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Hablamos con el abogado de su grupo de apoyo en Galicia sur del fin de la huelga de hambre de Javi Guerrero que, sin embargo, no deja la lucha, sino que permanece alerta hasta conseguir sus reivindicaciones y mientras en las cárceles se siga torturando. Por ejemplo, entre el domingo y el lunes dejará una vez más de comer y de beber durante 24 horas en solidaridad con Noelia Cotelo Riveiro. Hablamos tambien de la huelga de hambre de Noelia, que dura ya 34 días. La misma cantidad de días que cuatro presos mapuche en la cárcel de Angol (Chile) cuya lucha también mencionamos. Nos informa un compañero del Tatoo Circus que se está celebrando en Vallecas y de las últimas movilizaciones anticarcelarias en Madrid. Finalmente, hablamos con la familia de Belén Vázquez Campillo, presa enferma de hepatitis c y cirrosis, además de portadora de VIH, que está siendo abandonada a la muerte en la UTE de Villabona, negándole el tratamiento que podría salvarla. Desde luego, no es la única persona presa que se encuentra en situación parecida, ni en Villabona ni en el resto de cárceles, ya que hay en ellas al menos 14.000 personas que sufren esa enfermedad, pero el de Belén es un caso extremo. Iniciamos una «campaña» para denunciar su situación, en primer lugar, y la de todas la gente enferma de hepatitis c que está sufriendo en las cárceles el mismo abandono.

¡PEDIMOS APOYO A TODAS LAS PERSONAS, GRUPOS Y ASOCIACIONES SOLIDARIAS CON LA GENTE PRESA!

Más información en Tokata sobre el abandono de las personas presas enfermas de hepatitis C

La cárcel mata Radio: Tokata Y Fuga VHC

Me llamo Juan Carlos Rico Rodríguez y desde el año 73 padezco el virus de la hepatitis C (V.H.C.) cuando todavía era diagnosticada hepatitis A o B. Me contagiaron PREMEDITADAMENTE, en una institución dedicada a la “tutela de menores” de la España nacional-catolicista; (por mi condición de “niño expósito” como así nos calificaban). La institución (hoy existe) era/es el colegio tutelar de la “Sagrada Familia” (conocido como “La SA.FA.” en su abreviatura) en la calle Fernández de los Ríos nº 37, Madrid.

Siempre he pensado que el motivo para inocularme el maldito virus, fue ni más ni menos que “ser vasco”; así pensaba y, siguen pensando, aquellos/estos servidores del Estado totalitario de entonces y de ahora. Hoy en día tengo 48 años, de los cuales 30 años los he pasado encarcelado en diferentes mataderos carcelarios de este Estado, heredero directo de aquel que manejó “El Caudillo” a su antojo, durante 40 años de Dictadura militar, ideológica, religiosa y criminal.

Durante todas estas décadas encarcelado (ahora mismo llevo 16 años encarcelado ininterrumpidamente) he sido TORTURADO de manera sistemática (la última vez que me torturaron físicamente fue en la prisión de Teixeiro, en Galicia, me reventaron los testículos, me rompieron el tímpano, el tobillo derecho…).

He sufrido (otra forma de TORTURA) periodos de aislamiento prolongados de años, dispersiones por todo el espectro carcelario de este país de mierda y toda la gama de vejaciones, imaginables e inimaginables de degradaciones que profesa la administración carcelaria, acompañadas de la TOTAL IMPUNIDAD institucional que caracteriza a estos mataderos.

A lo largo de todos estos años sigo padeciendo LA TORTURA SANITARIA: jamás se me ha proporcionado tratamiento alguno contra la patología del V.H.C.

El sentimiento que predomina en mi trayectoria vital como ser humano, por encima de cualquier otra, es el DOLOR, dolor físico y emocional, ya que la enfermedad producida por el virus V.H.C., por encima de otras consideraciones médicas, es un dolor constante de tipo físico que te conduce a la muerte de una forma agónica y atroz; eso lo sabemos bien los que padecemos esta patología.

EL ESTADO totalitario nacional-católico me inoculó este virus asqueroso; y el estado Democrático burgués, siguiendo el ejemplo anterior, sancionó la operación arrojándome a sus mataderos carcelarios donde se practica el asesinato encubierto con total impunidad, a la espera de que la enfermedad hiciera su labor de extermino lento pero inexorable. Hasta la fecha no han conseguido sus objetivos, pero a punto están ya que mi lenta agonía, parece ser, si no se pone remedio, toca a su fin.

Si consigo sobrevivir a este último encierro, no pienso irme de este mundo echando el hígado por la boca; otros antes que yo, esparcieron sus sesos por el suelo. Todavía estáis a tiempo de reparar algunas de vuestras prácticas estatales-criminales. ASESINOS.

Ni un ASESINATO MÁS, medicación GRATUITA para TODOS/AS los portadores de esta lacra.

