Agustín Rueda, A Un Latido De Distancia

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En la mañana del 13 de marzo de 1978, los funcionarios de la prisión de Carabanchel descubrieron un túnel en la séptima galería.

Siete reclusos fueron llamados uno por uno para ser interrogados por orden expresa del director de la prisión. Los interrogatorios los ejecutaron once funcionarios, bajo la supervisión del director, el subdirector y el jefe de servicios.

Agustín Rueda, un preso anarquista muy vinculado con la COPEL (Coordinadora de Presos en Lucha) estaba barriendo el patio cuando fueron a buscarle. Lo llevaron a la parte baja de la cárcel. Lugar donde anteriormente se ejecutaba a garrote vil.

Durante horas fue sometido Agustín a torturas, para que delatara a los presos implicados en el plan de fuga. Cuando acabó el interrogatorio (porque otro preso ya había cantado), lo trasladaron a una celda de castigo. Agustín apenas podía mantenerse en pie y solicitaba asistencia médica. El médico que le examinó consideró que había cogido humedad mientras había estado excavando el túnel. El diagnóstico fue acompañado por una patada en las costillas.

Y, media hora después, le lanzaron unas pastillas para el dolor a través de las rejas.

El estado de Agustín iba empeorando, y repetía constantemente que no sentía las piernas. Recibió una segunda visita, pero fue otro médico el que le «asistió», que, como el anterior, restó importancia a su estado.

Aproximadamente doce horas después de haber sido torturado, Agustín Rueda apenas podía hablar, y se consideró su traslado a enfermería, donde estaría en observación.

El ingreso en un hospital hubiera supuesto tanto su salvación como la revelación de las torturas en prisión. Primó, obviamente, ocultar las torturas.

Agustín Rueda murió en la mañana del 14 de marzo. El juez de guardia preguntó por el origen de los hematomas visibles en su cuerpo. Ante lo que el director de la prisión ofreció dos versiones: la primera, que fueron debidas a una caída por las escaleras. Al aparecer huellas visibles de la violencia, el director rectificó, alegando que el día anterior un funcionario se vio obligado a reducir al preso porque este le sacó un cuchillo cuando se disponía a registrarlo.

La autopsia reveló que la muerte había sido producida por shock traumático causado por un violento apaleamiento generalizado, prolongado, intenso y técnico, tras el cual, y hasta el momento de la muerte, no se había procurado la correcta asistencia médica.

El día 17 de marzo, una gran comitiva condujo a hombros el féretro de Agustín hasta la plaza de Cibeles. Varias coronas de flores presidían el cortejo. En una de ellas se podía leer: “que tu sangre encienda la chispa de la libertad. COPEL”.

A los responsables de la muerte de Agustín Rueda no se les podía juzgar por homicidio, ya que el delito de torturas no figuraba en el código penal.

Adelaida Artigado

A Un Latido De Distancia

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