Alfon

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La condena por motivos ideológicos contra ALFON no se hubiera producido si el poder judicial español no estuviera contaminado con el franquismo profundo: el estafador, el torturador, el sobornable. La Magistrada que lo condena, la pelirroja teñida Pilar Olivan Lacasta, debería estar expulsada de la carrera judicial, incluso condenada por utilizar el estado como un instrumento terrorista contra las personas. En la década de los ochenta la cúpula del poder judicial estaba infectada de túnicas negras franquistas, perviviendo durante todo el siglo XX hasta su jubilación. Las sentencias de juzgados, audiencias y Tribunal Supremo contienen la canallesca franquista en sus resoluciones, simuladas de falsas verdades democráticas, porque nunca hubo un cambio desde la falsedad a la veracidad. La jurisprudencia es el gran timo que soportan los nuevos juristas para mantener vivo el franquismo de las estafas procesales.

Nosotros estamos denunciando estos crímenes contra los pobres. Cuando los medios de comunicación difunden y se hacen eco de la propaganda de la criminalidad estafadora ejerciente, esos medios de comunicación a sueldo y por ello dependientes del sistema discriminador nos cuentan como a chinos que el depósito de la legalidad es muy garantista. Es cierto, muy garantista para quienes pueden costearse la exigencia de la verdad probatoria en el proceso, en el dictamen o sentencia. Saliendo de las élites económicas, profesionales de caché, de renombre o proyección pública, las personas anónimas, incluidas las discrepantes, como la Operación Pandora secuestradas carcelariamente porque predicen conductas de futuro como hacia la Ley de Vagos franquista, las garantías quedan anuladas por el secreto y el disimulo. El reproche le llega al juez nacional Javier Gómez Bermudez, homologado al juez de Vagos Jesús Carnicero Espino. Éste encarcelaba por si los pobres atentaban mañana contra los bienes usurpados por la dictadura y Gómez Bermudez porque la ideología libertaria se opone a la democracia basura de la discriminación e insolidaridad. Bien sabe el fanático Gómez Bermudez que ni utilizando los inmensos salones vacíos de todos los palacios y plazas de toros serían suficientes para encarcelar a una ideología. Al majarón Gómez Bermudez no le dio por aplicar la Ley de Amnistía a las víctimas del franquismo.

Con éste panorama tan feo para la verdad, los más débiles sociales encuentran a los criminales de cara sin ningún socorro. Encuentran a las instituciones sucias, como el Defensor del Pueblo que goza de un presupuesto económico gigante y un palacio de oficina, no preocupándose de alojar a ninguna de las familias desahuciadas en esas dependencias que solo se utilizan para la obtentación y el escarnio. Tampoco visita a las personas incomunicadas por las policía y guardia civil para que no sean torturadas. Si analizamos una por una las instituciones, veríamos que su utilización es criminal por la omisión, una actividad desactivada para ignorar las violaciones de los derechos humanos por su participación real, voluntaria y económica en la Alta Delincuencia Oficial Organizada.

La Corona se atreve a manifestar públicamente su condena a la corrupción, blanqueando a las instituciones porque hay encarceladas algunas personas de élite, que están presas por la amplitud probatoria de abuso desde su posición. Ahí acaba la Corona que empieza en el Caudillo genocida. Nada de la corrupción por torturas o referencias a las instituciones y organismos internacionales que han condenado a España por esos sucesos, la España en la que Felipe de Borbón es el Jefe del Estado no plebiscitado, por ello el Jefe de los torturados y torturadores en la ordenación hereditaria de la Dictadura desde 1969. Para Felipe de Borbón las víctimas del franquismo pueden o no estar desaparecidas en cunetas o fosas secretas, genocidio enarbolado por la afrentosa cruz del Valle de los Caídos construida con la destrucción de la sociedad plural, que como el resto de las instituciones sucias omite porque el «Preparao» ni sabe leer las múltiples condenas y resoluciones antifranquistas de las organizaciones internacionales. El majarón de Felipe de Borbón tampoco aboga por la aplicación de la amnistía a las víctimas del franquismo por reconciliación nacional. No hay una institución que no sea una cloaca.

ALFON es un símbolo vivo y actualizado del crimen franquista. Sí ese crimen logra la condena definitiva de ALFON, la esperanza en la pervivencia de los derechos humanos y de la verdad caería por el precipicio del fanatismo autoritario acentuado.

La libertad de expresión toma el derecho invencible por su manifestación de los sucesos históricos y contemporáneos veraces.

Ex Presxs Sociales-COPEL

Alfon condenado

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