Isabel Aparicio Sánchez, Presa Del PCE(r), Denuncia Abandono Médico

Isabel Aparicio sufre varias enfermedades y padecimientos graves. Su estado de salud obligaría, si se aplicara humanamente la ley vigente, a ponerla en libertad. En lugar de eso, permanece en la cárcel sin unos mínimos cuidados médicos ni atención sanitaria suficiente. Ella misma nos lo cuenta en una carta.

“Cuando entré en prisión de junio en 2007, mis problemas físicos con 53 años de edad se reducían a:

-Artrosis en los pies, que me producía deformación

-Sinusitis grave crónica

-Haber sufrido una flebitis

Mi situación a 15 de octubre de 2010 ha cambiado sustancialmente:

-La artrosis deformativa avanza, con única solución en la cirugía, aunque sin garantías de que mis pies queden bien.

-La sinusitis se ha agravado y no me permite descansar ni dormir ni una sola noche, agravada por ataques de tos insistentes y seguido porque viene acompañada de asfixia. Toda la atención que he recibido (y llevo así ya muchos meses) ha sido suero fisiológico y dos salidas al otorrino. En la primera me mandó hacer un scanner de los senos nasales. Los resultados de este scanner (enero 2008) cayeron en el olvido para la cárcel hasta que yo en agosto de 2008 protesté. Entonces se dieron cuenta de su negligencia y los médicos de la cárcel trataron de subsanarla haciéndome una salida por procedimiento de urgencia. De aquella segunda salida -y última- me mandaron antibióticos y un nebulizador. Al reverso del informe, el otorrino apuntó “Regresar en 3 meses”, anotación que nadie del Servicio médico de la cárcel vio. Meses después, y sólo de manera casual, yo tuve conocimiento de esa anotación y le pedí al médico que lo mirara. Allí estaba la anotación, claro, pero en vez de asumir la nueva negligencia y mandarme inmediatamente al otorrino, me contestó como única respuesta “¿por qué no estuve usted pendiente y nos avisó?”. Pues avisándole y todo, tampoco se ha hecho la salida, y han pasado dos años. La asfixia que noche a noche me impide respirar y dormir ha recibido por parte de los médicos penitenciarios la expedición de una receta de Ventolín. Ni una solicitud, como una placa pulmonar, que los tengo que tener “buenos” después de 3 años y pico así. Así, ni el estado pulmonar ni la causa de mis asfixias las sabré estando presa, por lo que parece.

-Padezco artrosis bastante avanzada en toda la columna vertebral, sin que se me haya facilitado para paliarla otro tratamiento que no sean antiinflamatorios. Ni terapia alternativa, ni tablas de gimnasia que hagan más lento su avance. Y por supuesto, han hecho oídos sordos a una salida al reumatólogo.

-Artrosis de rodillas, que me dificulta en extremo subir y bajar desniveles, escaleras…. Y aún de insistir e insistir, tras año y medio de dolor, lo “descubrieron”. Pero ni me hicieron radiografías de las manos, donde también existe artrosis, pues se me duermen constantemente, no tengo fuerza en ellas y los dedos se me agarrotan.

-Como consecuencia de la extirpación de los ovarios en junio de 2008, con 54 años, y de la consiguiente ausencia de hormonas, ha aparecido la osteoporosis. Ya confirmada la de rodillas. Ni siquiera me dieron un tratamiento preventivo para este problema.

-Padezco cataratas en el ojo derecho en estado muy avanzado, lo que ya casi me impide ver por él. Me tendrán que operar. Ni idea de cuando lo permitirán. Lo que sí sé es que desde hace dos años estoy obligada a utilizar unas gafas que no se corresponden con mi graduación actual.

-Y lo más grave, las vértebras lumbares. La L4 se desplaza, la L5 tiene hernia de disco y la S1 padece un estrechamiento del canal medular que comprime las haces nerviosas. En la calle andaba todo lo que haría falta sin problemas. Ahora mi movilidad se reduce a 300 metros, distancia a la que los dolores “suben mucho de tono”, las piernas se me quedan sin fuerza y mis pulmones no consiguen respirar el aire suficiente para evitar el mareo. Para este enorme problema, me han dado en dos ocasiones corrientes analgésicas y varios antiinflamatorios, pastillas de Ibuprofeno e inyecciones, por lo que además se puede estar dañando los riñones -cálculos- y el páncreas.

La única solución, por lo que todo parece indicar, es la cirugía. Aquí en Ávila no la realizan, y hace un año que llevo esperando que me pidan cita en la Unidad de neurocirugía de Salamanca, y a día de hoy y a pesar de no pocas presiones e insistencias, aún no lo han hecho. El tiempo de que termine en una silla de ruedas, como me dijo la doctora del Servicio de Rehabilitación en el Hospital de Ávila, se va acortando. Y la pregunta surge: ¿ocurrirá eso antes de que me den la cita -pueden pasar hasta dos años-, en la famosa Unidad de Columna?

Todos los días me veo obligada a bajar con peso a la sala, y esto, en mis condiciones, no debería hacerlo, pero no tengo otra alternativa. La cárcel en estos casos pone una presa social de apoyo, algo que no voy a permitir mientras pueda. Por ser culpa de la dispersión, a la que nos someten a todas y todos los presos políticos. Tanto yo, como la mayoría de las camaradas, estamos solas, dispersadas y desperdigadas por distintas cárceles o por distintos módulos, sin contacto posible. Y ahí cualquier apoyo deseable y consentido es inviable.

 Tampoco me dan bajas médicas para poder estar en la celda descansando cuando me encuentro mal. Un médico penitenciario de Ávila me dijo que “no estoy en mi casa, allí podría hacer lo que quisiera y tumbarme cuando lo necesitara”. Pero esto es la cárcel, y hay que esperar que haya médico, que si está te vea cuando a él le venga bien y que decida darte la baja médica . Pero mientras todo eso… estás obligada a permanecer en la sala del módulo, sin demasiada solución.

El artículo 36.1 del Reglamento Penitenciario dice que los médicos tienen potestad para pedir una ambulancia para el desplazamiento al hospital, dejando claro que a la hora de la conducción primarán los criterios médicos-sanitarios a los policiales. Sin embargo, la realidad carcelaria es muy diferente. El médico, “olvidando” mi lesión de lumbares, no ha dado “orden”, y las varias conducciones han sido en un furgón no habilitado, cuyo escalón está situado a unos 45-50 cm. del suelo, altura que me es imposible subir, y mucho menos con las manos esposadas.

Sí, la sanidad en las cárceles, sobre todo para las y los presos políticos, forma parte del plan de exterminio contra la disidencia política, en un Estado, el español, que se dedica a dar lecciones de “derechos humanos” y de “humanitarismo” a medio planeta”.»

Isabel Aparicio Sánchez

Presa política del PCE(r)

Cárcel de Brieva, Ávila

15 octubre 2010

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