Tokata | Boletín de difusión, debate y lucha social Entradas
El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) es, salvando las distancias presupuestarias, nuestra CIA (Estados Unidos), nuestro Mosad (Israel), nuestro MI6 (Inglaterra) o nuestra FSB (ex KGB ruso), y como cualquier servicio secreto del «mundo libre» puede entrometerse en tu intimidad hasta la cocina (literalmente) y tú no saberlo jamás. Lo paradójico es que no solo puede hacerlo, sino que es legal.
Cualquier intromisión en la intimidad de un ciudadano por parte del estado, en teoría, ha de requerir la previa autorización por parte del juez competente, que ha de acordar dicha intromisión en resolución motivada. La ley que regula el funcionamiento del CNI (Ley 11/2002, de 6 de mayo), que ni siquiera es una ley orgánica, se remite en su artículo 12, en lo referente al control judicial previo de estas actividades del CNI a otra norma, esta vez si, una ley orgánica (es decir que necesita más consenso parlamentario para ser aprobada), la 2/2002, de 6 de mayo.
Esta ley establece que para las actividades que puedan afectar a la inviolabilidad del domicilio y al secreto de las comunicaciones, el director del CNI deberá hacer la solicitud de autorización a los magistrados del Tribunal Supremo encargados del control judicial previo de este tipo de operaciones. Actualmente en nuestro Tribunal Supremo hay dos jueces dedicados específicamente a autorizar entradas en domicilio e intervenir comunicaciones (teléfono, correos electrónicos, cartas, etc.) de cualquier ciudadano, a petición de nuestro «servicio secreto». La autorización concedida por estos jueces para entrar en un domicilio no puede durar más de 24 horas, tiempo más que suficiente para registrar prácticamente cualquier casa. El periodo de autorización se alarga hasta los 3 meses para el caso de la intervención de las comunicaciones, aunque estos plazos se pueden ir prorrogando, «en caso de necesidad» señala la citada ley sin más.
La noche del sábado, 11 de abril de 2015, Javier Guerrero Carvajal cumplió 4 meses de protesta. Ahora lleva 14 días que no permite que le hagan pruebas, que lo pesen ni que le hagan análisis.
La desesperación se ve en su rostro, la angustia esta en su cuerpo, pero también se ve la dignidad, el orgullo del que hace algo por cambiar su situación, la alegría del que sabe que lo hace por todxs.
La cárcel limita al máximo sus derechos, el juzgado de vigilancia penitenciaria calla durante días, semanas, meses, las instituciones miran para otro lado, los medios de desinformación se limitaron a un “breve”, escondido entre las farsas de tercera plana, la sociedad ignora la atrocidad que se comete a escasos kilómetros de su casa, lxs activistas de mil causas justas no le miran, se sentirian incómodxs y todxs lo hacen con la esperanza de que el que no tiene esperanza desista de su actitud rebelde.
Él solo oye a su corazón y a su mente, la voz de su hija, el grito de solidaridad de aquella solitaria que ni lo conoce y eso hace que cada vez que piensa “ya está bien”, “tengo que dejarlo”, “no sirve de nada” vaya seguido de un “ni de coña”, “por Gavi, por Borja, por lxs compas que siguen siendo torturadxs y humilladxs”, “aunque me muera”.
¡¡¡SOLIDARIDAD CON GAVIOTA!!!
¡¡¡SOLIDARIDAD CON LXS PRESXS EN LUCHA!!!
