Hoy, como en tantas otras ocasiones a lo largo de estos dos años que me mantienen secuestrada en este campo de exterminio y concentración palentino, he sido llamada al departamento de comunicaciones para ser representada por una abogada de oficio con respeto a la restricción de comunicaciones que me imponen los señores dictadores que gobiernan magnánimamente este pozo de extranjería y castigo con la connivencia cómplice del JVP nº4 de Palencia, cuyo titular vuelve a ser la señora María Teresa Román de la Cuesta Gáldiz, restricción que en esta ocasión afecta a la responsable de la Plataforma de Afectadas por VHC de esta ciudad.
Los motivos aducidos por esta panda de sinvergüenzas y corroborados por una jueza que, al menos teóricamente, tendría que defender nuestros derechos e intereses fundamentales (sólo en teoría, pues la práctica realidad forma parte de otra realidad paralela) se sustenta en estos términos: «El interno Juankar Santana Marń pertenece activamente a grupos anarquistas españoles que atentan contra la seguridad de este campo de exterminio ya que susodicho individuo se presume pueda sacar información al exterior…». Obviamente, son palabras de mi cosecha pero no desencaminadas a las que mantienen la santísima inquisición carcelaria. Al leer esto de nada me anonado ya que no es la primera vez que la inquisición carcelaria, un Juzgado Penal o el de Vigilancia carcelaria osan utilizar el atentatario, satanizador, condenativo del noble ideal que defiendo para in-justificar su ulterior acoso restrictivo de mis derechos fundamentales, que dicho sea de paso, siempre han brillado por su ausencia.
Como bien recordaréis, ya en la anterior campaña cárcel=tortura que desarrollamos encontrándome en el campo de exterminio de Ponent, mis torturadores hicieron gala de esta socorrida teoría conspirativa fascista para condenarme. Todas las personas que tuvisteis la valentía individual de asistir a aquellos juicios circenses bien pudisteis oír de boca de la dictadora Subdirectora de Inseguridad, Rafaela, como bien clarito apuntó: «Este individuo pertenece a grupos Antisistema que buscan crear un clima desestabilizador en las prisiones».
Al parecer, según deduzco, la estrategia acosadora represiva palentina para negarme las comunicaciones con el mundo exterior apunta en el mismo idéntico-calcado camino. El haber luchado con todo mi podrido e inhumano corazón y apoyándome en los escasos recursos que poseía para que a las personas privadas de libertad física de toda la geografía castellano-leonesa e ibérica recibiésemos y se nos administraran los nuevos fármacos contra la Hepatitis C, para estas humanísimas personas, entraña un atentado terrorista anarquista. Porque parece ser que, en pleno siglo XXI, no comulgar con sus ideas y los intereses que este sistema abyecto defiende a ultranza es ser un terrorista en toda regla. Querer comunicarte con una ciudadanía libre es ser terrorista; lucha desaforadamente por los derechos de los presxs es ser terrorista anarquista… saquen ustedes sus propias conclusiones.
En cambio, sospechosa y cínicamente no es terrorismo el juicio trampa que tendrá lugar el próximo 2 de noviembre que se llevará a cabo contras nuestras amadas madres contra la impunidad por querer conocer las verdaderas causas en las que apareció fallecido nuestro compa Diego en dependencias de la guardia civil de Arteixo, Galiza; no es fascismo el querer privatizar la sanidad pública en este sangrante país de sinvergüenzas corruptos; no es terrorismo el desalojar a las personas desfavorecidas de sus hogares y dejarles con sus hijxs en la pinta calle; no es terrorismo el criminalizar la solidaridad e ideas; no es terrorismo voraz capitalista el proteger a los corruptos que saquean a su pueblo en nombre de la democracia; no es terrorismo que le hayan expropiado los bancos todo el capital a nuestras abuelita que lleva toda su vida ahorrando y sacrificándose; no es terrorismo fascista el negar hasta la mismísima saciedad la memoria histórica y consentir que nuestras abuelas continúen sepultadas en cunetas o fosas comunes; no es terrorismo realizar un montaje policial de estado enmarcando una pelea en unos actos terroristas, refiriéndome clarísimamente a los acontecimientos acaecidos recientemente en Altsasua-Nafarroa…
He aquí, siervos y miembros de esta prostituida sociedad capitalista, las sobradísimas razones y motivos por los cuáles jamás de los jamases podré aborregarme y alienarme con vuestras rancias e hipócritas ideas. He aquí que no me sorprende en absoluto que intentéis, por enésima vez, injustificar mi presupuesta peligrosidad en pos de restringir el único derecho actual existente de querer comunicar con mis compas o hace uso de mi libertad de expresión.
Como presxs en lucha, como anarquista, como delincuente diplomada, como libertario o como todo aquello que deseéis clasificarme, rotunda-contundentemente de rodillas y niegue-reniegue de esta realidad que todas padecemos.
Aunque por defender mis utópicas y maravillosas ideas (utópicas de momento, no lo olvidéis nunca) y ejercer mi libertad de expresión, pretendáis algún día en erigirme en el nuevo Aníbal Lecter ácrata de la geografía ibérica y queráis agilizar vuestra sucia maquinaria represiva de estado y confirmar postergando mi secuestro físico y mi ajado cuerpo sienta la aflicción de vuestros métodos reinsertadores, mi respuesta continuará siendo la misma:
Es y será un tremendísimo placer pertenecer a grupos anarquistas y antisistema en general; soy una extensión de ellxs y viceversa.
Lecciones morales e ideológicas no nos daréis, pues son, indiscutiblemente, falacias capitalistas.
Permitidme acabar este comunicado recordando una frase se Eugene Debs:
Es sabido por todxs los que me conocen, que fui un miembro de C.O.P.E.L., y tome parte activa en su creación y sus primeras luchas: huelgas de hambre, autolesiones, subidas colectivas a los tejados del hospital penitenciario de Carabanchel etc, etc. Cuando salí en libertad el 22 de mayo del año 1977, formé parte del brazo armado de C.O.P.E.L.
Volví a ingresar el 14/02/1979 en Murcia, hasta la fecha, claro, ¿por qué tantos años preso?, como los de tantos compañeros que aún siguen (seguimos vivos), quebrantamientos de condenas con nuevos delitos.
