordaba de nada ni sabía qué hacía allí; y que estando en el DERT de Lledoners le habían agredido.

Según la familia, el mismo miércoles en que todo esto sucedió, la mujer del interno había llamado al centro para preguntar por la situación de su marido, que llevaba 5 días sin llamarla. Desde el centro le dijeron que no podían hacer nada, que debía esperarse a que le llamara él. (Aún sabiendo que, por el protocolo de prevención y estando en enfermería, el acceso a las llamadas es más reducido). Al poco rato, le llamó una asistenta social informándole de que su marido se encontraba en el DERT, sin profundizar en lo que había sucedido, solo alegando que el interno se había puesto nervioso. Luego, la mujer llamó al centro para pedir más explicaciones y una psicóloga la tranquilizó diciéndole que pronto volvería a ser trasladado a enfermería. Al cabo de unas horas, un trabajador social le llamó diciéndole que le habían dejado a él su caso y que le informaba de que su marido había sido trasladado al hospital de Terrassa por un ataque de nervios. La mujer, preocupada, llamó al Hospital de Terrassa para preguntar por su marido y desde el hospital le dijeron que allí no estaba. Sobre las 19h de la tarde, le llamaron de Brians I y una psiquiatra le informó de que su marido había ingresado en la UHPP hacia las 12:30h de ese mismo mediodía. Le dijo que hasta dentro de 2 días no podría ponerse en contacto con él. Más tarde, la mujer habló con un funcionario de Brians I y este le informó de que, normalmente, quien ingresa allí, tiene derecho a hacer una llamada; así que tendría que esperar a que su marido le llamara.

Al día siguiente, una persona cercana a la familia se puso en contacto con la UHPP para pedir explicaciones sobre el caso y habló con un psiquiatra que reconocía al interno. Este le explicó que no se le permitía llamar a causa del protocolo de prevención y por falta de una valoración final que permitiera valorar que la llamada fuera positiva para la salud mental del preso. La compañera le preguntó si les parecía favorecedor para la salud mental tener a un preso en ese estado (bajo la alarma por coronavirus desde hacía 15 días en una enfermería solo y desde hacía prácticamente una semana sin contacto con sus seres queridos) sin dejarle hablar con su familia. Pero lo único que se pudo conseguir fue que el psiquiatra llamara a la mujer del interno la tarde del jueves para comunicarle que al día siguiente su marido podría llamarla.

A todo eso hay que sumarle que se desconoce lo que pasó desde que el preso estaba en enfermería a la espera de los resultados hasta que fue trasladado a la UHPP de Brians I. La única información que se ha dado es que el preso, que no disponía de diagnóstico psiquiátrico ni tenía problemas de drogadicción, estuvo siguiendo un tratamiento médico durante esos días en enfermería que fue variando. Le cambiaron varios medicamentos, entre ellos los que sirven para dormir y contra la depresión. Estamos hablando, entonces, de medicamentos psiquiátricos que deben ser valorados y recetados por un psiquiatra antes de ser tomados. Así que, al parecer, el preso sufrió un tratamiento con fármacos irregular que podría haber desencadenado el supuesto ataque nervioso que repetían una y otra vez tanto los funcionarios como los demás profesionales de ambos centros. Además, el preso denunció ayer, tras hablar con su mujer, haber sufrido violencia por parte de los carceleros en el DERT en Lledoners.

Ahora, están a la espera de que pasen los días necesarios para que le vuelvan a dar el alta al preso y lo trasladen junto con sus compañeros de módulo otra vez, en Lledoners. Según fuentes de la UHPP, se tarda entre unos 2 y 5 días en hacer una valoración y dar el alta. Siguiendo esa lógica, el interno debería estar de vuelta a Lledoners antes del próximo lunes 20 de abril. La familia y sus compañeros están ansiosos por saber qué pasa con él y por volver a sentirlo a su lado.

Pedimos a las Asociaciones de Defensa de los Derechos Humanos y a aquellas personas u organizaciones solidarias con lxs presxs que se pongan en contacto para tejer estrategias conjuntas para que se solucionen lo más pronto posible tanto este como otros casos de injusticia y por que se mantenga informadas a las familias y a lxs propixs presxs.

Así como animamos a todo el mundo a hacer difusión de esta noticia y de tantas otras que recibimos desde las cárceles para hacer posible la transparencia entre lo que pasa dentro y fuera de los muros.

¡Compañerxs no estáis solxs! ¡ La solidaridad traspasa los muros!

Cárcel=Tortura covid19 Salud mental

Compartimos esta publicación del grupo La Corda donde dan voz a Juan Ruiz Lopez, preso en la cárcel de Mas d’Enric (Tarragona). El compañero relata un nuevo episodio de maltrato por parte de lxs carcelerxs con golpes, negación de atención médica e inmovilizaciones. También le han restringido las llamadas, hecho especialmente grave, ahora que lxs presxs se encuentran en un doblemente aisladxs debido a las medidas represivas por el COVID-19. La fotografía de arriba es de una concentración realizada el 9 de de marzo de 2018 en las puertas del Hospital Clínico de Santiago de Compostela, donde había  ingresado el compañero Alfonso Miguel Codón Belmonte, después de un intento de suicidio. El pasado 22 de febrero, en la cárcel de A Lama, donde había sido trasladado el día anterior desde la de Villabona, Miguel intentó suicidarse otra vez, por ahorcamiento, debido a los malos tratos físicos y psicológicos que lleva tiempo denunciando.

