Don Crispín [Un Relato De Anchy]

Don Crispín era un hombre bajito, metódico, ordenado, de costumbres fijas. Me atrevo a confirmar que en su afán por el orden, vivía secuestrado por la puta manía. Cuando a las siete y diez de la mañana sonaba el despertador, abría los ojos y durante veinte minutos en la cama, planeaba en su mente lo que cada mañana hacía con obsesión. Las siete y media hora de levantarse, las zapatillas alineadas, una pastilla blanca y otra azul colocadas junto al vaso de agua, esperaban con él la diaria función. La cafetera en la cocina cargada de café, se hacía con el ruido de una locomotora vieja mientras que Don Crispín se lavaba la cara, para después batallar con el peine en su calva. Había perdido el pelo antes de los cuarenta y ahora con cincuenta, tres pelos le asomaban como pidiendo guerra a aquel señor, que pretendía a toda costa peinar diez pelos en vez de dos. Vestido de uniforme se remataba el nudo de la corbata verde en el espejo, sujetaba el tricornio en su cabeza y contando los pasos llegaba hasta la puerta, echaba el último vistazo alrededor y satisfecho bajaba los escalones de uno en uno o de dos en dos, según el día de la semana. Don Crispín era un hombre vacío, sin nada bueno en su interior, jamás hasta su casa había llegado ni un ápice de amor. Incapaz de asomar una sonrisa a su cara, en su severo gesto de soberbia reflejada, se imaginaba siempre ganador. Ya en la calle con paso firme se abría paso entre la gente, la cabeza tiesa como si de un desfile se tratará el recorrido, hasta la institución donde prestaba sus servicios de nueve a dos. Don Crispín miraba al frente ignorando a la gente, o alguna voz que entretuviera y hasta se imaginaba que cuando caminaba el mundo entero le miraba como si fuera un Dios. Giró en la primera calle a la derecha un dos tres cuatro… cinco pasos y otra calle con la mirada al frente con su gesto severo de eterno campeón de batallas de mierda. ¡¡¡CrakkkPlafffffffkataplafffff!!! Don Crispín en el suelo sin respiración, sin pensamiento, sin obsesión, sin la mirada al frente, esparramado sobre un charco de sangre. Una maceta enorme partida en mil pedazos, la tierra esparramada por el suelo, apenas a unos pasos de aquella institución donde prestaba servicios a la patria de lunes a domingo… de nueve a dos. Ji, ji, ji, ji me lo cargué…

Anchy

2 Comentarios

  1. Anchy said:

    Gracias

    28 enero, 2014
    Reply
    • Anchy said:

      Gracias tokata por asomar hasta esta pagina al insurrecto de Don Crispin SALUD

      29 enero, 2014
      Reply

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