La Crítica Social De Un Capo Brasileño Del Narcotráfico. Entrevista (¿Falsa?) A Marcola, Del PCC (Primer Comando De La Capital) De Sao Paulo

Marcos Camacho, más conocido por el sobrenombre de Marcola, según ciertos periodistas, es el «máximo dirigente» de una «organización criminal» de Sao Paulo (Brasil) denominada Primer Comando de la Capital (PCC). Aquí está la entrevista que O Globo le realizó, supuestamente, en agosto del 2010, cuya autenticidad ponen en duda algunos [aquí y aquí]. Sin embargo, para nosotros, que la hemos  encontrado en Barcelona Indymedia, se non è vero, è ben trovato:

O Globo: ¿Usted es del Primer Comando de la Capital (PCC)?

Marcola: Más que eso, yo soy una verdadera señal y símbolo de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas, para ustedes yo y mis iguales no existíamos. Antiguamente era fácil resolver el problema de la miseria. El diagnóstico era obvio: migración rural, desnivel de renta, pocas villas miseria, discretas periferias; pero la solución nunca aparecía ¿Qué hicieron ustedes? Nada de nada. ¿El Gobierno Federal alguna vez otorgó algún digno presupuesto para nosotros? Nosotros sólo éramos noticia en los derrumbes de las villas de las montañas por las lluvias o en la música romántica sobre «la belleza de esas montañas al amanecer». Solo esas cosas.

Pero ahora estamos ricos con la globalización multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo. Nosotros somos el inicio tardío de su conciencia social.

O Globo: Pero la solución sería…

Marcola: ¿Solución? No hay solución, hermano. La propia idea de que exista una «solución» ya es un error. ¿Ya vio el tamaño de las 560 villas miseria de Río? ¿Ya anduvo en helicóptero sobre la periferia de San Pablo? ¿Solución?, ¿cómo? Sólo la habría con muchos miles de millones de dólares gastados organizadamente, con un gobernante de alto nivel, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución en la educación, urbanización general y todo tendría que ser bajo la batuta casi de una «tiranía esclarecida» que saltase por sobre la parálisis burocrática secular, que pasase por encima del Legislativo cómplice y del Judicial que impide puniciones. Tendría que haber una reforma radical del proceso penal en el país, tendría que haber comunicaciones e inteligencia entre policías municipales, provinciales y federales. No entiendo por qué no lo hacen. Nosotros hacemos hasta «conference calls» entre los presidiarios.

Y todo eso costaría billones de dólares e implicaría un profundo cambio psicosocial en la estructura política del país. O sea hermano, es imposible. No hay solución.

O Globo: ¿Usted no tiene miedo de morir?

Marcola: Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. Mejor dicho, aquí en la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme, pero yo si puedo mandar matarlos a ustedes allá afuera cuando lo desee. Nosotros somos hombres-bomba. En las villas miseria hay por lo menos doscientos mil hombres-bomba. Somos más que los iraquíes. Nosotros estamos en el mismo centro de lo insoluble. Ustedes están al medio del bien y el mal, viven en la frontera de la muerte, la única frontera verdadera que conocen.

Ya somos una nueva «especie», ya somos otros bichos diferentes a ustedes. La muerte para ustedes es un drama cristiano. Todos desean morir de viejos, rodeados de sus familiares y amigos, en una cama, y por un ataque al corazón. La muerte para nosotros es la misma comida diaria, vivimos dentro de una fosa común, convivimos diariamente con la muerte: la conocemos muy bien desde muy pequeños, y ella también nos conoce.

¿Ustedes intelectuales no hablan de lucha de clases, de ser marginal, ser héroe? Entonces llegamos nosotros. Yo leo mucho; leí 3,000 libros y leo a Dante, pero mis soldados son extrañas anomalías del desarrollo torcido de este país.

No hay más proletarios, o infelices, o explotados. Hay una tercera cosa creciendo en todas las favelas, cultivada en el barro, alimentada de la pobreza, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las cárceles, como un monstruo Alien escondido en los rincones de la ciudad. Ya surgió incluso un nuevo lenguaje. Es eso. Es otra lengua. Ustedes no la conocen. Ustedes ahora están delante de una especie humana de la post miseria. La post miseria generó una nueva cultura, pero es básicamente una cultura asesina, que odia mucho, porque no conoce la justicia ni por el nombre, porque está totalmente desprotegida, vive a la intemperie, sus integrantes mueren de un simple resfrío que no pueden curar. Y sin embargo, a su manera, al igual que ustedes, también actúa ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas, chips, megabytes. Por todo eso.

O Globo: ¿Qué cambió en las periferias?

Marcola: Mangos. Nosotros ahora tenemos, antes no. ¿Usted cree que quien tiene 40 millones de dólares como Beira Mar no manda? Con 40 millones de dólares la prisión es un hotel, una oficina muy bien resguardada. Claro que de ese dinero, a nosotros no nos toca ni el 5%, y felizmente no lo necesitamos. Nosotros tenemos más de los 40 millones, manejamos negocios que son muy rentables, manejamos las loterías, el vicio, el crimen organizado; todo en todas sus dimensiones. Y si no lo sabe, eso da mucho dinero. Pero aquí quiero aclarar algo. Nosotros no fuimos antes así. Con la injusticia globalizada no nos dejaron otra opción que entrar en ese mundo. Teníamos que vivir y sobrevivir: algo que a ninguno de ustedes nunca les interesó. Entonces tomamos el problema como solamente nuestro, no de las autoridades. Y conseguimos darle una solución nuestra, en contra de esas autoridades.

