Categoría: <span>Familias Frente a la Crueldad Carcelaria</span>

Este es un artículo de Familias Frente a la Crueldad Carcelaria publicado ayer en catalán en la página web de La Directa y en castellano en el blog de esa asociación, cuyo fin es la autodefensa de familiares y amistades de personas presas  y la protección de éstas.

LA HUELGA DE LOS FUNCIONARIOS DE PRISIONES PISOTEA LOS DERECHOS DE LAS PERSONAS PRESAS Y DE SUS FAMILIAS

Como sabe todo el mundo, ya que la práctica totalidad de los medios de comunicación llevan muchos meses aireando exhaustivamente sus argumentaciones, los funcionarios de la Secretaría General de Instituciones Penitencarias —excluidos, por tanto, los que están a las órdenes de la Generalitat— han realizado, en octubre y noviembre, seis jornadas de huelga general. Para los convocantes, un “éxito”, con alto porcentaje de participación. La culminación de una campaña propagandística y de movilizaciones, que ha ido in crescendo durante el último año y medio. O de su primera etapa, ya que piensan seguir por el mismo camino mientras no se atiendan sus demandas. Los portavoces de sus sindicatos —ACAIP, CSIF, CCOO, UGT y CIG— dicen que, desde que empezaron los recortes por la crisis, su vida es un “calvario”, que su situación laboral es precaria y su sueldo escaso, que sus plantillas están mermadas, envejecidas y poco formadas y, sobre todo, que han aumentado desmesuradamente las agresiones de la población encarcelada hacia ellos. Exigen, entre otras cosas, aumento de sueldo, incremento de las plantillas, reactivación del protocolo contra esas supuestas agresiones aprobado por el anterior gobierno, y que se les considere “agentes de la autoridad”. “Estamos pidiendo al Gobierno que nos ampare, que nos proteja”, dicen. “Como faltan funcionarios, el servicio público penitenciario se deteriora, se controla peor a los internos y hay más agresiones”. Se presentan como víctimas de la violencia de las personas presas. “Tu abandono me puede matar”, rezan algunas de sus pancartas.

Para nosotras, una mentira no se convierte en verdad por mucho que se repita. Y desde nuestra perspectiva se ve un panorama de las cárceles españolas totalmente distinto: a muchos de nuestros familiares presos se les ha torturado y maltratado; existe un régimen de castigo que destruye física y mentalmente a quienes lo sufren; se traslada arbitrariamente a las personas presas, desarraigándolas de su entorno social y familiar; la comunicación con la calle está muy restringida, igual que el acceso a la cultura y a la educación; se censuran las publicaciones y no existe libertad de expresión ni de asociación; la explotación laboral es enorme; las mujeres presas están doblemente discriminadas, por presas y por mujeres; la situación médico-sanitaria es catastrófica, ya que la administración incumple sistemáticamente su obligación legal de asegurar la igualdad de prestaciones médicas y farmaceúticas entre la población encarcelada y el resto de ciudadanos; muchos enfermos graves quedan abandonados, sin diagnóstico ni tratamiento alguno, pero no se aplica la legislación que permitiría excarcelarles más que cuando ya es seguro que van a morir pronto; el tráfico de drogas ilegales está consentido y, además, se proporciona a los presos todo tipo de drogas legales adictivas sin control médico adecuado; hay muchas personas presas con enfermedades psiquiátricas que no reciben los cuidados correspondientes, sino que muchas de ellas van a parar al régimen de castigo; la mortalidad es mucho mayor que en la calle, a menudo por causas como sobredosis, suicidio o «muerte súbita», con muchos fallecimientos en circunstancias extrañas y dudosas, nunca aclaradas, pues no se cumplen los trámites legales ni se da a los familiares la oportunidad de exigirlos.

Las personas presas están indefensas frente a todo eso y ante multitud de decisiones de las administraciones carcelaria y judicial que les perjudican. Los Servicios de Orientación y Asistencia Jurídica Penitenciaria y la justicia gratuita son insuficientes. Los Juzgados de Vigilancia Penitenciaria, encargados de la “tutela judicial efectiva” de los derechos de las personas presas, inoperantes. El poder punitivo del Estado se ejerce sin respetar ninguno de esos derechos que, en teoría, lo justifican. Algunas personas presas están denunciando todas esas situaciones que convierten en papel mojado el principio constitucional de que las condenas estén orientadas a la reinserción social. Llevan varios años haciendo ayunos y huelgas de hambre para dar a conocer una tabla reivindicativa donde se enumeran y analizan muchas de las vulenraciones de derechos y tratos crueles, inhumanos y degradantes que están sufriendo. Justo en el mes de octubre han hecho una huelga de hambre colectiva, realizaron otra en mayo y hay una nueva convocatoria del 10 al 25 de diciembre. El eco mediático de esa actividad prácticamente no ha existido, aparte del que han querido darle, afortunadamente, algunas publicaciones alternativas coordinadas con grupos libertarios y asociaciones abolicionistas, garantistas o defensoras de los derechos humanos. Una difusión muchísimo menor, por supuesto, que la que ha apoyado incondicionalmente la propaganda de la huelga de funcionarios.

