Un Preso En La Cárcel Racista De Valencia Sufrió Varios Infartos Cerebrales Sin que Nadie Avisara A La Familia

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El pasado 10 de septiembre de 2015 recibimos el siguiente mensaje:

Un ciudadano marroquí, que ha sufrido dos infartos cerebrales, permanece encerrado en el Centro de Internamiento para Extranjeros de Zapadores e incomunicado con el exterior sin que la dirección del centro facilite información sobre su estado. Sus familiares y las organizaciones sociales que les acompañan –Jo Sí Sanitat Universal y Red Acoge-Valencia Acoge– están profundamente preocupados por su salud y temen que su internamiento ponga en riesgo su vida. Ante esta situación solicitan su  inmediata puesta en libertad y que se le otorgue la residencia temporal  por cuestiones humanitarias para garantizar una asistencia sanitaria especializada y condiciones que garanticen su integridad física.

La historia de esta persona ejemplifica la situación de miles de inmigrantes que después de vivir y trabajar en España durante décadas se encuentran en el más absoluto desamparo como consecuencia de las políticas xenófobas que culpan de la crisis a quienes vinieron en busca de una vida digna.

A. I., natural de Marruecos, de 40 años, llegó a España en 1996 y hasta que fue encerrado en el CIE residía junto a su pareja en Benicarló (Castellón). Durante 8 años contó con permiso de trabajo y residencia, pero al quedarse en el paro no sólo perdió su derecho constitucional al trabajo sino todos los demás: no le renovaron los papeles para residir legalmente y, posteriormente, le quitaron la tarjeta médica y el derecho a recibir asistencia sanitaria.

El 14 de diciembre de 2013 la pareja encontró a A. I. caído en el suelo, sin habla y con las extremidades derechas paralizadas. En el servicio de Urgencias del Hospital Comarcal de Vinaròs  le diagnosticaron ese mismo día un accidente cerebrovascular isquémico (infarto cerebral), pero esto no fue impedimento para que obligaran a su pareja a firmar un “compromiso de pago” mientras estaba siendo trasladado para su atención. A la semana le dieron el alta, aunque el médico que le atendió en el propio informe indicó que “no se le realizan todas las pruebas necesarias por no disponer de tarjeta sanitaria y no se le deriva a consultas externas por causas administrativas”. Posteriormente le llegó una factura por dicha atención.

A pesar de que seguía sin habla, con el lado derecho del cuerpo sin movilidad y se desconocían otras posibles secuelas porque no se habían hecho las pruebas, A. I. no recibió ningún tipo de atención médica ni de seguimiento a la salida del hospital por no disponer de tarjeta sanitaria.

Ante esta situación, un familiar se puso en contacto con las organizaciones sociales en Valencia. De esta forma, se logró intermediar con el centro de salud para que la trabajadora social recurriera las facturas y recibiera atención del médico de cabecera. Finalmente, se le tramita una tarjeta provisional para que por fin le hicieran las pruebas necesarias que le negaban, sin facturar, y comenzó la rehabilitación.

Recientemente, A. I. acudió a una asociación de Castellón para recibir apoyo en la búsqueda de empleo y en la regularización de su situación administrativa. Le derivaron  a la comisaría de policía de Benicarló para solicitar un documento. El 3 de septiembre fue detenido en esa misma comisaría cuando estaba realizando el trámite. Al día siguiente, la jueza determinó su internamiento en el CIE.

Desde entonces, sólo se sabe que Abdelali fue víctima de los altercados ocurridos en la madrugada del  7 de septiembre en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Zapadores y no se dispone de  información oficial sobre su estado de salud.  Sin embargo, se tiene conocimiento de que el mismo día de la detención la policía lo trasladó a Urgencias por un infarto cerebral y de que, al parecer, ha tenido un segundo infarto cerebral más grave. Ni el pasado martes ni el miércoles se permitió visitarlo a los integrantes de la Campaña CIE’S No. Su médico de cabecera ha manifestado a la pareja de A. I. que es probable que le vuelva a dar otro infarto cerebral más grave, siendo necesario un control y seguimiento médico y de medicación (SINTRON). Antes de entrar Abdeli tenía reducida la movilidad de la parte derecha de su cuerpo y sin movilidad alguna en la mano derecha. Las organizaciones sociales afirman que el CIE, las condiciones del mismo, la tensión que allí se vive y el impacto que produce en la salud física y mental de las personas, hace que la situación de encierro ponga en especial riesgo su ya deteriorada salud.

Y a pesar de esta situación, ningún responsable del CIE en ningún momento ha avisado a sus familiares ni a su abogada de oficio.

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