Actualmente, los estados tienen tecnologías del control tan avanzadas, que en la mayoría de las circunstancias ni tan siquiera necesitarían la utilización de prisiones. Disponen de medios tecnológicos tan sofisticados, que se puede localizar el número de móvil de una persona, hacerle una llamada, y cuando responde, lanzarle un misil tierra-tierra y fulminarlo a él y a todo su séquito.
Pese a lo que comentan, la mayoría de la población penitenciaria no tiene nada que ver con eso que los políticos llaman “perfiles” violentos o peligrosos y que tanto beneficio mediático les reporta. De tanto en tanto es necesario crear cierta alarma social a través de los medios y de casos puntuales, para enviar el mensaje claro a la población de que un inminente y aterrador peligro está a punto de fulminarnos, y que ese psicópata, asesino y criminal violador o esas peligrosísimas bandas de mafias violentas de algún lugar del este, pueden ser cualquiera con quienes nos cruzamos en la calle. Aquí mismo sin ir más lejos, si hiciéramos caso al sensacionalismo de esa prensa amarilla que modela nuestra opinión, tendríamos a varios peligrosos criminales leyendo estas líneas.
