Jaulas Y Drogas, El Uso De Drogas En Las Cárceles

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En el entorno represor, deshumanizador, e individualista de las cárceles, el consumo de drogas es una forma de evadirse.

El consumo dentro de la cárcel es mayor que en la población general.

En el estado español una de cada cuatro personas encarceladas esta por “delitos contra la salud pública”. En el caso de las mujeres asciende al 50%.

Nos preguntamos si las políticas penitenciarias logran el objetivo de reinserción social y educación.

Queremos conocer más sobre el uso de drogas en las cárceles. Analizaremos los datos oficiales y hablaremos acerca de la gran cantidad de presas encarceladas por delitos relacionados con la salud pública. Vamos a repasar qué se está haciendo en las cárceles españolas poniendo el acento en la efectividad de los programas para disminuir los riesgos y daños. También revisaremos las principales conclusiones de los y las profesionales de la salud que trabajan en el medio. No nos vamos a olvidar de que el protagonismo es de aquellas personas que han estado o están privadas de libertad y que son testigos directos de la incidencia del consumo de drogas en la cárcel.

Habrá quien piense que “consumo de drogas y cárcel” son dos términos completamente incompatibles. ¿Cómo puede ser que existan drogas en la cárcel? Pues nada más lejos de la realidad. En la cárcel hay drogas. Es más, existe un amplio abanico de sustancias, tanto legales como ilegales. Y es evidente que se usan principalmente para auto consumo, ya sea por la búsqueda de placeres, o como medicación. También para trapichear pero principalmente para evadirse de la dura realidad.

Vamos a repasar cifras, datos oficiales, testimonios de varios presos y alguna que otra noticia. Por ejemplo, según el diario digital VOZ POPULI, un estudio del año 2012 realizado por Instituciones Penitencias, revelaba que, y cito textualmente “cada dos días muere un recluso en las cárceles españolas. Las enfermedades de corazón, las sobredosis y el ahorcamiento, son las principales causas de las 166 muertes registrados en este año.” “Es importante el número de fallecimientos debido a la “reacción adversa a drogas”, también conocido como sobredosis y corresponden al 18% del total de muertes. De las víctimas, ocho estaban incluidas en los Programas de Mantenimiento con Metadona (PMM) y en todos ellos los estudios toxicológicos de los cadáveres encontraron restos de benzodiacepinas, el principio activo de medicamentos como el ‘Valium’. En otro importante número de fallecimientos por sobredosis también se encontró presencia de esta sustancia junto a estupefacientes como la cocaína”.

Tras la muerte de Franco, ninguno o contados (solo unos pocos legionarios arrestados en cárceles militares por hachís) de los presos existentes lo estaba en relación con sentencias de delito por drogas ilegales. Mas en pocos años, la cárcel, que no deja de ser el reflejo más cruel de la propia sociedad, vivió en paralelo la inundación de drogas ilegales que asolaron los barrios más populares y obreros de todo el Estado, pero de una forma alarmante en todo el cinturón rojo de Madrid y sus barrios populares, lo mismo que en los de Barcelona, Sevilla, Valencia, Bizkaia o Vigo, por citar los casos más significativos. Los barrios de Otxarkoaga en Bilbo o los de Badaia o Zaramaga en Gasteiz son los ejemplos locales

LA ANTESALA DE ENTRADA EN PRISIÓN:

Eran los primeros robos para mantener el consumo, los atracos, las bandas juveniles y su relación totalmente desinformada en el consumo de drogas ilegales; las legislaciones, que siempre condenan al pequeño

Y muchas de las personas encarceladas -con el empeoramiento en el entorno de vida del encierro-continuaron consumiendo dentro de las cuatro paredes. El consumo, por pura lógica, se clandestinizó aún más en esas nuevas circunstancias, y según los estudios sociológicos de colectivos de apoyo a presos, sin embargo el consumo en las cárceles se generalizó poco a poco. Señalar gue según la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, “El 80% de los casi 70.000 presos en España son drogodependientes”. Sólo han cambiado las sustancias. Hay un refrán carcelario: “De lo de la calle, aquí, de todo, salvo la libertad”. Con las drogas, no podía ser menos.

Es complicado conocer la realidad actual del consumo de drogas en las cárceles. Por un lado tenemos datos oficiales a partir del número de personas que se acogen a programas preventivos. También tenemos las encuestas que IIPP emite muy de vez en cuando acerca del consumo (prevalencia) de drogas en la cárcel, que no superan el 25% de presos que han consumido cannabis en el último mes – lo cual por sí mismo no significa adicción – Por otro lado entidades como Pro Derechos Humanos de Andalucía afirman que el 80% de los presos son adictos a alguna sustancia.

Los datos no cuadran, o faltan datos o se exagera o pueden estar siendo falseados. Por ejemplo ninguno habla de tabaco, Hay que pensar que las encuestas son eso, encuestas, un acercamiento a la realidad, condicionada por un montón de factores, incluyendo gue no es posible verificar las respuestas del las personas encuestadas o gue sencillamente se omiten preguntas.

Antes de seguir en guerras de datos, nos hemos propuesto responder a la pregunta principal. Creemos además que al final podremos tener suficientes datos como para dar una respuesta.

Nos preguntamos si las políticas penitenciarias logran el objetivo de reinserción social y educación, tal y como se recoge en el artículo 25.2.

