Tokata | Boletín de difusión, debate y lucha social Entradas

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La acción transcurre a finales de la década de los años cuarenta del pasado siglo, cuando, todavía reciente la Guerra Civil, numerosas presa políticas compartían celda con delincuentes comunes y prostitutas. El arranque es el ingreso en un centro carcelario de norte de España de una nueva reclusa en el preciso momento en que está anunciada la visita de un alto dignatario de la iglesia, que, en el uso de sus prerrogativas, tiene previsto indultar a una de las internas. En el espacio temporal que transcurre entre ese momento y el de la llegada del ilustre visitante vamos conociendo las peripecias personales de las presas, sus problemas y aspiraciones, las difíciles relaciones entre ellas y las no menos conflictivas que mantienen con las monjas-carceleras, el capellán, los funcionarios de prisiones y los profesionales que se ocupan de prestarles atención médica o de su alfabetización. Son historias independientes que se presentan entremezcladas, componiendo un retablo realista que retrata a la perfección una época siniestra. Lo que vemos es una cárcel dentro de otra llamada España, de modo que todos los personajes –presos y guardianes- sufren parecida condena. Ante las dificultades para sobrevivir, el suicido aparece como única vía de liberación.

Una obra de Verónica Fernández e Ignacio del Moral. .

Mujeres presas

cartel2015

Actividad en la calle

Las personas pueden sentirse atraídas por sus cualidades humanas, con el batir de sus extensas alas aplaudiendo a quienes estan contagiados con la buena fe. Los amigos no son imparciales, la tendencia es rotunda a los majestuosos vuelos de las personas que apreciamos. Hablamos de Adelaida Artigado, una mujer forjada en el dolor ajeno, en el propio por inseparabilidad de los daños sentidos. No somos neutrales en crítica literaria por la solicitud contenida en los relatos de la autora a la que queremos por su corazón acorazado al crimen, con la mano abierta a la humanidad necesitada de que somos parte.

Bien celebramos la expresividad de Artigado, un ave en vuelo por los continentes, trayendo a nuestros ojos la memoria prevalente. Esta mujer arranca el borde del tejido, soltando inflada la vela para observar que la paz es una conquista de futuro.

Publicaciones

Hablamos una vez más con Conxi de lo diferente que es la cárcel dependiendo de la posición social de la persona presa. Continuamos prestando atención al reciente intento de criminalización del anarquismo, a la solidaridad con las personas presas por su causa y a la reflexión sobre todo ello. Y recordamos las convocatorias solidarias y anticarcelarias para estos días.

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Radio: Tokata Y Fuga

Javi Guerrero

Siete y media de la mañana. Suena un timbre ruidoso insoportable que te hace levantar. Que te recuerda que no puedes decidir hoy tampoco a qué hora salir de la cama. Te giras y no está la persona que te gustaría que estuviera a tu lado. No puedes decidirlo. Tampoco en esos días en los que todas nos juntamos con la gente que más queremos.

De nuevo en pie, a la espera de que aparezca una persona para comprobar si sigues ahí. Abren la puerta, a la misma hora de cada día. Desayuno, ducha, actividades. Salir al aire libre y ponerte a hacer deporte. Correr en círculo, continuamente, lo cual te recuerda que los días pasan de manera repetida deseando que pasen los dos años y tres meses, los tres años y veinte días, o los seis años y un día. Andar un kilómetro en línea recta o mirar el horizonte se convierten en pequeños placeres de la vida imposibles. Comer siempre a la misma hora y con el mismo tiempo. Poco a poco se te va olvidando cómo se cocina. Te encantaría hacerlo, pero no puedes. No puedes tampoco cocinarte tu propia comida. Y después de comer, de nuevo el tedioso timbre. Y de nuevo la puerta que te reencierra. Dos horas, quieras o no. Hasta que suena de nuevo el timbre y, tras comprobar si estás, la puerta se abre. Tampoco puedes decidir quedarte si te apetece acabar la carta que estabas escribiendo, o si te apetece quedarte sumido en tu melancolía. Ni siquiera puedes decidir esas pequeñas cosas. Toca gimnasio, o limpiar el comedor, o trabajar para una multinacional a cambio de uno o dos euros la hora. La tarde pasa. Luego llega la cena, hacia las ocho. Quizá en estos días y si la dirección lo permite, la hora se puede retrasar un poco, pero no mucho más. Después, el timbre y a la hora que decidan has de estar de nuevo tras la puerta que cierran. Así hasta el día siguiente. Quizá era un día en que te gustaría estar con tu amiga, la de la celda de al lado. Estaba mal y te gustaría estar cerca. Pero no, a pesar de que estés rodeada de barrotes, muros y más muros, y controlada mediante videovigilancia, no puedes decidir estar hasta las doce o la una con tu amiga. Eso tampoco se puede decidir. Y así hasta el timbre de la mañana siguiente. Día tras día.

Política criminal

Actividad en la calle Sociedad-cárcel

Actividad en la calle Sociedad-cárcel

Actividad en la calle