Dinámicas De Poder Y Tortura Hacia La Mujer

Inconscientemente cuando hablamos de tortura sexual, de vejaciones, de tocamientos, o de violación… pensamos en una mujer; y casi siempre nos vienen a la mente imágenes terribles de abusos y violencia física, pero la realidad nos demuestra que ni se practica sólo con mujeres ni muchas veces utiliza la violencia física para lograr sus objetivos. En un reciente estudio presentado en septiembre en Madrid sobre ‘Incomunicación y tortura‘, se describen los métodos utilizados catalogados dentro de la violencia sexual o ataques a la identidad sexual y de género, que van desde la violación consumada, ha humillaciones o burlas.

Tenemos que ser conscientes y reconocer la dinámica del poder y la cultura patriarcal de control del cuerpo de la mujer para entender el daño que la tortura sexual puede llegar a provocar en una mujer, pero no podemos olvidar que es esa misma cultura patriarcal y esa misma dinámica del poder, con las mismas técnicas de tortura sexual, se utiliza en hombres. Lo cual nos lleva a pensar más en la intencionalidad de la utilización de estas prácticas que en la receptora o el receptor de las mismas.

Existen varias intencionalidades en el uso de la tortura sexual, si bien la mayoría de éstas son entendidas dentro de la intencionalidad del uso de la tortura en sí misma. En algunos contextos es utilizada también como, botín de guerra, a modo de trofeo que ha ganado el perpetrador en un conflicto, o para mandar un mensaje de castración al enemigo. Considerando de facto a la mujer como una propiedad. El contexto en el que se presentan estas prácticas es elemental para definir las intencionalidades particulares y los impactos que quieren generar.

En casos específicos, esta práctica ha sido dirigida a mujeres que son parte activa de movimientos sociales y culturales, o pilares de sus organizaciones. En otros contextos culturales es una forma de ofensa o humillación hacia los hombres, utilizando el cuerpo de las mujeres. En otros casos no se discrimina por géneros y la tortura sexual es utilizada como método de humillación extremo tanto en mujeres como en hombres.

En la muestra recogida en el estudio de 45 casos, no existen diferencias de género en la aplicación de métodos de violencia sexual o ataques a la identidad sexual y de género. Estos son utilizados de igual manera con mujeres y hombres. Sin embargo, y aunque hoy todavía no dispongamos de los datos exactos, podemos deducir que las diferencias radican en las connotaciones que acompañan a la aplicación de dichas prácticas y, sobre todo, a la repercusión y la influencia que tienen éstas en cada subjetividad. El método así no es más que un canal para conseguir un daño, la instauración de ese daño dependerá de que lo que toque ese método en el interior, de la historia personal, de los complejos y miedos que tenga la persona, es ahí donde radican las diferencias en la forma de afrontarlo y en la repercusión que tendrán estos u otros métodos de maltrato o tortura.

Muchas veces no percibimos la violencia o el maltrato en toda su dimensión. Nos inundan la mente imágenes de abusos y violencia, sin percatarnos que una burla, o un tocamiento suave, sin violencia o incluso cariñoso, puede dañar de igual o más profundamente que un abuso considerado de mayor grado.

“si te toca alguien que no quieres, en un sitio tan pequeño, donde no te puedes mover.
Ahí es donde peor me sentí.  No me podía mover, no me podía proteger…”
(Obam02)

Las vejaciones verbales, los tocamientos, la obligación de permanecer en posturas ridículas y humillantes, y la desnudez son indiscriminadamente utilizados entre los géneros. Pero las burlas por las características físicas del cuerpo, los insultos de carácter sexista, los frotamientos y los simulacros de violación son más utilizados en mujeres que hombres.

Los insultos oscilan entre dos ejes que van desde la consideración de la mujer como “la puta” o “la zorra” del grupo, hasta considerar que su implicación política viene dada sólo y exclusivamente por la implicación de su compañero sentimental.

“Es que eres tonta, esto lo has hecho por amor, porque a ti sola ni se te ocurriría.
En vez de tener una vida normal…
” (obs03)

Las mujeres son especialmente vulnerables a la tortura sexual cuando están bajo custodia, sin que existan medidas efectivas que garanticen su seguridad física frente a los ataques y las humillaciones de carácter sexual. Claro ejemplo de ello es la carencia de productos de higiene necesarios durante el periodo menstrual. Es común en un estado de ansiedad, terror y estrés extremo como es una detención incomunicada que el cuerpo de la mujer responda con la aparición inesperada del periodo. Este hecho, según han narrado las mujeres peritadas en este estudio, es utilizado y aprovechado para vejar y humillar más a la mujer haciendo referencias a la suciedad de la mujer con periodo.

“Te voy a follar aquí mismo, pero es que estás con la regla y estás muy cochina, y…
No, con lo gorda que estás seguro que no te folla cualquiera”
(Obam05)

En las amenazas de violación, cuando éstas son realizadas a mujeres, cobra una especial relevancia lodo lo referido a crear miedo y daño respecto a la maternidad. Son muchas las referencias a ser amenazas de que, tras la violación a la serán sometidas por uno o varios de los perpetradores presentes, no podrán tener descendencia, incidiendo en un ataque de género nuclear para algunas mujeres. O las referencias a personas que han denunciado públicamente haber sido violadas en dependencias policiales, creando un miedo anticipatorio y recalcando que es un hecho que ya ha sucedido en el mismo lugar donde se encuentra la persona detenida, y que, por tanto, puede volver a suceder.

En la violación consumada, según la muestra recogida, de 45 personas 3 dicen haber sido violadas, siendo dos mujeres y un hombre la proporción por genero. En cuanto a las amenazas de violación, éstas se dan principalmente en los hombres y el señalamiento de la amenaza suele concretarse en sus parejas, madres o hijas.

“Me machacaban con mi hija, [diciendo] que era una puta… Me decían que la iban a violar. Se refería a ella con unas palabras que no puedo ni repetir”

En ellos supone una demostración de poder masculino. Al considerar el cuerpo de la mujer como botín de guerra, puede debilitar el valor de su masculinidad y crear una culpa por no poder proteger a “sus mujeres”.

Los métodos centrados en golpes y agresiones en los genitales también se han observado principalmente en los hombres.

“Mientras estaba realizando posturas, me hacían tocamientos en los genitales y por detrás con la mano. Me empezaron a amenazar con traer una escoba” (obso1).

La tortura sexual trastoca todas las dimensiones de la vida de una persona. Su intencionalidad radica en afectar psico-emocionalmente a las personas, a desvirtuar y anular el sentido del yo más profundo intimo y corporal, la sexualidad, el amor, la afectividad, involucrando los ámbitos políticos, culturales, ideológicos y sociales, y generando un daño tan intimo, tan profundo que resulta difícil de asimilar y de superar.

Ohiana Barrios, psicóloga y miembro del colectivo Jaiki Hadi, en Diagonal

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