Pero, ¿qué dice la Ley?: “Los establecimientos penitenciarios realizan, de parte de toda la sociedad, el compromiso no solo cívico sino también constitucional de la reeducación y la reinserción social que las medidas privativas de libertad tienen en el ordenamiento jurídico (art. 25.2 de la Constitución española)”.

Según II.PP. los carceleros destinados a vigilancia serían 15.500 y los dedicados al tratamiento (reeducación y reinserción) de los presos ¡tan solo de 1.358 personas!

Habría que señalar que el entorno totalmente represor, opresivo, castrador e individualista en extremo de las cárceles españolas ha conseguido gue los momentos de consumo sean igualmente represivos, compulsivos, teniendo el alto consumo de drogas la única explicación como una de las formas de intento de evasión mental, relax o incluso analgesia..

Vayamos a dar un breve repaso histórico de la presencia de drogas en la cárcel:

A partir de los años 80 las personas presas relacionadas con delitos de tráfico de drogas o robo en relación, se vuelven mayoritarios. Las consecuencias directas fueron inmediatas. Bajó la conflictividad político-social del colectivo y brotaron enormes conflictos individuales, personalizados, relacionados con “presos toxicómanos”, según las propias estadísticas de II.PP. Para empezar a entrar en harina y hacernos mejor a la idea del tema que tratamos, vamos a dar unos datos totalmente necesarios:

Decir que la punta de ratio en España de presos-as per cápita es de 1’53 por cada 1.000 habitantes. O sea, de cada 2.000 personas, 3 están en prisión. Por tanto, desde hace 40 años, han sido centenares de miles los presos y presas en las cárceles españolas.

Hemos pasado de los 9.000 presos-as a la muerte de Franco, a los 22.000 en 1982, a un pico en mayo de 2010 de 77.000 personas presas, a los 68.000 actuales. Y que el 15% son preventivos.

Para hacer la estadística de los últimos años, decir que el 93% de los presos son hombres y el 7% mujeres. Que 1 de cada 10 presos y presas tiene menos de 25 años, y que 2 de cada 3 tienen entre 30 y 60 años, y sobre todos, los situados en la franja de los 31 a 40 años.

En cuanto a la propia catalogación de II.PP. sobre el tanto por ciento de delitos según categoría, se puede establecer de la siguiente manera:

• 37% está preso-a por “Delito contra el patrimonio” y “robo”. En su enorme mayoría delincuencia menor, mucha de ella relacionada directa o indirectamente con las drogas ilegales.

• 26% preso-a por “Delito contra la salud pública”. En su enorme mayoría detenidos por trapicheo minúsculo, menor o medio de drogas ilegales. Son muy pocos los grandes narcos presos.

• 7% preso por “Delito de violencia de género”,

• 6% preso-a por homicidio o asesinato,

• 5% preso por “Delito contra la libertad sexual”,

• el 1% preso-a por “Delitos de terrorismo” o relacionados.

• El resto, por otros muchos delitos o causas. Este es el sector más variable. (Seguridad vial, etc., etc.)

La diferencia en el capítulo de las mujeres es importante. (Según la encuesta sobre salud y consumo de drogas en internados en instituciones penitenciarias ESDIP 2011), el 50% de las mujeres estaban en la cárcel por delitos relacionados con la salud pública.

En ésta misma encuesta se analiza la prevalencia de infecciones y enfermedades en personas que se inyectan drogas. Destacamos unos datos bastante preocupantes:

– 3 de cada 4 inyectadores son positivos para Virus de la hepatitis C (VHC).

– 1 de cada 3 inyectadores es positivo para VIH.

Una vez presentados los y las protagonistas, vayamos a presentar el entorno.

*EI 73% de personas presas se encuentran en regímenes de 2o grado. Régimen ordinario de 3 de cada 4 de ellas: Salida al patio mañana y tarde. Varios recuentos al día. Sin límite en las cartas. Visitas de familia y amistades 1 a la semana, 2 vis a vis al mes.

*EI 17% se encuentra en 3er. Grado. Régimen de semi libertad. Entran y salen de la cárcel todas las semanas, o fines de semana, según acuerdos de trabajo o familia.

*EI 1% se encuentran en régimen de 1o grado. Régimen cerrado, control absoluto de cartas (2 a la semana), visitas, se graban las conversaciones telefónicas y fotocopia la correspondencia, cacheos continuos. Los y las presas políticas, dispersadas de sus lugares de residencia incluso a 1000 kilómetros, etc.

*EI resto, sin clasificar, generalmente en 2o y 3er grados o en 1o grado indirecto en el caso de los y las presas políticas.

Cada año mueren 200 personas en la cárcel, el 22,3% por “sobredosis” y el 11.3% por suicidio.

Utilizar jeringuillas usadas es tu peor condena

El 31% de los presos tienen prescritos psicofármacos y el 11% metadona.

