El pasado 6 de dicembre, a las ocho de la mañana, cinco minutos después del recuento, dos presos están todavía acostados en un celda de la prisión de Valdemoro. Alguien mira por la mirilla de la puerta durante unos dos minutos. De pronto, sin mediar palabra, se abre la puerta y un carcelero se lanza hacia la cama de uno de ellos, le arranca sábanas y mantas y le da una bofetada en la cara: “¿Te crees muy chulo?”, le dice. El compañero reacciona: “¿Tú qué haces?”, le agarra por la pechera y le empuja contra la pared, ve que lleva encima sus llaves. El otro compañero que está en la celda le separa del boqueras pidiéndole que se calme. El carcelero sale corriendo como una rata. A los diez minutos vuelve con otros boqueras, son muchos, es la hora del cambio de guardia y todavía están los de los dos turnos. En la celda entran unos siete, pero en el pasillo hay algunos más, en total unos diez o doce. Se lían a hostias con el compañero que había recibido la traicionera bofetada. Entre otras cosas le rompen la nariz, en la celda queda sangre por todas partes cuando lo sacan a rastras en calzoncillos. En el pasillo le esposan y siguen arrastrándole hasta un descansillo donde no alcanzan las cámaras de vigilancia. Allí le dan otro palizón.