Tokata | Boletín de difusión, debate y lucha social Entradas

Me presento: Soy Daniel Pont, superviviente de la Coordinadora de presos en lucha (COPEL)  y uno de sus fundadores en  Noviembre de 1976 en la desaparecida ignominiosamente cárcel de Carabanchel de Madrid.

Tras asistir a la inauguración del Festival de cine de Donostia con la presentación fuera de concurso de la película, mi valoración personal es que el director y todo el equipo han realizado una película-documento histórico llena de rigor, honesta, con excelente interpretación de los actores. Película necesaria para romper el muro de silencio global que el relato único resultante de una más que discutible situación política, nos impuso, sobre la legitimidad de la intensa lucha que mantuvimos los presos sociales (no comunes.. o ¿hay algunos presos especiales?) por unas reivindicaciones que algunos medios de comunicación actuales ningunean o manipulan.

La COPEL llevó a cabo una intensa lucha de unos 2 años y medio, al principio pacífica y después violenta contra nosotros mismos y la miserable cárcel que nos asfixiaba. Nunca contra los funcionarios  de prisiones, pese a que ellos  sí que dieron muestras violentas con la muerte por torturas de Agustín Rueda Sierra (Carabanchel 1978) y la práctica sistemática de malos tratos a compañeros de la COPEL en la cárcel de máxima seguridad de Herrera de la Mancha (1979). Primera acción popular para la exigencia de justícia.

En éstos días la crítica de los medios sobre Modelo 77 en general ha sido elogiosa y/o respetuosa, aunque en muchos casos minimizando el contenido de la reivindicaciones de los presos: La COPEL exigía la inclusión en la ley de amnistia por causas legítimas políticas, sociales y jurídicas por haber sufrido las consecuéncias de una cruel dictadura franquista a través de la dureza de sus cárceles y leyes. Pero también formaban parte de sus reivindicaciones: la desaparición de leyes especiales (ley de peligrosidad social, justícia militar etc.); la reforma profunda del Código Penal; la depuración de jueces, funcionarios de prisiones y policías franquistas, etc.

La COPEL fué una coordinadora cuya función, al principio, fué concienciar y difundir entre los presos las anteriores reivindicaciones colectivas. Siempre trató de funcionar de forma horizontal y asamblearia, nunca de forma piramidal o jerárquica. Por lo tanto, no fue ningún sindicato ni cooperativa como se afirma en algunos medios, posiblemente por su incapacidad de entender que hay otras formas de organización social no jerárquicas ni sumisas.

Evidentemente nunca hubo números uno, ni lugartenientes, como algunos ex presos y/o medios han difundido, seguramente con intenciones sensacionalistas para vender “el producto”.

En internet existen dos referéncias fundamentales para entender lo que fue la COPEL: La tesis Cum Laude “Cárceles en llamas: el movimiento de presos sociales en la transición” editada y publicada por la editorial Virus de Barcelona como resultado de seis años de investigación del historiador César Lorenzo Rubio. Y el documental “COPEL: una história de rebeldia y dignidad” presentado en Octubre de 2017 y realizado por ex presos de la COPEL, comités de apoyo e individualidades solidarias. Está disponible de visión libre en internet.

Dicho todo, resumo: Como se puede comprobar existe documentación de libre acceso para informarse sobre la historia de la COPEL. Lo que demuestra que, en este caso, lo publicado por algunos medios con información parcial, errónea o decididamente sesgada revela el escaso celo periodístico de sus autores.

Afortunadamente el equipo realizador de Modelo 77 ha tenido la valentía de narrar honestamente la história de la COPEL, en aquellos años turbulentos, con aceptación pública más que notable.

P.D La situación de las cárceles entonces, no tiene mucho que envidiar a la de la actualidad donde el goteo permanente de muertes en prisión, el cruel aislamiento prolongado y la medicalización excesiva de los presos, configura una situación alarmante, donde de nuevo la sociedad mira para otro lado.

 Daniel Pont

3 de Octubre 2022

Actividad en la calle Vagos y maleantes

Actividad en la calle La cárcel mata Muertes en prisión

Hemos recibido por mail la siguiente propuesta, que difundimos, aunque no estamos demasiado de acuerdo con ella, ni con el juicio favorable que lleva implícito sobre una película que no es más que una máscara –de abigarrado colorido, eso sí– que se quiere colocar sobre el cadáver de las luchas contra la cárcel durante la Transacción «democrática» para enterrarlo definitivamente. Afortunadamente, ese cadáver no existe, porque el espíritu de esas luchas todavía subsiste en la cultura popular anticarcelaria actualmente viva, que se expresa en los varios intentos de autoorganización de familiares de personas presas que se han producido en los últimos años, y en los que están ahora mismo en marcha especialmente, así como en los de la gente presa, demasiado recientes y ricos en experiencias para dejarlos caer en el olvido, como parece que se tiene intención de hacer. ¿Por qué en lugar de querer «concienciar» a unos pocos espectadores cinematográficos, contribuyendo con una especie de infra-marketing a la promoción de una película que ni la merece ni la necesita, no os acercáis, por ejemplo, a las concentraciones que en las últimas semanas o días han estado y están organizando familiares y amigos de personas presas (acordaos de la AFAPE), para reforzar la solidaridad anticarcelaria y la conciencia colectiva desde la acción directa, el apoyo mutuo y la autoorganización?