Son cifras muy alarmantes desde todos los puntos de vista, pero sería más alarmante si cabe que ese 11% de usuarios de metadona no se tratasen….sin nada, ni tan siquiera con heroína del mercado negro. Ese dato demuestra la capacidad para “metadonizar” a la población, o sea, para atender a un grupo de personas que antes usaba heroína en la calle o estaba en proceso de sustitución. Pero es muy alarmante el uso de psicofármacos, el 31%. ¿Qué puede estar pasando? Más adelante desvelamos un trasvase de personas usuarias que acuden a la consulta, o incluso hablaremos de la medicalización de los y las presas. Quizás éste sea el método rápido que se usa para reducir la conflictividad o la incapacidad para aplicar medidas que no tengan que ver con los psicofármacos. O con la fuerza. Personalizar los tratamientos y acompañarlos con medidas educativas podría ayudar a superar la tolerancia a la frustración antes de introducir una nueva sustancia que puede crear adicción. Si analizamos más pormenorizadamente los datos de la encuesta sobre salud y consumo de drogas en la cárcel, sacamos las siguientes conclusiones:

• El 21,3% ha consumido cannabis en la cárcel en los últimos 30 días de cárcel. El 40% lo hizo 30 días antes de entrar en prisión. Recordar que menos del 10% población general española lo hace en los últimos 30 días.

• El 4,1% de la población reclusa ha consumido tranquilizantes los últimos 30 días en la cárcel, el 3,8% alcohol y el 2,4% heroína.

• 4 de cada 10 internos utilizan preservativo pero solo la mitad lo hace siempre.

• Entre los VIH positivos el 37,6% declara no utilizar preservativo. De los que lo utilizan el 23,3% lo hacen solo ocasionalmente.

Algunas de las conclusiones más significativas de la encuesta de 11PP son:

• La población penitenciaria, antes de entrar en prisión, muestra mayores consumos de drogas respecto a las de la población general, aunque se percepción sobre la situación de salud es ligeramente peor que la de la población general.

• La prevalencia del consumo de drogas, entre los internos, es significativamente menor en prisión que antes del ingreso. Se observa una disminución del consumo de drogas en prisión, tendencia también presente en la población española.

No todo son datos preocupantes. Y en Europa, ¿qué sucede? En la mayoría de los estudios realizados queda patente que la prevalencia del consumo de drogas en la población encarcelada es superior al 50%. Sin embargo, estos datos presentan grandes variaciones entre prisiones y países (del 22-86%). Del 8 al 73% refiere consumo reciente previo al ingreso en prisión. De hecho, el 79,7% de los internos consumía drogas en el mes anterior a su ingreso.

Analizando los diferentes estudios podemos concluir que, el uso de drogas es mayor en las prisiones si se compara con la población general.

Dejamos por un rato los datos oficiales. Hemos realizado pequeñas entrevistas a varios expresos consumidores, que nos han volcado un poco los siguientes datos. Alguno de ellos ha estado más de 25 años en prisión en varias etapas, con lo que han vivido directamente su evolución:

• Hasta el año 80, era muy raro o anecdótico el consumo de drogas ilegales en prisión. Algo de hachís. Primeros casos en las cárceles de las grandes ciudades, de jóvenes de barrios populares, obreros y marginales.

• A partir de ese año las prisiones se llenaron de personas por problemas de menudeo de drogas, palos en farmacias, atracos a mano armada o delincuencia asociada al logro de heroína. “Ahí vi por primero vez tantos enganchaos en la cárcel como los había visto fuera”. “De mi barrio estábamos 20 o más presos, todos herolnómanos”. “Nosotros hacíamos atracos a bancos; por mucho mono que tendría, nunca le robé el bolso a una anciana, aunque lo normal en casi todos era, con esos monazos, desvalijar coches, pequeñas tiendas, palos en los parques o cines…De ahí se Impuso dentro el término mangui para los que atracaban a cualquiera del barrio”. Se empieza a consumir heroína en grandes cantidades.

• Más adelante, a los robos y delincuencia, se sumaron y empezaron a nutrir las cárceles los pequeños camellos, traficantes locales, etc.

• La forma de administración de la heroína no era problema. “Se fabricaban chutas con una aguja y un bolígrafo bic, luego se pasaban entre todos los colegas del módulo, no teníamos ni puta idea de lo que nos vino luego”.

• En los 90 y 2000 se consume hachís y mucha cocaína fumada en plata, pues la heroína ya ha hecho grandes estragos. “Llegó muy tarde lo de poder acceder a chutos legalmente y fue solo una lavada de cara por lo que habían permitido. Muchos cogieron el bicho dentro”.

• En el 2000 estalla el consumo de ansiolíticos, hipnóticos y antldepresivos, logrados dentro y fuera, con lo que su efecto sedante rebaja de nuevo la tensión general de las cárceles, aunque los conflictos individuales han ido en aumento.

Desde entonces ahora, “Todo igual”. Al principio fue el hachís, “que nunca ha ocasionado problemas importantes dentro, y se ha fumado y fuma desde siempre”, luego la heroína Inyectada, luego por el asunto del vih los chinos y la cocaína, la metadona como “sustituto” desde su implantación y desde hace 15 años la multitud de pastillas psico-medicamentosas. O todo a la vez. Desde siempre las drogas legales e intentar conseguir alcohol, o bien de la calle o fabricando “chicha” y de forma esporádica tomar cosas como LSD. O de hace pocos años a esta parte, variadas anfetaminas o derivados, sobre todo los presos-as más jóvenes, “los crios’’.

• Señalan que el 60% de presos lo están relacionados en su juicio con drogas o robos para lograr su consumo, pero que el consumo dentro “¡es mucho mayor!”.