Matadero carcelario de Extremera (Madrid), 5 Marzo 2015

Desde dentro VHC

Se dice en un reportaje aparecido en cadenaser.com que «ocurre lo mismo entre rejas, que fuera. Las restricciones en el acceso a los nuevos medicamentos contra la hepatitis C (VHC) también están afectando a las cárceles españolas, en las que ahora mismo hay cerca 65.000 presos, según el último censo de Instituciones Penitenciarias«. Lo mismo y un poco más, porque ya sabemos que las condiciones de vida dentro de las cárceles, por mucho que diga la demagogia populista punitiva, siempre tienen que ser peores que las de la media de la población pobre en la calle. Si no, poca gente tendría miedo a caer presa y el sistema punitivo dejaría de cumplir su función principal de intimidación y control de la conducta de las «clases peligrosas».

«Según los últimos datos oficiales, recogidos en el Informe de Prevalencias de las infecciones de VIH y hepatitis C en Instituciones Penitenciarias de 2013 –continúa el reportaje–, en aquel año, el 21,3% de los presos españoles tenía el virus, una alta prevalencia, y un serio problema, porque además, uno de cada tres infectados por VHC también está infectado por el VIH«. Sin embargo, Instituciones Penitenciarias admite que «de todos los reclusos que han dado positivo por hepatitis C, solo están tratando al 2,8%, es decir, a 209 internos«. El gasto en tratamientos de hepatitis C ha caído un 26,04%, entre 2012 y 2013 y un 48% desde 2006.

Y continúa mezclando una visión crítica que no deja de tener su mérito con mentiras como la siguiente: «Por primera vez, en la historia de la sanidad penitenciaria, se ha perdido el concepto de equidad». El periodista se sorprende hipócritamente de lo que para cualquiera que conozca de cerca la realidad carcelaria no es más que una aplastante evidencia, claramente expresada, por ejemplo, por el doctor Pablo Saiz de la Hoya, miembro de la Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria, en cuyo testimonio se apoya en gran medida el reportaje. “Los presos son pacientes de segunda que no tienen los mismos derechos que un paciente que esté en la calle. No se están dando los mismos tratamientos que en la calle. Y por lo tanto, el principio de equidad ha desaparecido”. La discriminación se produce «no porque no se prescriba el fármaco adecuado, sino porque ese fármaco no se da posteriormente». Según cuenta este médico, que ha manejado casos de pacientes con cirrosis (es decir, en la Fase 4), “en concreto uno, tenía marcadores tumorales muy elevados”, por lo cual “se le mandó a Madrid para que le diesen los nuevos tratamientos”, pero el paciente «volvió a la prisión de Alicante sin ser tratado porque Instituciones Penitenciarias no quería pagar el tratamiento».

Un problema de dinero, entonces. El informante cuenta que, para evitar el gasto, se les ha prohibido a los médicos carcelarios prescribir los nuevos medicamentos; no los novísimos que, hasta ahora sin resultado, están siendo reivindicados en la calle, ya que no se prescriben por su elevado precio, sino los de la «generación» anterior. «Sólo podemos tratar a los pacientes en las cárceles si optamos por usar Interferón y Ribavirina (los medicamentos antiguos). En el momento en el que queramos usar uno de los medicamentos nuevos, obligatoriamente tienen que ser trasladados a Madrid”. Por orden de Instituciones Penitenciarias, los enfermos «tienen que ser derivados a la Unidad de Custodiados del Hospital Gregorio Marañón de Madrid (que cuenta con 370 metros cuadrados)». Pero, cuando llegan allí el problema sigue siendo el mismo. Las administraciones no se ponen de acuerdo sobre cuál de ellas debe pagar el tratamiento, y al final, los perjudicados son los propios pacientes.

Según la Ser, «desde Instituciones Penitenciarias niegan ese trato discriminatorio hacia los presos». Aunque no ha podido precisar cuántos presos han recibido hasta la fecha los nuevos medicamentos contra la hepatitis C, el Subdirector General de Coordinación de Sanidad Penitenciaria, José Manuel Arroyo, dice que «se les trata en las mismas condiciones que a cualquier otra persona». Admitiendo que «hay demoras» a la hora de recibir los enfermos esos tratamientos, niega que haya «un problema general» y, sobre todo, que la responsabilidad sea de la autoridad carcelera. Les pasa el marrón a las administraciones autonómicas:  «algunas comunidades han puesto impedimentos». Valencia, en concreto, «es una Comunidad que sistemáticamente, además de prescribir en abundancia estos tratamientos, se ha negado a dispensarlos». Y miente cínicamente: «hemos tenido que actuar para asegurar el tratamiento con nuestros medios propios».

No es eso lo que dicen los presos, ni algunas sentencias judiciales, ni los médicos penitenciarios que han denunciado la prohibición expresa por la autoridad carcelera de prescribir los tratamientos adecuados. De tal modo que hasta la actual «Defensora del Pueblo», que nunca se ha distinguido por su respeto a los derechos humanos, sino más bien por lo contrario, intentar salvar la cara reconociendo en su informe anual que los nuevos medicamentos incluidos en la «triterapia», como Sofosbuvir (Sovaldi), Simeprevir (Olysio) y Ribavirina, «no estarían llegando a los presos», que «hay un cierto número de internos» a los que les han sido prescritos estos fármacos por los especialistas, pero que «no lo estarían recibiendo», por razones de dinero, «pues la Administración penitenciaria considera que el importe económico ha de ser satisfecho por las comunidades autónomas, toda vez que se trata de fármacos de dispensación hospitalaria». Interior se niega a pagar, las comunidades autónomas, lo mismo, y tendrán que decidir los tribunales.

