Los Vigilantes De La Paya [Un Cuento De Pisa Gómez]

Esto era una tarde de invierno en el vestíbulo de una prisión-fortaleza levantada con bloques de granito en la calva meseta. Grupitos de personas esperan en silencio, mordiéndose la lengua, a que los carceleros, tras cristales y rejas, les abrán la garita para ponerse en fila para que les revisen las bolsas donde con extremo cariño han metido las cosas que les llevan a sus presos. Algunos se calientan las manos y echan fumo por la boca. Los carceleros siguen con su tertulia haciendo caso omiso. Una mujer de sombrero de fieltro está sentada en un banco junto a dos lacorrillos gitanos que balancean los pies en el aire porque no alcanzan el suelo. Tendrán unos nueve o diez años. En esto aparca un taxi delante del portón y unas piernas potentes toman tierra y nos muestran a todos el color de sus bragas. Qué pedazo de pivón madre del alma. Entra pisando fuerte la rubia subida en sus tacones de estilete. Ras ras ras. La rubia se pasea indolente mirando a todo cristo por encima del hombro, se compone el carmín de unos labios sedientos que su churri se muere por besar en el vis intimo. Entonces los guindillas de uniformes casposos salen todos a una de detrás de las rejas. No hacían falta tantos, normalmente con uno es suficiente, que si les roban a la gente algunos minutillos del tiempo de visita, a ellos se la trae floja. Pero el pivón superlativo lo merece. Los guindillas se pasean fingiendo estar atareados observándole el culo de reojo a la rubia de falda apretujá entre los muslos. La miran y remiran los babosos pululando como moscas sin quitarle los ojos de sus cachas. Entonces el niñito gitano sentado junto a la dama del sombrero le da un codazo a su primo y exclama: «Ja,me maten,primo. Diquela: Los vigilantes de la paya». Y la mujer del sombrero que teníe el corazón encogío, de pronto estalla en una sonora carcajada. La chispa de la vida –piensa– puede saltar en cualquier parte mientras tengas al lado un lacorrillo de raza gitana.

2 Comentarios

  1. Yo lo llamaria » Los vigilantes de la Paya «.
    Genuino, auténtico.
    Bravo Pisa. Gracias Javi.

    16 enero, 2014
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