• “Una vez presos, pocos abandonan el consumo, muchos se incorporan a otros nuevos o siguen consumiendo parecido que en la calle. Y otros que no se drogaban con sustancias ¡legales o lo hacían esporádicamente y que por el ambiente carcelario lo empiezan a hacer”. Sobre este asunto, parece ser que los datos de las asociaciones que trabajan más cercanas a los presos así lo confirman, en contra del criterio de II.PP.”

Según Informe General 2013 de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, “a lo largo de los últimos años, entre las personas que Ingresan en prisión, casi el 50% estaban consumiendo, en el mes anterior al ingreso, cocaína, heroína o la mezcla de ambas, junto a otras drogas”.

La media Europea en el consumo de todo tipo de drogas antes de ingresar a la cárcel roza el 80%. Seguimos: “Esto tiene gran trascendencia: es un grupo numeroso de personas, la frecuencia de consumo de estas drogas era diaria en la mayoría de los casos, se utilizaba la vía intravenosa en numerosas ocasiones, y son las drogas más vinculadas a los problemas de salud, físicos y mentales”

Según el informe, desciende el consumo de heroína y cocaína juntas: “El consumo de heroína y/o cocaína prácticamente se ha mantenido en los años 1994 a 2006, produciéndose una reducción importante en 2011: en el año 1994 el 46,3% de las personas que Ingresaron en prisión estaban consumiendo estas drogas en el mes anterior al ingreso, el 46,2% en el año 2000, el 42% en el año 2006 y el 35,9% en 2011. “

Y aumenta el consumo de cocaína sola: “…se ha Incrementado notablemente el porcentaje de internos que al ingreso en prisión eran consumidoras de cocaína sola (en polvo o base) como droga principal, ya que se ha pasado del 3,4% en el año 1994 al 21,4% en el 2011; mientras que se han reducido muy notablemente los consumidores de heroína y cocaína en la misma dosis (del 30,7% al 9,1%) y los de heroína sola (del 12,2% al 5,4%).”

Por sus vivencias un preso con 21 años a sus espaldas cuenta: “He estado en módulos de un 5% de yonquls de heroína o brutos de cocaína y en otros con un 90%, depende cárcel, módulo, localidad. En las cárceles pequeñas, provinciales, no ves ningún consumo, salvo de algún porro o microconsumos de chinos. En las macro, Madrid, Sevilla, Cádiz… siempre saturadas, módulos que parecen La Cañada Real a las 12 de la mañana”. “Al menos yo nunca he conocido épocas largas sin suministro de mandanga hacia dentro en los macos grandes. ¿En las cortas?, pues monazo al canto, pero como de coco te seguía pidiendo, y el ambiente seguía siendo la misma mierda, pues cuando entraba algo a por ello otra vez, mientras tanto, algunas pastillas”.

– Destacan que desde siempre el consumo de drogas estimulantes legales, grandes cantidades de tabaco y de café por parte de muchos presos. Y la producción artesanal de alcohol de frutas, sobre todo desde 1980 al 2000 “en todos los módulos habían pequeños baldes fermentando”.

– La droga ilegal (y la legal que se trafica) tiene su propio comercio. O por dinero en futuros tratos, o por múltiples mercancías a cambio. O favores. ¿El precio?: “Generalmente el doble que en la calle, y la muy miligrameada del caballo, hasta el triple”. “En la cárcel se usa la “papelina” como medida pal ¡amaro, o sea, de una papela 8 papelinas”.

En este punto del artículo, Ios-as lectores se preguntarán con lógica ¿cómo entran las drogas ilegales en las cárceles? Y ¿quién la introduce?

Recomendamos clicar en internet las numerosas referencias a noticias que nos darán alguna pista: “Subdirector cesado por tráfico de drogas a los internos”, “Funcionarios penitenciarlos expulsados por hacer de traficantes”, “Varios carceleros investigados por relación al tráfico de drogas” y otras muchas calcadamente parecidas. Esas son las denunciadas y publicitadas públicamente, así que la magnitud real será mucho mayor es de suponer. Siguiendo con los funcionarios de prisiones, muchos presos narran cómo son varios de ellos mismos los habituales “y muy conocidos” suministradores bajo manga, de por ejemplo, numerosas botellas de bebidas alcohólicas, tarjetas de móvil… terminantemente prohibidas por II.PP. ¿Alcohol sí, otras cosas no? Pudiera ser la pregunta.

Para completar la manera de entrada, están las (necesariamente) pequeñas cantidades metidas por los propios presos-as tras la vuelta de permisos de tercer grado o a través de vis a vises. No hay más formas, no dan para más las posibilidades de entrada, pero repetimos, las cantidades que introducen los presos (siguiendo el criterio de cuando les pillan) siempre son pequeñas, pues saben de los fuertes cacheos; bien para auto-consumo o trapicheo entre los de confianza de cada módulo.

Nos hemos preguntado muchas veces por qué no se multa a los responsables de las prisiones por tolerar o permitir el consumo. Y muchas personas podrán pensar que ni se tolera ni se permite, si no que los responsables sancionan cuando dan cuenta de la tenencia o consumo en ese espacio público. La respuesta irónica viene cuando observamos que tras daños de estadísticas, vemos que siempre han existido consumos. Por lo tanto no es descabellado pensar que se tolera y se permite el uso de sustancias ilícitas, aunque incomode a las autoridades.

