La crisis capitalista ha venido a poner las cosas en su sitio. El capitalismo está mostrando su verdadero rostro, sin máscaras de ningún tipo.
Los trabajadores ya no somos ciudadanos sino súbditos; carecemos de cualquier derecho en cualquier ámbito; Las sucesivas reformas laborales están posibilitando el regreso a formas de explotación que creíamos periclitadas;
Los desempleados son abandonados a su suerte. Nuestros derechos tanto individuales y colectivos así como políticos son apenas aparente. Como así lo demuestra la impunidad con que los cuerpos represivos nos golpean en las manifestaciones, nos detienen, el procesamiento contra luchadores sociales o los encarcelamientos cuando se molesta mas de lo que es admisible para el estado mediante montajes jurídico-policiales, bajo acusaciones de pertenecer a grupos terroristas.