Ellos quieren “que se dignifique el trabajo de los funcionarios de prisiones y se les valore” y se quejan de que en las condiciones actuales no pueden llevar a cabo su “labor de reinserción”. Pero tanto en su práctica habitual como en sus reivindicaciones y en su modo de intentar imponerlas demuestran que prefieren seguir siendo unos profesionales de la violencia. De todas formas, la interpretación de la radicalmente ambigua ley penitenciaria que da primacía a los criterios de seguridad sobre el “principio de rehabilitación” se ha consolidado en las sentencias de los más altos tribunales. Los sindicatos carcelarios ya habían anunciado antes de la huelga —convocada a propósito en fin de semana, cuando se realizan preferentemente las visitas— que pretendían colapsar las comunicaciones entre las personas presas y sus familias para que «los ciudadanos entiendan la situación en la que nos encontramos”. Es la forma más habitual de actuar de los de su gremio para presionar a la otra parte en sus conflictos laborales: perjudicar todo lo posible a las personas presas y a sus allegados, provocarles para ver si se rebelan, justificando así la represión y dándoles la razón en su victimismo. Se han perdido visitas médicas, citas hospitalarias, turnos quirúrgicos, medicaciones, curas, comidas, entrevistas con abogados, comparecencias judiciales, permisos de salida, horas de paseo, actividades deportivas, culturales o educativas… y, sobre todo, comunicaciones. Sus piquetes han bloqueado las entradas a las cárceles y coaccionado a las personas que venían de visita, impidiéndoles entrar siquiera a los recintos, donde quizá habrían podido ser atendidas por los servicios mínimos. Imaginaos que, después de un largo viaje, con el correspondiente gasto, deseando abrazar a un ser querido preso que está esperando con ansiedad vuestra llegada, os encontráis con una banda de guardianes que, aunque no estén de servicio, con su prepotencia habitual, os impiden el paso e incluso os amenazan, bajo la mirada de la guardia civil o de la policía, que asisten pasivamente a esos comportamientos tipificados como delitos, cometidos ante sus narices.

Asímismo, durante el mes de noviembre, han arreciado las provocaciones y palizas a la gente presa, tergiversadas ante los jueces en las correspondientes contradenuncias y publicadas enseguida en los medios como “una nueva agresión contra los funcionarios”. ¿Cómo puede ser que suceda eso? En primer lugar, porque los poderes dominantes en la sociedad española, incluidos los que controlan los medios de comunicación, están a favor de la tortura y no existe ninguna voluntad política de combatirla. Y, además, porque, en las cárceles, las torturas y malos tratos se producen generalmente en lugares donde no hay videovigilancia ni testigos. Y, si no, se destruyen las grabaciones de video, se pierden o no tienen la suficiente calidad para ver lo que ha sucedido realmente. Mientras las víctimas y testigos no se atreven a denunciar, por temor a represalias, ya que quedan a merced de los torturadores. Los médicos se niegan a extender los correspondientes partes de lesiones o las minimizan; los jueces suelen denegar las diligencias de investigación que se les solicitan; la fiscalía se opone a ellas sistemáticamente, y las denuncias resultan archivadas en su mayor parte. Además, los carceleros suelen denunciar a su vez a quienes han maltratado, acusándoles de “resistencia”, “desobediencia”, “atentado” y lesiones como torceduras de muñeca, por manejar la porra con demasiado entusisasmo, dedos rotos, a causa de golpes mal dados, o contusiones, que se producen al chocar unos con otros cuando se abalanzan, diez contra uno, sobre una persona presa. Y encima quieren que se les considere “agentes de la autoridad” para que sus manifestaciones gocen de “presunción de veracidad” y las condenas contra los presos denunciados se agraven considerablemente.

De manera que lo que se viene a plantear fundamentalmente en esta huelga es una defensa todavía más cerrada de la impunidad en la tortura dentro de las cárceles, que se valore por ese mismo hecho a quienes la ejercen y que se les recompense por ello. Nosotras no podemos menos que oponernos frontalmente a esa pretensión. Querríamos reunir la fuerza suficiente, que sólo puede venir de la autoorganización de las personas afectadas y la coordinación de esfuerzos entre ellas y con todas las personas y organizaciones sensibles a estos problemas. Y desde este campo, además de que se remedien todas las demás vuleneraciones de los derechos de la personas presas, lo que cabe exigir prioritariamente es que se tomen medidas especiales para acabar con esa impunidad en la práctica de la tortura, controlando en primer lugar, precisamente, a los funcionarios de prisiones. Harían falta acciones de mucho mayor alcance, —como, por ejemplo, que la fiscalía y el resto del poder judicial actuaran realmente contra la tortura y los demás abusos—, pero, mientras nos preparamos para exigir aquéllas, se nos ocurren una serie de medidas concretas: que los médicos que extienden los partes de lesiones sean independientes de las instituciones penitenciarias; que no haya puntos ciegos en los sistemas de videovigilancia; que sea fectivamente obligatorio guardar y entregar al juez las grabaciones de video; que éstas lleven también grabación de audio; que se graben igualmente las conversaciones a través de los interfonos que conectan las celdas con los funcionarios de guardia… Nos parece mucho más urgente destinar a todo eso la cantidad necesaria de dinero público que gastarla en subirles el sueldo a los carceleros.