Como dice el informe de la defensoría, «entretanto, los internos enfermos no reciben el tratamiento prescrito y su estado de salud se deteriora». Así que, por «motivos humanitarios», pide a Instituciones Penitenciarias que «proceda al pago de tales fármacos sin perjuicio de que paralelamente se inicien actuaciones judiciales». Ha tenido que reconocer también que Instituciones Penitenciarias «ha negado el fármaco a los reclusos coinfectados con hepatitis C y VIH, amparándose en que la ficha técnica de los medicamentos no lo contempla», y ella misma recuerda que «la Agencia Española del Medicamento advierte de que en esas circunstancias es más necesario todavía».

De todas formas, ya hay sentencias que obligan a Instituciones Penitenciarias a pagar estos tratamientos. Como la del Juzgado Contencioso Administrativo Número 2 de Valladolid en diciembre de 2014, que tumbó la demanda que el Ministerio del Interior había presentado contra la Consejería de Castilla y León, gobernada también por el Partido Popular. Interior, pretendía que fuese la comunidad autónoma la que pagase los medicamentos porque «son de uso hospitalario» es decir, de competencia regional. Pero la sentencia le recuerda que «la Agencia Española del Medicamento en ningún momento ha calificado estos medicamentos como de uso hospitalario», sino que son de «dispensación hospitalaria», es decir, se consiguen en los hospitales, pero se pueden recibir o bien en los domicilios, o en las prisiones en caso de los reclusos. En resumen, en cuanto a «la dispensación y el pago, en ambos casos, el obligado es la Administración Penitenciaria, que debe dispensar esos medicamentos, dado que las competencias no han sido transferidas a las Comunidades Autónomas».

Más información sobre el tema en Tokata

La cárcel mata VHC

 
NOTA del Tokata: Mientras en la calle se viene solicitando mediante plataformas de afectados la prescripción de medicamentos de última generación, en la cárcel, donde entre un 30-40% padece de hepatitis C, los presos siguen luchando por un tratamiento de «generaciones» anteriores. Las restricciones impuestas por los recortes económicos están imposibilitando que las personas presas accedan a un derecho básico como es el de la protección de la salud. De forma continuada, Instituciones Penitenciarias (IIPP) está dificultando o negando desde hace dos años que los presos enfermos de hepatitis C accedan a un nuevo tratamiento que duplica las opciones de curación y, en algunos casos, es su única opción terapéutica. El tratamiento se basa en una triple terapia en la que se unen los medicamentos habituales que se empleaban hasta ahora para el tipo de hepatitis genotipo 1A, que es el más común, (interferón pegilado y ribavirina) con un nuevo fármaco (boceprevir o telaprevir); tratamiento este que es anterior al que se está reivindicando en la calle. Ante la evidencia de la eficacia de este nuevo fármaco, y siendo normalizada su administración en las CCAA, los médicos de las prisiones comenzaron a solicitarlo y, sorprendentemente, recibieron diversas instrucciones de la Subdirección General de Coordinación de Sanidad Penitenciaria. Primero se prohibió su prescripción bajo apercibimiento de una posible responsabilidad o expediente utilizando diferentes excusas, que iban desde la necesidad de esperar a elaborar criterios más adecuados sobre los principios activos del medicamento, a la ausencia de consenso en el Sistema Nacional de Salud sobre este tema (cuando la comunidad científica aceptaba su indudable efectividad tal como queda acreditado en los informes). Posteriormente se les informó de que había que esperar en una posible lista de espera estableciendo un cupo de pacientes a tratar en función de la disponibilidad presupuestaria. Por último, en casos de coinfección con VIH, se afirmó que no cumplían con los requisitos de la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS), por lo que a estos pacientes no se les admitía (ni admite) su administración en ningún caso. Si tras casi dos años de espera y serle denegado varias veces el tratamiento, el preso consigue llegar a ser incluido en el registro de pacientes merecedores del fármaco cuando llegue su “cupo”, el último recurso empleado por el Ministerio del Interior para ahorrarse el gasto del tratamiento es aceptar inscribir a los enfermos en lista de espera de este fármaco con la condición de que se trasladen a una prisión de Madrid para ser tratados en el Hospital Gregorio Marañón, donde se ha centralizado el tratamiento. Es esta una traba más que solo persigue demorar los tratamientos ya que el módulo destinado a las personas presas es reducido y el tratamiento dura 48 semanas, por lo que pueden ser tratados muy pocos enfermos a la vez. Es necesario tener presente que no hay ninguna razón para que los presos se trasladen de la cárcel a cientos de kilómetros de sus familias ya que los tratamientos se podrían ofrecer en los hospitales de referencia de las comunidades autónomas para todos los presos. Éste es, por tanto, el último cuello de botella que impone Instituciones Penitenciarias para ahorrase el gasto del fármaco que tiene un precio de unos 40.00 euros año por paciente, poniendo el coste de los medicamentos por encima de la salud y la vida de las personas.

