Los Muros

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Me derrito y me derrumbo
hasta gasificarme
y traspaso los muros
congelados por las teorías
del encierro humano.

Mentes bienpensantes
calculando académicamente
como destruir mi alma,
matarla y diseccionarla,
como a una rana.

Así podrán matar mejor
otras almas de otros
y también diseccionarlas
para poder matar mejor
más y más almas de otros.

Un año, cuatro, veinte…
La vida se va y no vuelve.
Se va pero aquí sigue,
recordándome las fechas,
y los santos, los cristianos
y los otros, los humanos.

El viento nunca cumple,
el viento nunca cumple,
y yo soy ahora viento
herido, pero no muerto.

Yo ya floto en el aire, lejos,
lejos de la piedra, del cemento…
Lejos de la llama que prende
los hogares internos
de la conciencia
que quedaron exentos
por razones desconocidas.

Soy libre. Por fin.

Convertido en promesa,
en viaje imaginario,
en ilusión de niña
en hambre no satisfecha
en el deseo de la amada
ausente, siempre ausente.

Libre de la titánica estupidez
de hombres esclavos,
frenéticos peones
de un tablero prismático
donde la partida se juega
con reglas inconcebibles.

He conseguido materiales
imposibles tejidos
por arañas de siete patas
que fuman plata
en horas libres.
Ya no soy de este mundo.
Pero no me he ido.
Aún sigo aquí.
Para recordaros que matáis,
que queréis matar
y que folláis a vuestras esposas
con la mente sucia
y el alma perdida.

               Garzia Furia, Febrero 2016

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