Las Cárceles Del Estado Español Para La Ciudadanía Bienpensante

A continuación, un cínico y engañoso artículo sobre cárceles del escritor Manuel Vicent en El País. ¿Pues no intenta hacer ver, con la que está cayendo, que las cárceles se están llenando de políticos y financieros corruptos? Y afirma, para más confusión, que, si se legalizaran las drogas, las prisiones se vaciarían. Precisamente ahora, cuando el gobierno pretende aumentar enormemente los motivos legales de encarcelamiento y represión y la arbitrariedad al respecto de los diversos «agentes del orden», cubriendo superficialmente las apariencias de combatir la corrupción y garantizando en realidad su ejercicio impune, lo mismo que el de la violencia de policías y carceleros. Nada sobre la situación real de las cárceles, sobre la tortura y los malos tratos, el elevado índice de muertes, el régimen de máxima crueldad, el desarraigo social y familiar, el progreso de las enfermedades o la degradación de la asistencia sanitaria, su otra cara, ni sobre la criminalización de la locura, el retorcido proceso de humillación «voluntaria» instaurado en los módulos de verguenza, el trato discriminatorio e inhumano contra los migrantes y tantos otros «recortes» en la dignidad de las personas presas. Así «piensa» la autodenominada clase media, esa masa amorfa que vive o quiere vivir de servir «profesionalmente» al régimen de dominación y explotación, aunque tenga que mentir y engañar, en primer lugar a sí misma, para legitimar la injusticia y la opresión de los excluidos, manteniendo su buena conciencia de ciudadanos decentes a quienes no importa hacer de chivatos, policías o controladores de su prójimo, con tal de lograr un salario para poder mantener su nivel de consumo y sus egos miserables. No creemos que este tipo de discurso merme en nada el populismo punitivo en boga ni contrarreste lo más mínimo la política criminal mediática y fascistizante que nos impone el gobierno de derechas trabajando sobre lo aportado en su día por la llamada izquierda. La superficial palabrería de esta calaña va de la mano con el cínico marketing de los sociolistos, que intentan mantener su patente política como han hecho siempre: una retórica ciudadanista e hipócritamente moralista y una política real corrupta, al servicio de la partitocracia y de los intereses particulares de la «clase política» e inescrupulosamente sumisa a los dictados del sistema mundial de opresión y rapiña.

CÁRCELES

La población carcelaria está compuesta en general por gente muy joven, grandes o pequeños delincuentes en la flor de la vida, que en su inmensa mayoría deben a la droga el haber sido devorados por el Código Penal. De hecho, si la droga se legalizara, las cárceles, hoy abarrotadas, quedarían prácticamente vacías y podrían convertirse en parques infantiles, en bibliotecas públicas, en auditorios o en casas de cultura, pero en todo caso habría que dejar algún centro penitenciario como residencia de ancianos, destinada a esos distinguidos caballeros, casi de la tercera edad, que deberían ser sus inquilinos naturales, políticos corruptos, ladrones financieros, carcamales muy refinados, que han atracado bancos desde sus propios despachos. En cierta ocasión, en la cárcel de Tenerife, después de un recuento vi entrar en el comedor la larga reata de presos en chándal y bambas, casi todos chavales capturados por la droga. Paradójicamente el último de la fila era un sesentón, muy bien vestido, quien a duras penas podía arrastrar las babuchas. ¿Qué hace aquí este hombre tan mayor? —pregunté—. “Ha emitido más de 100 cheques sin fondos” —me dijo un celador—. Eran tiempos en que un viejo como este aún despertaba cierta ternura viéndolo en la cárcel con su diseño de pobre diablo, como un pícaro estafador a la antigua entre mozalbetes marginales y otra carne de cañón. Hoy el paisaje carcelario ha cambiado. En los patios y galerías aparecen unos señorones con la papada bronceada y las cocochas bruñidas, que han llegado a la cárcel desde la cloaca de la política o directamente desde los restaurantes de cinco tenedores en cuyos reservados alcaldes y concejales han intercambiado los dientes con ciertos tiburones. El dueño de un famoso asador, que durante años ha atendido a financieros, políticos y empresarios de éxito se lamentaba: “Tengo mi establecimiento lleno de imputados. ¿Qué será de este negocio si a mis mejores clientes los meten en prisión? A este paso tendré que hacer catering para Alcalá-Meco”. Tal como vienen los telediarios habría que despenalizar la droga aunque solo fuera para dejar sitio en las cárceles a estos ancianos, mangantes distinguidos, los nuevos delincuentes encorbatados, que van a necesitar cada día más espacio.

Manuel Vicent

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