Indirectamente Introducimos el debate en torno a la legalización de drogas. Las cárceles se venden como el paradigma del control social, de la privación de la libertad y de la anulación de las personas como sujetos con derechos y deberes. Pocos derechos tienen las personas presas, pero es Indiscutible que ese cacareado control no tiene efectividad en lo relativo al consumo de drogas. Si en un entorno tan represivo y restrictivo como es la cárcel no se ha conseguido, podemos afirmar con rotundidad que el prohibicionismo no va a conseguir que las sociedades dejen de consumir drogas. Si tenemos poco con éste argumento, podemos mencionar el enorme gasto que provoca el Internamlento de presos por delitos contra la salud pública. Y nos podemos plantear que en lo que el prohibicionismo es realmente efectivo es en llenar la cárcel de personas que usan drogas.

Seguimos con otro tema clave y para ello nos hacemos otra pregunta: ¿Es la búsqueda de placer el motivo principal de consumo de drogas en la cárcel? Pues no, desde luego:

“NO IMPORTA QUÉ ME META EN EL CUERPO SI ESO ME HACE PASAR UNOS DÍAS SIN ENTERARME DE NADA “

Se trata de una frase oída casi diariamente, en boca de diferentes personas que cumplen condena, en cualquiera de las prisiones del Estado, la cual nos proporciona la oportunidad de reflexionar

Seguimos con la entrevista. En el porqué consumían en prisión, responde:

“Depende etapas, cuando me metía o fumaba heroína, para desconectar, para sedarme, como la propia palabra indica. Te alejaba por un par de horas de todo lo malo que la cárcel significa”. “Salí y al poco volví a caer preso, y se repitió”. Luego, al tiempo, la metadona fue obligada, y “me tenía más pendiente de la dosis que de disfrutar, pues apenas tenía para mí efectos relajantes y sin embargo engordé doce kilos, pero me llamaba a consumirla igualmente todos los días, así que lo mezclaba con pirulas”. “Cuando por fin logré dejar todo, porque llegué a estar hecho una ruina, pues solo unos porritos, para esa risa tonta o dormir una sienta sin oír el casete del de la celda de al lado. Seguí fumando mucho tabaco y bebiendo mucho café, me espabilaba para momentos de estar al loro en el patio y era barato”. “Ahora, otros eso lo hacen con anfetas”. ¿En la calle?: “En el paro. Unos canutos de ciento en viento, y disfrutando moderadamente de la birra tras tantos años sin catarla”.

Dicen quienes trabajan desde dentro, que el mayor problema radica en la motivación.

Esa conclusión corresponde al Grupo de trabajo sobre Salud Mental en Prisión: Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria (SESP) y Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN). En sus informes apenas observamos críticas del acceso de drogas a las cárceles pero si varias conclusiones que podrían ayudarnos a responder a la pregunta del inicio: ¿las políticas penitenciarias logran el objetivo de reinserción social y educación?

Según éste grupo, “las prisiones son caldo de cultivo para el consumo. No son pocas las personas no consumidoras que se han iniciado en el abuso de sustancias precisamente durante su permanencia en prisión. Además, el tráfico de drogas dentro de las prisiones está a la orden del día. Ante estas circunstancias de aislamiento y frustración, no es difícil llegar a comprender el uso y abuso de sustancias psicoactivas. No es de extrañar tampoco que debuten, se reinicien o incrementen los consumos de tranquilizantes y otras sustancias con el objetivo de “no pensar” y que “el tiempo pase lo más rápido posible”. Actitudes que aumentan considerablemente el riesgo de intoxicaciones, sobredosis, daños en el organismo y en ocasiones, suicidios consumados.”

Éste grupo también se hace preguntas:

“¿Cómo alentar los cambios necesarios (la motivación) cuando se tienen 8 ó 10 años de condena por cumplir? ¿Cómo mejorar la autoestima en un estrato tan apartado y marginal de la sociedad que acumula un doble estigma por la drogodependencia y la cárcel?”

Evidentemente la realidad se impone y éste grupo afirma que no es viable conseguir la abstinencia total en la cárcel y aboga por la reducción de daños. Las Administraciones Penitenciarias responsables de la asistencia sanitaria a los presos, deben garantizar el derecho a la salud de los internos en similares condiciones a las de población general y esto incluye la implementación de programas de reducción del daño. Esto es posible a través de varios programas que gestionan los profesionales que trabajan en los centros, así como con la colaboración de diferentes ONGs:

– Programa de Intercambio de Jeringuillas (PIJ).

Programas de mantenimiento con Metadona (PMM) Programas de Educación para la Salud Programa de deshabltuación/desintoxlcaclón.

La implantación y mantenimiento de los PIJ no suponen un Importante gasto sanitario y sin embargo evitan infecciones cuyo coste de tratamiento es muy elevado.

Pero en éste punto tenemos que recordar que apenas el 8% del personal que trabaja en las cárceles son responsables de estos programas. Pocos recursos para el porcentaje de población consumidora. No pasa desapercibido el dato para la Fundación Atenea, quién pone el acento en la falta de programas efectivos para tratar a presos con problemas de adicción a las drogas, ya que sólo el 20% recibe tratamiento para la desintoxicación.

