Malestar Entre Los Presos De Badajoz Ante El Trato Médico

Noventa reclusos del módulo 1 del centro penitenciario de Badajoz han firmado un escrito en el que expresan su rechazo al modo en que se desarrolla la actividad médica y sanitaria que reciben, «por falta de corrección en el trato a los pacientes y desidia a la hora de recetar y de hacer el seguimiento a los enfermos», de modo que se les pone «en peligro», aseguran.

Los firmantes del escrito, puesto a disposición de este diario por José María Ortega, padre de uno de los internos, consideran la práctica médica «alejada de las pautas deontológicas». Y se quejan de que el médico pasa «consulta una vez por semana» y que atiende solo «a los 15 o 20 primeros de la lista».

La recogida de firmas la ha promovido José María Ortega desde fuera, según ha manifestado él mismo en compañía de su esposa, Matilde Báez, padres de Pedro Ortega Báez, fallecido en prisión el 11 de febrero pasado, y de otro hijo que se encuentra cumpliendo condena. El matrimonio se mostró desde el primer momento escéptico ante las circunstancias en que se produjo dicho fallecimiento.

José María Ortega y Matilde Báez consideran que su hijo no fue debidamente atendido por el servicio médico de la prisión y mantienen que realizaron unas 30 llamadas telefónicas al centro los días anteriores a la muerte de Pedro, «para pedir a los médicos que lo vieran porque no estaba bien», manifestaron.

Para apoyar su visión de los hechos, Ortega, que conoce «perfectamente lo que ocurre allí dentro», contactó con internos, al margen de su otro hijo, para recoger la opinión que del servicio médico tienen los reclusos del módulo 1, recogiendo firmas en el sentido antes expuesto.

El preso Antonio Lozano Granado apoya en una carta que firma con otros dos internos, la sospecha de Ortega de un posible mal uso del medicamento, interferón, que se administró a su hijo y del que no figura rastro en los análisis de sangre y orina solicitados por el Instituto de Medicina Legal de Badajoz y realizados por el Instituto Nacional de Toxicología en Madrid, que los remitió al Juzgado de Instrucción número 3 de Badajoz, con sello del 24 de mayo pasado. Lozano cuenta los efectos negativos del medicamento que le recetaron (interferón) para tratarle un problema de hígado, que le provocó tales consecuencias que otro médico se lo suspendió.

CANNABIS Los padres del fallecido preguntan cómo no aparece dicha sustancia en los análisis realizados, pero lo cierto es que estos iban encaminados a la detección de: heroína, cocaína, metadona, anfetaminas, benzoidacepinas, propoxifeno, cannabis y alcohol etílico. Y los resultados, una vez interpretados por el propio instituto, concluyen que «ha habido un consumo de cannabis. Las demás sustancias detectadas son compatibles con tratamiento terapéutico».

En dicho documento no se hace mención al citado medicamento y los padres del interno fallecido no se lo explican, pues «mi hijo estaba en tratamiento y cuando le pinchaban interferón tenía que tomar seis cápsulas de otro medicamento, Robotol», explicaron. Matilde Báez insiste en que «yo lo que quiero es que me digan de qué ha muerto mi hijo, porque yo estaba hartita de llamar a los médicos y ninguno me atendía, solo una vez uno y me dijo que se iba dos semanas de vacaciones, pero luego otro me dijo que era mentira».

José María Ortega considera que las firmas de los 90 reclusos, que su abogado aportará a las diligencias sobre la muerte de su hijo, vienen a darle la razón en cuanto a la atención médica y al uso de interferón. Además de que «los análisis no dicen que muriera por sobredosis, como le recuerdan constantemente a mi otro hijo allí dentro, que está acosado psicológicamente».

Fuentes consultadas del centro penitenciario, cuyo director está de vacaciones, declinaron pronunciarse sobre las críticas del padre del recluso fallecido por entender que se trata de un caso sujeto a diligencias judiciales.

En cuanto a las firmas, dichas fuentes indicaron que es posible que los internos hayan realizado una protesta colectiva ante la prensa, pero no se ha registrado en el centro. «Aquí no se ha recibido una gran cantidad de quejas por el servicio médico», indicaron, sin añadir nada más.

Ortega, por su parte, expresó el temor que siente su familia por su otro hijo preso, José María, pues «ayer me dijo por teléfono que se había cortado las venas porque tenía una depresión muy grande. Lo llevaron al hospital y le dieron puntos de sutura».

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