En fin, los funcionarios de prisiones ejercen su derecho fundamental a la huelga pisoteando, como mínimo, los derechos fundamentales de las personas presas, de sus familiares, amistades y abogados. Apoyados por algunos sindicatos supuestamente obreristas, se presentan como “trabajadores”,. Pero lo que distinguió siempre a la clase obrera —recordémoslo, ahora que todo el mundo quiere pertenecer a la “clase media”— fue, precisamente, la solidaridad, de donde brotaba su fuerza para enfrentarse a las condiciones opresivas de dominación y explotación. Y los carceleros no sólo son servidores activos de esa misma opresión, sino que su actitud en la defensa de sus intereses laborales es profundamente insolidaria. Con ella, han vulnerado, entre otros, nuestros derechos a la vida y a la integridad física y moral, a la salud, a la defensa jurídica, a no padecer tratos crueles, inhumanos y degradantes… Tampoco han quedado garantizados los servicios mínimos, que prácticamente no se han prestado, ni se ha avisado adecuadamente a las personas afectadas de los que iban a quedar restringidos por la huelga. De todo ello son responsables los funcionarios de prisiones huelguistas, los sindicatos convocantes y, en muchos aspectos, la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias.

Proponemos, por tanto, a las personas presas, familiares, amistades, abogados, etc. que se hayan visto perjudicados de algún modo por la huelga de funcionarios de prisiones, por sus abusos durante la misma y por la negligencia de la administración penitenciaria entablar colectivamente acciones legales contra ellos, por las vulnaraciones de nuestros derechos, por las acciones delictivas perpetradas contra nosotros y por las daños y perjuicios materiales y económicos que se nos han causado.

Convocamos a todas las personas afectadas a que nos envíen sus datos —nombre, apellidos y número de DNI— y un relato de lo que les ha sucedido a la siguiente dirección de correo electrónico: lavozdelxspresxs@riseup.net.

Está claro que esto sólo sería el principio de una acción en común de mucho mayor alcance. Quienes vivimos día a día lo que sucede en las cárceles sabemos lo necesario que es que nos coordinemos para afrontarlo.

Familias Frente a la Crueldad Carcelaria

Actividad en la calle Familias Frente a la Crueldad Carcelaria Sociedad-cárcel

Como podéis ver en el recuadro, la asociación de familiares y amigos de personas presas Familias Frente a la Crueldad Carcelaria se dirigen a lxs presxs, a sus familias y a cualquiera que se haya visto o que llegue a verse perjudicado por los abusos de los carceleros durante su huelga o por la negligencia de la administración penitenciaria a presentar una denuncia colectiva por ello. Para empezar, piden adhesiones y datos de lo que le haya sucedido a cada cual para plantear qué tipo de acciones legales emprender. ¡Basta de malos tratos, negligencias y calumnias contra las personas presas y sus familias!

¡DEFENDAMOS A NUESTRA GENTE!

Durante los seis días de huelga que han hecho los funcionarios de prisiones en octubre y noviembre, han atropellado los derechos de la gente presa, sus familias, sus abogados, etc. Además de que en las semanas anteriores los guardias han desarrollado una verdadera espiral de provocaciones y agresiones a las personas presas, durante la huelga y por su causa se han perdido visitas médicas, citas hospitalarias, turnos quirúrgicos, medicaciones, curas, comidas, entrevistas con abogados, comparecencias judiciales, permisos de salida, horas de paseo, actividades deportivas, culturales o educativas  y, sobre todo, comunicaciones. Los piquetes han bloqueado las entradas a muchas cárceles y coaccionado a las personas que venían de visita, impidiéndoles entrar siquiera a los recintos.

Así, han pisoteado, entre otros, nuestros derechos a la vida y a la integridad física y moral, a la salud, a la defensa jurídica, a no padecer tratos crueles, inhumanos y degradantes… Tampoco han quedado garantizados los servicios mínimos, que prácticamente no se han prestado, ni se ha avisado adecuadamente a las personas afectadas de los que iban a quedar restringidos por la huelga. De todo ello son responsables los funcionarios de prisiones huelguistas, los sindicatos convocantes y, en muchos aspectos, la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias.

Los sindicatos de carceleros han asegurado que van a continuar convocando huelgas cada vez más largas –de una semana entera la próxima– hasta llegar, si no se atienden sus demandas, a la huelga indefinida. Como es de suponer que continúen actuando como lo han hecho hasta ahora y todavía peor, no nos queda más remedio que defendernos nosotras mismas y a nuestra gente presa.

Por eso, nos dirigimos a las personas presas, familiares, amistades, abogados, etc. que, en las pasadas o en futuras jornada, se hayan visto o se vean perjudicados de algún modo por la huelga de funcionarios de prisiones, por sus abusos durante la misma y por la negligencia de la administración penitenciaria.

Os proponemos entablar colectivamente acciones legales contra los responsables (carceleros, sindicatos y Secretaría Genral de Instituciones Penitenciarias), por las vulneraciones de nuestros derechos, por las acciones delictivas perpetradas contra nosotros y por las daños y perjuicios materiales y económicos que se nos hayan causado.

