Categoría: Módulos de vergüenza

Entrevistamos a Alberto Pedrosa, recién salido del módulo de respeto de la cárcel de Abocàsser, y nos cuenta su cruda experiencia y las torturas, vejaciones y chantajes a las que fue sometido en su estancia. También hablamos con Toñi, madre de Javi Guerrero Carvajal, que nos pone al tanto de su situación actual: ha abandonado la huelga de sed pero continúa con la de hambre por las presiones a las que se ve sometido por varios funcionarios.

Javi Guerrero Módulos de vergüenza Radio: Tokata Y Fuga

En las cárceles de Córdoba, en Argentina, según la Agencia Para La Libertad:

Antes de conceder una libertad, ya sea condicional, asistida u otras, los jueces de ejecución penal te obligan a pasar por una pericia psicológica que consiste en varios test. Si las personas privadas de su libertad, cinco, diez, quince, veinte años, se muestran ansiosas el día de recuperar su libertad (porque esa pericia no se hace antes, sino que se hace el mismo día), el juez recomienda que te quedes seis meses más para que se te pase la ansiedad (otra condena). Muy mal les va a quienes no agachan la cabeza y contestan sí señor, muy tranquilamente. Y mucho peor les va a las personas que no aman a quienes los mantienen cautivos, a los que los maltratan y torturan diariamente. Los jueces de ejecución exigen que las personas desarrollen bien el síndrome de Estocolmo, que se enamoren de sus verdugos.

A quienes no se adaptaron al régimen denigrante al que son sometidas.

A quienes se quejan por no tener atención médica, por no tener acceso a la educación, una mejor alimentación, o simplemente diez minutos más en el patio.

A quienes reclaman por el fin de la requisa vejatoria.

A las personas que reclaman una mínima mejora a las monedas que el servicio penitenciario les da por salarios.

A las que destierran en cárceles lejanas de su familia y de sus afectos, si se quejan el estado les muestra que todavía les puede ir peor, para eso están los calabozos y pabellones de máxima seguridad, adonde el aislamiento es total.

Muy mal les va a quienes no agachan la cabeza y contestan sí señor, muy tranquilamente.

A quienes no quieren renunciar a sus derechos.

Los jueces de ejecución exigen que las personas desarrollen bien el síndrome de Estocolmo, que se enamoren de sus verdugos.

El poder judicial pretende que las personas se acostumbren a las injusticias. Que las naturalicen.

Estos señores que administran justicia, procuran que cuando la gente llegue a su despacho, no protesten por las condiciones paupérrimas en las que viven, pero si lo hacen, ellos desmienten de manera categórica la situación.

Entonces me pregunto, ¿quien tiene el problema psicológico?

¿No serán los jueces que no quieren enfrentarse a los conflictos negando su existencia? Esto sería una negación.

Aunque sospecho que el grave problema no es ese, y que ellos son bien conscientes de lo que hacen. Lamentablemente.

Cárcel=Tortura Internacional Módulos de vergüenza

Los medios de control dentro como fuera de las prisiones están siendo cada vez más sutiles y efectivos. ¿Para qué instalar cámaras de video vigilancia? ¿Para qué contratar más carceleros y policías? Si tenemos a muchos que realizan el trabajo gratis. Con gran votación ciudadana están ahí para mantener el actual orden imperante, están en todas partes; puede ser tu vecino de casa o celda de al lado el posible delator.

Dentro de los medios de control en las prisiones, los módulos de respeto (m-R) comenzaron como una iniciativa experimental en la prisión de León, de ahí se exportó el modelo a la gran mayoría de prisiones españolas.

La base de estos módulos es que los propios presos participen en la gestión y mantenimiento del lugar como de sus actividades, etc., así se crea una sensación de dependencia y pertenencia al espacio. Idealmente se pretende que todos los internos generen dinámicas-formas restrictivas para si mismos y el resto, además de premiar las buenas conductas. Los carceleros actuarían en casos extremos o excepcionales.

Desde dentro Módulos de vergüenza

En esta nueva edición de Tokata y Fuga entrevistamos a Concha que nos cuenta la experiencia de su compañero en la UTE de Villabona y en módulos de respeto. Escuchamos la charla ” Descodificar la UTE ” y leemos una reflexión desde dentro sobre los módulos de respeto que nos envía el compañero Juan Carlos Santana Martín: Módulos De Respeto. Una Reflexión Desde Dentro.

Módulos de vergüenza Radio: Tokata Y Fuga

Desde que he sido trasladada de Cataluña a este apartado Campo de exterminio de la geografía ibérica; a medida que he ido re-descubriendo el maquiavélico rol de funcionamiento de estos hipócritas corruptos que se hacen llamar “señores funcionarios”, muchas vueltas le he estado dando a la cabeza sobre lo que, real y verdaderamente, esconden todos estos módulos que llaman de respeto. En principio me resulta chocante y malsonante a mis pabellones auditivos, que por los carceleros y la institución carcelaria en general (dirección general de instituciones carcelarias) estos módulos los hagan llamar de respeto.

Según tengo entendido, se dice, se comenta, se rumorea que son espacios libres de drogas, que solo están al alcance de aquellas internas que carezcan de sanciones disciplinarias, que mantienen buena conducta y, concedámosles el beneficio de la duda, para aquellas compañeras que pretendan encarrilar sus pasos y reinsertarse y reeducarse a la sociedad; como si alguna vez cualquier presa de este lugar llamado mundo haya dejado de pertenecer a esa fea, corrupta suciedad que nos han vendido. Otra cosa bien distinta es que estas autoritarias- fascistas y descerebradas así lo piensen, lo hayan asimilado y hasta hayan acabado por creérselo.

