A propósito del libro de César Lorenzo Rubio «Cárceles en llamas»
A pesar de la extensa producción bibliográfica, memorialística y documental que han suscitado los años de tránsito del franquismo a la democracia parlamentaria, muy probablemente se trate de una de las épocas de nuestra historia reciente respecto a la que existen más divergencias entre la percepción socialmente más extendida y el desarrollo efectivo de los hechos. Ello es así, entre otros motivos, por el esfuerzo realizado por muchos de los protagonistas de los acontecimientos por presentarse como los propiciadores de la superación definitiva de la dictadura, si bien en realidad el papel que jugaron quienes tomaron las riendas del país tras la muerte de Franco fue exactamente el contrario: el de resistirse a prescindir por completo del legado del dictador. No fue hasta que constataron —por la fuerza de las movilizaciones en las calles y los centros de trabajo, y a costa de decenas de muertos— la imposibilidad de mantener algunas de las características institucionales de la llamada «democracia orgánica» franquista, cuando renunciaron a ellas, aunque sí consiguieron, gracias a la capacidad que tuvieron por mantener en todo momento las riendas del proceso de cambio político, limitar su alcance en algunos aspectos.



