Las políticas antisociales que puso en marcha el PSOE y ha continuado el PP sin ninguna clase de complejos, es decir, aplicándolas como Dios manda, están generando grandes bolsas de pobreza y marginación social. La excusa de la crisis, que ellos mismos desataron con la insostenible burbuja inmobiliaria y el desorbitado endeudamiento de millones de familias, viene de maravilla para justificar toda clase de recortes. En la campaña electoral de las últimas elecciones generales, el señor Rajoy dijo que habría determinadas líneas rojas que no cruzaría, pero el tiempo ha demostrado que faltó a la verdad. Mintió porque, como es público y notorio, no va a quedar títere con cabeza, ni piedra sobre piedra del paupérrimo estado del bienestar. Ni los jubilados se van a libran, ya lo están viendo. Con estas políticas, es lógico que los ricos sean más ricos, los pobres más pobres y, por consiguiente, las desigualdades sociales aumenten a pasos agigantados. Adiós a la clase me
Todo esto sólo puede acarrear malestar, mayor conflictividad social y desórdenes públicos, algo que, por otra parte, ya tiene descontado el Gobierno de la nación. Tanto es así, que, por ejemplo, el capítulo presupuestario para la compra de material antidisturbio, el que se utiliza para zurrarle a la gente, ha ido aumentando año tras año. Pero esto es para los casos extremos, naturalmente. De lo que se trata es de que no se llegue a esta situación, es decir, se pretende que la gente no se atreva ni a salir a protestar, porque claro, como la ciudadanía se eche a la calle en serio no habrá suficiente policía para reprimir tanto desorden, y esto, se mire como se mire, sí que sería un grave problema para el régimen.