Convocamos a todas las personas afectadas a que nos envíen sus datos —nombre, apellidos y número de DNI— y un relato de lo que les ha sucedido a la dirección de e mail: lavozdelxspresxs@riseup.net

También podéis llamar al teléfono: 667224824

Familias Frente a la Crueldad Carcelaria

 

Actividad en la calle Cárcel=Tortura Familias Frente a la Crueldad Carcelaria

Hablamos con Noe, de Familias Frente a la Crueldad Carcelaria, de su tercer taller de cuidados mutuos, que tendrá lugar en Venta del Moro (Valencia), los días 8 y 9 de diciembre y tratará sobre la comunicación en las relaciones humanas. Hablamos de los abusos de los carceleros en su huelga, leemos algunas opiniones al respecto y lanzamos una convocatoria de las Familias Frente A La Crueldad Carcelaria para recopilar datos sobre esos abusos con el fin de entablar acciones legales frente a ellos.

Actividad en la calle Familias Frente a la Crueldad Carcelaria Radio: Tokata Y Fuga

En el País Valencià también se preparan actividades en apoyo de la huelga de hambre colectiva de lxs presxs en lucha activa convocada del 10 al 25 de diciembre. De momento, para el 15 de diciembre, hay una propuesta de concentración en la cárcel de Albocàsser y una jornada contra las torturas en prisión en Castellón, organizada por nuestrxs compañerxs del grupo Fuera del orden y apoyada por la Cosa Nostra y el óCasal Popular de Castelló. El 30 de noviembre hay también una charla de Familias Frente a la Crueldad Carcelaria, inauguración de una serie de charlas anticarcelarias en centros sociales de Valencia, distribuidas entre esa fecha y el junio de 2019, organizadas por un grupo que apoya activamente la propuesta de lucha con intención de animar el ambiente anticarcelario y llamar la atención sobre la lucha colectiva.

Desde Dentro: Propuesta De Lucha Colectiva Para Ser Difundida Y Debatida Dentro Y Fuera

Más Información En Tokata Sobre Luchas Actuales Dentro De Las Cárceles Del Estado Español

Noticias Sobre La Huelga De Hambre De Octubre

¡No Olvidéis A Lxs Presxs En Lucha! [Lista Actualizada, 22-XI-2018]

Actividad en la calle Familias Frente a la Crueldad Carcelaria Huelga de hambre diciembre 2018

Organizada por el Grup de Suport a Persones Preses de València

Actividad en la calle Familias Frente a la Crueldad Carcelaria

Familias Frente a la Crueldad Carcelaria es una asociación de familiares y gente solidaria con las personas presas, habiendo sufrido muchas de las personas que la integran la muerte de sus hijxs, hermanxs o compañerxs, y otras los malos tratos, régimen de vida destructivo, traslados arbitrarios, abandono médico, encarcelamiento de enfermos mentales o con padecimientos incurables, explotación laboral, indefensión… una larga serie de tratos crueles, inhumanos y degradantes. Para afrontarlos, denunciarlos y, a ser posible, detenerlos, intentan apoyarse mutuamente, organizarse y coordinarse Pero, además, quieren aprender de su dolor, darle la vuelta contra lo que lo ha causado, canalizarlo de una forma constructiva, para que, en vez de hacerles un daño irreparable, se convierta en la fuerza que les mueva en el esfuerzo de que lo que les ha sucedido a ellas no pueda seguir ocurriendo ante la indiferencia general. Quieren defender a sus seres queridos y defenderse ellas de todas las injusticias, agresiones y abusos, tergiversaciones y mentiras que han sufrido, están sufriendo o les amenazan. Quieren cuidar a su gente y cuidarse ellas, cada una a sí misma y todas a todas. Para lo cual han decidido organizar unos talleres de cuidado mutuo de los que el que va a tener lugar los días 8 y 9 de diciembre es ya el tercero. A continuación, todos los detalles del encuentro tal como los han publicado en su blog.

– LA COMUNICACIÓN EN LAS RELACIONES HUMANAS –

Fecha: 8 y 9 de Diciembre, 2018

Horarios: Sábado 8, de 10 a 14 hs, y de 16:30 a 19:30 hs. Domingo 9, de 10 a 14 hs.

Precio del taller:  450 euros, a pagar entre todxs lxs participantes (Por ejemplo, 10 participantes, 45 euros por persona).

Lugar y alojaniento: Alojamiento Rural La Besana. Venta del Moro (Valencia)

Objetivos:

• Conocer mecanismos por los que, inconscientemente, reproducimos relaciones de poder en nuestro discurso y en nuestras acciones.
• Aprender herramientas para comunicarnos de manera sana, asertiva y responsable en las diferentes situaciones que se nos plantean en relación a la cárcel.

Descripción:

La prisión supone una ruptura en la vida del/a preso/a, en su ritmo de vida, sus relaciones sociales, amorosas, afectivas, en su red de apoyo, Se fragmentan sus lazos afectivos, también los familiares. El escaso contacto va cambiando las relaciones. Las enrarece. ¿Como llevamos las familias esta situación?