Grupo de apoio Galiza Sur-Cact
Entrevista con el vocero de los huelguistas, Jaime Marileo, a los 20 días de iniciada la lucha de los cuatro presos mapuche, donde da cuenta de sus reivindicaciones y estado de salud:
Por qué como anarquistas apoyamos la lucha autónoma del pueblo Mapuche
Noelia Cotelo Riveiro, que lleva en huelga de hambre desde el 23 de marzo en la cárcel de Brieva, ha comunicado por teléfono que ayer se autolesionó cortándose las venas del brazo. Tomó esta decisión en vista de que, después de 20 días de ayuno, no sólo no se han atendido sus reivindicaciones básicas de que se le permita disponer de sus efectos personales y de aseo y de que se dejen de poner obstáculos insalvables a la realización de sus estudios, sino que ni siquiera ha recibido la menor atención sanitaria. Después de la autolesión, tampoco ha sido vista por ningún médico. Un ATS le cosió la herida, pero ni siquiera le han proporcionado gasas suficientes para limpiarla y cubrirla. Noelia se encuentra incluida en FIES y aislada la mayor parte del día en una celda prácticamente desnuda, sometida a la agresividad de los carceleros y abandonada por lo demás en todos los sentidos. Necesita apoyo, que se demuestre que es verdad que no está sola. Aunque no le dan las cartas inmediatamente, ya que tiene el correo intervenido, escribirle puede ser una buena muestra de ello. Pero eso sólo sería lo mínimo, la difícil situación de Noelia exige nuestra atención. Es necesario apoyarle con todos los medios a nuestro alcance, pero, sobre todo, con inteligencia, responsabilidad, sensibilidad y empatía, ya que todo el ruido hecho hasta ahora alrededor de su caso no ha tenido ningún efecto positivo. No tenemos que hacer de ella una heroína y mártir, sino contribuir a sacarla de la situación de opresión y miseria en que la tienen.
¡SOLIDARIDAD REAL CON NOELIA!
Noelia Cotelo Riveiro Centro Penitenciario de Brieva Ctra. de Vicolozano 05194 Brieva (Ávila)La imposición de unas medidas excepcionales de control a unos internos determinados para su inocuización supuso la culminación de un camino regresivo que traicionó el espirítu reinsertador que inspiró la legislación penitenciaria en sus orígenes. Los Ficheros de Internos de Especial Seguimiento (FIES) fueron creados en los 90 por medio de normativa interna penitenciaria con la intención declarada de recopilar de manera pormenorizada datos específicos sobre internos que, por su conducta, tipología delictiva u otras “características especiales”, representaran un riesgo elevado para la seguridad de los centros penitenciarios. Sin embargo, la mera inclusión en dichos ficheros supone la aplicación de medidas de control exhaustivas y restrictivas de derechos, como el propio Tribunal Supremo reconoció en 2009, obligando a la administración penitenciaria a modificar la regulación sobre los FIES. En 2011, se reformó el Reglamento Penitenciario para avalar la existencia de estas medidas de seguridad más intensas. Lo que había empezado siendo una excepción acabó convirtiéndose en norma, el círculo se había cerrado.
Que el Reglamento Penitenciario haya tenido que ser modificado para incluir mayores medidas de control “frente a las amenazas y los riesgos” de determinados grupos de internos es la constatación de que el modelo de cárcel que se pretendió construir con la Ley Orgánica General Penitenciaria de 1979 ha sido abandonado y, en su lugar, la cárcel se consolida como un lugar de almacenamiento y neutralización del “enemigo”. En efecto, la lucha de la sociedad civil organizada –presos incluidos– durante los años previos a la Transición consiguió que la Constitución recogiera, entre los derechos con mayor nivel de protección, el famoso artículo 25.2, que, lleno de confianza y buenismo, glosa que las penas “estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”. Esta pretensión –quizás ingenua, pero bienintencionada– de que las prisiones pudieran ser instituciones donde las personas condenadas mejoraran sus carencias y salieran mejor de lo que entraron ha sido deconstruida y vaciada de contenido a lo largo de la vigencia de esta ajada Constitución. Como ha sucedido con otros muchos derechos con reconocimiento constitucional, las herramientas usadas para vaciar de contenido el derecho a la reinserción han sido, en mi opinión, tres.
Hablamos, con uno de los procesados, de las recientes condenas del Supremo por el cerco al Parlament de Catalunya en 2011. De la huelga de hambre de Noelia Cotelo en la cárcel de Brieva, con una persona solidaria que mantiene comunicación con ella. De la situación de José Antúnez después de su huelga de hambre, con Conxi. De la huelga de hambre de Javier Guerrero, con una persona del grupo de apoyo de Galiza Sur. Y de la solidaridad frente a la represión en Madrid, con un compañero de allí. Leemos también un comunicado de los presos mapuche de la cárcel de Angol, en Chile, que llevan 20 días en huelga de hambre.





