En los últimos años, series televisivas como ‘Prison Break’ o, más recientemente, ‘Orange is the New Black’ han convertido el sistema penitenciario estadounidense en materia de interés para el gran público. Sin embargo, estas series no suponen ninguna novedad para quienes ya estaban familiarizados con la situación en las cárceles de este país. Los Estados Unidos de América se encuentran a la cabeza del mundo en lo que se refiere a encarcelamientos. En la actualidad, 2,2 millones de personas se hallan cumpliendo condena en las penitenciarías del país, bien sean estatales o federales, lo que refleja un incremento del 500% en el número de reclusos en las últimas tres décadas. Pese a que los datos indican que los encarcelamientos a larga escala no son el medio más eficaz de disminuir el índice de criminalidad y de garantizar la seguridad pública, la política penitenciaria del país sigue regida por el principio de cuantos más arrestos, mejor.
Las detenciones, sin embargo, no afectan a la población de la misma manera. Varios colectivos, entre ellos Sentencing Project (Proyecto Sentencia, organización que desde 1986 trabaja en favor de un sistema de justicia criminal más justo y efectivo impulsando reformas en las políticas de condena, denunciando la disparidad racial y abogando por alternativas al encarcelamiento), han denunciado el acoso policial al que se ven sometidas las minorías étnicas y raciales, a las cuales pertenecen más del 60% de los reclusos. Para ser más exactos, uno de cada diez hombres negros rondando la treintena se encuentra en la cárcel en este momento. Esta práctica, conocida como «profiling» o evaluación por perfil (cuando un sujeto se convierte en sospechoso por su pertenencia a un grupo, bien sea étnico o racial), se ha ido intensificando en las últimas décadas debido al impacto de la denominada «guerra contra las drogas». A nivel federal, los reclusos con cargos relacionados con el consumo y/o distribución de drogas suponen la mitad de la población encarcelada, mientras que en las cárceles estatales el número de convictos ha crecido un 13% desde 1980. Dos tercios de las personas sentenciadas por asuntos relacionados con las drogas son de color. La mayoría de estos presos no son actores importantes en el tráfico de drogas, y muchos de ellos carecen de un historial previo de criminalidad.