Escrito de Juan Carlos Rico Rodríguez del 7 de enero de 2015 desde el CP de Madrid 7 (Estremera)

La empresa farmacéutica–multinacional “Gillead”, ha dado con una de las manos del Rey Midas, con el descubrimiento de un tratamiento eficaz contra el virus de la hepatitis C, un virus, cuyo estudio histórico–social demostrara que ha sido de los más letales para los seres humanos. El medicamento “Sovaldi”, parece ser, erradicaría este virus, de los seres humanos que lo padecen.

Como toda empresa multinacional capitalista, el fin único, es rentabilizar económicamente su producto, al margen de cuestiones de tipo moral, éticas (…). Aquel que no disponga de 190.000 “pavos”, de esto se muere, si es por la multinacional.

Este elemento ya lo están utilizando para negociar al alza, la venta de su medicamento sanador a los diferentes gobiernos de los Estados–Nación, que soliciten su producto. Deberíamos replantearnos si merece la pena comprar productos de esta miserable multinacional, cuyo único fin social y empresarial es la pasta, a costa de los muertos que sean.

Desde dentro La cárcel mata VHC

La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA) ha presentado hoy en rueda de prensa un nuevo informe en el que pone de relieve la vulneración del Derecho Humano a la salud de las personas presas. En la rueda de prensa han intervenido Maribel Mora, Coordinadora General de APDHA, y Jesús Maeztu, Defensor del Pueblo Andaluz, que ha recibido este informe, presentado como Queja a la institución.

Se han presentado los datos más relevantes del informe Restricciones en el acceso a los tratamientos de la Hepatitis C. Vulneración del derecho a la salud de las personas presas. En este documento se saca a la luz la vulneración tan flagrante de los derechos de las personas presas en relación a la salud. En multitud de ocasiones, una persona por el mero hecho de estar en la cárcel no puede acceder a un tratamiento del que sí podría disponer y se le dispensaría sin ningún problema si estuviera libre, aunque este medicamento sea imprescindible para que pueda tener alguna esperanza de vida.

La cárcel mata VHC

Desde la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía han realizado un especial seguimiento a las quejas que han hecho llegar las personas presas y sus familiares sobre sanidad especializada, que han sido muy numerosas y a veces la vulneración de derechos nos parece grave.

El estado de salud de las personas que llenan las prisiones está muy deteriorado: los niveles de incidencia de enfermedades graves como el VIH-SIDA, la hepatitis C o la tuberculosis multiplica varias veces los niveles normales que se dan en la población libre. Además, en torno al 40% padecen algún trastorno mental y de la personalidad y sobre un 8% enfermedades mentales graves. Entre el 70 y el 80% tienen problemas de drogodependencias que les han llevado a delinquir. Una inmensa mayoría de las/os presas/os son personas que previamente han padecido situaciones de exclusión social: escasos o nulos recursos económicos, infraviviendas, procedentes de barrios o zonas marginales, analfabetismo (un 1% de analfabetos totales y un 10% de analfabetos funcionales) o escasa formación básica, ausencia de formación o experiencia laboral, u otros miembros de su familia en prisión.

En estos momentos de crisis las personas presas, como tantos otros colectivos, están siendo objeto de recortes no publicitados y de gran calado que afectan, entre otras cosas, directamente a su salud y su integridad física y moral.

Queremos hacer llegar en estos momentos una denuncia específica sobre la situación de los enfermos de hepatitis C que están viendo restringido su derecho a los tratamientos médicos más avanzados -que en algunos casos son la única alternativa terapéutica-, por razones de ahorro presupuestario poniendo en riesgo su integridad física, su salud y sus vidas.

El sumario del informe es el siguiente:

1. – LA ORGANIZACIÓN DE LA SANIDAD EN LAS PRISIONES. DISTRIBUCIÓN DE COMPETENCIAS ENTRE EL ESTADO Y LAS COMUNIDADES AUTÓNOMAS

2. – LOS RECORTES ECONÓMICOS Y LA SITUACIÓN DE LA SANIDAD EN LOS CENTROS PENITENCIARIOS: EL CASO DE LOS ENFERMOS DE HEPATITIS C

3. – EL TRASLADO AL HOSPITAL GREGORIO MARAÑÓN: OTRO RECURSO EMPLEADO POR INSTITUCIONES PENITENCIARIAS PARA ATRASAR EL TRATAMIENTO

4. – EL CASO DE LOS PACIENTES CO-INFECTADOS CON HEPATITIS C Y EL VIRUS DEL SIDA (VIH)

ANEXOS:

1. – Instrucciones de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias a los subdirectores Médicos de los cent ros Penitenciarios de 20/1/2012 .

2. – Instrucciones de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias a los Subdirectores Médicos de los centros Penitenciarios de 15/2/2012.

3. – Instrucciones de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias a los Subdirectores Médicos de los centros Penitenciarios de 1/08/2012.

4. – Instrucciones de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias a los Subdirectores Médicos de los centros Penitenciarios de 12/9/2012.

5. – Auto 5256/2013 de 21 de octubre de 2013 del Juzgado de Vigilancia Penitencia Nº 2 de Andalucía (Sevilla).

