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¡¡Buenos días!!

Lo primero deciros que estoy muy agradecida por su carta informándome de todo lo que vivimos día a día en estas cárceles… gracias a dios hay personas como ustedes que nos apoyan y nos animáis para hacer justicia en estas jaulas inhumanas.

Os cuento un poco de todo lo que vivo día a día aquí. Llevo desde el 2014 presa, entré con 19 años, tengo 21, llevo dos años y medio presa, entré a la cárcel de X*. Cuando yo me fui dando cuenta de lo que era la cárcel, me rebelé, porque tanto funcionarios como jefes de servicios, subdirectores y directora son todos unos corruptos alcohólicos que se emborrachan en tus propios ojos y encima de todo eso tienes que acatar sus ordenes humillantes en el estado que se encuentran. Es algo horrible que no deseo a ningún ser humano. En esa cárcel solo hay un módulo de mujeres que caben doce mujeres, y día tras día somos humilladas y amenazadas, pero llegó un día que no aguanté tantas injusticias y, en la reunión de todos los martes con el educador y psicóloga, dije todo, incluso lo corruptos que son, no aguantaba más tantas humillaciones y tanta hipocresía. Todas las presas se callaron por miedo, pero yo no pude, soy una persona directa y muy sincera.

Y a la semana siguiente me dicen que recoja mis pertenencias, que me cundan a Y*. Pero  yo me fui a gusto, muy contenta conmigo misma y con la cabeza bien alta. Temían que yo sacara a la luz lo que hacen en la prisión y, como sabían que yo no soy una persona manipulable ni chivata, ni mucho menos lameculos, decidieron quitarme de enmedio, sabiendo que mi cárcel de cumplimiento es X* por arraigo familiar. Llegué a Y* a un módulo de respeto, supuestamente, porque de respeto no tiene nada,ya que las funcionarias te insultan delante de todas las internas y encima te tienes que callar por miedo a ser agredida… Tuve un percance con una presa donde tuve que imponer el respeto, me peleé y me llevaron al chopano, supuestamente la «celda de recapacitación», cuando es una celda de tortura donde te meten, llena de basura, ni siquiera te dan una manta para taparte, te quitan todas tus pertenencias y  te hacen dormir encima de una esponja llena de mugre. Gracias a dios, a mí ese día no me pegaron.

Estuve articulada y de allí al módulo 10, el conflictivo, donde ahora sobrevivo, pero no por las presas si no por los funcionarios. En este módulo hay una funcionaria en especial llamada M* que todas las presas tememos, es una persona sin corazón que se toma la justicia por su propia mano, que hace la vida imposible a cada una de nosotras excepto a su chivata, llamada T*, que cuando no está esta funcionaria esta persona nos hace la vida imposible. Son personas sin escrúpulos, de sangre fría y les corre la maldad por sus venas. Las presas tienen miedo a denunciarlo porque una presa la denunció y la funcionaria fue a por ella hasta el límite de ponerla en primer grado e incluso ponerle otra causa. Ahora están en Ávila tres chicas, con una acusación totalmente falsa inventada por esa funcionaria. Esta persona se lleva a golpes del módulo a las internas que le hacen cara y cuando se las lleva no volvemos a verlas. Yo la evito e intento acatar sus ordenes porque, si no lo hago, sería mi ruina y yo no puedo permitir que ella me gane la partida porque no pienso darle el gusto, eso jamás.

Hace muy poco me trasladaron a X* por un juicio con mi ex pareja, el cual me maltrataba, hasta llegó a un punto que casi me mata, me dio una apuñalada en la tripa al lado del ombligo y solo le han condenado a un año y medio por falta de pruebas, y yo aquí, pagando 5 años por un robo con violencia. Ya se sabe que en España no hay justicia, pero, si todos nos uniéramos, sería otra cosa. Después que he sido maltratada por un ser despreciable, cuando ya tenía más o menos los maltratos que he vivido superados, ahí llega una funcionaria y jefe de servicios y me propinan una paliza que llegué a Y* llena de moratones con una angustia por no poder defenderme… esa rabia de impotencia cuando tienes las manos y los pies atados es horrible. Yo me levanté y fui a defenderme pero me redujeron y me encerraron en mi celda, no pude hacer nada, y a los dos días tuve la conducción. Me gustaría denunciar, pero temo por mi integridad física, por mis permisos. Tengo mucho miedo porque aún son dos años y medio que me quedan en estas jaulas inhumanas. Por supuesto que mis compañeras y yo haremos ayunos, pero no podemos darlo a la luz porque correríamos peligro e irían a por nosotras. A lo mejor es cobardía, pero somos conscientes de que, si lo hacemos, corremos peligro, ese es nuestro gran miedo, creo que es entendible.