En muchos casos el alejamiento y el aislamiento provocados por cumplimientos en cárceles que están lejos de nuestras residencias acaba por romper familias y parejas. Porque al final, el tiempo sigue pasando y las dificultades para comunicarnos son muchas con lo que las relaciones se deterioran. Es una situación muy dura en la que sufre la persona presa (se queda prácticamente sin familia y amigos/as, que son el principal apoyo de cualquier ser humano) y también es una situación muy dura para los/as familiares y las parejas, pues a nadie le gusta saber que un ser querido lo está pasando mal y no poder hacer casi nada para protegerle, aunque ese ser querido haya delinquido.

La comunicación es un aspecto fundamental de nuestras vidas. A menudo nuestra forma de comunicar nos delata, nos sirve de espejo. Cuando nos sentimos frustradas/os en nuestras relaciones, siempre encontramos carencias comunicativas. Como dice un teórico de la comunicación humana “no es posible no comunicar”. Siempre estamos comunicando, incluso estando en silencio estamos diciendo algo o nos estamos posicionando ante algo.

Si queremos mejorar las relaciones con aquellas/os personas a las/os que queremos, así como facilitarnos la vida a la hora de mediar con las instituciones penitenciarias; es imprescindible que aprendamos a hacernos entender de forma clara y a escuchar lo que nos expresan. Sin reaccionar inmediatamente de un modo que perjudique a nuestras intenciones (desde la agresividad o el victimismo). Nos gustaría transformar nuestras relaciones con nuestros/as hijos/as, parejas o amigas/os presas/os en unas relaciones más próximas, claras y satisfactorias en la medida de lo posible. Sin olvidar que para cambiar mi forma de comunicar, tengo que cambiar yo primero.

Programa:

  • Modelos de Relación en los Vínculos Afectivos.
  • Lenguaje verbal y Lenguaje no verbal.
  • Mensajes coherentes e incoherentes.
  • Asertividad.
  • Ritmos Corporales.
  • Estilos comunicativos (individuales, en pareja, familiares).
  • El doble vínculo.
  • Los límites. Libertad para decir Sí y No.
  • Lo negociable y lo innegociable.
  • Comunicación Responsable.

Coordinadora: Estel Masó, psicoterapeuta

Quién tenga interés en saber más sobre este asunto o en participar en el taller puede mandarnos un correo:

lavozdelxspresxs@riseup.net

o llamar a estos números de teléfono: 697 336 208 (Noe); 674 494 405 (Toñi); 695 600 444 (Gracia).

Más información sobre nuestros talleres de cuidado mutuo

Familias Frente a la Crueldad Carcelaria

Actividad en la calle Familias Frente a la Crueldad Carcelaria

A Alex Garcia de Resistencia films la audiencia nacional le pide dos años y un dia de prisión por enaltecimiento del terrorismo, con él hablamos de su trabajo, de su encausamiento y de la solidaridad en torno suya. Las Familias Contra La Crueldad Carcelaria han convocado una concentración en Barcelona contra las muertes en prisión y el aislamiento penitenciario, de esto y bastante mas hablamos con Gracia. Ponemos el testimonio de dos madres que denuncias los abusos y palizas a sus hijos en cárceles catalanas. Hacemos balance de la huelga de hambre solidaria del pasado mes de octubre con varios comunicados desde dentro donde convocan otra movilización dentro de prisión para diciembre

 

Actividad en la calle Familias Frente a la Crueldad Carcelaria Huelga de hambre diciembre 2018 Huelga de hambre octubre 2018 La cárcel mata Radio: Tokata Y Fuga

En estos dos textos que, en conjunto, pueden valer como una especie de manifiesto de la asociación Familias Frente A La Crueldad Carcelaria, se ofrecen prácticamente en hilera una larga serie de motivos que obligan a quienes les quieran y a cualquier persona decente, así como a quienes dicen defender la libertad y luchar contra toda opresión, a movilizarse en defensa de la dignidad y de la vida de las personas presas; se habla también de quiénes son las personas que intentan organizarse por sí mismas en esa asociación, cuáles son sus objetivos y las ideas que tienen sobre qué podrían hacer para alcanzarlos.

LOS PORQUÉS

Bajo la acción de los sistemas penal y penitenciario españoles que, según proclaman las leyes que supuestamente los crean y regulan, deberían proteger y garantizar el ejercicio de nuestros derechos y libertades, se imponen todos los días a las personas presas toda clase de tratos crueles, inhumanos y degradantes. Las torturas y maltratos son frecuentes en las cárceles. Existe un régimen de castigo que destruye física y mentalmente a quienes lo padecen. Se traslada arbitrariamente a la gente, muchas veces con intención punitiva o como represalia por una actitud reivindicativa, desarraigándola de su entorno social y familiar. Se obstaculizan las comunicaciones con el exterior, imponiendo despóticamente intervenciones de las mismas y todo tipo de restricciones. El acceso a la cultura es casi inexistente y se puede prohibir, por ejemplo, cualquier libro o publicación, por “motivos de seguridad”. La explotación laboral es enorme, llegando a cobrar muchos trabajadores presos salarios de alrededor de un euro la hora y, a veces, menos.