Entonces ahora dígame ¿qué policía va a quemar esa mina de oro llamada Beira Mar? Sería eso un jaque a la corrupción. ¿Entiende? Nosotros somos una empresa moderna, muy rica. No nos interesa lo que en Beira Mar hacen con los 40 millones que le asignan. Pero le garantizo nuevamente, que a lo más un escaso 5% es lo que gastan en nosotros. El resto es para ellos. Sabemos de algunos “buenos policías”; todos fueron despedidos y amenazados por sus propios compañeros de años, y a algunos de ellos incluso los «colocaron en el microondas» (están desaparecidos = muertos).

Ustedes pues son el estado: quebrado, dominado por incompetentes y corruptos; se creen los dueños del Brasil. Pero nosotros, que conocemos perfectamente todo eso, al igual que usted mismo pero que es un cobarde y lo acepta como cómplice, tenemos métodos ágiles de gestión. Ustedes son lentos, burocráticos. Nosotros luchamos en terreno propio. Ustedes, en tierra extraña. Nosotros no tememos a la muerte. Ustedes se mueren solamente de miedo. Nosotros estamos bien armados, ustedes tienen armas pero que son de adorno. Muchas nos las alquilan a nosotros. Nosotros estamos en el ataque, ustedes en la defensa. Ustedes tienen la manía del humanismo, nosotros superamos esa retórica: como somos francos, somos legales, también le digo que somos crueles, no tenemos piedad. Ustedes nos transformaron en «super stars» del crimen. La prensa nos ayuda mucho en esa tarea: dele muchas gracias a todos esos infelices. Ellos por noticias, se que nos contratarían para estar matando y matando gente, con tal de llenar sus titulares y vender. Es increíble como entre ellos mismos se arrebatan las noticias donde hay más sangre. Pero dígales que no se preocupen. Ya no necesitan hacerlo, muy pronto esas noticias las tendrán completamente gratis, porque nuestra convicción ya es nuestra, es de todos nosotros: sentimos un odio total a todos ustedes. Y ustedes son precisamente los que nos han ocasionado este cambio de mentalidad: nunca nos dieron la menor importancia, siempre nos despreciaron. Ahora asuman las consecuencias. Nosotros los tenemos de payasos, nos da mucha risa su forma de vivir. Todo es una fantasía para ustedes. Nosotros somos ayudados por toda la población de las villas miseria, sea por miedo o por amor, pero ustedes si se que son odiados por todos ellos. Ustedes son regionales, provincianos, nuestras armas y productos vienen de afuera, somos «globales». Nosotros no nos olvidamos de ustedes, son nuestros «clientes». Ustedes son muy estúpidos porque nos olvidan cuando pasa el susto de la violencia que provocamos.

O Globo: ¿Pero entonces, qué debemos hacer?

Marcola: Les voy a dar una idea, aunque sea en contra de mí mismo, porque eso sí, yo quiero mucho a mi país. El no tiene culpa de nada de lo que ocurre. No es un odio a Brasil sino a los Brasileros como ustedes. Entonces les digo: por ejemplo, agarren a «los barones del polvo» (cocaína). Hay diputados, senadores, empresarios, ex-presidentes en medio de la cocaína y de las armas. ¿Pero, quién va a hacer eso? ¿El ejército? ¿Con qué plata? ¿Con qué moral?

No tienen dinero ni para la comida de los reclutas. Estoy leyendo «Sobre la guerra», de Klausewitz. No hay perspectiva de éxito. Nosotros somos hormigas devoradoras, escondidas en los rincones. Y tenemos hasta misiles anti-tanque. Si fastidian mucho van a salir unos Stinger para acabar con todos ustedes. ¿Acabar con nosotros? Solamente con varias bombas atómicas en las villas miseria. ¿Pero ha pensado que los efectos radiactivos de una de esas bombas arrojadas en una favela de Rio acaso no llegarían hasta los ricos de Ipanema y Leblón? Por eso se que nunca lo van a hacer. Gracias.

O Globo: Pero ¿No habrá una solución?

Marcola: Ustedes sólo pueden llegar al éxito si desisten de defender la «normalidad» de la que hablan, porque no hay tal normalidad. Ustedes precisan hacer una autocrítica de su propia incompetencia, tomar con franqueza –muy en serio- la moral. Dese cuenta que todos los brasileros estamos en el centro de lo insoluble. Sólo que nosotros vivimos en ello hace muchos años, y ustedes no tienen la forma de evitar entrar en él. Sólo los espera la mierda, la van a ir conociendo poco a poco. Y en eso tenemos una ventaja total sobre ustedes, porque nosotros trabajamos dentro de ella, la conocemos bien, la comemos todos los días. Ustedes no.

Entiéndame, hermano, no hay solución. Y para terminar, porque me has hecho hablar mucho y de verdad ya me aburriste, te pregunto: ¿sabes por qué no hay solución? Porque ustedes no entienden ni quieren entender el alcance de este problema vivencial. Como escribió el divino Dante: «Pierdan todas las esperanzas. Ya estamos todos en el infierno». Entonces, solo me queda aprovechar de esta entrevista para darles una cálida bienvenida al infierno a todos ustedes.

 

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