Han pasado 5 días desde el fallecimiento de Isabel el día 1 de abril y todavía estoy muy aislado del exterior, ya que el mismo día 1 agoté las llamadas que tenía. Pero la solidaridad anónima pudo comunicar lo sucedido sólo de manera escueta a muy pocos teléfonos de los que disponía. Se me concedieron 2 llamadas más, 3 días después, pero vigiladas, de tal manera que se cortarían si atacaba al centro penitenciario. Igualmente, se me ha denegado mi petición de poder escribir durante 10 días más de las 2 cartas permitidas a la semana.
El día 1 de abril, en torno a las 6 de la tarde, me llevan al exterior del módulo y me comunican que Isabel había fallecido. No sé cómo expresar lo que estalló dentro de mí; llegué con 8 o 10 funcionarios a la enfermería de la prisión, allí me recibe un médico y me dice que no se pudo hacer nada. Se me dice que falleció del corazón.
A continuación me dicen si quiero ver a Isabel en un recinto para fallecidos. Les digo que sí, pero que no quiero que nadie esté conmigo y que se cierren completamente las puertas tras de mí.



