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¡¡¡IBON A CASA YA!!!

Después de ser víctima de un montaje policial, acusado de pertenencia a banda armada, de cabecilla… Tras ser encarcelado torturado, humillado, negado su derecho a decidir sobre su vida, su medicación. Después de una huelga de hambre que le dejó muchas secuelas (está ciego, solo distingue sombras). Después de una vuelta al talego totalmente inhumana en unas condiciones de salud demasiado extremas para soportarlo, hacemos un llamamiento a toda la gente sensible para apoyar esta campaña de cartas y telegramas a las direcciones que están al final de este escrito denunciando la situación de Ibon y exigiendo su puesta en libertad inmediata.

¡¡Abajo los muros!!

¡¡Ibon etxera orain!! 

Cárcel=Tortura La cárcel mata

 
NOTA del Tokata: Mientras en la calle se viene solicitando mediante plataformas de afectados la prescripción de medicamentos de última generación, en la cárcel, donde entre un 30-40% padece de hepatitis C, los presos siguen luchando por un tratamiento de «generaciones» anteriores. Las restricciones impuestas por los recortes económicos están imposibilitando que las personas presas accedan a un derecho básico como es el de la protección de la salud. De forma continuada, Instituciones Penitenciarias (IIPP) está dificultando o negando desde hace dos años que los presos enfermos de hepatitis C accedan a un nuevo tratamiento que duplica las opciones de curación y, en algunos casos, es su única opción terapéutica. El tratamiento se basa en una triple terapia en la que se unen los medicamentos habituales que se empleaban hasta ahora para el tipo de hepatitis genotipo 1A, que es el más común, (interferón pegilado y ribavirina) con un nuevo fármaco (boceprevir o telaprevir); tratamiento este que es anterior al que se está reivindicando en la calle. Ante la evidencia de la eficacia de este nuevo fármaco, y siendo normalizada su administración en las CCAA, los médicos de las prisiones comenzaron a solicitarlo y, sorprendentemente, recibieron diversas instrucciones de la Subdirección General de Coordinación de Sanidad Penitenciaria. Primero se prohibió su prescripción bajo apercibimiento de una posible responsabilidad o expediente utilizando diferentes excusas, que iban desde la necesidad de esperar a elaborar criterios más adecuados sobre los principios activos del medicamento, a la ausencia de consenso en el Sistema Nacional de Salud sobre este tema (cuando la comunidad científica aceptaba su indudable efectividad tal como queda acreditado en los informes). Posteriormente se les informó de que había que esperar en una posible lista de espera estableciendo un cupo de pacientes a tratar en función de la disponibilidad presupuestaria. Por último, en casos de coinfección con VIH, se afirmó que no cumplían con los requisitos de la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS), por lo que a estos pacientes no se les admitía (ni admite) su administración en ningún caso. Si tras casi dos años de espera y serle denegado varias veces el tratamiento, el preso consigue llegar a ser incluido en el registro de pacientes merecedores del fármaco cuando llegue su “cupo”, el último recurso empleado por el Ministerio del Interior para ahorrarse el gasto del tratamiento es aceptar inscribir a los enfermos en lista de espera de este fármaco con la condición de que se trasladen a una prisión de Madrid para ser tratados en el Hospital Gregorio Marañón, donde se ha centralizado el tratamiento. Es esta una traba más que solo persigue demorar los tratamientos ya que el módulo destinado a las personas presas es reducido y el tratamiento dura 48 semanas, por lo que pueden ser tratados muy pocos enfermos a la vez. Es necesario tener presente que no hay ninguna razón para que los presos se trasladen de la cárcel a cientos de kilómetros de sus familias ya que los tratamientos se podrían ofrecer en los hospitales de referencia de las comunidades autónomas para todos los presos. Éste es, por tanto, el último cuello de botella que impone Instituciones Penitenciarias para ahorrase el gasto del fármaco que tiene un precio de unos 40.00 euros año por paciente, poniendo el coste de los medicamentos por encima de la salud y la vida de las personas.

Escrito de Juan Carlos Rico Rodríguez del 7 de enero de 2015 desde el CP de Madrid 7 (Estremera)

La empresa farmacéutica–multinacional “Gillead”, ha dado con una de las manos del Rey Midas, con el descubrimiento de un tratamiento eficaz contra el virus de la hepatitis C, un virus, cuyo estudio histórico–social demostrara que ha sido de los más letales para los seres humanos. El medicamento “Sovaldi”, parece ser, erradicaría este virus, de los seres humanos que lo padecen.

Como toda empresa multinacional capitalista, el fin único, es rentabilizar económicamente su producto, al margen de cuestiones de tipo moral, éticas (…). Aquel que no disponga de 190.000 “pavos”, de esto se muere, si es por la multinacional.

Este elemento ya lo están utilizando para negociar al alza, la venta de su medicamento sanador a los diferentes gobiernos de los Estados–Nación, que soliciten su producto. Deberíamos replantearnos si merece la pena comprar productos de esta miserable multinacional, cuyo único fin social y empresarial es la pasta, a costa de los muertos que sean.