Nuestra tabla reivindicativa de lo más justa que pudimos hacer, se consiguió la ley orgánica general penitenciaria, con un reglamento taleguero nuevo, y… el tan deseado código penal… menudo palo que con su entrada en vigor el 25 de mayo 1995 nos llevamos todos los que tanto luchamos por conseguirlo, y nada menos que este venía de los socialista. Lo peor que se nos pudo hacer, ha sido anular el art. 100, o sea, que el beneficio de la redención (ordinaria y extraordinaria) quedó anulado. Es la peor pérdida que hemos tenido, por esto solamente las prisiones están masificadas, la población se ha incrementado desde entonces un 300 %. Y por supuesto, en lo que toca a la ley general penitenciaria y su reglamento, incumple todos aquellos artículos que nos puedan beneficiar.
Actualmente, bueno, desde que se conocen los permisos de salidas, los grados, la libertad condicional, el grandísimo poder de los llamados equipos técnicos y juntas de tratamiento, y el último invento: los llamados modulos M.E.R. (Módulos de Educación y Respeto), con ello han formentado la traición, la colaboración, el chivatismo y el arrastrarse. Con ello quiero decir, que ante todo esto, uno se encuentra más que solo.
Leo atentamente todos los comunicados que recibo, y muy a pesar de mi precaria salud, cáncer de próstata y otro posible en el cuello, quiero aportar mi lucha y conocimientos, aunque estoy a la espera de ser extraditado en el mes de enero a Francia para volver a ser juzgado por condena perpetua que se me impuso en el año 1981 en rebeldía por delitos cometidos en septiembre del año 1978.
Las siglas sobre A.S.P.R.E.LA. O las llamemos de otra forma no me importa.
Estoy totalmente de acuerdo en los «puntos abiertos» sobre todo en su punto 2, 3 y en el 4, acertado en llamarnos M.D.R.P. o por el estilo. Bravo por su punto 6, es con el que más me identifico, debemos de tener un apoyo incondicional de medios de información prensa y TV, sin ellos estamos con el culo al aire.
Dentro de los puntos de la tabla reivindicativa, incluir la vuelta del beneficio de la redención ordinaria y extraordinaria en el código penal.
Quitarles el poder que tienen los miembros de los equipos técnicos y de la junta de tratamiento, y que se controle por órganos superiores a los jueces de vigilancia que en lugar de velar por los derechos de los condenados, protegen los intereses de las cárceles.
Hincapié y lucha para que se apliquen las limitaciones de condenas que marca el art. 76, y no nos tengan con cadenas perpetua encubiertas.
Quiero mandar un abrazo libertario y fraternal, al compañero que ha plasmado en este comunicado sus ideales muy realistas sobre todos-as los-as compañeros-as que seguimos en las carceles del Estado, se llame español o de cualquier lugar del mundo.
Fuera barrotes y muros.
6-XI-2016
Hola compañeros-as:
Por supuesto que podéis publicar mis opiniones con mi nombre. Así como deciros que igualmente le debéis de poner una nota de agradecimiento de mi parte a Julián Carlos Ríos Martín por sus libros editados que tanto nos ayudan a mormullar toda clase de escritos en la defensa de nuestros derechos carcelarios, sobre todo para formular escritos de denuncias, me refiero al «manual de ejecución penitenciaria» –defenderse de la carcel– pues estos libros se pueden conseguir gratis en esta dirección: Cáritas española, c/ Embajadores, 162, 28045 Madrid.
El 22 de septiembre de 2004 murió el joven Diego Viña Castro en el cuartel de la Guardia Civil de Arteixo (A Coruña), estando bajo custodia como detenido, según la versión oficial suicidándose ahorcado con sus propios pantalones,que luego desaparecerían del proceso penal, tras haberle sido negada la medicación contra la depresión y, para colmo, con las cámaras de vigilancia que había en el cuartel apagadas.
El 12 de octubre de 2010, en una celebración de la Guardia Civil en la parroquia de Arteixo, con motivo del día de la Virgen del Pilar, una serie de personas convocadas por la Comisión de Denuncia de Galiza se manifestaron frente a la citada parroquia, para mostrar su descontento por la marcha del proceso de investigación de aquellos sucesos, entonces todavía abierto, coreando lemas como “Aquí se tortura, como en la dictadura” y “La guardia civil tortura y asesina”, entre otros.
El 14 de enero de 2011 se archivó definitivamente la investigación penal seguida contra determinados guardias civiles por la muerte y la detención de Diego.
Finalmente, el 2 de noviembre de 2016 se celebró el juicio contra quince de las personas que se manifestaron siete años atrás en aquella parroquia de Arteixo, habiéndose conocido ahora la sentencia, que condena a los acusados por la comisión de un delito de injurias graves a la Guardia Civil a pagar una multa de 720 € cada uno.
Estas cuatro fechas, y los acontecimientos asociados a ellas que he expuesto por orden cronológico, simbolizan perfectamente varios de los elementos que caracterizan el sistema político institucional que surgió de la transición y domina actualmente en nuestro país.
Hablamos con un compañero sobre el que pesa amenaza penal por insumisión electoral. Comentamos con dos de las personas condenadas la reciente sentencia contra lxs 15 de Arteixo y lo sucedido alrededor del juicio. Un compañero del Grupo Pro Presxs de Madrid nos da noticias de las últimas movilizaciones anticarcelarias y antirepresivas en esta ciudad. Daniel nos presenta el proyecto documental «COPEL: una historia de rebeldía y dignidad.
Después de casi cuarenta años de silencio, un grupo de antiguos componentes de la COPEL hemos decidido contar su historia, la de la intervención autoorganizada en la “Transición española a la democracia” de los presos sociales, para que se respetara nuestra condición de personas incluyéndonos en la amnistía. Iniciamos hace unos días una campaña de «crowfundig» para finaciar el proyecto. Quien quiera hacer alguna aportación, encontrará la manera picando en el título del documental, que es el siguiente: COPEL: una historia de rebeldía y dignidad.
Contar una historia, la de la COPEL, es lo que queremos. O, más bien, que la COPEL cuente su propia historia, puesto que en el equipo que realiza el documental, a un lado y al otro de la cámara, hay gente que participó, y los criterios para hacerlo se han discutido en todo momento entre todos ellos. Uno de los rasgos esenciales de la manera de organizarse de los presos en lucha y de la COPEL fue la horizontalidad, el hecho de que nunca llegara a haber una sola voz o un pequeño conjunto de voces que hablaran y decidieran por los miles de presos que, de hecho, la constituían, sino que ellos actuaban espontáneamente, de común acuerdo, impulsados por deseos, expectativas y valores compartidos por todos sin apenas discusión previa ni supervisión de ninguna clase.
