Es un arma que carga el Diablo con metralla y dinamita. Sentimientos que disparan directos al corazón, añoranza, anhelo, odio, ira, cólera, amor. Le hace difícil escapar de una explosión cuando la bomba estalla en mil partículas que invaden todo el recuerdo para revolverlo y recomponerlo, te hace morir y vivir hasta conseguir que el rompecabezas esté completo, terminado, de una pieza sola en su lugar exacto, en este que me encuentro ¡puta realidad!, en una maldita celda de castigo, custodiado por verdugos de este sistema imperial represor. Celdas donde se palpa el dolor, el hedor de miles de cuerpos en letargos, amargura, gritos de libertad, todo lo sufrido se convierte en llama, esas que salen de mi corazón diciendo basta ya. La memoria ataca a gritos, como si de repernte hubiera enloquecido, esa locura que tantas vidas se ha llevado: asesinados, ahorcados, sobredosis, compañerxs maltratadxs. Un enjambre de hormigas salvajes de recuerdos avanzando en orden, como una división de soldados americanos en el Vietnam, ¡putos yanquis!, marines asesinos poniendo pie a tierra en la cabeza de playa.