Desde dentro La cárcel mata VHC

Según informa Oscar Castelnovo, de la Agencia Para La Libertad, un chico detenido en el Instituto cerrado Luis Agote de Buenos Aires fue trasladado anteayer al Hospital de Quemados con lesiones graves en el 80 por ciento de su cuerpo, y ayer falleció. El hecho ocurre en momentos en que la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (Sennaf), con la complicidad de la Justicia, IMPIDE el monitoreo de estas cárceles. Según denunció la Procuración Penitenciaria de la Nación, el joven estaba en una celda de aislamiento en el subsuelo del edificio. Conforme la propia reglamentación de los institutos cerrados y de acuerdo a la Convención de los Derechos del Niño, está prohibido aislar a los jóvenes allí prisioneros. Sin embargo, el Agote posee calabozos de “encierro en el encierro”, aunque siempre hay eufemismos a mano para disfrazar la contundencia de los hechos. Así, en 2009, en este Instituto, Rodolfo Arancibia apareció “ahorcado”, pero fueron denunciados signos de violencia en su cuerpo.

Cárceles para niños Internacional La cárcel mata

Las personas privadas de libertad enfermos de sida tienen que soportar ésta en el ambiente más hostil para la persona: la prisión. Este entorno, además de las limitaciones de deambular, le restringirá injustamente derechos que le afectarán a su salud. Es la misma Administración, en este caso la Penitenciaria, la que impide que, entre otras cosas, se le suministre atención sanitaria en condiciones equivalentes al resto de la población, como dice la Ley y el Reglamento penitenciario (artículo 208.1) −en gran medida por el incumpliendo de la ley que establecía la transferencia de profesionales médicos a las comunidades autónomas−; puedan pasar los últimos momentos con sus familiares más cercanos cuando la enfermedad avance y, puedan obtener el reconocimiento de minusvalía en igualdad de condiciones que las personas en libertad.

La Administración penitenciaria señala ahora que el éxito de caer el VIH en prisión del 40% al 11% en los últimos años ha sido gracias a una buena gestión. Ponemos en duda dicha afirmación, pues uno de los principales instrumentos para ello intercambio de jeringuillas no fue una decisión voluntaria, fue impuesta por los juzgados de vigilancia a instancia de quejas de los presos. Debe señalarse que entre 2009 y 2013 fallecieron por VIH en prisión 57 personas. En 2013 cinco lo hicieron por esta causa, uno de ellos en Morón. De los 162 fallecimientos por distintas causas en prisión 50 sucedieron en Andalucía.

La desigualdad de los enfermos de sida y, en general discapacitados, en prisión ha quedado patente con el dictamen de admisibilidad del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas del 27 de noviembre pasado de la demanda presentada por la APDHA. Es la primera reclamación de cualquier tipo interpuesta en este organismo contra España.

La cárcel mata Política criminal

Hace unas semanas llegó un nuevo preso a la cárcel Sevilla I, en Mairena del Alcor. Decía sufrir tuberculosis. También explicó que había dejado la medicación 15 días antes, aunque no aclaró si por prescripción médica o por decisión propia. Ante la incertidumbre, los médicos de la prisión le pusieron en aislamiento respiratorio preventivo y contactaron con el centro y con el sanitario que le había tratado en libertad. Fue la única forma de no correr riesgos de contagio.

El episodio muestra las dificultades por las que pasan los 312 médicos que trabajan en las cárceles españolas, relata Antonio López Burgos, uno de los doctores de la prisión sevillana y hasta hace unos días, presidente de la Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria (SESP). Para estos profesionales, la solución está muy clara: «Hay que conectar los servicios sanitarios de las cárceles con los sistemas de salud autonómicos».

La cárcel mata

Compartimos la siguiente noticia publicada ayer en el blog del grupo anarquista asturiano Higinio Carrocera:

Según informa el periódico burgués La Nueva España Juan V. H. y Jonathan Jesús A. U., presos en el módulo ocho de la prisión de Villabona, que cumplían condena por “hurtos y delitos contra la salud pública”, fueron hallados muertos ayer por la mañana en sus celdas, tras el  recuento que realizan rutinariamente los carceleros que, como es habitual, achacan las posibles causas a una sobredosis de droga o a la ingestión de alguna sustancia adulterada.

Ambos presos, de origen canario cumplían condenas superiores a los tres años. Uno de ellos fue trasladado a Asturias el pasado mes de mayo y el otro ingresó en el centro penitenciario con posterioridad a esa fecha. Tras conocer los hechos, Instituciones Penitenciarias ha abierto una información reservada (terminología habitual para designar a las investigaciones de esta índole) y ha desplazado un inspector a Asturias que ya se encuentra en la región.

Aunque el silencio es la tónica habitual a la hora de valorar los hechos, personas cercanas al ámbito penitenciario reconocieron al citado diario que se trata de un suceso poco habitual, al afectar a dos personas a la vez, en la misma franja horaria.