Hemos recurrido a personas que lo vivieron desde diferentes perspectivas: presos en lucha en diferentes prisiones (aunque predominan los de Carabanchel, sin que eso quiera decir que queramos ofrece una perspectiva centralista, sino que la cosa se ha dado de esa manera), participantes en grupos de apoyo, abogados, el historiador de la COPEL, el historiador del movimiento asambleario, un criminólogo crítico que ha analizado la LOGP teniendo en cuenta su condición de instrumento estratégico para la pacificación de aquel conflicto, un periodista radical que se ocupó del tema en su momento…
No tenemos, sin embargo, ninguna pretensión de objetividad. Nuestra perspectiva es desde abajo y horizontal, pero sesgada de diversas maneras: nos interesa la COPEL como lucha anticarcelaria porque nosotros seguimos estando en contra de que existan cárceles, como experiencia de autoorganización, porque no creemos en la sinceridad de ninguna lucha social que no se organice horizontalmente. Nuestro propósito es lograr una reflexión estratégica colectiva cuyas conclusiones sean útiles a las mismas luchas en la medida en que tengan continuidad en el momento presente.
Lo que queremos es, entonces, dar voz a los que vivieron aquella lucha en primera persona, contarnos unos a otros esa historia de forma horizontal, sin que ningún discurso predomine sobre otro, sino a través de un diálogo plural. Podemos hablar de varios protagonistas colectivos o de varios colectivos que tuvieron un papel importante en ella. En primer lugar, los presos, los miembros de la COPEL. Ellos rememoran frente a nosotros lo vivido, pero lo hacen desde el presente, con la vista puesta en lo que está sucediendo en las cárceles ahora mismo, con un criterio muy afilado, que consiste en calibrar en qué medida se han alcanzado las reivindicaciones de COPEL en el contexto penitenciario actual, cuyas líneas maestras proceden en gran medida de lo hecho por el Estado para neutralizar aquel “movimiento de los presos sociales durante la Transición”, de manera que se puede decir que la “transición penitenciaria” ha sido tan decisiva para la configuración del sistema penitenciario en vigor como lo fue la transición política para la del régimen partitocrático que subsiste todavía en el presente.
Además, los abogados, que tuvieron un papel decisivo en la elaboración del discurso de COPEL dirigido a la sociedad y una importante influencia en su estrategia. Y también las personas que participaron en grupos de apoyo (AFAPE, comités de apoyo a COPEL, grupos autónomos, grupos pro presos de CNT…) que compartieron desde la calle de diversas maneras la lucha de los presos, y otras personas que individualmente prestaron su apoyo, en ocasiones decisivo.
Es una mirada también hacia la transición, desmitificadora, que pretende revisar, incluso desmontar, el relato oficial, contar las cosas de otra manera, con una perspectiva desde abajo. Redescubriendo de forma prioritaria un movimiento, una cultura política popular como fue el movimiento asambleario, ignorado prácticamente por los historiadores. Un movimiento y una cultura de las que también formó parte la COPEL. Pero sería difícil contar una historia tan compleja de esta manera sin algún elemento que nos sirva para contextualizarla en el momento histórico de la Transición, en su relación con la lucha por la amnistía y con el movimiento asambleario. Para ello hemos recurrido a las voces de un historiador, de un agitador político, de un criminólogo crítico, de un periodista comprometido… no unas voces cualesquiera, sino las de unas personas que, por diversos motivos, se puede decir han participado también intensamente en la historia que estamos contando.
Para trazar aquel contexto, contamos, además de con los protagonistas, por ejemplo, con César Lorenzo, como historiador al que se puede llamar por ahora, y presumiblemente para mucho tiempo, “el historiador de la COPEL”. O con Miguel Amorós, una de las poquísimas personas que, habiendo levantado la voz ya en aquel momento en defensa del movimiento asambleario, sigue contribuyendo a su memoria aún hoy en día. O con Iñaki Ribera Beiras que como criminólogo crítico analizó la legislación penitenciaria y la relación directa de su contenido con las vicisitudes del conflicto que nos ocupa. O con Manolo Revuelta, que publicó un reportaje sobre la querella donde se denunciaban las torturas de Herrera de la Mancha que marcan el final de nuestra historia dando una visión clara y completa de toda ella y escrito con ánimo militante y solidario con la lucha de los presos.
El diálogo que se produce ante la cámara, ha ocurrido también en la vida cotidiana, como un penúltimo episodio de la historia que se cuenta. Las personas a las que recurrimos han contribuido decisivamente a al recuerdo y reflexión sobre aquella experiencia, a la posibilidad de la conciencia de la misma y, en ese sentido al menos, han participado también en la lucha. Y de eso se trata precisamente, de continuarla en el presente, de hacer servir las enseñanzas de ese rico y aún cercano pasado para las luchas actuales.
SINOPSIS
A la muerte de Franco, la democratización del régimen dictatorial no es otorgada graciosamente desde arriba, sino forzada desde abajo por multitud de movimientos reivindicativos que, empezando por las huelgas salvajes organizadas por asambleas, conciben la democracia a su manera. La amnistía, por ejemplo, no se consigue sino después de varios ciclos de movilizaciones callejeras, en enfrentamiento permanente con los antidisturbios y a costa de buen número de muertos. De la movilización espontánea y autoorganizada de los presos sociales reivindicando la amnistía también para ellos, surge la Coordinadora de Presos En Lucha (COPEL), organización horizontal y asambleraria por la que toman la palabra quienes nunca la habían tenido, consiguiendo poner en un brete al Estado durante más de dos años y sacando a la luz la injusticia e inhumanidad fundamental de la máquina social punitiva. Esta es su historia, contada a muchas voces por algunas personas que la vivieron, en diálogo con otras que se interesan por ella aquí y ahora. El relato surge de un debate y una reflexión estratégica, útiles para quienes se plantean en el presente la lucha contra la cárcel.