En las cárceles de mujeres se sufre una doble discriminación, por presas y por mujeres. Empezando porque en su mayor parte no son más que pequeños departamentos en prisiones pensadas para hombres, donde malviven hacinadas, con menos recursos económicos o materiales y menores opciones en cuanto a uso de instalaciones, actividades educativas, culturales, recreativas o laborales, con trabajos especialmente alienantes y todavía peor pagados. Se les exige mayor docilidad y sumisión que a los hombres, sufriendo un porcentaje superior de sanciones y clasificaciones en primer grado, pese a ser menos agresivas. Al no haber departamentos de régimen cerrado más que en unas pocas prisiones, las tildadas de “conflictivas” son trasladadas automáticamente lejos de su gente. Lo mismo que cuando el único módulo de mujeres de una cárcel lo hacen “de respeto” y alguna no quiere someterse forzadamente a un “contrato terapeútico” que implica un tratamiento especialmente estricto y humillante. Igualmente, como existen pocas “unidades de madres”, quien tenga alguna criatura menor de tres años, debe elegir entre renunciar a la convivencia con ella y la conducción, con el consiguiente desarraigo social y familiar. Y son frecuentes los abusos sexuales por parte de los carceleros.

La situación sanitaria general es catastrófica, porque la administración penitenciaria incumple sistemáticamente su obligación legal de asegurar a las personas presas unos cuidados médico-sanitarios iguales a los de cualquier ciudadano, y se abandona a las personas enfermas sin proporcionarles, como en el caso de quienes padecen hepatitis C, la medicación y los tratamientos que podrían curarles, ya que la autoridad penitenciaria se niega a sufragarlos, aun desobedeciendo decisiones judiciales. La deuda acumulada de Instituciones Penitenciarias con la sanidad autonómica, a la que se ha encomendado la atención hospitalaria de las personas presas sin ninguna dotación presupuestaria, es de cientos de millones de euros. Y, sin embargo, no se aplica la legislación que dispone que deben ser liberadas las personas presas con enfermedades graves, incurables y terminales, más que cuando ya es inevitable su muerte a corto plazo.

El tráfico de drogas ilegales está consentido y, además, se proporciona a las personas encarceladas todo tipo de drogas legales adictivas, sin apenas control médico, para que no molesten. Quienes sufren alguna enfermedad psiquiátrica constituyen un porcentaje muy elevado de la población reclusa, sin que se les reconozca su condición ni se les cuide. Los médicos son a menudo cómplices de los frecuentes malos tratos, al hacer la vista gorda ante las lesiones resultantes. La mortalidad es en las cárceles mucho más alta que en la calle y menudean las muertes atribuidas muchas veces a causas como “suicidio”, “sobredosis” o ” muerte súbita” y ocurridas en circunstancias extrañas y dudosas, que nunca se aclaran, pues no se cumplen los trámites prescritos legalmente para ello ni se da a los familiares la oportunidad de exigirlos.

Tanto las personas presas como sus familias están indefensas ante todas esas negligencias y vulneraciones de la ley, y frente a multitud de decisiones de las administraciones carcelaria y judicial que les perjudican gravemente. Los Servicios de Orientación y Asistencia Jurídica Penitenciaria y la justicia gratuita son insuficientes. Los Juzgados de Vigilancia, encargados de la “tutela judicial efectiva” de los derechos de los presos, inoperantes. El poder punitivo del Estado se ejerce sin respetar ninguno de esos derechos que, en teoría, lo justifican.

La llamada “opinión pública” no solamente calla ante esta situación, sino que difunde mayoritariamente los discursos demagógicos del populismo punitivo o la visión interesadamente distorsionada de los sindicatos de carceleros, que quieren defender sus condiciones de trabajo acusando a las personas presas de agredirles frecuentemente a ellos, inventando, exagerando y tergiversando los episodios reales de violencia que, como sabe cualquiera que conozca las cárceles de cerca, recae rutinariamente sobre las personas presas afectadas por esa acumulación de agresiones institucionales, y no sobre los “profesionales” carceleros.

QUIÉNES Y CÓMO

Somos familiares de personas presas y gente que mantiene relaciones de amistad y solidaridad con algunas de ellas. Estamos intentando apoyarnos mutuamente, organizarnos y coordinarnos para afrontar las condiciones de existencia crueles, inhumanas y degradantes que se imponen a nuestros seres queridos encerrados en las cárceles, y hacer lo necesario para detener esa crueldad, inhumanidad y degradación. Nuestro primer propósito es documentar y denunciar, tanto públicamente como en los tribunales, todas esas vulneraciones de derechos, enmascaradas hipócritamente tras el “principio de reinserción social” como finalidad del poder punitivo del Estado. Principio proclamado en la constitución y en las leyes penales, pero desvirtuado e incluso abolido por la verdadera práctica social y política.

Aunque nuestra intención es defender a las personas vivas y evitar nuevas pérdidas, muchas de nosotras hemos sufrido la muerte de nuestros hijos o hijas, hermanos o hermanas, compañeros o compañeras, personas supuestamente confiadas al “cuidado” de las instituciones estatales. Uno de los problemas más graves entre los que tenemos que afrontar, tanto si hemos sufrido una muerte como el alejamiento forzado de alguien muy próximo, es nuestro propio dolor, nuestro miedo y nuestra rabia por lo que nos ha sucedido. Emociones negativas, muy a menudo insoportables, incluso destructivas. Son como una condena suplementaria que sufrimos sin acusación ni delito. Y esa es, en principio, la experiencia común que nos une.

