En la fecha indicada, los padres de Alberto Marin se personaron en la prisión para acceder a una comunicación vis a vis con su hijo, a primera hora de la tarde. Desde el principio, los padres del preso vasco advirtieron un trato más agresivo y tenso que nunca. Al pasar por el arco detector, la funcionaria se niega a dar a la madre de Alberto Marin los plásticos que habitualmente utilizados para cuando es necesario quitarse el calzado, por lo que debe pasar descalza por el suelo sucio. Posteriormente, el matrimonio es separado en habitaciones diferentes para proceder al cacheo.
Mientras el cacheo realizado al padre se mantiene en la línea habitual, con ligeras palpaciones, el que sufre la madre del preso vasco a manos de la funcionaria, tiene tintes de agresión. En primer lugar, le arranca de un violento tirón, indiferente al daño causado, el pañuelo de fiestas que la mujer lleva al cuello. Posteriormente, introduce las manos en el cabello para examinarle también la cabeza, cerrando finalmente los dedos para tirar del pelo con saña. Seguidamente la funcionaria ordenó a la madre del preso vasco que se levantara el niki, y al hacerlo, tiró de ambas copas del sujetador hacia abajo, dejando los pechos al aire. Ordenó también que se subiera la falda para entonces agarrar la braga y tirar con fuerza hacia atrás.