El colectivo de presos con adicciones es el más numeroso. El alto porcentaje de las personas consumidoras de drogas antes de ingresar en prisión explica el hecho de que España, pese a ser uno de los países con menor delincuencia, se encuentra entre los primeros de Europa por delitos contra la salud pública, por delante de Francia, Italia, Alemania, Bulgaria o Reino Unido.

En definitiva son programas asistenciales, que actúan para reducir daños y para promocionar la salud, pero se carece del tiempo y de los recursos necesarios para aplicar programas personalizados, ajustados a las necesidades particulares de cada persona presa. Además hay un trasvase de personas usuarias de drogas que deben ser diagnosticados de enfermedad mental para pasar al programa de atención Integral de enfermedades mentales. ¿Esto qué significa? Y ¿Por qué sucede esto? Tal y como afirma el Grupo de trabajo sobre Salud Mental en Prisión (GTSM): “La carencia de este programa estriba en que no contempla al consumidor de drogas como tal, sino siempre enmarcado dentro de la patología dual.” Es decir, del binomio enfermedad mental y uso de drogas.

A esto lo podemos llamar la medícalízacíón forzada de las personas que usan drogas. Éste es un ejemplo más del planteamiento erróneo de aquellas personas que abogan por la legalización de drogas por motivos exclusivamente medicinales.

Los profesionales sanitarios del GTMS también hacen autocrítica:

“…podemos hablar de la responsabilidad de los propios profesionales sanitarios, que en la práctica diaria y ante la demanda continuada de fármacos tranquilizantes, no sabemos o no podemos encauzar adecuadamente al paciente hacia otras alternativas terapéuticas y consecuentemente, de algún modo, podríamos estar contribuyendo a esta situación de consumo y abuso de sustancias “legales”.

Si en éste punto no ha quedado respondida la pregunta que nos estamos haciendo desde el inicio, quizá necesitemos escuchar el testimonio de otro preso, preso político en éste caso que a finales del año 2000 escribió una carta contando cómo vivió la relación “cárcel y drogas”:

“(…) Eh, ante todo deciros que a este le catalogan como “módulo bastante tranquilo”. La mayoría tienen penas cortas. Otros ya finalizan largas condenas, así que no suele haber broncas o peleas que les corten la salida. Pero me preguntáis sobre el consumo de drogas aquí dentro. Aquí al menos (por lo que veo y se sabe -soy el único político, y los sociales majos en seguida te advierten de qué va cada preso-) la mayoría se pone de algo: cuatro caladas a un porro, alguna pastilla, o acabar con un balde de alcohol en una tarde hecho con frutas y que se dormían en el recuento el otro día ¡qué risas!), pero que son gente normal, no problemática ni con el consumo de drogas ni con su vida carcelaria. Hay varios que jamás les he visto ni fumar tabaco, y alguna otra peña (la gran mayoría exgrandes consumidores) que ya no prueban nada. Otros varios, están todo lo que les dejan en el gimnasio, o haciendo pesas, corriendo… por el patio. Uno me decía el otro día que “había dejado la heroína por esa otra droga” -se refería a la adrenalina- conseguida en el deporte intenso, “gratis y de uno mismo.

Los problemáticos -en este ambiente ya muy tenso de por sí como es la cárcel- (y junto a su gran consumo desmedido de todo tipo de drogas) son unos 25 a 30. Y gue conste que somos 130. Otra cosa fue enfermería, donde casi la mayoría estaban enganchados a las pirulas, alguno a la coca y todos a la pelea diaria.

(…) el primer día que me dejaron salir al patio, no pasarían ni 3 minutos paseando cuando un pequeño objeto hizo un gran ruido al caer. Lo habían lanzado desde el otro lado del muro (unos 8 metros de alto), desde otro módulo. Era una pila que llevaba pegada con cello una papela. En cuestión de 5 segundos un preso que paseaba se acercó y agachó con disimulo y se metió la pila en la zapatilla. No había acabado la mañana cuando al ir a mear al W.C. del patio, el colega y otro preso se estaban fumando un chino.

(…) otro día andaba vendiendo uno todos los papelillos de fumar de un librillo de 50. Uno le dio un paquete de pilas por unos pocos, otros 4 ó 5 cigarrillos, otro le decía chillando “¡por las caladas de ayer!”. Me resultó muy chocante. Valía tanto el papel como la propia china. (‘1)

(…) las colas ante el médico son inmensas. Aquí tienen a medio módulo dormido y babeando de forma recetada. Un social majo ya me había contado el enorme trapicheo a microescala que se daba con las pirulas de psiquiatría. Le dije que no era posible, que al menos en esa cárcel los enfermeros obligaban a tomar delante de ellos los psicofármacos. Me respondió que me fijara bien. Al poco de salir de la cola se llevaban varios la mano a la boca y sacaban las pastillas. Luego les veías en la cena trapicheándolas.

(…) Hubo cacheo “anti-droga” en el recuento. Les miraban dentro de las zapatillas, los macutos, etc. Al llegar yo, el funcionario me dijo que continuara para la celda. En las escaleras todos decían “al político no le han cacheao, claro, como no se ponen”. Ayer en las celdas, todo el módulo patas arriba, mis cosas (en ésta “anti-droga”) ni tocar…

(…) lo de la metadona es tremendo. Les tienen colgados de esa sustancia en vez de la heroína. Ellos sabrán por qué, pero se pasan igualmente los días tirados por las esquinas del patio, durmiéndose encima del plato en el comedor (algunos la mezclan con numerosas pastillas) o haciendo “puchero” en la boca cuando les dan la dosis diaria y alguno, que lo he visto anonadado, tras salir de la cola volcárselo en la boca a otro preso. Se siente de una ojeada que la mayoría de los responsables de estas bombas de chavales “no quieren ver”.

