Inconscientemente cuando hablamos de tortura sexual, de vejaciones, de tocamientos, o de violación… pensamos en una mujer; y casi siempre nos vienen a la mente imágenes terribles de abusos y violencia física, pero la realidad nos demuestra que ni se practica sólo con mujeres ni muchas veces utiliza la violencia física para lograr sus objetivos. En un reciente estudio presentado en septiembre en Madrid sobre ‘Incomunicación y tortura‘, se describen los métodos utilizados catalogados dentro de la violencia sexual o ataques a la identidad sexual y de género, que van desde la violación consumada, ha humillaciones o burlas.
Tenemos que ser conscientes y reconocer la dinámica del poder y la cultura patriarcal de control del cuerpo de la mujer para entender el daño que la tortura sexual puede llegar a provocar en una mujer, pero no podemos olvidar que es esa misma cultura patriarcal y esa misma dinámica del poder, con las mismas técnicas de tortura sexual, se utiliza en hombres. Lo cual nos lleva a pensar más en la intencionalidad de la utilización de estas prácticas que en la receptora o el receptor de las mismas.