Espero seguir teniendo noticias de ustedes (…), os agradecería que los nombres que os he dado no salieran a la luz por mi seguridad. Un fuerte abrazo para todos los presos y presas de todo el mundo os mando muchas fuerzas y ánimos y no os rindáis jamás, luchar por lo que nos pertenece.

Mujeres presas

España es el país de la Unión Europea con mayor tasa de mujeres en prisión, debido principalmente al gran número de mujeres extranjeras que cumplen largas condenas en nuestro país, normalmente por delitos contra la salud pública –tráfico de drogas– o delitos relacionados. En 2015, se contabilizaron unas 5.130 internas, lo que supone un 7,81% de toda la población reclusa, frente a los más de 60.500 hombres ingresados en prisiones españolas, lo que significa el 92,19% de ese total.

Estos datos explican que la política penitenciaria haya sido diseñada para el preso varón y que, en la actualidad, existan sólo cuatro centros penitenciarios específicos para mujeres: Madrid I; Brieva, en Ávila; Alcalá de Guadaira, en Sevilla, y Wad-Ras, en Barcelona.

El resto de mujeres reclusas se encuentra en módulos femeninos dentro de las prisiones masculinas, sin separación por clasificación penitenciaria alguna, lo que supone una clara desigualdad y discriminación entre hombres y mujeres privados de libertad, en detrimento siempre de los derechos de ellas. No en todas las prisiones existen módulos para madres, lo que nos lleva a la difícil decisión que tiene que tomar una mujer que debe entrar en prisión embarazada o con hijos, de si es mejor para los menores tener a una madre cerca, o sentir la libertad y la sociedad, viendo a sus madres solo una hora a la semana, o cuatro horas seguidas al mes.

En muchos casos, esta decisión es fácil, cuando hablamos de mujeres que vienen de familias desestructuradas, o con el marido o padre de sus hijos también en prisión, o cuando no tienen a ninguna persona de confianza fuera que se pueda encargar de sus hijos y responsabilizar de su cuidado y educación mientras ellas cumplen sus condenas.

De seis a tres años

Hasta la Reforma de la LOGP de 1996, las reclusas podían tener a sus hijos con ellas en prisión hasta que estos cumplían los seis años. Sin embargo, tras dicha modificación, los niños solo podrán permanecer en los centros penitenciarios hasta los tres años, ya que existen estudios de especialistas que afirman que hasta esa edad, los niños no guardan recuerdos del lugar en el que han estado, mientras que a partir de entonces, comienzan a darse cuenta de dónde viven.

Además, un niño de tres años, cuando a las ocho de la tarde se cierra la celda de su madre, es más fácil que se quede tranquilo o dormido, mientras que a uno de seis es más difícil explicarle que ya no puede salir de ahí a jugar y que no es la figura materna la que impone las normas, sino que son las funcionarias de prisiones las que dan las órdenes.

Está claro que en numerosas ocasiones, los niños se benefician de una alimentación, una higiene, un seguimiento médico y una educación que en sus casas jamás hubieran tenido, pero no dejan de estar en un centro penitenciario y se pueden dar cuenta de que la suya no es una familia normal ni una vida convencional. ¿Hasta qué punto esto es justo para esos niños?

Esos menores, sin cometer delito, cumplen condena junto a sus madres.

El problema principal que hace que muchas mujeres tengan que entrar en prisión embarazadas o con hijos pequeños, radica en el sistema judicial actual, que conlleva que algunos juicios tarden años en celebrarse o en dictarse sentencia o recursos al Tribunal Supremo o Tribunal Constitucional que se resuelven cuando esas mujeres han rehecho sus vidas, y tienen hijos. Muchas de esas mujeres, son el soporte económico de sus familias, así como el afectivo, y deben llevarse sus problemas a prisión.

Nuevas necesidades

La marcha de la sociedad actual debería dar lugar a la modificación de todo el sistema penitenciario para adaptarlo a las nuevas necesidades que van surgiendo con los años, de manera que sería preciso establecer mecanismos legales alternativos a la prisión, por ejemplo, para esas mujeres con hijos que, reuniendo ciertos requisitos y condiciones, pudieran ir solo a dormir al centro penitenciario, o las pulseras telemáticas que se utilizan para personas que cumplen condena en régimen abierto y que permitirían controlar si las mujeres permanecen en su domicilio durante el tiempo de la condena.