Pero queremos transformar nuestro vínculo por medio del conocimiento, la comprensión y el cuidado mutuos. Fortalecerlo a través de la solidaridad y el diálogo, de la elección de objetivos comunes y de los medios para alcanzarlos, del trabajo compartido en la práctica correspondiente. Queremos aprender de nuestro dolor, darle la vuelta contra lo que lo ha causado, canalizarlo de una forma constructiva, para que, en vez de hacernos un daño irreparable, se convierta en la fuerza que nos mueva en el intento de que lo que nos ha sucedido a nosotras no pueda seguir ocurriendo ante la indiferencia general. Queremos cuidar a nuestra gente y cuidarnos nosotras, cada una a sí misma y todas a todas. Defender a nuestras personas queridas y defendernos nosotras de todas las injusticias, agresiones y abusos, tergiversaciones y mentiras que hemos sufrido, estamos sufriendo o nos amenazan.

Queremos dar a conocer los abusos y atropellos, la violencia que se nos infiere, desenmascarando la mentira de que hay justicia, de que cada cual tiene lo que se merece, cuando la verdad es todo lo contrario. ¿Se han merecido nuestros hijos e hijas, hermanos y hermanas, compañeros y compañeras todo lo que les han hecho sufrir? ¿Nos lo merecemos nosotras? Queremos luchar por la justicia y la verdad, reclamarlas activamente, construir día a día nuestra propia perspectiva de las mismas. Proclamar, describir, analizar la triste y cruel realidad que conocemos por experiencia. Señalar todo lo que se debe cambiar en ella. Cambiarlo efectivamente en la medida de nuestras fuerzas. Y hemos visto que, para ello, además de ese cuidado mutuo que sería la base de nuestro proyecto, necesitamos, entre otras, algunas herramientas de comunicación.

Frente a la gente en general. Frente a la llamada “opinión pública, excesivamente manipulada, a nuestro juicio, como para merecer ese nombre. Frente a la sociedad, si es que se puede llamar así a alguna entidad real que no sea el mercado. Y, preferentemente, frente al Estado, sus instituciones y agentes. Para visibilizar, señalar, denunciar todas esas situaciones de deshumanización, discriminación y carencia. Para argumentar, reivindicar, demostrar la necesidad de atenderlas, de hacer lo necesario para que no puedan volver a producirse. Aquí necesitaríamos también, evidentemente, asesoramiento y apoyo jurídico, para denunciar todo lo denunciable, reclamar y contribuir a hacer justicia, en la medida que sea posible por esos medios; para ponerlo en evidencia, si es imposible. Y, todavía más, necesitaríamos estrategias de movilización, para hablar cara a cara a la gente de la calle y a las autoridades responsables, y encontrarnos entre nosotras, directa y personalmente, unidas y en pie ante los problemas, sus planteamientos y posibles soluciones.

Porque la más importante es la comunicación que logremos entre nosotras mismas, familiares, amistades y apoyos de las personas presas y, sobre todo, con ellas, incluidas en la comunidad que seamos capaces de formar. Pues no podemos permitir que unos mecanismos sociales tan perniciosos e injustos como los punitivos las separen a ellas de esa comunidad, desarticulándola, dividiéndonos para que venzan intereses y poderes que nada tienen que ver con los nuestros. Del diálogo directo entre nosotras, de la discusión respetuosa, horizontal y transparente, firmemente asentada sobre la solidaridad entre todas, tiene que surgir nuestro proyecto común, diseñado día a día desde la reflexión colectiva, de manera que la participación, la responsabilidad y la libertad de cada cual garanticen las de todo el colectivo. Lo que hagamos para extender armoniosamente esa comunidad equivale a la búsqueda de las afinidades y alianzas que necesitamos para constituir la fuerza que nos permita defendernos y defender a nuestra gente, como ya hemos dicho.

Hacemos, por tanto, un llamamiento a unirnos y coordinarnos en la creación y realización de ese proyecto, a todas las familias, amistades y vecindario de personas presas y a toda persona sensible y respetuosa de la dignidad humana. Y, especialmente, nos parece indispensable la colaboración con los profesionales de la abogacía, la medicina, la psicología, la investigación social… que trabajen en este campo en el mismo sentido que nosotras. Así como con quienes participan en proyectos de oposición a la cultura del castigo, grupos de apoyo a personas presas, asociaciones abolicionistas o garantistas, dedicadas, por ejemplo, a la defensa concreta de los derechos humanos o a la prevención y denuncia de la tortura. Partiendo del respeto mutuo, del diálogo igualitario, de la autonomía de cada grupo y persona y de la coordinación horizontal de los esfuerzos de todas, deberíamos intentar actuar al unísono configurando la fuerza social, la comunidad de deseos, intereses y procedimientos necesaria para el logro de nuestros objetivos.