6. – Auto del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria Nª 2 de la Comunidad Valenciana (Alicante) de fecha 11/1/2013

7. – Auto del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria Nª 2 de la Comunidad Valenciana (Alicante) de fecha 10/5/2013

8. – Recomendación del Defensor del Pueblo Andaluz en Expediente de Queja 13/5205 ante denuncia de la APDHA por la vulneración del derecho a la salud de una persona presa por denegación tratamiento de H epatitis C .

Informe sobre la vulneración del derecho a la salud de las personas presas, específicamente sobre la situación de los enfermos de hepatitis C

La cárcel mata VHC

La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA) denuncia vulneración flagrante de de los Derechos Humanos de las personas presas por los recortes presupuestarios en medicamentos en los centros penitenciarios, donde se están estableciendo “cupos” para la dispensación de fármacos para enfermedades graves la Hepatitis C o se niega la medicación más efectiva y única alternativa posible a los enfermos coinfectados de VIH y Hepatitis C. Una Resolución Judicial acaba de ordenar a IIPP que trate a un preso sevillano tras dos años sin medicación alguna.

Este es el caso, entre otros muchos, de Manuel, interno el Centro Penitenciario de Sevilla I, que está diagnosticado de coinfección de VIH y Hepatopatía crónica (Hepatitis C), actualmente en fase cirrótica.  Hace casi dos años, en enero de 2012, su especialista de enfermedades infecciosas del Hospital Virgen del Rocío, encontrándose aún su enfermedad en las fases iniciales, le prescribió Telaprevir (única alternativa terapéutica posible), siendo la Administración Penitenciaria la competente en adquirir y administrar el medicamento.  La no realización de esta terapia, sin que exista ninguna otra terapia alternativa, supondría la progresión a cirrosis hepática o hepatocarcinoma (cáncer) en un relativo corto espacio de tiempo, según consta en los informes médicos y la resolución judicial. Instituciones  Penitenciarias sin embargo  comenzó, al igual que realiza en otros casos similares, a utilizar  diferentes excusas que van desde la necesidad de esperar a elaborar criterios más adecuados de los principios activos del medicamento, a que no existía consenso en el Sistema Nacional de Salud (cuando la comunidad científica aceptaba su indudable efectividad tal como queda acreditado en los informes), a esperar en una posible lista de espera, hasta la última excusa utilizada: que Manuel no cumplía los requisitos de la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS) por ser un paciente coinfectado. Durante todo este tiempo, casi dos años, Manuel ha estado y sigue estando sin tratamiento alguno.

Manuel, que cuenta con la asistencia jurídica de la APDHA, solicitó la excarcelación por enfermedad grave e incurable, al correr peligro su vida, para poder ser tratado por el Servicio Andaluz de Salud, ya que al estar en libertad el SAS le suministraría el medicamento de manera inmediata. En Andalucía este medicamento, como recoge la resolución judicial, se suministra de manera normalizada a los enfermos que lo necesitan, de manera ambulatoria y sin listas de espera.

La Juez resuelve que no procede la excarcelación porque para ello la enfermedad grave e incurable debe tener una evolución desfavorable en la que incida su estancia en prisión con empeoramiento de su salud, acortando así la duración de su vida y ello no debe suceder porque el medicamento puede ser dispensado y administrado sin problemas en los centros penitenciarios (aunque IIPP no lo ha admitido nunca y de hecho no lo hace), sin perjuicio de los controles de su médico especialista del SAS y ordena a IIPP que asuma el tratamiento médico y farmacéutico de la infección crónica de la hepatitis C (genitivo 1).

La realidad es que su permanencia en prisión ha supuesto la evolución desde fases iniciales hasta alcanzar una fibrosis muy avanzada y estadio cirrótico. Evolución que fue pronosticada hace más de un año en los informes médicos y así se recoge en la resolución judicial. Es más, si se descompensara la cirrosis o desarrolla cáncer, lo que puede suceder en cualquier momento, sus posibilidades de supervivencia son mínimas tal y como se refleja igualmente en el Auto.

Tras la recomendación e indicación directa de la Defensora del Pueblo y el Defensor del Pueblo Andaluz para que traten a Manuel de inmediato,  la Administración penitenciaria, en el último momento,  consciente de que iba a ser condenada, intentó dejar sin efecto el procedimiento, ofreciendo a Manuel su traslado al centro penitenciario de Madrid y permanecer allí en una lista de espera sin fecha hasta poder ser ingresado en el Hospital Gregorio Marañón. Éste contestó que esperaría a la decisión de la Jueza, que era inminente, ya que esa opción propuesta como única posible por IIPP le condenaría con toda seguridad a desarrollar cáncer mientras esperaba o perder toda esperanza de vida, mientras que el tratamiento podía serle dispensado en la prisión de Sevilla I sin necesidad de ingreso hospitalario alguno, ya que a los andaluces que no están en prisión se les trata sin listas de espera y de manera ambulatoria, tal como recoge el Auto.