17 de abril de 2020

Hacemos esta publicación para difundir lo que le ha pasado y la situación en la que se encuentra Juan Ruiz López, compañero preso en la cárcel de Mas d’Enric (Tarragona).

Nos relata un episodio de maltrato sufrido por parte de lxs carcelerxs después de haber tenido problemas con otros presos en el patio. Los hechos ocurrieron el pasado miércoles 8 de abril. Lxs carceleros lo tiraron al suelo, lo esposaron por detrás. Comenta que le golpearon con las porras y que aún tiene marcas en la espalda. Lo ataron y lo dejaron inmovilizado toda la noche. No permitieron que el médico le visitara. Le negaron la mediación durante un par de días y le impidieron llamar por teléfono. Juan quiere presentar denuncia por los hechos ocurridos y que este nuevo episodio de maltrato se haga público.

Actualmente el compañero ha sido regresado a articulo 93, lo sacan esposado desde el chabolo hasta el patio, donde sale solo. Se le siguen abriendo causas y se le siguen acumulando sanciones. Una de estas implica que solo le dejan hacer una llamada al día y con lxs carcelerxs presentes. Esta es una medida especialmente grave ahora que lxs presxs están mas aislados que nunca por todo lo del coronavirus, y no pueden realizar comunicaciones por cristal ni vis a vis. Desde Institucions Penitenciaries de Catalunya nos venden que ahora les están dando mas llamadas a lxs presxs (llamadas que no se les “dan”, ya que las tienen que pagar a precio de oro), pero siempre hay personas que no solamente no pueden hacer uso de estas llamadas, sino que incluso se les reducen más las que ya tenían. Aislamiento, sobre aislamiento, sobre aislamiento.

Juan es un compañero que no se resigna a aceptar las condiciones de encierro, sumisión y obediencia que conforman el régimen de vida carcelario, especialmente en aislamiento, donde siempre se encuentra. Os animamos a llamar a la cárcel para preguntar por él (977592070), y también a escribirle para mostrarle apoyo y que vean que no está solo.

Juan Ruiz López

Centro Penitenciario Mas d’Enric

Travessia Comella Moro, 15

43764 El Catllar (Tarragona)

Cárcel=Tortura Salud mental

Desde el Grupo anticarcelario de Tarragona comparten esta publicación de Juan Ruiz López, un compañero del que ya hace tiempo se van difundiendo noticias y que ha pasado por muchas cárceles de Catalunya, prácticamente siempre en aislamiento. Lxs compas de Tarragona hacen un resumen de lo que Juan ha denunciado al Defensor del Pueblo, a la Dirección General de Instituciones Penitenciarias de Catalunya y al Juzgado de Vigilancia Penitenciaria. La ilustración está sacada de http://desmotivaciones.es/.

 

Cárcel de Puig de les Basses, Figueres. Enero 2020

(…) Me aplican el PPS (Protocolo de Prevención de Suicidios) ya que en Mas d’Enric, Tarragona, me intenté suicidar. Aun asi me dejan solo en celda y sin acompañamiento. Me intenté suicidar por los hechos que vienen ocurriéndome en cada prisión por denunciar los tratos inhumanos y degradantes que se cometen. Quiero ser ingresado de manera urgente en algún centro específico para tratar mis problemáticas. Que tenga un programa intensivo y un trato cordial por parte de los profesionales.

(…) Me tratan como a un animal o un enfermo sin derecho a nada, vulnerando todos mis derechos como recluso. Me siento indefenso y frustrado. He estado constantemente sometido a registros integrales, a mi parecer de forma desproporcionada y sin suficiente argumentación, tanto aquí en CP Puig de les Basses como en CP Mas d’Enric. Sin ofrecerme ninguna bata ni chanclas y mofándose de mi.

(…) El día 10 de noviembre del 2019 sobre las 8’00 de la mañana, estando yo en la celda solo y con el PPS activo. Pedí que llamaran al médico porque me estaba entrando un ataque de ansiedad y malos pensamientos. Los funcionarios XX y YY vinieron y me humillaron con insultos y desprecio. Me puse en pelotas, y me golpearon, y acabé finalmente esposado. Me sacaron en pelotas y me llevaron en volandas, me golpearon y me hicieron un corte en la ceja. Al final vino el doctor. Es verdad que yo no me dejé curar. Yo no quería que me pincharan nada, pero me acabaron metiendo “Largactil”, estando yo esposado. Me tratan como a un animal feroz o como si yo fuera una especie de extraterrestre. Estuve atado y esposado pasando frío. Pedí agua en varias ocasiones y no me hicieron caso.

(…) Otro día, el dia 23 de diciembre del 2019, me hicieron un registro en la celda, y me tiraron cosas por el suelo. Se llevaron pilas, mecheros y paquetes de tabaco. Denuncio también no haber estado presente en varios de estos registros que han hecho a mi celda 36. A veces me he encontrado cosas rotas o objetos desaparecidos.

Juan Ruiz López

Centro Penitenciario Puig de les Basses

Raval Disseminat, 53

17600 Figueres (Girona)

Cárcel=Tortura Presxs en lucha Salud mental

Actividad en la calle Salud mental