A día de hoy, y en determinados supuestos muy concretos, cuando se concede el tercer grado, se permite a las mujeres vivir con sus hijos en pisos de cuya organización y control se encargan voluntarios de ONG, lo que, personalmente, me parece una muy buena medida que debería implantarse de manera más habitual.

Otra alternativa, sería la creación de módulos de familias, como el que se construyó de manera pionera en 1998 en el Centro Penitenciario de Aranjuez, en Madrid, en el que parejas que cumplen ciertos requisitos, aunque algo estrictos, y superan un determinado tiempo en observación, para controlar si son problemáticos, o tienen problemas de convivencia, si consumen algún tipo de sustancia estupefaciente, o tienen alguna adicción, si cumplen con sus deberes diarios, si trabajan, o si carecen de antecedentes de maltrato o agresión sexual, etc., pueden vivir en una habitación, con una cama de matrimonio y un baño, como si de una verdadera familia se tratara. Igualmente, son voluntarios de diversas ONG los que se encargan de normalizar, en la medida de lo posible, la vida de los pequeños, llevándolos a las guarderías o programando actividades para que los niños no sientan que estén en la cárcel, algo que influirá notablemente en su educación.

Unidades de madres

Solo existen tres centros externos para mujeres con hijos que son las Unidades de Madres de Madrid, Sevilla y Palma de Mallorca, en los que se intenta eliminar todos los elementos “carcelarios” de las infraestructuras, para que no parezcan cárceles.

Lo triste de todo esto es que esas posibilidades son las menos, y queda mucho camino por recorrer en nuestras instituciones penitenciarias para que pueda existir un cierto equilibrio entre los derechos humanos de los presos y su vida carcelaria, máxime cuando se tienen niños, sin culpa ninguna de lo que han podido hacer sus padres, y a quienes se les debe proporcionar una seguridad y velar por sus propios derechos.

El sistema penitenciario es el gran desconocido para la sociedad española. En los últimos años, hemos podido conocer algo más sobre las prisiones de nuestro país por películas como “Celda 211” o series televisivas como “Vis a Vis”, en las que se nos acerca un poco más a cómo son las cárceles españolas y cómo es la vida dentro de ellas, sin olvidar ese punto de ficción que deja abierta la incógnita a si realmente sucederá así o no.

Personalmente, si me viera en la situación de tener que entrar en prisión, y estuviera embarazada o tuviera hijos menores de tres años, no sé si me resultaría fácil tomar la decisión de llevarlos conmigo o dejarlos en libertad. Supongo que eso es algo que se sabe cuando se es madre y cuando te ves en la tesitura de tener que cumplir una condena de años que te puede privar de ver cómo crecen esos niños y las circunstancias que dejas fuera.

Realmente, una decisión difícil, pero una difícil realidad.

Erika Ruiz Ferrero

Vocal de la Comisión Ejecutiva de CEAJ y miembro de la Subcomisión de Penitenciario del Consejo General de la Abogacía Española

Mujeres presas

13A2
Reproducimos  estos dos carteles encontrados en Barcelona Indymedia de donde traducimos la siguiente convocatoria:

Desde Revuelta en la Galera queremos enviar un saludo a las mujeres encarceladas en Wad-ras y visibilizar su situación, que  queda recluida y aislada entre los cuatro muros.

Igualmente, queremos lanzar un grito de solidaridad con la compañera encarcelada el 13 de abril, detenida con una orden internacional de busca y captura bajo la acusación de haber participado en la expropiación de una entidad bancario.

¡Por eso os animamos a venir el sábado, día 25, a las 12 horas!

¡ROMPAMOS EL SILENCIO DE LOS MUROS!
¡NINGUNA COMPAÑERA SOLA EN MANOS DEL ESTADO!

Solidaritat Rebel (blog solidario con la compañera detenida el 13 de abril)

Actividad en la calle Mujeres presas

En la cárcel hay cárceles. Lo cuentan unas mujeres presas. Mujeres de diversas edades, con similares historias de vida: exclusión, violencia sufrida, drogas y dolor. Hay mujeres que llevan desde los dieciséis años encerradas. Para cambiar de régimen penitenciario tienen que seguir obligatoriamente unos programas. Hay programas de contención para las que tienen problemas de conducta dentro de prisión por no acatar el régimen disciplinario. Contención de angustia, pánico, desesperación… Suelen ser castigadas a incomunicación. Sus nombres no son sus nombres, son los de todas. En las cárceles de la cárcel. Fuera y dentro de una misma.

