Encierro, marginación, represión, son cuestiones relevantes a la hora de hablar sobre los centros de menores. ¿A quién le afecta?, ¿qué se quiere conseguir?, ¿cómo educar o “reinsertar” entre cuatro paredes y un techo sin poder ver la luz del sol?, ¿cómo se puede trabajar con tanta frustración/rabia acumulada?, ¿quién mira las necesidades de las/os chavalas/es presas/os en centros de menores?, ¿acaso se quieren mirar sus necesidades o imponer un modelo conductual en el cual se les intenta someter?
1.- LA JUSTIFICACIÓN DE LA PROPUESTA
La justificación de la construcción de un movimiento por una alternativa a las políticas punitivas y en general a la cultura del castigo que le subyace, que a la vez haga frente a la confrontación social que desde hace ya muchos años se está diseñando en el Estado Español, se encuentra en la necesidad de dar una radical (en el sentido de “ir a la raíz”) y verdadera respuesta a los conflictos de la sociedad no basada en el castigo.
Esta necesidad se ha hecho más patente y apremiante en fechas recientes por la concurrencia de dos hechos. De una parte, la presentación del proyecto de reforma de Código penal de 23 de noviembre de 2013 que ha representado el culmen de la evolución que en los últimos diez años está experimentando la política criminal en el Estado, y de otra, por el surgimiento del anteproyecto de Ley de Seguridad Ciudadana que confirma el aumento al recurso de la que ya se denomina “burorepresión”, es decir, la utilización de la sanción administrativa como forma de reprimir fundamentalmente (aunque no sólo) la protesta social.
