Carne De Presidio

Cárcel de Villena, 25 de noviembre de 2010

Cuando oí esta expresión por primera vez no supe entender su significado. Era muy joven todavía, un joven de 15 años (1967). Por eso la gente mayor hablaba en mi presencia, sin miedo a escandalizarme, cuando se refería a un conocido mio. Han sido necesarios 58 años para comprender qué significaba. 58 años y sentir sobre mi propia carne el sufrimiento que supone los 38 años que ya he pasado en total preso, 36 en España, 2 en Francia, terrible definición la de carne de presidio…

Pero la vida es incierta y a todos, absolutamente a todos, pueden ocurrirnos muchas cosas, o no ocurrirnos nada, absolutamente nada.

Podemos, según vaya la vida, formar parte de eso que algunos llaman “el todo Madrid” o “el todo cualquier parte”. O por el contrario, podemos probar con nuestras asentaderas todas las cosas de los patios carceleros.

Por muy seguro que parezca estar cada uno de la tierra que pisa, de la planificación de su mañana y de la fuerza de su voluntad… no podemos olvidar que el mundo da vueltas, que el futuro es incierto y sobre todo… que la carne es muy débil.

Admirados y respetados por mi sean donde se encuentren todos aquellos hombres y mujeres presos-as que se llaman Montes Neiro, Jose Manuel Espada Prieto, Antonio Fuentes Paraiso, Rafael Martínez Nogueira, Emilio Garcia Lloret, Amadeu Casellas Ramón, Jose Ramón Torres Pérez, Carlos García Reney, Francisco Valencia Ruiz, Milton… y otro cuyo nombre no recuerdo, y otros que no he conocido nunca… Pero que siguen sufriendo en cualquier cárcel enmarcados-as tras las rejas por gruesos muros, soportando lo insoportable.

A todos-as que no son tan malos como parecen, ni tan malos y perversos como les juzgan. Sino simplemente hombres y mujeres. Hombres y mujeres que tuvieron que elegir y eligieron.

Con mi comprensión, mi admiración, estima, respeto y cariño. Porque son mi gente y los prefiero a los demás, a los perfectos, a los impolutos…. a los que son premiados con medallas de oro al mérito carcelario…

Quien se sienta libre de culpa que arroje la primera piedra.

Antonio Nieto Galindo “Antoine”

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