Recientemente el ex preso anarquista Amadeu Casellas denunció en su libro autobiográfico “Reflejo de una sociedad” que uno de los principales problemas de las cárceles españolas es que se está facilitando en elevados niveles, drogas legales para “dormir al patio”. La población reclusa recibe de manera desproporcionada fármacos muy fuertes de manera continuada poniendo en riesgo su salud física y mental. Casellas decía que el Estado, a través de los carceleros, induce a algunos presos al suicidio por sobredosis.

En Villabona los viernes se les facilita las dosis correspondientes al sábado, al domingo y a fechas posteriores, si coincide con días de puente, lo que puede suponer que el interno lo toma todo de una vez, y si coincide con un tratamiento de metadona, se dan altas posibilidades de que se produzcan intoxicaciones graves. Por otro lado hay una gran masificación en los módulos siete y ocho del centro penitenciario, así como los problemas referentes a la clasificación de presos.

La cárcel mata

Los suicidios en las cárceles españolas son un lastre que el Ministerio del Interior tendría que intentar resolver y tratar con prioridad, pues en su seno se puede encontrar el fallo de una institución que lleva navegando por aguas turbulentas desde su implantación. Los informes anuales que publica el Gobierno en referencia a la mortalidad en las Instituciones Penitenciarias recalcan que en los últimos años —de hecho a partir de 2011— los suicidios en las cárceles españolas han ido aumentando, pasando de ser la tercera causa de mortalidad a, actualmente, la segunda (siendo la muerte natural la primera y las defunciones relacionadas con las drogas la tercera). En dos años (de 2011 a 2013) casi se ha doblado el porcentaje de muertes por esta causa. El dato es significativo, sobre todo teniendo en cuenta la disminución progresiva de reclusos que viene dándose desde 2009 —el momento de más población presa en España de los últimos 10 años—, por lo que el aumento de la cifra de suicidios en las instituciones penitenciarias se está convirtiendo en un problema real y bastante grave.

La cárcel mata

Miren Arana, médica de confianza de Ibon Iparragirre e integrante de la asociación Jaiki Hadi, ha explicado que, teniendo en cuenta la gravedad de la enfermedad, su estancia en la prisión de Navalcarnero no hace sino empeorar su estado. La propia madre del prisionero, Angelita Burgoa, ha confesado que la familia «tiene miedo a que muera en prisión. Está muy grave y estamos sufriendo mucho».

En una comparecencia que ha ofrecido Etxerat, Arana ha explicado que Iparragirre padece sida en estado 3C, una fase avanzada de la enfermedad, que le está afectando gravemente tanto a nivel neurológico y cognitivo. Presenta, según ha desvelado, leucopatía de la que se derivan crisis convulsivas y demencia. Ese cuadro de demencia, ha añadido, produce un trastorno en su conducta «de rango sicótico», que le impide una relación normal con su entorno, «con gran riesgo de conflicto ante interpretaciones y fabulaciones paranoides de las normas y órdenes».

La componente de la asociación de profesionales de la sanidad que velan por la salud de los presos ha enfatizado de que «existe un riesgo real de empeoramiento de los síntomas y, por ende de la enfermedad».

La cárcel mata Presxs "políticxs"

Según la prensa del régimen, a través de fuentes sindicales de la represión, un preso de unos 40 años y nacionalidad lituana ha sido hallado muerto en el centro de exterminio de Albolote (Granada) durante el recuento de internos llevado a cabo a primera hora de la mañana de este viernes.

En el módulo 1 de la prisión, donde el hombre se encontraría solo en la celda y, según las mismas fuentes de credibilidad más que escasa, pudo quitarse la vida usando “su propia correa”… pero existe una cosa llamada algo así como “protocolo anti-suicidios”, además de que no está muy claro donde habría colocado dicha “correa”.

La cárcel mata

En la plaza del Salón de Écija (Sevilla) se produjo la noche del lunes pasado una concentración exigiendo la puesta en libertad de Pablo Moreno García, vecino del pueblo, de 48 años, preso en la Cárcel de Sevilla II, que ha cumplido ya siete años de la condena de ocho y tres meses que pesa sobre él, sufre un cáncer de garganta en fase terminal, neumonía crónica, y es portador de anticuerpos del virus del SIDA. Amparo Moreno, su hermana, explicó que a la concentración, como a la que hubo hace pocos días en el Prado de San Sebastián de Sevilla capital, donde están los juzgados y la Audiencia Provincial, ha asistido bastante gente. La familia ha solicitado al tribunal sentenciador la libertad del preso sin que hasta ahora les haya hecho ni caso. Durante la concentración recogieron «unas 500 firmas» demandando su excarcelación por razones humanitarias para que pueda pasar sus últimos días con su hijo y su nieto. Dicen que la juez cree que «puede delinquir de nuevo», a pesar de que un escrito de la prisión refleja que «está rehabilitado por completo y tiene un comportamiento ejemplar» y de que, con la enfermedad que tiene, es imposible que lo haga, ya que se mueve con mucha dificultad.

Fuente

Actividad en la calle La cárcel mata