Isa ha sido “la mama” en las dos prisiones en las que lleva estos últimos años. En tres meses ha perdido a tres personas de su familia. “Se me mueren y yo aquí”. Entró en prisión junto a su hija. Cuenta que se convirtió en un animal que sólo pensaba en proteger a su Jeni que era una niña cuando le encerraron. “Ella no tenía que estar ahí, joder. Ella no. A ella le teníamos que dejar fuera de todo esto”. Fue su pareja quien en el juicio, declaró que estaba con ellos. “Estaba tan puesto que hizo que nuestra hija, con dieciocho años, entrase en la cárcel con su madre”. La mama se hizo respetar, tenía miedo. Poco después les separaron. Ahora su hija está en tercer grado con régimen abierto y su pareja también. Cuenta que su primer marido le maltrataba y que luchó por dejarle y sacar adelante a tres hijos. Hasta que no reconozca ante la junta que es drogadicta no le van a cambiar de régimen penitenciario y no podrá tener permisos. “Yo no voy a reconocer algo que no es verdad. Yo no soy drogadicta. Para salir tengo que decir algo que no es verdad”. Su hijo pequeño, tiene seis años, los mismos que le cayeron de condena. No quiere venir a verle. Ella se prepara chistes para hacerle reír. “Ven a ver a la mama que se sabe un montón de chistes… pero ya no quiere venir y yo no sé qué más chistes contarle… ya no sé qué contarle”.

Mujeres presas

El siguiente reportaje pretende reflejar un mosaico de voces procedentes de distintos ámbitos acerca del impacto de género de la legislación penal, de la realidad de las prisiones, del tratamiento mediático y de otras cuestiones que afectan a las mujeres presas en su día a día. Una abogada, dos periodistas, una psicóloga, la autora de un corto-documental y una de las componentes de la Asociación Nais Contra a Impunidade son las personas que ponen voz a este reportaje. 

El Derecho Sexuado

Si el mundo sigue un orden patriarcal, el derecho también lo sigue. Una cuestión que el feminismo no olvida y que, por lo tanto, sigue muy de cerca. Esto es lo que se conoce cómo ‘derecho sexuado’, que implica, a un tiempo, el cuestionamiento de la neutralidad y de la imparcialidad del derecho. Un derecho que al fin y a la postre está hecho y pensado para el modelo normativo de ‘hombre’, encuadrado dentro de un sistema político-social-económico determinado.

Para Yolanda Díaz, abogada y vicepresidente de ESCULCA, el Observatorio para la Defensa de los Derechos y Libertades, «el derecho es un instrumento de opresión patriarcal, en cuanto el legislador y el aparato encargado de su ejecución, el poder judicial, reproducen la opresión patriarcal, al no tener en cuenta las cuestiones de género, ni cuando se promulgan y aprueban las leyes, incluido el Código penal, ni cuando se juzga a las mujeres ni, sobre todo, en la fase final de la ejecución de penas«. Este impacto de género se materializa, posteriormente, en la realidad del día a día de los módulos femeninos de las prisiones, donde la realidad patriarcal y las desigualdades se reproducen sistemáticamente.

Mujeres presas Nais contra a impunidade

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Desde el año 2009, el Coleutivu Feminista Milenta Muyeres entramos en el Módulo 10 de Mujeres del Centro Penitenciario de Villabona.

Comenzamos conociendo la realidad de las mujeres privadas de libertad y sus necesidades para, a partir de ahí, intentar dar respuesta a algunas de sus demandas e intereses.

A partir de una primera actividad, en torno al 8 de marzo del 2009, surge y se consolida el grupo de trabajo de Milenta “Ventana al exterior”: fútbol, taller de resolución de conflictos y habilidades sociales, jornadas socio deportivas, actividades de ocio y tiempo libre…

En estas II Jornadas: «PRESAS PERO NO MUDAS. PATRIARCADO2″ perseguimos trasladar la voz de las mujeres a la calle y ser altavoz de la situación que viven día a día en lo que se refiere, concretamente, a las dificultades para ejercer sus derechos por el hecho de ser mujeres y de estar presas.

Programa:

Actividad en la calle Mujeres presas

A pesar de la creencia extendida de que en la prisión “se vive como Dios”, con piscina, tele de plasma y, en definitiva, como en un hotel de cinco estrellas, los operadores que trabajamos en este medio opinamos todo lo contrario. El desconocimiento de la ciudadanía del sistema penal es absoluto y preocupante, lo que se debe en gran medida al uso electoralista y mediático de las penas. Debemos afirmar que a la persona privada de libertad, más allá de la limitación deambulatoria impuesta en sentencia, no se le garantizan el resto de derechos en la misma medida que al ciudadano libre. No lo es en la salud, en el trabajo, en la Seguridad Social o en la intimidad familiar, entre otros muchos campos.

