Publicamos una carta de Irma Leites, antigua militante tupamara que, habiendo sufrido torturas y largos años de cárcel y exilio por su lucha y mientras algunos de sus antiguos compañeros traicionan sus principios formando parte de un gobierno al servicio del desarrollo capitalista, permanece fiel a los de abajo luchando, por ejemplo, desde la calle y como vocera de la Plenaria Memoria y Justicia, contra la «estrategia del olvido» y la «impunidad del Capital» y de los torturadores y agentes del terrorismo de Estado uruguayos. La carta forma parte de «Los Huesos del viento», un libro epistolar prácticamente listo para su publicación, en el que nuestra compañera Adelaida Artigado e Irma intercambian cartas que son al mismo tiempo personales y políticas, con puntos de vista diferentes, dada la diferente historia personal de cada una de las corresponsales, pero coincidentes también en muchos aspectos: en su empatía y compromiso directo con los oprimidos, en su orgullosa condición de mujeres con todas las letras, en la lúcida sensibilidad con que abordan todos los temas… La presente carta habla del escrache realizado hace unos días contra el coronel José Nino Gavazzo, torturador, violador y asesino que «cumple» condena por una pequeña parte de sus crímenes en condiciones de privilegio, ya que lo hace en «arresto domiciliario», y de los mecanismos estatales que defienden la impunidad de los esbirros criminalizando, igual que en el Estado español, a quienes les denuncian, empezando por la propia Irma. Publicaremos también la respuesta de Adela.

Viernes, 27 de mayo, Montevideo.
Adelita:
Llenitos de frío hoy iremos a la guarida de uno de los más asquerosos represores. Cerquita de otra ostentosa mansión, la de la Embajada de España, desde donde gobiernos y embajadores deciden como no perder sus status quo. En esa zona está “preso” en un cuarto piso el torturador. La injusticia le otorgó otro privilegio. Supuestamente está con prisión domiciliaria y hoy va a ir a un club en Carrasco zona de ricos al cumpleaños de 15 de su hija.
Él secuestró y desapareció a nuestros hijos e hijas.
Trató de comprar a nuestros hijos –con costosos regalos– en las visitas en la cárcel de mujeres. ¿Cómo explicaban las abuelas, las tías que ese señor “tan generoso”, “tan amable” había torturado a su padre había violado a su madre ¿cómo?
Este coronel bailará hoy el vals con su nieta.
América, definió esta imagen como “hermosamente” siniestra.
Nuestras madres, nuestras viejitas se murieron y se están muriendo sin saber qué les hicieron a sus hijos y dónde los enterraron. El señor del vals lo sabe. Su silencio se ríe en nuestras caras. Tamaña calaña anda suelta. La impunidad es su muralla. Es su escudo. Denunciado por cientos y cientos goza del mismo privilegio que Ernesto Ramas a quien iremos a escrachar el 4 de junio.
Adelita, se impone como símbolo terrible, axiomático: este torturador se codeará con sus jefes de la CIA, con sus corruptos amigos en el mismo sitio donde pactaron la impunidad presente: el Club Naval, sitio del pacto de 1984. Ahí va la aristocracia de las FFAA. Ahí se concretó el paraíso de la impunidad.
La cara de la democracia representativa está ahí en esa imagen que te envío metida en nuestros huesos y ¡al viento! y en la de la miseria que ella sostiene. Anoche, conté doce personas durmiendo bajo el frío, cubiertos de nylon bajo los tilos de Avenida Italia, en 200 metros. Mientras la humanidad transita indiferente a su drama, estos aromáticos árboles les dan cobijo a drogadictos o locos, seguro muy pobres. Seguro que este coronel no tuvo que sacar préstamos ni empeñarse en nada –como neciamente lo hacen tantas familias que se empeñan por años, trabajan horas extras y se alienan para quemar a lo burgués una noche de 15 años– él no. Él goza de lo robado a las organizaciones revolucionarias, de las casas que saqueó, de lo que cobró por los niños que secuestró, por la mercenaria desaparición que ejerce hasta hoy y como es un delincuente entrenado en la Escuela de las Américas de la guita que falsificó…