MEMORIA EXPLICATIVA
Contexto histórico y social
A la muerte de Franco, los hasta entonces pacientes súbditos de su dictadura quedaron a la expectativa. Algunos sintieron angustia, el temor de que sus intereses tan bien salvaguardados hasta entonces por el franquismo se vieran ahora desatendidos. Otros sintieron codicia, ansiosos por atrapar un buen pedazo en el nuevo reparto del pastel político que se avecinaba, se frotaban las manos ante la inminente modernización y ampliación del mercado, pensando en vender ventajosamente sus mercancías políticas e ideológicas. Lo que sentía un tercer grupo, con diferencia el más numeroso, además de una gran alegría por la muerte del dictador, era una loca esperanza de ser libres al fin, o de dejar de ser pobres, o de que la nueva situación les librara de las injusticias que hasta entonces habían padecido. Empeñados en creer fervorosamente en la “democracia”, estuvieron a punto de desbaratar los planes conjuntos de los dos primeros grupos mencionados. Proliferaron las asambleas, donde las personas se encontraban cara a cara, sin intermediarios, para discutir sobre sus problemas comunes y las maneras de solucionarlos y tomar decisiones que, al igual que las propias asambleas, se producían sobre el terreno mismo de acción: la fábrica, el tajo, el barrio… e inmediatamente se ejecutaban. Esta pasión popular hizo temer a los “representantes” profesionales el quedarse sin trabajo, y a los amos de la sociedad no disponer de bastantes “fuerzas del orden” para disuadir a la gente de sus reivindicaciones.
Dentro de las cárcelees
Los presos de las cárceles españolas, que teníamos mucho que esperar de una verdadera democracia y un gran anhelo de la justicia social, formamos mayoritariamente parte de ese gran grupo de magníficos ilusos. Como en otros sectores sociales, nuestra lucha había comenzado antes de la muerte de Franco: durante la primera mitad de los 70, en las cárceles españolas, habían sido frecuentes los motines y disturbios espontáneos, casi siempre en respuesta a manifiestos abusos y barbaridades de los funcionarios. Pero será a partir del motín de Carabanchel de julio de 1976, en protesta por la exclusión de los presos sociales del primer decreto de amnistía, cuando nuestra lucha contra empiece a extenderse, a coordinarse sus diferentes núcleos y a definir cada vez más claramente sus reivindicaciones, entre las cuales la principal: AMNISTÍA TOTAL. Los presos sociales habíamos visto salir amnistiados a algunos presos políticos y estimábamos de justicia que se se nos pusiera a nosotros también en libertad, pues nos considerábamos igualmente presos de la dictadura y de sus leyes.
Los presos sociales se organizan
La violenta represión no consiguió enfríar los ánimos. Por el contrario, los traslados subsiguientes a penales de primer grado contribuyeron a extender las propuestas reivindicativas, poniendo en comunicación a los presos luchadores de diferentes provincias. Por entonces, además, surge la idea de formar la Coordinadora de Presos En Lucha. Mientras se extiendeel movimiento, expresado en huelgas de hambre, autolesiones colectivas y motines en varias prisiones del Estado, la COPEL se va configurando. En Carabanchel, se celebran continuamente asambleas donde se elaboran, entre otros documentos, un “programa de reformas” y un completísimo “Manifiesto reivindicativo de los presos sociales de Carabanchel” con más de 100 reivindicaciones sobre todos los aspectos de la vida penitenciaria. En otro comunicado del 17 de abril de 1977, la COPEL resume sus reivindicaciones básicas:
«a) Amnistía general sin exclusiones para todas las minorías marginadas por los años pasados bajo el franquismo.
b) Reforma democrática de la justicia: depuración de fiscales, jueces y funcionarios franquistas. Desaparición de las jurisdicciones especiales. Reforma del Código Penal.
c) Reforma democrática del sistema penitenciario español: desaparición del principio básico del “castigo” por el que se rigen las prisiones. Depuración de fascistas de la DGIP y prisiones del Estado. Desaparición de grados de cumplimento de la condena, reforma de la aplicación de redención de penas y libertad condicional. Principios necesarios para que las prisiones cerradas vayan desapareciendo en el futuro de una más justa sociedad socialista.»
Los primeros motines de la COPEL
Esas siglas y ese programa serán espontáneamente asumidos por miles de presos en lucha contra la cárcel en el territorio del Estado español. Eso no quiere decir que aceptáramos la autoridad de ningún grupo concreto de personas, presas o libres, ni que nadie lo pretendiera. La COPEL fue, más que una organización, un símbolo, una actitud, una experiencia concreta, un nombre y una forma que dar a la organización de sus luchas para unificarlas, unas ideas y unas tácticas con las que se identificaron los presos por emulación. Pero nunca hubo una jerarquía, ni representantes permanentes.
La administración carcelaria pensó que podría acabar con ellaconsus medios habituales: palizas, torturas, intervención de cabos de vara, traslados imprevistos y violentos, todo tipo de coacciones, manipulaciones y maniobras de intoxicación informativa… Más leña al fuego, y prácticamente en todas las prisiones del Estado la misma respuesta: un torrente de acciones reivindicativas, huelgas de hambre, de talleres, peticiones masivas por escrito, autolesiones colectivas, motines, incendios, planes de fuga en los que participan galerías, incluso prisiones enteras… Parecía que los presos habíamos decidido destruir directa y personalmente las cárceles, por si el Estado tarda demasiado en decidirse a amnistiarnos. El mensaje se propaga como la pólvora, de prisión en prisión, al tiempo que empieza a tener eco en la calle. Hasta la nueva prensa habla de nuestras justas reivindicaciones y publica nuestros comunicados.
A la dirección de Carabanchel se le va la mano en la habitual dinámica de provocación y tortura y, en enero de 1977, después de una masiva huelga de hambre, estalla un nuevo motín en la prisión central madrileña. Y otro más en febrero, frente a las represalias por el anterior. El levantamiento fue brutalmente sofocado, pero, a contar desde ahí, nada volverá a ser en las prisiones como había sido antes. Los supuestos “cabecillas” de la COPEL, unos cuarenta, fueron aislados en “La Rotonda”, en unas celdas especiales incomunicadas del resto de la prisión. Pero eso no sirvió más que para unirles más todavía. Durante meses vivieron en comuna, compartiéndolo todo, iniciaron un túnel, más para mantener vivo su espíritu de lucha que por las posibilidades que ofrecía el plan de fuga, y se comunicaron con el resto de los presos salvando todas las dificultades a través de comunicados y panfletos que se reproducían en una imprenta artesanal cuyos moldes, e incluso la tinta, se hacían con la goma de las suelas de los zapatos. La llama continuó encendida.
