España, ¿El Paraíso De La Delincuencia?

«Hace apenas una semana intentábamos desmontar el mito de la vinculación entre inmigración y delincuencia. Aunque pudimos comprobar como hay gente que es impermeable a los datos no nos importa, a raíz de aquello salió a colación otro de los tópicos más socorridos de los últimos tiempos: la benevolencia y laxitud del sistema penal español. No creo que, a estas alturas, quede alguien que no haya escuchado eso de que el sistema penal español es demasiado blando, que España es algo así como el paraíso de la delincuencia y que por ello todos los delincuentes planetarios (e incluso interplanetarios) vienen a parar aquí, pozo infecto de criminalidad malsana, el infierno en la Tierra, vaya.

Esta es la que denominaremos como la premisa mítica que pretendemos desmontar y que se cimenta sobre dos supuestos: 1. Nuestro sistema mete en la cárcel a menos delincuentes y, durante menos tiempo; y 2. Cada vez hay más delincuencia y más peligrosa.

Comencemos con la segunda proposición, como ya vimos en el anterior artículo, la tasa de criminalidad en España es baja (46.7) comparada con la de nuestros vecinos (la media de la UE es de 70.4) y micho más baja que países que son normalmente imaginados como ejemplos modélicos en cuanto a sistemas penales: Francia (57.5), Alemania (76.3) o Reino Unido (101.6). Además, la tasa de criminalidad en España lleva descendiendo desde los años 90 (curiosamente coincidiendo con el incremento de la inmigración, probablemente el aumento de la prosperidad es el causante de ambos sucesos), pero cerca del 90% de la población cree que la delincuencia es mayor ¿Por qué?

El principal factor a tener en cuenta es el efecto provocado por los medios de comunicación. A fuerza de repetir una y otra vez el mismo tipo de noticias se instala en el imaginario colectivo la idea de que la inseguridad es mayor aquí en España, a la par que se refuerza la idea de que en el extranjero se ata a los perros con longanizas.

La realidad es que la delincuencia ha bajado, pero no así el número de reclusos, que no solo no ha disminuido sino que se ha disparado pasando de 18.000 reclusos a finales de los 80 a los 77.000 con los que contamos ahora. Es evidente que en ese período de tiempo se ha producido un aumento de la población (de 38 a 46 millones de habitantes) pero eso no justifica proporcionalmente ese aumento, máxime si tenemos en cuenta el descenso de la criminalidad; el número de presos crece continuamente, ¿a qué se debe? Y aquí es donde pasamos a desmontar el primer supuesto.

En primer lugar cabe destacar la Reforma del Código Penal de 1995 mediante la cual la redención de penas quedaba eliminada, es decir, que los reclusos pasarían más tiempo dentro de la cárcel , lo cual, inevitablemente, conlleva una mayor número de presos, aunque un menor número de entradas.

En 2003, además, se pasa a considerar delitos un mayor número de infracciones (aumentando las penas de cárcel) y se aumentan los requisitos para dar el tercer grado, resultado: mayor número de presos (es lo que suele provocar el endurecer las penas). Recientemente hemos asistido al endurecimiento de las penas con respecto a la conducción y a los malos tratos, lo cual se traduce en presos y más presos.

A día de hoy nuestro benevolente, blando, ineficiente y laxo sistema penal cuenta con la mayor tasa de reclusión de toda la UE, 164 reclusos cada 100.000 habitantes. Comparativamente países con tasas de criminalidad mucho mayores tienen tasad de reclusión mucho menores: Francia con 96, Alemania con 89 o Italia con 92 por poner algunos ejemplos.

Me preguntaron, a raíz del anterior artículo, algunos foreros como era posible que la población reclusa no parase de aumentar y a su vez la tasa de criminalidad bajase, llegando en algunos casos a dudar de que aquello pudiese ocurrir, pero por muy contradictorio que parezca, en realidad es perfectamente factible si se da una conjunción de factores:

1. El endurecimiento de las penas supone que delitos que anteriormente no conllevaban cárcel ahora si la llevan (penas más dura, contrariamente al tópico).

2. La duración de las penas es mayor debido al aumento de los requisitos para obtener permisos o régimen abierto, con lo que la población reclusa permanece mayor tiempo (y su número aumenta a pesar de que las entradas se estanquen o sean menos).

3. La eliminación en la Reforma de 1995 de la redención por trabajo (redención que sigue vigente en el imaginario colectivo)

La única explicación a la distorsionada visión es el excesivo celo que ponen los medios en determinados caos que desembocan en peticiones populares de endurecimiento de las penas para asesinos y violadores, hasta tal punto llega su ahínco que pareciera que estos fuesen la mayoría de los delitos. Pero lo cierto es que la población reclusa está muy lejos de esa imagen que tiene el imaginario colectivo.

Del total de 77.000 reclusos 58.000 han sido condenados (el resto está en prisión preventiva), pues bien de éstos un 70% están condenados por robo, hurto o tráfico de drogas, mientras que tan solo un 5% por homicidio, un 6% por delitos contra la libertad sexual y un 3% por delitos contra el orden público (en el que se incluyen los delitos de terrorismo). Resumiendo que tan solo un 14% de los presos han cometidos delitos violentos.

Pero, ¿es esa la visión que tiene la sociedad? En absoluto, el 58% de la población cree que más del 50% de los delitos son violentos, y un 34% cree que el porcentaje de delitos violentos se encuentra entre un 60% y un 80%… Pero no, no es así, el porcentaje de presos que cometen delitos violentos es de un 14%, démonos cuenta de la distorsión creada.

Los delitos, contrariamente a la opinión popular, cada vez se castigan más y con penas más largas, incluso los delitos no violentos. Sin embargo, estamos cansados de escuchar aquello de la cadena perpetua que en Europa se estila y tal, y que ojalá nosotros copiásemos. Vamos a dejar claro, con respecto a la duración de las condenas en España, dos detalles, antes de la ampliación de penas de 2003 un preso en España, sin “cadena perpetua” podía pasar 30 años en la cárcel. Treinta años son mucho años, pues bien, tras 2003, para determinados delitos como el terrorismo, se amplió ese límite hasta los 40 años. Démonos cuenta de cuál es la laxitud de la que hablamos. Veamos esas rígidas cadenas perpetuas revisables que hay en Europa: Bélgica revisa la pena a los 10 años, Dinamarca a los 12, Alemania a los 15… Todos bastante antes de los 40 años de España ¿no?

La media de tiempo que pasan los condenados a perpetua en Alemania es entre 17 y 20 años. Media que se amplia a entre 23 y 25 en aquellos casos enb los que ha habido un especial ensañamiento. Pero siempre por debajo de los 30 o 40 de España. La cadena perpetua en Europa significa que el reo debe pasar como mínimo 10, 12, 15 o x años en prisión, pero después el juez le puede poner en libertad cuando considere oportuno.

¿De verdad seguimos creyendo que es necesario endurecer las ya de por sí duras condenas del Código Penal español? ¿Es preciso cargar con más años cuando nuestras condenas son ya más largas que la media?

Yo creo que no. Estamos en un país con una de las tasas de criminalidad más bajas, con uno de los porcentajes de delitos violentos más bajos también de la UE, y con uno de los sistemas penales más duros que provoca la tasa de reclusión más alta de Europa. Y el resto son zarandajas.»

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