(…) acabo con lo de ayer a la mañana, fruto de un ambiente que se palpa a diario en relación a los numerosos chavales que están aquí enganchados perramente de alguna manera y por lo tanto con posibilidad de problemáticas añadidas. Puestón, pago de la mercancía, y si no…

Hasta ahora habían sido unos cintazos a uno por no pagar la deuda de las pastillas, arramplarle la celda a otro que debía algo en coca, etc, pero ayer al ponernos en la fila del economato se ha puesto uno a la cola, y tras él se ha puesto otro, ha sacado un punzón y se lo ha clavado 4 veces. Se ha quedado tranquilo, los boquis se lo han llevado a aislamiento y al otro al hospital. En la calma, todos me explican “le debía un montón en farlopa”.

Ayer noche estuve pensativo. El consumo compulsivo que se da en numerosos presos había logrado tras años convertir las cárceles en lo antagónico de los 80. Asesinaron a los de la COPEL y el APRE, y ahora los presos sociales…

…muchos logran solo sobrevivir, que no es poco aquí dentro, y otros bastantes solo luchan por poder conseguir su colocón diario”.

De nuevo, el entorno y el momento tienen una importancia enorme para el consumo responsable de drogas. Las extremas condiciones en la cárcel nos hacen tener muchas dudas respecto a las posibilidades del mismo. El set & settlng no favorece para nada llevar un consumo responsable. Quizás con mucha fuerza de voluntad y aplicando pautas se podría mantener un consumo de menor riesgo. Por poner algunos ejemplos, espaciar los consumos, hacerlos en las debidas condiciones de higiene o no realizarlos en condiciones de soledad o tristeza, hacer actividades que no tengan que ver con el consumo, etc. Pero ello no debe ser fácil en la cárcel.

Ya nos lo cuentan los y las profesionales de la salud que operan en las cárceles. También varios presos. Siendo realistas, hay que centrarse en programas de reducción de riesgos y daños, más que en la abstinencia. Dotar de recursos económicos y humanos a los programas preventivos y abogar por medidas educativas. Priorlzar los programas de reinserción frente a la privación de libertad. En definitiva, humanizar las cárceles.

En éste punto nos hacemos varias reflexiones. Son muchas las personas que trabajan para comprender el origen de las adicciones. Y también en Ai Laketü nos hacemos preguntas como:

¿Qué provoca que algunas personas desarrollen una adicción o comportamiento compulsivos? ¿Cómo intervenir con estas personas?

Desde luego que eliminando de la ecuación a las drogas no vamos a ningún sitio. La guerra contra las drogas es un fracaso total. No ha mejorado en nada la situación, es más, la ha empeorado, incluyendo la cárcel. Por ejemplo, se calcula que en el año 2014 el 85% de los españoles que cumplen condena fuera del Estado lo hace por delitos relacionados con el narcotráfico. El prohibicionismo a nivel local e internacional se ceba principalmente con las personas más débiles.

La adicción es una adaptación. No eres tú. Es tu jaula.

En los años setenta surgió una teoría que erróneamente trataba de explicar la adicción a las drogas. El experimento es simple. Pon una rata en una jaula con dos botellas de agua. Una sólo con agua. La otra con heroína o cocaína diluida. Casi todas las veces que lleves a cabo este experimento, la rata se obsesionará con el agua con droga y volverá a por más hasta que muera. Las conclusiones eran demoledoras: “Una sola droga es tan adictiva que nueve de cada diez ratas de laboratorio la consumirán. Cada vez más. Hasta la muerte”,

No obstante, un profesor de Psicología de Vancouver llamado Bruce Alexander descubrió algo extraño en este experimento. La rata está sola en la jaula. No tiene otra cosa que hacer aparte de tomar drogas. ¿Qué ocurriría si se intentara de otra manera? Entonces, el profesor construyó un parque para ratas (Rat Park). Se trata de una jaula de diversión en la que las ratas tenían pelotas de colores y la mejor comida para ratas y túneles para corretear y muchos amigos: todo lo que una rata querría. Alexander quería saber qué ocurriría.

En el parque de ratas, todas probaron los dos botes de agua porque no sabían qué contenían. Pero lo que sucedió fue sorprendente.

A las ratas que llevaban una buena vida no les gustó el agua con droga. En general, evitaban beberla y consumían menos de un cuarto de las drogas que tomaban las ratas aisladas. Ninguna murió. Mientras que las ratas que estaban solas e infelices se hicieron adictas, no le ocurrió lo mismo a ninguna de las que vivía en un entorno feliz.

Es más, cuando entraban al parque ratas que venían de las jaulas, acostumbradas a consumir agua con drogas, paulatinamente, disminuían la cantidad de drogas consumidas. No todas abandonaban del todo el consumo, pero mejoraba su socialización a la par que disminuían su consumo de drogas.