Apoyos en la calle
A las acciones llevadas hasta entonces por una Asociación de Familiares y Amigos de Presos y Ex presos (AFAPE) y un pequeño grupo de abogados empieza a sumarse cada vez más gente. Por ejemplo, el día 3 de marzo de 1977, se organiza el primer acto público de solidaridad con los presos. Acuden más de 500 personas, entre ellas intelectuales, artistas, abogados… el sindicato CNT y algunas organizaciones políticas prestan su apoyo, manifestando su total acuerdo con la “plataforma reivindicativa de los presos”, formulan “la exigencia de una amnistía total que incluya a los denominados presos comunes” y señalan la necesidad “de que los partidos políticos democráticos se definan sobre la cuestión, pues de lo contrario estarían ocultando la institución opresora y antihumana que es de por sí la cárcel, y preparando por tanto el terreno para la perpetuación de la lógica de dominación”. Aunque, exceptuando algunos minoritarios grupúsculos de la extrema izquierda y la CNT, todos los partidos y sindicatos se alinearon finalmente en posiciones contrarias a la inclusión en la amnistía de los presos sociales, los gritos de “amnistía total” y presos a la calle, comunes también” no dejarán de oírse en todas las manifestaciones, y cientos de personas asistirán en cada ciudad a todos los actos de solidaridad, enfrentándose a menudo a la policía en defensa de los presos. Los comités de apoyo a COPEL llevarán la reflexión sobre lo que está sucediendo en las cárceles a los barrios y a todo acto público en que pudieran participar.
La batalla de Carabanchel
En marzo, se concede un indulto, considerado insuficiente, cuantitativa y cualitativamente, por los presos en lucha. Y ésta continúa. En los meses siguientes, algunos miembros de COPEL aprovechan los juicios contra ellos para autolesionarse ante el tribunal y reivindicar amnistía. En mayo, se celebra en Euskadi una semana pro amnistía, con cinco muertos y decenas de heridos a manos de la policía. A los pocos días, se inicia una huelga de hambre en la que participarán más de 400 presos en distintas cárceles y que durará hasta junio, coincidiendo con un motín en la cárcel de Tenerife y con la campaña electoral previa a las primeras elecciones generales de la democracia. La COPEL publica un comunicado exhortando a los presos a la abstención (sólo siete votaron en Carabanchel) y un llamamiento pidiendo apoyo para sus reivindicaciones “a las organizaciones revolucionarias, asociaciones democráticas y grupos antifascistas”, ignorado por la mayor parte de los partidos.
El 18 de julio empieza “la batalla de Carabanchel”. Unos 800 presos suben al tejado de la cárcel madrileña, donde aguantan las duras condiciones climáticas y los ataques de los antidisturbios casi cuatro días, durante los cuales se amotinan también los presos y presas de al menos otras dieciocho prisiones en todo el territorio del Estado español. En agosto, hay motines en las cárceles de Córdoba, Granada, Teruel, Cáceres y Zamora, y autolesiones en algunas otras. En septiembre, motines en La Modelo de Barcelona y en Málaga, además de autolesiones y huelgas de hambre en otras prisiones. En octubre, un nuevo motín en la cárcel de Málaga el día 12. El 14, las Cortes aprueban la última ley de amnistía, excluyendo de ella definitivamente a los presos sociales. El 15, se producen autolesiones de presos y otros incidentes en las cárceles de Martutene, Segovia, Lérida, Alicante, Sevilla, Murcia, Basauri, Valencia… El 22, el grupo parlamentario “Senadores Vascos” aprueba las bases para una proposición de ley de indulto a la que se sumarán poco más tarde los senadores de “Entesa dels catalans”. El 25, se firman los Pactos de La Moncloa. El 29, estalla un violento motín en La Modelo de Barcelona.
Durante el mes de noviembre, mientras se elabora en las Cortes el proyecto de nueva Constitución, en las cárceles de Castellón, Jaén, Huelva, Valladolid y Ocaña estallan otra vez los motines, algunos de ellos con incendios y heridos graves, y se producen autolesiones colectivas en Basauri. El día 18, Juan Mari Bandrés, con apoyo de otros 28 senadores vascos y catalanes, Lluis María Xirinachs entre ellos, presenta la proposición de ley de indulto para los presos sociales, rechazada reiteradamente por no cumplir determinados requisitos. En diciembre, dimite el director general de prisiones, siendo sustituido por el socialdemócrata Jesús Haddad que hace declaraciones aperturistas y tranquilizadoras y concede permisos de salida para Navidad. Pero el año termina sin que remita el conflicto social en las cárceles: los presos se amotinan en diciembre en las de Valencia, Basauri, Murcia, Almería y Alicante, se autolesionan en Segovia y, en Ocaña, inician una huelga de hambre colectiva. En los primeros meses de 1978, arrecia todavía el conflicto: en enero, hay motines y otros incidentes y acciones reivindicativas en Sevilla, Granada, Carabanchel, Jerez de la Frontera, Teruel, Barcelona, Las Palmas, Málaga, Oviedo, Zaragoza… El 18, es admitida a trámite la proposición de ley de indulto para los presos sociales. El 17 de febrero, se amotina una vez más La Modelo de Barcelona.
Después de la tormenta
Después de la oleada de motines, muchas prisiones habían quedado arrasadas. Los traslados a los penales de primer grado eran continuos; allí se desarrollaba la represión, mientras en muchas provinciales reinaba una especie de “autogobierno”, el caos desde el punto de vista de la autoridad. Casi todos los días se hablaba en la prensa de las prisiones: un nuevo motín, una huelga de hambre, una fuga… parecía que la Administración había perdido el control, los carceleros no sabían qué hacer y muchos de ellos adoptaron na actitud de cauta pasividad. Considerables unidades de antidisturbios hacían guardia en casi todas las prisiones, pero en las galerías no se hacía caso de esa permanente amenaza: no podían estar lanzando pelotas de goma y botes de humo y manejando las porras todos los minutos de todos los días. En cambio, los presos siempre teníamos ganas de luchar por nuestra libertad. La comunicación directa, casi libre, reinaba entre nosotros, cualquier motivo era bueno para una asamblea que decidía inmediatamente una acción reivindicativa. Los destinos habían sido proscritos, ningún preso tocaba una llave. Y lo mismo el chivateo y los abusos. Una nueva ética había desterrado el individualismo sin escrúpulos, la psicosis machista exacerbada. Ocupaban su lugar la solidaridad, el respeto y la dignidad: todos los presos eran compañeros. Mientras, los obsesos de la libertad excavaban túneles o urdían imposibles planes para escaparse, que a veces se materializaban a fuerza de perseverancia y audacia. Eran las buenas costumbres del tiempo de la COPEL.
