La noche del pasado martes 14 del presente mes, ardió el centro penal de Comayagua, con el deplorable resultado de más de 355 reos calcinados. Es la tercera ocasión que en menos de una década, pavorosos incendios acaban con la vida de centenares de prisioneros; muchos de ellos sin haber recibido sentencia alguna o consignados simplemente por el porte de tatuajes.
Los incendios de los penales de la Ceiba y San Pedro Sula durante el mandato del nacionalista Ricardo Maduro, no sirvieron de lección sobre el aberrante manejo de la justicia y sus presidios en Honduras. De nuevo se repite la historia, la que ahora parece aun más macabra, al filtrarse las declaraciones de supuestos prófugos sobre una fuga programada en complicidad con las autoridades penales, y los señalamientos de vecinos de la granja penal, que sintieron un fuerte olor a gasolina proveniente del presidio.