Desconocemos cuantas personas presas hay en dicha lista de espera pero sí sabemos que son cientos los presos españoles que necesitan el tratamiento y que los que van consiguiendo resoluciones judiciales que ordenan su tratamiento se les está ofertando ser tratados únicamente en el Hospital Gregorio Marañón. Desconocemos quién paga en el Gregorio Marañón estos tratamientos (sobre 30.000€ año/preso) que solamente pueden ser dispensados a  pocas personas presas a la vez, porque únicamente se les ingresa en el módulo penitenciario del Hospital, que dispone de pocas camas, y que además son de uso para todas las necesidades  de ingreso hospitalario de las personas presas. El tratamiento dura varios meses (una media de 48 semanas si no existen complicaciones) por lo que es un auténtico cuello de botella que supone, en la práctica, que el gasto en el pago de estos tratamientos sea mínimo, de hecho a  julio de 2013 solamente se había tratado a 3 presos según datos de IIPP.

IIPP está utilizando nuevamente una excusa para no tener que abonar estos fármacos de elevado coste sin importarles ni la salud ni la vida de las personas. Los recortes del Gobierno llegan a justificar decisiones tan indignas como ésta que vulneran flagrantemente los derechos humanos. En este sentido, téngase en cuenta que los gastos sanitarios y medicamentos en prisión dentro de los presupuestos de 2014 caen respecto al ejercicio anterior un 7,83%.

Por ello, nos alegramos por esta decisión judicial, que esperamos cree precedente en España. Hemos presentado recurso en el sentido que se le imponga un plazo de 15 días a IIPP para que ejecute el fallo y Manuel Jesús sea efectivamente tratado. Para el caso de que no se cumpla dicho plazo, ya que se está poniendo en riesgo su integridad física cada día que pasa sin tratamiento,  hemos solicitado su excarcelación para que la el SAS sea quien pueda darle de inmediato la medicación que le salvaría la vida.

Por otro lado, demandaremos a IIPP para que responda por el daño efectivo que su negativa a pagar el medicamento, con excusas diversas, ha causado en la salud de Manuel, llegando a desarrollar cirrosis tras casi dos años sin ser tratado.

Esperamos que IIPP la acate de manera inmediata pagando el medicamento y que sea dispensado en los centros penitenciarios sin más dilaciones a todos aquellos que lo necesiten.

Andalucía, 28 de octubre de 2013

Noticia relacionada:

El JVP De Sevilla Pone Fin A La Espera De Un Preso Y Ordena Que Sea Tratado De Hepatitis C y VIH En Prisión

Cárcel=Tortura VHC

La espera Manuel, enfermo de Hepatitis C en una cárcel de Sevilla (como aproximadamente el 40% de los reclusos en España) y VIH, concluye y podrá ser tratado finalmente después de casi dos años pidiéndolo. Un juzgado de Vigilancia Penitenciaria de Sevilla ha accedido a que sea tratado sin más dilaciones al correr peligro su vida si pasa más meses sin medicación y ha ordenado en este sentido a Instituciones Penitenciarias que asuma su tratamiento médico y farmacéutico.

A Manuel, que cuenta con el apoyo jurídico de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), se le ha negado la libertad condicional por enfermedad grave e incurable, según el auto del juzgado del pasado 21 de octubre. Pero ha sido atendido lo más importante: que sea inmediatamente medicado de la infección crónica de la hepatitis C (genotipo 1) que padece con el tratamiento que se está utilizando en el Hospital Virgen del rocío de Sevilla, el telaprevir. De cualquier forma, APDHA sigue defendiendo que lo que garantiza de manera inmediata el tratamiento de Manuel es la libertad condicional, ya que el Servicio Andaluz de Salud (SAS) le suministraría el medicamento de manera inmediata. En Andalucía, este medicamento se suministra de manera normalizada a los enfermos que lo necesitan, de manera ambulatoria y sin listas de espera, por lo que APDHA ha interpuesto recurso de reforma a la decisión del juzgado.

La jueza entiende que no debe ser excarcelado porque para ello la enfermedad grave e incurable debe tener una evolución desfavorable en la que incida su estancia en prisión con empeoramiento de su salud, acortando así la duración de su vida. Ésta fue la argumentación de APDHA ya que, al negarse Instituciones Penitenciarias a darle el medicamento, su permanencia en prisión ha supuesto la evolución de su enfermedad a cirrosis hepática y está en riesgo su vida si continúa en la cárcel. Si le descompensa la cirrosis o desarrolla cáncer, algo que puede suceder en cualquier momento, sus posibilidades de supervivencia serían mínimas, como la defensa de Manuel ha demostrado en el procedimiento con diverso informes médicos y que asume como acreditadas la resolución judicial.

Sin embargo, la jueza no ha estimado la libertad condicional porque queda probado que el tratamiento le corresponde y puede ser dispensado y administrado sin problemas en los centros penitenciarios, sin perjuicio de los controles de su médico especialista del SAS, y ordena a Instituciones Penitenciarias que asuma el tratamiento médico y farmacéutico de la infección crónica de la hepatitis C (genitivo 1).

Traslado a Madrid

Instituciones Penitenciarias, hace unas dos semanas y tras la recomendación e indicación directa de la Defensora del Pueblo y del Defensor del Pueblo Andaluz para que trataran a Manuel de inmediato, ofreció al enfermo trasladarse a una prisión de Madrid para ser incluido en una lista de espera para, tras hacerse nuevamente pruebas médicas que ya tiene realizadas en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, esperar de nuevo a, sin fecha cierta, poder ser tratado cuando le toque, aseguran fuentes de APDHA. Un verdadero cuello de botella, entienden desde la asociación.