Actividad en la calle Familias Frente a la Crueldad Carcelaria

Hablamos con Antonia y Luisa, madre y tía de Manuel Fernández Giménez, que les fue entregado muerto con signos de violencia el 22 de octubre del año pasado. Los resultados de la autopsia se han demorado casi un año y ahora la administración carcelera reconoce que lo han matado al darle una sobredosis de metadona, pero la familia no está satisfecha con esas explicaciones, pues ¿qué pasa con los signos de violencia? Hablamos también con Francisca González Caro, madre de Jonatan Martín González, que ha sufrido malos tratos en la cárcel de Brians II y Francisca lo está denunciando públicamente. Comentamos la convocatoria de una concentración en Barcelona, para el 30 de octubre, por las familias de algunas personas muertas en cárceles catalanas, por Familias Frente a la Crueldad carcelaria y otras entidades.

Cárcel=Tortura Familias Frente a la Crueldad Carcelaria La cárcel mata Radio: Tokata Y Fuga

Somos familiares de personas que están presas y también de personas que murieron en prisión. También somos entidades, colectivos y personas que trabajamos por los derechos de las personas presas y que exigimos que se respeten sus derechos y su dignidad. Hemos decidido juntar nuestras voces para romper el silencio y la opacidad que rodea la situación existente en las prisiones.

Las muertes en prisión son un problema insostenible y exigimos a las autoridades que dejen de mirar hacia otro lado. Raquel, Eduardo, Claudia, Lewis, Gina, y muchos más acerca de los cuáles no conocemos su historia. Muertes de personas bajo custodia del Estado que se aceptan y normalizan por quienes dirigen las cárceles. En el año 2017 murieron 41 personas en las cárceles de Cataluña y, de ellas, según las estadísticas de la Generalitat, 8 murieron por suicidio, en 9 casos se señala una causa “desconocida”, 5 por sobredosis y 19 por enfermedades.

Los “suicidios“ en prisión en muchas ocasiones se producen cuando las personas se encuentran en régimen de aislamiento. El aislamiento en prisión impone un régimen de vida a las personas que consiste en el encierro en soledad durante la mayor parte del día, entre 18 y 22 horas. Hay personas que están días, otras meses, y otras incluso años, a pesar de que las normas internacionales para el tratamiento de las personas reclusas, conocidas como las “Reglas Nelson Mandela”, establecen que el tiempo máximo de reclusión en aislamiento tiene que ser de quince días. El aislamiento penitenciario genera un daño físico y psicológico enorme e irreparable.

Asimismo, hay muertes por sobredosis que no se deberían producir y personas con enfermedades mentales recluidas en departamentos de aislamiento que terminan por quebrarlas definitivamente. Respecto a las muertes por enfermedad, cabe destacar que en la actualidad hay personas enfermas que no deberían estar en prisión, ya que existe la posibilidad de que se les conceda la libertad condicional por el motivo de su enfermedad.

Sin embargo, son muchísimos los casos que conocemos de personas con enfermedades terminales que no son liberadas y que finalmente mueren en prisión o que obtienen un tercer grado in extremis para salir a morir fuera de la cárcel pero que vieron avanzar su enfermedad dentro hasta consumirlos. Exigimos que se revise el régimen de visitas y las condiciones en prisión de las personas que sufren enfermedades. Todo esto demuestra que no se protege de manera adecuada la vida y la integridad física y psíquica de las personas encarceladas.

Denunciamos que en prisión se producen situaciones de violencia institucional hacia las personas presas: se las maltrata, se las denigra y se las veja diariamente. Estas vulneraciones de derechos y estos abusos de poder no se están investigando de manera adecuada, y esto genera una terrible indefensión para quienes las sufren en primera persona y también para sus familias.

También denunciamos que están teniendo lugar discriminaciones hacia las personas migrantes y/o racializadas, pues el conjunto de discriminaciones que opera en la sociedad se intensifica dentro de la institución carcelaria. Todo esto demuestra que no se protege de manera adecuada la vida y la integridad física y psíquica de las personas encarceladas.

Como familias, denunciamos que el trato cotidiano que se ofrece por parte de los funcionarios de prisión hacia los familiares y hacia las personas presas es denigrante. Además, hay una gran indefensión jurídica debido a que el sistema público de defensa no funciona de manera ágil y efectiva. Las familias sufrimos una gran desinformación y esto nos resulta desconcertante, a la par que hace aumentar nuestro dolor y nuestra angustia.

Hacemos un llamamiento a emprender una lucha colectiva. A generar una red dentro y fuera de las cárceles, acompañando iniciativas como la huelga de hambre que numerosos presos y presas iniciaron el pasado 1 de octubre. Queremos romper el silencio en torno a la prisión y poder emprender una lucha que nos lleve a defender los derechos de las personas presas y sus familiares así como a poder cuestionar un sistema penitenciario obsoleto, que lesiona fuertemente a las personas que pasan por dicho sistema y que genera un gran daño social.

Si quieres adherirte al Manifiesto, escríbenos un correo electrónico a la siguente dirección: nomesmortsalapreso@gmail.com

Familias Frente a Crueldad Carcelaria

 

Actividad en la calle Familias Frente a la Crueldad Carcelaria La cárcel mata