Está claro que los dirigentes de la izquierda abertzale han optado por el primer planteamiento: escenificar, otra vez más, la solidaridad que un sector de la sociedad expresa respecto a los presos. Lo mismo que se viene haciendo desde hace más de treinta años con un nuevo formato. ¿Esto ayuda a que los presos vuelvan a casa? Está visto que no. Al final, lo que queda es que se han vivido unas experiencias intensas de solidaridad para los que siguen viviendo en casa y la frustración por el inevitable encarcelamiento de los jóvenes.
Mientras tanto, para que los presos vuelvan a casa no se ha hecho absolutamente nada. Solo dejar pasar el tiempo. ¿Se podría hacer algo? Por supuesto. Los últimos detenidos, por ejemplo, tienen para cumplir condenas de cinco o seis años, de las cuales ya han cumplido más de dos, por lo que podrían empezar a salir de permiso, a salir en tercer grado. Pero, de momento, no se lo van a plantear porque los comisarios políticos que controlan el Colectivo mantienen bloqueadas esas posibilidades. Así que el panorama que tienen por delante es el de cumplir íntegros los tres o cuatro años de cárcel que les quedan, algo perfectamente evitable. Esto, que parece absurdo tratándose de tres o cuatro años, es mucho más grave cuando se trata de presos que tienen largas condenas y llevan muchos años encarcelados.