APDHA desconoce cuántos presos hay en dicha lista de espera pero sí afirma que son cientos los presos de españoles que necesitan el tratamiento y a todos se les está ofertando ser tratados únicamente en Madrid, concretamente en el Hospital Gregorio Marañón. APDHA desconoce quién paga en el Gregorio Marañón estos tratamientos (de un coste sobre 30.000 euros al año y preso) y que solamente pueden ser dispensados a pocos presos a la vez, porque son ingresados en el módulo penitenciario del centro, que tiene camas muy limitadas y son de uso para, además, todas las necesidades de ingreso hospitalario de los presos. El tratamiento dura varios meses (una media de 48 semanas si no existen complicaciones). A julio de 2013, solamente se había tratado a tres presos, según los propios datos de Instituciones Penitenciarias.

«Instituciones Penitenciarias está utilizando nuevamente una excusa para no tener que abonar estos fármacos de elevado coste sin importarles ni la salud ni la vida de las personas; los recortes del Gobierno llegan a justificar decisiones tan indignas como ésta que vulnera flagrantemente los derechos humanos», lamentaban desde APDHA.

Manuel respondió a Instituciones Penitenciarias que esperaría a la decisión de la jueza, que era inminente, ya que esa opción propuesta como única posible le condenaría con toda seguridad a desarrollar cáncer durante la espera o perder toda esperanza de vida, mientras que el tratamiento podía serle dispensado en la prisión de Sevilla I sin necesidad de ingreso hospitalario alguno. Tanto su médico especialista del SAS como su médico de prisión acreditaban que así era. A los residentes en Andalucía que no están en prisión, se les trata sin listas de espera y de manera ambulatoria.

APDHA se congratula de la decisión judicial y espera que pueda crear precedente en Andalucía. De cualquier forma, el recurso presentado pide que se le imponga un plazo de 15 días a Instituciones Penitenciarias para que ejecute el fallo y Manuel sea efectivamente tratado. Para el caso de que no se cumpla dicho plazo, ya que se está poniendo en riesgo su integridad física cada día que pasa sin tratamiento, APDHA ha solicitado su excarcelación para que la Junta de Andalucía sea quien pueda darle de inmediato la medicación que le salvaría la vida. La asociación espera que Instituciones Penitenciarias la acate de manera inmediata, pagando el medicamento y que sea dispensado en los centros penitenciarios sin más dilaciones a todos aquellos que lo necesiten.

Fuente

Cárcel=Tortura VHC

«Me llamo Manuel (…), soy interno en el Centro Penitenciario de Sevilla y me encuentro infectado por dos enfermedades crónicas, VIH y VHC (más conocida como Hepatitis C)», explica este preso en una carta al Defensor del Pueblo Andaluz en julio de 2012. Ese mismo mes, presentó una denuncia contra la administración de Instituciones Penitenciarias, dependiente del Ministerio del Interior, por vulnerar su derecho a la Salud. Un año después Manuel sigue esperando.

Su reclamación no es otra que la de que se le administre un tratamiento novedoso y más eficiente contra su enfermedad que ya se utiliza en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Quiere evitar su deterioro y una previsible cirrosis hepática. Mientras, su madre, Trinidad Barrera, mueve cielo y tierra para mejorar la salud de su hijo: «Yo entiendo que está en prisión porque hay cosas que no ha hecho bien. Pero eso no es una razón para que lo dejen morir en la cárcel».

«Si estuviera fuera de prisión, con la Sanidad Pública, mi cliente estaría ya con el tratamiento», asegura Maribel Mora, la abogada que se ha hecho cargo de su caso. «Un caso de coinfección de Hepatitis C y VIH con características similares estaría siendo tratado con telaprevir (medicamento nuevo aprobado por la Sanidad Pública) en el SAS», confirma el doctor Manuel Leal de la unidad de infecciosos del Hospital Virgen del Rocío. Casi un año después, Instituciones Penitenciarias, responsable de la atención médica y el gasto farmacéutico en prisión, aún no se lo ha administrado por falta de recursos económicos.

Instituciones Penitenciarias ha contestado a eldiario.es/andalucia con una única declaración en la que asegura «que a los presos se les trata igual que a las demás personas». Sin embargo, no es lo que se desprende de la respuesta que en enero de 2013  el Ministerio del Interior remitió a la Oficina del Defensor Andaluz: «Se ha confeccionado un registro de este tipo de enfermos en todo el sistema penitenciario, entre los que está el paciente al que se refiere la queja». «Se irán tomando medidas para irles facilitando el tratamiento a todos los enfermos, con la periodicidad que permitan los recursos ante la imposibilidad presupuestaria de atender de forma inmediata y concurrente a todos los casos en los que se prescribe el tratamiento para la Hepatitis C».

