El pasado viernes 27 de Diciembre aparecía publicada en el diario de prensa local Gijonesa «El Comercio» una nota sobre la manifestación manifestación contra la impunidad policial que se celebró en Gijón la noche anterior. Antes y durante la manifestación se le dijo al fotógrafo de «El Comercio» que allí se dio cita y que en ningún momento mostró acreditación alguna, que nadie había llamado a la prensa y que no queríamos que se publicase nada. Nuestra petición fue ignorada rotundamente y no solo eso si no que la noticia ha vuelto a ser comentada en la edición digital desde la ignorancia y la maldad gratuita cosa que perjudica nuestro estado anímico por estas fechas. Hemos escrito la siguiente carta a la dirección del diario y, ante nuestras dudas sobre si llegará a publicarse o no, hemos decidido darle difusión por nuestros propios medios. Un abrazo.
A la atención de la dirección del Diario “El Comercio” a día 5 de Enero del 2014:
Desde el seno de la familia de David Blanco nos vemos obligados a escribir este texto a raíz de la actitud reprochable en todos los sentidos y las faltas de respeto reiteradas que desde la redacción de este periódico y por mediación directa de sus empleados nos hemos visto obligados a sufrir desde el mismo día que vimos aparecer los restos mortales de nuestro hijo en el tanatorio.
En todo momento hemos sido reticentes a hablar con los medios de comunicación en general, fuesen de la empresa que fuesen, a razón del trato recibido desde el comienzo, habiendo presenciado abusos tan graves por su parte como, entre otros, ver como intentaban entrar a grabar el cuerpo de nuestro hijo en el ataúd sin ningún tipo de escrúpulo ni consentimiento apenas quince horas después de que tuviéramos constancia de su muerte.
A día de hoy somos plenamente conscientes de como supisteis aprovecharos de nuestro dolor y debilidad para lograr sonsacarnos un puñado de palabras que no eran más que el reflejo de nuestra angustia e impotencia y que no tenían ninguna base más que la rabia contenida y el shock que nos impedía actuar con claridad, con la única intención de manipularlas a vuestro antojo para contaminar la muerte de nuestro hijo de un morbo absurdo y enfermizo que facilitase la difamación de su persona, y por extensión la nuestra, la de sus seres cercanos.



