En los últimos 4 meses en la prisión de Ponent (Lleida) han muerto 4 personas. Todas las muertes han sido en situaciones extrañas y las versiones de los carceleros no cuadran. Los mossos d’esquadra dicen que investigarán; pero estas investigaciones consisten en dar la máxima veracidad a la versión de los presuntos asesinos, los carceleros.
No hemos de olvidar que una acusación de homicidio es difícil de asumir y menos por una institución del estado que despliega todas las herramientas corporativistas y legales a su alcance para encubrir la brutalidad que haya habido entre las jaulas. Pues la prisión es una gran empresa en la que todos sus tentáculos están creados para ejercer su poder impunemente. Del mismo modo que existe complicidad entre médicos, educadores y psicólogos con los carceleros, también existe la complicidad entre policías y carceleros. Por no hablar del juez de vigilancia penitenciaria, que a pesar de las reiteradas denuncias por tortura nunca ha pisado la prisión de Ponent. En raras ocasiones un médico externo ha podido visitar aquellas presas que han recibido palizas, en la gran mayoría de casos los médicos de la prisión han aplazado indefinidamente una visita o simplemente han falseado los informes. Recordamos también la situación de aquellos presos enfermos que se les va la vida intentando conseguir su historial médico, la única prueba que demuestra la tortura que supone la desatención médica. Y a todas aquellos presos terminales que las han dejado en libertad días antes de que murieran, tras tratarlas durante años en condiciones pésimas. Muertes libres; para que no consten dentro de la lista de muertes dentro de la prisión. El último ejemplo más próximo, ha sido el de Joaquin Manrique, preso en lucha que desde octubre del año pasado no recibía ni la atención ni la medicación necesaria, hecho por el cual el mismo preso se puso en huelga de hambre y se abrió denuncias por vía judicial, finalmente salió en mayo de este año y murió el 4 de septiembre.
