“Nos encontramos actualmente en un momento crítico en el que cada minuto que pasa es extremadamente agotador mental y físicamente. Muchos de los que estamos participando [en la huelga de hambre] desde el primer día sufrimos daños que pueden ser irreversibles y nos enfrentamos a la posibilidad muy real de morir”, Arturo Castellano, preso en huelga de hambre desde hace 55 días de la cárcel de Pelican Bay y representante de la Unidad de Alta Seguridad.
El Departamento de Correcciones y de Rehabilitación de California (CDCR, por sus siglas en inglés [agencia estatal de California que gestiona todas las prisiones de este Estado, n. de la t.]) se niega a negociar con los presos en huelga de hambre cuando estos empiezan el día 56 de protestas en régimen de aislamiento y en unas condiciones inhumanas. Los presos en huelga de hambre corren cada vez más peligro de padecer un ataque al corazón, pero mantienen su decisión de continuar su resistencia hasta que el CDCR acceda a negociar sus cinco reivindicaciones principales .
El gobernador [de California] Jerry Brown mantiene la misma actitud de negarse a negociar con la esperanza de que las medidas punitivas tomadas por el CDCR en contra de los presos en huelga de hambre, como negarles tratamiento médico, echar aire frío en las celdas, retener el correo y denegar las visitas, acabará con las protestas. En vez de negociar, el gobernador Brown quiere dedicar millones de dólares a expandir el complejo industrial de prisiones en California que beneficia a los grandes negocios al tiempo que encarcela a cada vez más miembros de la clase trabajadora.