Esto sería una DISTORSIÓN COGNITIVA en toda regla.

Desde dentro Módulos de vergüenza

En esta “presentación” del libro “Umbrales: fugas de la institución total: entre captura y vida”, de la revista anticarcelaria “Víscera” y de la librería Kaxilda de Donosti, celebrada en el Local Cambalache de Oviedo,  el 15 de marzo de 2013, en la que participan Darío Malventi, Esteban Zamora y más gente, se habla extensa y sustanciosamente, entre otras cosas, de la UTE de Villabona en sus “buenos tiempos” y del nuevo (o quizá no tan nuevo) “poder terapeútico del Estado” al que sirvió de avanzadilla.

 Más información en Tokata sobre los módulos de vergüenza

Módulos de vergüenza

El Estado social se reduce a su mínima expresión y se va transformando en un Estado policial en el que se antepone la seguridad al bienestar. En este proceso, la cárcel, como institución capaz de conjugar la retórica del castigo con la de su ejecución, juega un papel fundamental. De hecho la cárcel es una institución central de la reproducción del sistema capitalista, pues ha funcionado (y lo sigue haciendo) como un laboratorio en el que se experimentan estrategias de control que después se aplican al resto de la sociedad. La prisión vuelve a jugar un papel fundamental en la constitución de soberanía, pero ya no cumple sólo funciones disciplinarias; la captura que hace la prisión terapéutica es mucho más totalitaria, pues sus efectos punitivos trascienden con mucho no sólo el tiempo de la pena, sino también la experiencia del encierro.

La exposición corre a cargo de Esteban Zamora y Darío Malventi

Escuchar también La Cárcel Terapéutica

Módulos de vergüenza

La cárcel terapéutica funciona como una empresa total: su economía del castigo está orientada a obtener beneficios de la gestión, contención, vigilancia, terapeutización de la persona en proceso de reinserción. Para ti que estás dentro, hay beneficio si caes bien a los miembros del equipo terapéutico. Para ellxs que entran y salen, el beneficio es desprenderse de su rol de carcelerxs, sentirse útiles para la sociedad, perder el estigma que les sitúa en la parte más baja del funcionariado estatal.

Dario Malventi

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En el penal había algunos sujetos que aspiraban a la preeminencia, a sobresalir en todo: en sabiduría, en carácter, en talento. Algunos eran, en efecto, hombres de carácter y de talento y conseguían lo que pretendían, o sea, la preeminencia y un considerable influjo moral sobre sus compañeros.”

F. Dostoievski, “El sepulcro de los vivos

1.

Por respeto a las personas presas, no me permito una actitud conmiserativa ante ellas. No me dan pena los presos, porque, de ser yo un preso, consideraría insultante que alguien se apenara de mí, se apiadara de mí. Nadie me da pena, excepto yo mismo en algunas ocasiones. Nadie se merece, salvo por parte de uno mismo de vez en cuando, la vejación de que un otro se apiade de él, se apene de él, juegue a ganarse algún “Cielo de los virtuosos” corriendo a socorrerle, a ayudarle, sin que se lo haya pedido expresamente. Por ello, no voy a derramar hoy lágrimas a propósito de las prisiones, no me voy a “indignar” por la situación de los reclusos. Al contrario, quiero cantar a los convictos que se han ganado la prisión, quiero homenajear a los “delincuentes honestos”, a los “criminales honrados”, que diría Genet, a los reos que conscientemente violaron la ley y exhiben hoy con orgullo el castigo que los dignifica.

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En noviembre hará cinco años que la prisión de Lledoners entró en funcionamento. Cinco años de una Institución opaca a la comarca donde la mayoría de la población queda sorda, ciega y muda ante ésta. El espejismo que nos mostraba la Generalitat de la mano de los medios de comunicación, ahora hace cinco años, posicionaba Lledoners como la prisión modélica de Cataluña. Un “modelo” que se fue basando en irregularidades, engaños, maltratos, tortura, abusos de poder y confabulaciones terapéuticas.

Entre el 24 y 25 de octubre de 2008 pasaron más de 11.000 personas por las jornadas de “puertas abiertas”. Rápidamente aparecieron algunos de los tópicos que a día de hoy, desgraciadamente, todavía se mantienen: “Ahora las prisiones parecen hoteles”, “Se vive mejor adentro de la prisión que afuera”, “Las prisiones de ahora no son como las de antes, son una vanguardia”, “Entran a la cárcel y encima tienen trabajo asegurado”, etc. Ante estos tópicos hay que gritar y con fuerza que la situación actual dentro de Lledoners y del resto de prisiones catalanas (y estatales) es muy precaria, que hay una alta tasa de masificación de los espacios, una progresiva reducción  y calidad de la comida Y, por contra, va en aumento la tasa de enfermedades mentales y otras enfermedades físicas. Y es que según fuentes de Instituciones Penitenciarias cerca del 30% de la población reclusa sufre algún tipo de enfermedad psíquica, un 10% está infectada por el VIH y más del 50% padece algún tipo de drogadicción. La conformidad social penitenciaria está basada en la medicación forzada y el uso abusivo de psicofàrmacos por parte de la institución como mecanismo de control.

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