Según www.diariocordoba.com, que publicaba ayer extractos de las conclusiones provisionales del fiscal: «sobre las 17.50 horas del 18 de noviembre del 2006, en la sala de día de un módulo del centro penitenciario, se produjo una pelea que «obligó a la intervención de varios funcionarios de prisiones para restablecer el orden, momento en el que otro de los acusados comenzó a incitar a los internos gritando «me han pegado, me han pegado, sacad los pinchos». Los presos comenzaron entonces a lanzar sillas contra los funcionarios y retuvieron a algunos de ellos». «Uno de los internos propinó un puñetazo a uno de los funcionarios; otro de sus compañeros fue obligado a dirigirse hasta la sala de televisión por un preso que le colocó dos pinchos en el abdomen, mientras el resto adoptó una actitud «agresiva e intimidatoria» contra los funcionarios, así hasta que gracias a la intervención de otros internos depusieron su actitud». «El fiscal considera los hechos en sus conclusiones provisionales como un delito de lesiones, otro de atentado contra funcionario público y una falta de lesiones. Las penas que solicita para cada uno de los seis acusados, que se sentarán en un banquillo en la Audiencia próximamente, van de los cinco años de prisión a los tres años y medio de cárcel.»
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Según www.rpp.com.pe, el relator especial de Naciones Unidas sobre Tortura, Tratos Degradantes y Crueles, el argentino Juan Méndez, afirmó el miércoles, 7 de maro, en una rueda de prensa en Ginebra que «La situación de las prisiones en toda Latinoamérica es espantosa, es realmente muy mala, hay gradaciones y variaciones, por supuesto, pero no creo que haya un solo país que puede vanagloriarse de tener un sistema carcelario humano». «En algunos casos el problema es muy severo, como en Honduras, donde ha habido motines de prisioneros, pero también en México o en Brasil ha habido motines, e incluso en mi país, Argentina, que no ha habido disturbios, pero sí se cometen abusos de prisioneros y existen severas condiciones de vida». Lamentó que estas prácticas se hayan heredado de las dictaduras que regían la región en los años 60, 70 y 80, y que a pesar del tiempo transcurrido aún no se han erradicado. La situación actual «también es una consecuencia del intento de criminalizar todo, lo que provoca que las prisiones estén llenas de gente que no debería estar ahí».
Ver en www.un.org
Recordamos que Gilbert lleva un total de 29 años en prisión. Varios compañeros asistiremos a dicho juicio para mostrar nuestro apoyo y denuncia por la cadena perpetua encubierta que se esta haciendo cumplir a Gilbert.
La Coordinadora Catalana para la Prevención y Denuncia de la Tortura (CCPDT), plataforma integrada por 14 entidades (1) que trabajan a favor de los derechos humanos y en concreto en la denuncia y la prevención de la tortura y otras formas de tratos crueles, inhumanos o degradantes en Catalunya hace el siguiente comunicado a raíz de la publicación del artículo titulado “Garzón y el mito de las torturas a Terra Lliure” en el diario el País (2).
Cuatro nuevas multas a los participantes de la última Marcha a la Prisión de Teixeiro, esta vez por «exhibir objetos peligrosos con la finalidad de causar intimidación» en alusión a dos banderas incautadas que, evidentemente, nadie empleó de manera intimidatoria.
Según escribe El Diario De Cádiz, un preso que se encontraba cumpliendo condena en la macro cárcel de Puerto 3 amaneció ayer muerto en su celda. El interno, I.F.T., natural de Cádiz, de 26 años de edad, estaba destinado en el módulo de reincidentes. Fue en el relevo de las ocho de la mañana cuando los funcionarios, a la hora de efectuar el habitual recuento, procedieron a abrir las celdas, y se percataron de que el joven no tenía pulso. Dieron aviso a los servicios médicos de la prisión, que tan sólo pudieron certificar su muerte. La hipótesis que se baraja es que el joven haya fallecido a consecuencia de una sobredosis.
Carmen y Pastora son las madres de Diego Viña y Xosé Tarrío respectivamente. Diego murió hace 7 años en las dependencias de la Guardia Civil y su madre sigue luchando por que se abra una investigación. Xosé entró a la cárcel con menos de 17 años y una condena de dos años y medio, terminó cumpliendo 16, 12 de ellos en aislamiento. Ellas nos cuentan su lucha.



