El día 25 se produce en horas de patio un cacheo general, que es una práctica habitual y sistemática. Viene toda la plantilla y nos hacen pasar en grupo al módulo donde nos van cacheando.
La funcionaria que me realiza el cacheo, conocida como “la Pistolera”, es famosa por el odio que nos profesa.
Empieza poniéndome en posición de cacheo, manos en la pared y piernas abiertas, e inicia la palpación por los brazos, a pesar de que iba en tirantes. Me masajea todo el cuerpo con una fuerza y violencia innecesaria, que llegó a hacerme daño por la presión que ejercía.
De repente introdujo su mano en mis partes íntimas, agarrándolas y estrujándolas. El dolor me hizo apartarme de un salto y soltarme de ella, mientras le recriminaba su actitud, alegando que me estaba metiendo mano y me estaba haciendo daño. Tras la discusión vuelve a ponerme en posición de cacheo y vuelve a empezar con el mismo manoseo de mi cuerpo y con la misma fuerza, mientras se me acerca al oído y me dice en palabras textuales: “eso es lo que te gustaría a ti, que yo te metiera mano”.