«Estamos ante un problema económico para un tratamiento necesario», argumentan desde la Oficina del Defensor del Pueblo. El tratamiento con telaprevir (que está teniendo, a falta de más estudios, un 75% de eficacia en estos enfermos) suma unos 30.000 euros más al tratamiento habitual sólo con interferón y ribabirina. De hecho, el presupuesto para Instituciones Penitenciarias en 2013 para gastos farmacéuticos y sanitarios es de 70 millones de euros, un 6,90 por ciento menos que en el año 2012, según los datos que ofrece la web de la institución. Esto sucede el mismo año en el que el convenio entre la Consejería de Salud y Bienestar Social y el Ministerio del Interior para la atención sanitaria de los cerca de 16.000 reclusos que hay en Andalucía ha permanecido en el aire. Las razones, un desacuerdo por parte del Ministerio sobre el modo de pago. Exigía pagos justificados y detallados de la atención a cada recluso en vez de un pago único por servicios prestados como se venía haciendo.

Pese a que las puertas de la negociación entre el Ministerio y la Junta se han vuelto a abrir, el convenio aún no se ha firmado y Manuel sigue esperando a que le autoricen el tratamiento en prisión, una combinación de fármacos (entre ellos el telaprevir) que se puede «administrar de forma ambulatoria porque además los médicos penitenciarios son de primera línea y están plenamente capacitados», asegura el doctor Leal. Pero Manuel sigue esperando.

El tratamiento

Manuel tiene 43 años y lleva en la cárcel cinco por delitos de robo. Ha pasado por Málaga y ahora en el Centro Penitenciario de Sevilla I. Manuel empeora por días debido a la virulencia de su tipo de Hepatitis C, genotipo 1, que tiene desde 1988, en combinación con el VIH. Está al borde de desarrollar una cirrosis lo que sólo se solucionaría con un trasplante de hígado en el mejor de los casos, una solución más cara a largo plazo para las cuentas públicas.

Hasta ahora, enfermos como Manuel, cuya coinfección afecta a cerca de un 50% de la población penitenciaria, según fuentes médicas, recibían un tratamiento a base de interferón y ribabirina. A este tratamiento «que ya es caro», explica el doctor Manuel Leal, «responden 1 de cada 4 pacientes del genotipo 1», los casos más frecuentes. El caso de Manuel.

Pero la industria farmacéutica desarrolló hace dos años un nuevo medicamento «inhibidor de la proteasa y que desciende la carga viral de una manera hasta ahora desconocida», el telaprevir. Está probada su eficacia con pacientes infectados sólo con hepatitis C pero no hay suficientes estudios para los pacientes coinfectados, es decir, enfermos de VIH y hepatitis, con lo que prima la prudencia. El Servicio Andaluz de Salud ya lo está administrando a enfermos con las características de Manuel, «con los criterios que ha recomendado el Ministerio de forma razonable»  y «está resultando eficaz en un 75% de los casos», asegura el doctor Leal.

A principios de junio, las autoridades de la prisión han dejado salir a Manuel para que pueda ser sometido a un nuevo examen médico. Y en breve, a la espera de un último informe, su abogada va a presentar ante el juzgado la solicitud de ingreso en el hospital, en cuyo caso Manuel sería tratado y los gastos correrían a cargo del Servicio Andaluz de Salud, como han confirmado fuentes de la Consejería. La historia de Manuel es, para la Oficina del Defensor, «motivo de alarma social, no sólo para la vida de este interno, sino para el extenso grupo de personas en prisión que presentan ambas patologías». Y mientras, las infecciones de Manuel siguen avanzando. Y Manuel sigue esperando.

Fuente

La cárcel mata VHC

El Defensor del Pueblo está investigando los cupos impuestos por el Ministerio del Interior para acceder a la triple terapia contra la hepatitis C, un tratamiento que duplica las opciones de curación para la forma más habitual del virus que afecta a casi el 25% de la población reclusa. Fuentes de la oficina que dirige Soledad Becerril han confirmado que se ha abierto la investigación de oficio por las restricciones implantadas por Interior.

En las últimas semanas, Prisiones ha aceptado inscribir a varios reclusos en lista de espera de este fármaco pero con la condición de que se trasladen a una prisión de Madrid para ser tratados en el hospital Gregorio Marañón, donde ha centralizado el tratamiento. “Es una traba más que solo persigue demorar los tratamientos”, denuncia el presidente de la Sociedad Española de Medicina Penitenciaria. “Saben que los presos no quieren trasladarse y no hay razón que lo justifique porque es un fármaco que el paciente toma en su casa o, en el caso de presos, en la cárcel”, explica le médico.

Una juez de Vigilancia Penitenciaria de Alicante ha instado dos veces a Interior a que administre la triple terapia a un recluso que, además de hepatitis C, es portador del VIH y la Asociación Proderechos Humanos de Andalucía (APDHA) va a pedir la excarcelación de un enfermo al que Interior le niega el fármaco prescrito por su médico. “Su salud se está deteriorando por días y Prisiones ha dejado claro que no le va a tratar. Nos quedan dos opciones: o le excarcelan por enfermedad grave para que se le trate fuera o nos arriesgamos todos a que entre en un problema de salud mucho mayor”, advierte la coordinadora de la asociación, Maribel Mora.

La cárcel mata VHC