Represión organizada
De pronto, comienza la contraofensiva del Estado, cuando el nuevo director general se decide por la represión organizada. Para empezar, a principios de febrero de 1978, quinientos presos seleccionados en las prisiones de todo el Estado por haberse destacado en las luchas, fueron conducidos violentamente y sin previo aviso (secuestrados) al penal de El Dueso. Por el camino, muchos sufrieron malos tratos y a algunos hasta se les afeitó la cabeza y se les dio un mono después de confiscarles la poca ropa propia que conservaban, ya que habían sido despertados en mitad de la noche para la conducción, y no se les permitió recoger sus pertenencias. Una vez en El Dueso, tuvieron que soportar condiciones de vida infrahumanas, con el penal tomado y gobernado por los antidisturbios. Allí estaban, aislados por la fuerza, los supuestos dirigentes que hasta entonces no habían querido ser voluntariamente separados de sus compañeros. Sólo salían al patio 20 minutos cada tres días. Aún así mantuvieron, en la medida de lo posible, la vida en comuna. Estando allí, se enteraron de que había sido rechazada en el Senado la proposición de ley de indulto. La represión aumenta en el resto de las prisiones, los funcionarios ven la hora de su revancha. A principios de marzo de 1978, Agustín Rueda muere a consecuencia de las torturas de los carceleros para que delatara a sus compañeros en un intento de fuga. Y, al poco, un comando de los GRAPO ejecuta al Director General, Jesús Haddad.
Cogestión y fugas
Carlos García Valdés llegó a la Dirección General con su prestigio de jurista progre y dispuesto a dividir para vencer. En todo momento intentó negociar separadamente con los supuestos dirigentes. pintándoles de color de rosa su futura reforma. Desde el Dueso, salió un comunicado de la COPEL donde se pedía “un voto de confianza” para él, “a la espera de que cumpla todas las promesas que nos hizo”, y se abandonaba momentáneamente la reivindicación del indulto general. Después, en las provinciales, a quienes se prestaron a participar en los proyectos de “cogestión” les premiaroncon permisos de salida o reducciones de condena. Mucha gente, sin embargo, se negó a colaborar y continuó fomentando motines o acciones reivindicativas o intentando fugarse. De hecho, los presos conscientes utilizaron la mascarada de la negociación como pantalla protectora para intentar recuperar la movilidad y el espacio perdidos y reorganizar la coordinación para la lucha. Y para encubrir los túneles y otros proyectos de fuga que se emprendieron en muchas cárceles. Muchas tuvieron éxito: en El Dueso, en Carabanchel, en Valladolid… y la fuga de junio en Barcelona, en la que se evadieron 45 personas. Fue entonces cuando García Valdés se decidió por reanudar la represión sistemática y violenta. Por una serie de circulares, instituyó un nuevo régimen especial de “observación de conducta”, para sufrir el cual todos los presos insumisos fuimos trasladados a los departamentos celulares de los penales de primer grado, preparados para recibirnos a palos, tomados por los antidisturbios y con los carceleros dispuestos a dar rienda suelta a su rencor. En los celulares de Ocaña, Burgos, el Puerto de Santa María, Cartagena, Huesca… durante todo el 78, se recibía, cuando menos, una paliza diaria.
Disolución
Con el debilitamiento de la lucha, se relajó también la nueva ética del compañerismo. Los usos de la solidaridad, de la comunicación y de la acción directas casi se olvidaron, ya no había asambleas, ni grupos de lucha, ni compañeros unidos para impedir los abusos y avergonzar a los chivatos. Los presos más decididos y conscientes quedaron recluidos, en régimen de aislamiento y tortura, en los departamentos celulares de los penales de primer grado. LA heroína, al igual que en la calle, comenzó a circular masivamente y volvieron las relaciones de dominio y explotación entre presos. La prensa “democrática” se prestó fácilmente a denigrar a los que antes había enaltecido. El movimiento de solidaridad en la calle prácticamente ya no existía. Había habido elecciones y la constitución estaba a punto de aprobarse, con la prohibición explícita de conceder indultos generales. La derrota del movimiento de los presos sociales estababa consumada, sólo falta consolidarla y legalizarla, institucionalizar sus resultados.
La Ley Orgánica General Penitenciaria
Sirvió para ello la primera ley orgánica de la democracia, la Ley General Penitenciaria de García Valdés, donde se incorporan a las directrices del Estado tanto los principios ideológicos de su proyecto de reforma como los resultados y enseñanzas de su victoria sobre la lucha de los presos. Esa perla jurídica no era más que un fraude. Desde luego, completamente inútil para su autoproclamada finalidad constitucional, el desarrollo del “principio de reinserción”. Otra cosa es su eficiencia como tecnología de control y dominación. En ese sentido, lo más moderno de esta ley es la habilidad literaria, producto de vanguardia de la ideología jurídica al servicio de la dominación, que consiste en quitar con una mano lo que se da con la otra, invalidar en la letra pequeña los derechos que se conceden en la grande. El meollo de esta herramienta legislativa, su piedra angular y contrapeso que equilibra todo el resto del “tratamiento”, es el contenido de su artículo 10: el “régimen especial”, de castigo, institucionalización de la represión recién ejercida, todavía en ejercicio, contra la rebelión de los presos; garantía legalizada de destrucción, y, en primer lugar, de aislamiento de los que no se sometan, en una cárcel dentro de la cárcel. Amenaza dentro de la amenaza, un infierno en la tierra dentro de un infierno en la tierra, para recordar a los sumisos lo que puede pasarles a los soberbios que prefieren creer en sí mismos y en su propia gente en lugar de en su destino social.
Herrera de la Mancha
Pero el medio material por excelencia de este intento, el prototipo de la praxis penitenciaria que García Valdés propone, paradigma y emblema de su reforma, es la cárcel de Herrera de la Mancha. Donde individuos minuciosamente elegidos por especialmente rebeldes, o demasiado lúcidos, o conocedores de acontecimientos que conviene caigan en el olvido… van a representar ante los demás presos, a sufrir en sus carnes, aceleradamente, de una manera concentrada, todas las etapas del tratamiento que para en adelante se propone, incluidas las torturas sistemáticas y la manipulación retorcida de las personas, con la humillación y envilecimiento graduales, disfrazados de “progresión en el tratamiento”, como finalidad primordial, y a quedar como testimonio viviente de sus resultados. A pesar de la querella por las torturas sistemáticas practicadas allí contra los presos, presentada por buen número de abogados solidarios, sostenida valientemente por las denuncias de treinta y tantos presos y apoyada en la calle por los restos del movimiento de solidaridad, la experiencia de Herrera servirá para mostrar a los presos rebeldes “lo que vale un peine”, y señalarles el camino de la sumisión conveniente.
