Cárcel, mujer, dispersión… Una realidad demasiado profunda y compleja para dar una sola respuesta, como si lo que escribo fuera la realidad de todas las compañeras en esta situación. No es mas que mi experiencia, lo que he podido ver y sentir en las cárceles del estado francés durante casi cinco años, ni mas, ni menos.
Partimos de la base de que la cárcel es cruel y asesina para cualquier ser humano, sea del sexo que sea. Tiene por objetivo destruir lo que tenemos de humano, rompernos como personas y anularnos como militantes, en el caso de nuestro colectivo. Hombre o mujer, el monstruo que tenemos enfrente es enorme. Lo acabamos de ver con Arkaitz Bellon hace unos días o con Xavier López y Ángel Figueroa el pasado año. La cárcel los ha matado. Y dentro de esa lógica destructiva, a las mujeres nos afecta de una manera especifica, que no es sino reflejo de una sociedad sexista.
La primera aberración es que, ya de entrada, separan a la población encarcelada por sexos. Dicen querer reintegrar a la gente en la sociedad encerrándola e impidiéndole toda relación con el otro sexo. Además de eso, la mayoría de las cárceles están pensadas para encerrar a hombres, ya que las mujeres somos un porcentaje bajo entre la población carcelaria. Es como si nos echaran al rincón en el cuarto oscuro. Y eso condiciona, a veces mucho, nuestro día a día, nuestra salud o incluso nuestra ubicación geográfica.