Así, los jueces de Vigilancia Penitenciaria en sus reuniones, los Colegios de Abogados en sus conclusiones de los Encuentros Estatales de los SOAJP, la Sociedad General de Sanidad Penitenciaria (que engloba a médicos de prisión), y ONGs vienen poniendo de manifiesto estas diferencias de trato.

Ejemplo claro de la desigualdad está siendo la dificultad de los presos para acceder a los nuevos tratamientos de hepatitis C, que ha negado Instituciones Penitenciarias con el argumento de no ser de su competencia, sino de las comunidades autónomas. Los tribunales ya han sentenciado en contra de la Administración Penitenciaria. Pero con independencia de la sentencia, es inhumano que la prisión se negase a dispensar el tratamiento, al margen de que después repitiera contra quien considerase correspondiente. Téngase en cuenta que más de 10.000 presos están infectados por el virus de la hepatitis C. Debe citarse también, por importante y reciente, la Sentencia del Tribunal Supremo, de 28 de marzo de 2016, que declara ilegal que se pueda sustituir en prisión el medicamento prescrito por otro clínicamente equivalente, de forma menos estricta a lo que se hace en el exterior.

La cárcel mata Mujeres presas

Escuchamos una charla de la antropóloga feminista Dolores Juliano sobre las condiciones de vulnerabilidad y la capacidad de resistencia de las mujeres frente al sistema penal. Hablamos después con Vane y Pisa del contenido de la charla; de la veterana militante comunista, feminista y anticarcelaria Ángela Davis, que está de visita en Euskal Herria, y de la insumisión electoral de Nuria Zurita, que ha sido condenada recientemente por un tribunal «democrático». Mencionamos, entre otras cosas la fecha de juicio contra Mónica y Francisco, fijada recientemente para marzo, con una petición fiscal de 44 años para cada uno.

Mujeres presas Radio: Tokata Y Fuga

Informe realizado por  presas en la unidad de madres de la pirisón de Aranjuez, describiendo la situación y los retorcesos en materia de condiciones de vida, y proponiendo sencillas vías de solución. Por el realismo y sencillez con lo que lo explican, los trascribimos literalmente.

A continuación exponemos las vulneraciones de derechos a los que nos referimos en las siguientes líneas por ámbitos.  Para ello, en un primer punto nos referimos a las características de la situación actual, después intentaremos resumir el retroceso en las condiciones de vida que se han dado en los últimos meses y años en este módulo  y por último indicaremos en un cuadro las soluciones que planteamos a cada vulneración indicada en cada punto.

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              [Clica en la imagen para ver/descargar el dossier]

Noticia relacionada: Las Madres Presas En Aranjuez Denuncian Las Malas Condiciones En Las Que Viven Sus Hijos En Prisión

Documentos Mujeres presas

20210

Hola a todos:

Soy una mujer condenada a 7 años y 6 meses por tráfico de drogas, entrar en la prisión de Zuera ha sido y será la peor experiencia de mi vida. Mi nombre es Teresa, realmente no sé por dónde comenzar, hay tantas injusticias, incongruencias, pasotismo, violencia, trapicheo dentro de estos muros, sobre todo… hay tanto machismo…

Estoy sentada a la luz de los focos del patio, son las 12 de la mañana y sólo veo cuando miro a mi alrededor mujeres con la mirada triste, con rabia, la queja constante de que se aburren no cesa de salir de sus gargantas, las horas pasan muy lentamente, miro hacia el cielo y la vista para cuando veo la cara de mi compañera de celda, está “de  baja” por lo que no puede bajar ni a la sala ni al patio. Está embarazada, se siente sola y cansada, aún le quedan ganas para regalarme una pequeña sonrisa con un “ok”. Está bien dentro de lo que cabe. Entre nosotras los temas de conversación siempre son los mismos: ¿Qué hace el módulo de mujeres/madres con hijos, cerrado? ¿Por qué estamos todas revueltas? ¿Por qué desarrollan una hoja de PIT, si luego no sirve para nada, en todo caso joderte los permisos o una regresión de grado? No le importa a nadie el sufrimiento de todas y cada una de nosotras, incrementado por la falta de actividades, trabajo, formación…

Desde dentro Mujeres presas