Vicente Soriano fue detenido “ilegalmente” por la Guardia Civil tras negarse a presidir una mesa electoral por motivos ideológicos. Ahora, la fiscalía pide una pena-multa por su acción de desobediencia
“Una cuestión ética y el ser consecuente conmigo mismo”. Estas han sido dos de las razones que llevaron Vicente Soriano a desobedecer la designación de la Junta Electoral de Zona para ser presidente de una mesa electoral en Albaida –la Vall d´Albaida– en las elecciones municipales y autonómicas, en mayo del año pasado.
Dentro del término de alegaciones correspondiente, Soriano respondió a la designación de la Junta Electoral de Zona con una carta en la que alegaba una “cuestión de principios”, declarándose “ideológicamente como anarquista”. En su escrito exponía que no quería participar de un sistema que “desvía dinero público a fines privados”, que “destina ingentes cantidades de euros a la represión y la muerte”. Además, acusaba a las instituciones de “estar alejadas de la realidad social del día a día, sin dar opción a afrontarla de manera colectiva, privándonos de nuestra responsabilidad y empoderamiento mutuo para reconducir nuestras vidas”. Y señalaba que “la corrupción del sistema es intrínseca a él”.
La respuesta de la Junta Electoral fue breve y concreta. Soriano incurriría en un delito electoral, “por abandono o incumplimiento en las Mesas electorales”, y debería enfrentarse a una “pena de prisión de tres meses a un año o multa de seis a veinticuatro meses”. Tras los hechos se puso en contacto con personas y colectivos que habían emprendido iniciativas similares de insumisión y desobediencia civil. Es el caso del colectivo antimilitarista Tortuga en Elche o de Des-censo electoral en Euskadi, que son reflejo del incipiente movimiento de insumisión electoral en el ámbito estatal.
Hoy [6 de noviembre], a la 13,30h del mediodía, una treintena de compañerxs se han presentado en las puertas del Circulo Ecuestre de la calle Balmes 169, con motivo del almuerzo-coloquio organizado por el Círculo de Directivos de Habla Alemana. Allí, Esperanza Aguirre, la portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid, presentaba su último libro que tiene un título tan estúpido como revelador: “Yo no me callo”.
Se ha desplegado una pancarta, se han lanzado folletos en el interior y alrededor del inmueble y se han realizado cánticos en solidaridad con lxs tres compañerxs anarquistxs acusadxs de atracar bancos en Alemania y que actualmente se encuentran presxs.
El escrache ha durado solo unos veinte minutos, pero nuestra intervención y nuestos gritos solidarios han podido molestar a lxs rancixs y casposxs invitadxs y algunxs de lxs miembrxs de la elite político-económica que perpetua la explotación y siembra la miseria.
Recordamos que el juicio de una de lxs compañerxs empieza esta semana, el 4 de Noviembre, en la ciudad de Aachen.
Ponemos unas grabaciones en las que, tras el juicio en A Coruña contra lxs 15 de Arteixo, diferentes personas implicadas cuentan sus impresiones. Hablamos de las muestras de solidaridad con las Nais tanto dentro como fuera de los muros. Con una compañera de Cartagena ponemos en común las concentraciones de allí y de Valencia. Tambien leemos la noticia de la muerte en prisión de José A. Serrano Benítez, asesinado recientemente por la institución carcelaria de Zuera; un caso mas de crueldad, abandono y trato degradante. Por último hablamos de los recientes motines en los CIEs y de las concentraciones de solidaridad.
El pasado miércoles, 2 de noviembre, tuvo lugar el juicio contra las 15 personas que fueron acusadas de «injurias a la guardia civil» y «obstrucción al culto» por concentrarse el 12 de octubre de 2010 ante la iglesia donde los picoletos del cuartel de Arteixo (A Coruña) celebraban el día de su patrona. Las Nais Contra a Impunidade ya llevaban entonces varios años pidiendo explicaciones sobre lo sucedido a Diego Viña en septiembre de 2004, cuando «apareció» ahorcado en uno de los calabozos del cuartel de los cigüeños de Arteixo, donde había sido detenido ilegalmente a instancias de su propio padre, perteneciente al «cuerpo».
Todos los intentos de obtener justicia o siquiera alguna explicación sobre lo sucedido habían sido infructuosos y a la madre de Diego y a sus compañeras ya no les quedaba otro recurso que las movilizaciones callejeras, repetidas año tras año. Fueron perseguidas por ello en varias ocasiones, hasta que se encontró un juez dispuesto a prestar oídos a las acusaciones en defensa de su «honor» de los representantes de una institución de tan siniestra fama como la guardia civil. El resultado fue un proceso penal con una petición fiscal de 54.000 euros en total de pena-multa, con nueve meses de cárcel para cada una en caso de impago, contra 15 personas, entre ellas una hermana, una prima y una tía del muchacho muerto en oscuras circunstancias. Oscuras y oscurecidas, ya que incluso fueron destruidos por la misma guardia civil los pantalones con los que, supuestamente, se había ahorcado Diego, mientras se encontraba «confiado» a la custodia de la «benemérita institución».
Se «celebró» por fin el juicio, que había sido convocado para el 6 de junio y fue suspendido por motivos burocráticos, y fue como suele suceder una farsa insultante donde el juez obstaculizó en todo momento con formalismos y arbitrariedades la labor de la defensa, dejando claro, tanto él como el fiscal, que su interés está centrado en defender la ficción ensangrentada que ellos llaman el «honor de la guardia civil» imponiendo por la fuerza esa ofensiva falsedad para obligarnos a inclinarnos ante ella como si fuera una verdad sagrada. A pesar de eso, se vieron frente a frente la coherente argumentación de los abogados defensores, en el sentido de la inocencia de las personas amenazadas judicialmente y de la legitimidad de sus actividades, y la endeblez de las pruebas acusatorias, las cuales se reducían a una corta grabación de vídeo obtenida ilegalmente con un móvil por un picoleto de paisano, donde apenas se reconoce a nadie ni se puede saber quién hizo o dijo qué, y a las confusas y contradictorias acusaciones de unos cuantos «números», de los que varios no asistieron porque estaban «de vacaciones», llegando el cinismo de la acusación a pretender que se suspendiera el juicio una vez más por ese motivo. Todo hubiera quedado muy claro para un «justicia» merecedora de ese nombre, pero conociendo el aparato estatal punitivo que abusa de él dentro del territorio dominado por el Estado español no se puede ser optimista.
