Toda una vida en la cárcel. Y dos meses en huelga de hambre. José Antúnez Becerra es una de las personas que más tiempo de su vida ha pasado privado de libertad. Lleva 40 años entrando y saliendo de prisión por delitos contra el patrimonio. En la actualidad le quedan por cumplir 12 años más debido a que fue condenado por el motin de Quatre Camins pese a que Antúnez Becerra fue, según el testimonio prestado por la inmensa mayoría de compañeros de la cárcel, el responsable de mantener con vida a dicho funcionario durante el motín. Cabe recordar que los malos tratos y torturas posteriores al motín fueron demostradas en un juicio hace dos años, en el que varios funcionarios de prisiones fueron condenados.
Independientemente de todo tenemos la siguiente situación: Una persona privada de libertad con una cadena perpetua encubierta debido a que el límite de cumplimiento de penas privativas de libertad de 20 años solo se impone frente a unas estrictas reglas que nos conducen a la situación actual. Sus abogadas han solicitado que se le aplique dicho límite pero aún no han obtenido respuesta. Tiene 58 años, y le quedan por cumplir 12 años más. Y está francamente desesperado ante la falta de perspectivas vitales más allá de los muros de la prisión. Eso, las ganas de vivir más allá de los muros junto a su familia actual, y la desidia penitenciaria es lo que le llevó a tomar la decisión de emprender una huelga de hambre para reivindicar algo tan básico como es que le den un permiso penitenciario y que la administración penitenciaria le posibilite realizar el programa individualizado de tratamiento. Todo ello para poder emprender el camino hacia ese horizonte legítimo de vida, primero en semilibertad, y, posteriormente en libertad. Tras dos meses de huelga de hambre ha perdido 25 kilos, tiene problemas en la vista, y problemas gastrointestinales que hacen que su cuerpo rechace el agua. Las huelgas de hambre dentro de la prisión son, no lo olvidemos, una acción de desobediencia civil extrema para visibilizar una injusticia. Y en ocasiones, ésta es una de ellas, ni siquiera parece que el esfuerzo que una persona realiza para romper el silencio y la situación de injusticia, poniendo en riesgo su propia vida, sea suficiente para ello.