El profesor Alexander defiende que este descubrimiento es un profundo reto tanto para la visión de que la adicción es un fracaso moral debido a los excesos hedonistas, como para la visión de que es una enfermedad que tiene lugar en un cerebro químicamente secuestrado. De hecho, defiende que la adicción es una adaptación. Y es que el problema no eres tú, si no que es tu jaula.

Lo opuesto a la adicción no es la sobriedad. Es la conexión humana, la misma conexión que la cárcel recorta, limita o sencillamente elimina en el caso de los FIES.

Y es que tal y como defiende el profesor Peter Cohén, los seres humanos tenemos una necesidad profunda de apego y de crear vínculos. De ésta manera obtenemos satisfacción y recompensa. SI no conectamos con las personas, si no tenemos un entorno que posibilite la conexión con otras personas, conectaremos con cualquier cosa que encontremos que nos proporcione satisfacción, y he aquí la vinculación con las drogas. La cárcel no deja de ser un ejemplo dramático.

Según ésta teoría las personas que están en la cárcel y consumen de forma diaria sustancias como tranquilizantes, metadona, cannabis u otras drogas ¡legalizadas estarían adaptándose al medio carcelario. Bien puede tratarse de sobrevivir a la carencia de apego y de conexión humana a partir de la recompensa química al consumir sustancias, o bien para mantener una adicción que ya traían de la calle.

No nos engañemos, si bien la cárcel no consigue evitar la adicción, tampoco esto es siempre posible para aquellas personas que recuperan la libertad. Mencionábamos antes el dicho extendido en la trena: “De lo de la calle, aquí, de todo, salvo la libertad”.

Y es que también en libertad nos podemos encontramos con barrotes. La cárcel no es la única jaula, también está la jaula exterior a la que vuelven muchas de las personas que acaban condena, la misma jaula de las ratas de Bruce Alexander….pero eso ya es otra historia. .

Agradecimiento especial a todos los y las presas que cumplen condena, especialmente a quienes han colaborado con éste trabajo.

Bibliografía y datos:

-Todos los datos de estadísticas son de II.PP. y de la andaluza ADHA.

-Artículos relacionados:

“Las tres ‘epidemias letales’ de las cárceles españolas: infartos, drogas y suicidios

httP://vozpopuli.com/actualidad/36356-lüs-tres-epidemias-letales-de-las-corceles-espanolas-infartos-droaas-v-

suicidios

*La prisión psiquiátrica o la psiquiatría penitenciaria.

huos://toriurcsauatrccamins2Q04.wordpress.com/Qrision/orisioncs-v-osiauiatricos/la-prision-psiauiatrica-o-la-

psiquiatría-penitenciaria/

*Psicofármacos y cárcel. 2 artículos https://boletintokata.wordpress.com/2011/07/Q1/3816/

‘Encuesta sobre salud y consumo de drogas en internados en instituciones penitenciarias ESDIP 2011 http://www.pnsd.msc.es/Cateaorio2/observo/odf/ESDiP 2QH.pdf

Guía. Atención y tratamientos en prisión por el uso de drogas. Año 2012. Grupo de trabajo sobre Salud Mental en Prisión. GSMP

http://sesp.es/imaaenes/094/portada/atencion v trat en prisión oor uso drogas 2012.pdf

España es número uno en Europa Occidental en presos y cárceles. 23/09/2011 http://www.teintcresa.es/cspana/Espana-Europa-Occidental-prcsos-carcclcs 0 5 59746109.html

Evaluación del Programa de Intercambio de Jeringuillas en el Centro Penitenciario de Pereiro de Aguiar (Ourense): diez años de experiencia. Revista Española de Sanidad. Penitenciaria 2012^ http://sciel0.isciii.es/sciel0.php7script SC¡ arttext&pid S1575-062Q2Q12Q0Q1Q0Q02

Siete años del programa de intercambio de jeringuillas en el Centro Penitenciario de Pamplona (España). Revista Española de Sanidad. Penitenciaria 2006. http://www.sanipe.es/OJS/index.PhP/RESP/article/view/112/262

Detenidos dos funcionarios por introducir cocaína en la cárcel y venderla a los reclusos. El Mundo. 15.03.2011 http://www.elmundo.es/elmundo/2011/03/15/andalucia/1300207959.html

El drama de los 1.849 presos españoles en el extranjero. El Mundo, 15.08.14 http://www.abc.es/espana/20140815/abci-espanoles-prisioneros-mundo-201408141931.html

Se ha descubierto lo que probablemente causa la adicción, y no es lo que tú crees http://www.huffinatonpost.es/iohann-hari/se-ha-descubierto-la-causa b 6569114.html

(*1) Desde hace pocos años ya está permitida la venta de papel de fumar tras incorporar los economatos carcelarios tabaco de liar a la venta.

Texto: Erlantz Cantabrana Berrío y Ricardo Caparros Casado Asociación Ai Laket!!

Asociación Ai Laket!!

One Response to “Jaulas Y Drogas, El Uso De Drogas En Las Cárceles”

  1. Riki dice:

    Muchas gracias por compartir el trabajo, esperamos contribuir al debate antirepresivo entre las personas presas, especialemnte en aquellas que mantienn consumos de sustancias. Un saludo.

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  1. Gaiolas e Drogas: Uso de Drogas nos Cárceres | abordaxe - […] Tambén foi publicado enteiro no Boletín Tokata […]

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