Sobre lo que sí tenemos suficientes datos para formarnos una opinión es sobre nuestra propia solidaridad. Unas 50 personas, entre las que entraron en la sala del juicio y las que estuvieron concentradas en la puerta de los juzgados, durante las casi cuatro horas que duró, sosteniendo pancartas y gritando palabras de apoyo, lo demostraron en A Coruña. En el resto del territorio estatal, que sepamos, hubo cinco personas, con una pancarta, frente a la audiencia nazional en Madrid; veintiuna ante la ciudad de la (in)justicia en Valencia; un número intermedio en la concentración convocada en Sama de Langreo por una asociación de familiares y amigos de personas presas, así como en la propuesta frente, a los juzgados de Gijón, por un grupo feminista; cinco o seis en la que hubo en Cartagena; en Lleida se concentraron unas veinte personas con pancartas y se repartieron octavillas, como también se había hecho previamente en diferentes barrios; a la concentración en las puertas del juzgado de las Salesas en Santander acudieron once personas; y la convocada en Salamanca hubo de suspenderse por falta de gente. Con todo lo cual, sin desmerecer el compromiso de quienes han salido a la calle, tenemos elementos suficientes para constatar la extrema debilidad de la «comunidad anticarcelaria» y la casi total indiferencia tanto de la «sociedad civil» como de los «movimientos sociales», incluido el autodenominado «libertario», frente a los abusos del poder punitivo.
Dentro de las cárceles, nueve compañeros presos en lucha se han sumado que sepamos a la huelga de hambre convocada por algunos de ellos en apoyo de las Nais, que todavía dura en las cárceles de Palencia, Estremera y Soto del Real en Madrid, Albocásser (Castellón), Morón (Sevilla), el Acebuche (Almería), Topas (Salamanca), etc. A continuación, insertamos unas palabras de Pastora González, la madre de Xosé Tarrío y miembro de las Nais que resumen bien la situación.
Quiero dar las gracias desde lo mas profundo de mi ser a esas personas que estuvieron con su presencia apoyando el juicio contra las Nais, unos en Coruña y otros en otras partes de España y extranjero. A esas personas les mando todo mi amor y respeto y no puedo olvidarme también de muchos presos que han hecho huelga de hambre en apoyo a Nais: gracias, compañeras y compañeros por vuestra solidaridad. Pero me queda una espina muy pero que muy grande dentro de mi alma porque en este juicio de la vergüenza de un país, en este caso el mío, no salió a la calle toda la gente que debería haber salido. Esta madre debería de estar apoyada no solo por los que salimos a las calles, sino por toda Coruña y toda España, pues le arebataron al hijo de casa sin orden de detención y con una denuncia falsa y se lo entregaron con los pies por delante a la edad de veintidos años. Espero que no le pase a nadie una cosa como esta porque entonces sabrán lo que es el dolor, la rabia y la impotencia. Bueno, no continúo porque tendría muchas mas cosas que decir. Solo dar otra vez las gracias a aquellas personas que verdaderamente se concentraron, salieron a las calles y demostraron con hechos su verdadera solidaridad. Os quiero, peña, con personas como vosotras el mundo si se podría cambiar para mejor. Gracias, os kiere
Mañana, 2 de noviembre, ha de tener lugar el juicio oral contra lxs 15 de Arteixo, personas que participaron en octubre de 2010 en una concentración convocada por Nais Contra A Impunidade. Una más de las que se venían haciendo desde septiembre de 2004, fecha en que «apareció» ahorcado, en los calabozos del cuartel de la guardia civil de Arteixo (A Coruña), Diego Viña, un chaval de 22 años que había sido detenido en circunstancias aún no aclaradas, a instancias de su propio padre, también guardia civil. Le entregaron el cadáver a su madre, sin explicaciones, y la investigación sobre las causas de la muerte fue obstaculizada, hasta el extremo de hacer desaparecer las pruebas diciendo la guardia civil que las habían tirado a la basura. Los intentos por vía judicial de pedir luz sobre los hechos resultaron infructuosos.
Por entonces, se formó Nais Contra A Impunidade, una asociación integrada por familiares de personas fallecidas bajo custodia de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado o que habían sufrido abusos a sus manos. Su finalidad, denunciar esas situaciones, pedir justicia por ellas y asegurarse en lo posible de que no vuelvan a producirse. Desde su fundación, acudieron año tras año a Arteixo a expresar ante la propia guardia civil su dolor e indignación por la muerte de Diego Viña y exigir aclaración de las circunstancias en que tuvo lugar: «Queremos saber como murió Diego». Muy pronto empezaron también los intentos de criminalización de su actividad para disuadirles de su insistencia. El último de ellos tiene mañana su episodio culminante en la vista oral de un proceso abierto contra 15 personas que acudieron en octubre de 2010 a una concentración frente a la iglesia donde la guardia civil de Arteixo celebraba el día de su patrona, familiares de Diego, miembros de Nais Contra A Impunidade, abogados y otras personas solidarias, acusadas de calumnias e injurias contra la guardia civil, por gritar, supuestamente, «la guardia civil tortura y asesina», y a quienes se amenaza con condenas de un total de 54.000 euros de pena-multa, 3600 a cada una, con nueve meses de cárcel si no la pagaran.
El pasado 6 de junio se suspendió por causas burocráticas la primera convocatoria del juicio, ante el cual hubo bastantes muestras de solidaridad, sobre todo en A Coruña, donde unas 200 personas se concentraron ante la sede del tribunal. Y, al parecer, el aplazamiento no ha servido para que se relaje la tensión solidaria, sino todo lo contrario. Varios presos en lucha iniciaron, por ejemplo, ayer una huelga de hambre en apoyo de las Nais y del resto de las personas procesadas y se han convocado concentraciones, sobre todo ante los juzgados en diferentes ciudades del territorio dominado por el Estado español, como Lleida, Valencia, Sama de Langreo, Gijón, Madrid, Santander, Salamanca, Cartagena… y, por supuesto, en A Coruña. Con lo cual no se espera influir lo más mínimo en la opinión de los jueces, pero sí expresar la indignación popular ante el comportamiento injusto y abusivo de los agentes del poder punitivo estatal, y afirmarnos colectivamente en la resistencia frente su actividad criminal, dando pasos hacia la constitución de una comunidad de lucha contra la represión y el castigo.
¡POR LA ABSOLUCIÓN DE LXS 15 DE ARTEIXO!
¡SOLIDARIDAD CON LAS NAIS CONTRA A IMPUNIDADE!
¡DIGNIDAD, APOYO MUTUO Y AUTODEFENSA FRENTE A LA VIOLENCIA DEL RÉGIMEN DE DOMINACIÓN Y EXPLOTACIÓN!