Madrid no es ciudad para los «sin papeles». Y es que la capital no es esa ciudad idílica y acogedora que muchos extranjeros esperan encontrar. Además de la Puerta del Sol, la Plaza Mayor o la Plaza de Toros de Las Ventas, Madrid también tiene un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE), su propia versión de Guantánamo en el barrio de Aluche. Muchos inmigrantes que vienen a España con el anhelo de encontrar una vida mejor ven su sueño truncado al toparse con un muro infranqueable: la falta de unos papeles que les privan de los derechos de los que gozan el resto de los ciudadanos. Los más desafortunados son «cazados» en redadas raciales en plena calle. ¿El delito? Simplemente no tener un permiso de residencia o trabajo. Por ello, muchos indocumentados acaban encerrados en una «cárcel de inmigrantes» como la de Aluche. Estas instalaciones, donde pueden pasar hasta 60 días, no son más que el último eslabón de la cadena del racismo institucional.
A pesar de la petición expresa de adoptar medidas cautelares para evitar la obstrucción a la investigación de la muerte de Alik, el ciudadano armenio que fue encontrado muerto en las dependencias del Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de zona Franca (Barcelona), este fin de semana la Delegación del Gobierno en Cataluña ha ordenado la deportación de dos de los testigos clave del caso.
Los abogados de Cerremos los CIE y Migrastudium presentaron el pasado jueves por la mañana un escrito al juzgado de vigilancia del CIE –juzgado de instrucción 30– y otro en el juzgado de instrucción 21 de Barcelona –encargado de hacer el levantamiento del cadáver de la víctima y donde se han abierto las diligencias de investigación–, en el que pedían explícitamente que se acordara la declaración como testigos de varios reclusos del centro de internamiento de extranjeros que habían sido testigos de la agresión policial a Alik antes de ser trasladado a la celda de aislamiento y que pudieron oír los gritos y gemidos del hombre durante las horas previas a su muerte. Dos de ellos ya no podrán testificar, porque ya no están en el CIE Zona Franca. La Brigada de Extranjería del Cuerpo Nacional de Policía española les ha deportado a lo largo del fin de semana. Estas dos personas eran clave para esclarecer los hechos, ya que habían oído con nitidez desde su celda los gritos de la víctima poco antes de morir.