Nota de presentación:

Desde diferentes individualidades surge la propuesta de acudir a la salida de los cines en los que se empezará a proyectar a partir de mañana, viernes 23 de septiembre, la última película de Alberto Rodríguez, titulada “Modelo 77” y que aborda la revuelta de los presos sociales y la lucha de la COPEL durante La Transición.

Pensamos que es interesante aprovechar la empatía que se pueda generar entre el público y las personas que se encuentran privadas de libertad. Si a ti también te parece interesante la idea, te invitamos a compartir esta propuesta entre tu círculo de afinidad.

Puedes imprimir el texto que adjuntamos, puedes modificarlo o puedes imprimir el texto que te parezca conveniente, y organizarte para distribuir octavillas en las puertas de los cines.

Pd: Tened en cuenta que a veces en los cines se sale por una puerta distinta que por la que se entra. La película tiene una duración de 125 min. Aprovechad los dias de mayor afluencia de público en las salas, como podría ser el finde del estreno y el día del espectador. Coordinaros con la gente de vuestra localidad para repartirse las salas y las diferentes sesiones.

Propuesta de texto para la a octavilla:

La película “Modelo 77”narra la situación de las cárceles en los últimos años de la dictadura franquista y primeros de La Transición, así como la intensa lucha de los presos sociales (“presos comunes” según los medios) a través de la Copel, no solamente por la legitima inclusión en la ley de amnistía, sino también en otras reivindicaciones de gran calado político, como la desaparición de la ley de peligrosidad social (se abolió en 1995), la depuración de jueces, funcionarios de prisiones y policías franquistas y torturadores o la reforma profunda del Código Penal con participación popular.

Con la aplicación de las sucesivas tres leyes de amnistía política y un indulto (que solo supuso la liberación de unos mil presos sociales) en 1976 en las cárceles quedaron unos 8.500 presos varones y unas 300 mujeres presas.

Lejos de lo que se pudiera esperar durante el transcurso de la democracia, con el progresivo endurecimiento del Código Penal en entornos de graves crisis económicas y del aumento del paro y de la precariedad de la inmigración, la población penitenciaria empezó a crecer de forma exponencial, llegando a alcanzar su máxima cifra en el año 2009, con 70.003 presos y 6.076 presas.

Esto comportó la progresiva construcción de nuevas cárceles, llegando España a ocupar los primeros puestos en Europa de cárceles modulares (unas 90) alejadas de las ciudades, con las repercusiones que esto tiene para los familiares de las personas presas, quienes en muchas ocasiones se encuentran con dificultades para poder visitar a sus seres queridos.

Aunque en el imaginario colectivo español persiste la creencia de que los delincuentes «entran por una puerta y salen por la de atrás», y que en España la Justicia es demasiado benevolente con los criminales, la realidad es muy distinta. En la actualidad el Estado español se encuentra a la cabeza en número de población reclusa de Europa Occidental: en diciembre de 2021 había en España 55.097 personas presas (51.172 varones y 3.925 mujeres)) con una tasa de 118 personas presas por cada 100.000 habitantes, doblando la media europea y situándose por delante de Alemania, Francia, Italia, Portugal, Grecia, etc.

Podríamos pensar que esto se explica por ser un país con una alto índice de delincuencia, sin embargo España es uno de los países de Europa más seguros con una de las tasas de criminalidad más baja, llegando a alcanzar en 2021 la más baja de nuestra historia reciente: 41,4 delitos por cada mil habitantes.

¿Entonces? Las explicaciones debemos buscarlas nuevamente en nuestro Código Penal, el cual establece una duración para las penas de prisión que doblan la media europea.

Sin embargo, las estadísticas reflejan que dos de cada tres personas que pasan por nuestro sistema penitenciario vuelven a delinquir al salir de prisión y que el 80% de las personas que entran en prisión con 20 años de edad, lo volverá a hacer cuatro veces más. Estas cifras, evidencian la ineficacia de la cárcel desde un punto de vista rehabilitador y de prevención del delito, puesto que la cárcel no resocializa, sino lo contrario, ni tampoco disuade a la población o a los autores de delitos para no reincidir.

Cada preso/a nos cuesta unos 2.000 euros al mes, un 45% más que la media de la Unión Europea, suponiendo el mantenimiento de las instituciones penitenciarias solo en 2020 un gasto para el Estado de 1.501 millones de euros.

Además de todo ello, tal y como ponen de relieve los organismos internacionales de defensa de los derechos humanos como el CPT del Consejo de Europa o el CAT de las Naciones Unidas, en las cárceles españolas se siguen vulnerando los derechos fundamentales de las personas privadas de libertad.

La cárcel no es solo privación de libertad. En el interior de las prisiones se priva de otros derechos y lo que es peor, se violan sistemáticamente el derecho a la vida, a la integridad física, al trato digno, a la intimidad, a la salud… justificándose estas violaciones en aras de garantizar la gobernabilidad de las instituciones correccionales y de educar mediante el castigo, la obediencia, la prohibición y demás valores contrarios a los llamados valores democráticos.

Y surgen varias preguntas: ¿A dónde nos lleva esta política punitivista? ¿El sistema penitenciario es en la práctica útil como tratamiento de reinserción social o meramente sirve como castigo a quien se considera culpable de un conflicto social? ¿Cuáles son las principales carencias de las personas que delinquen? ¿Que ocurriría si invirtiéramos el presupuesto penitenciario en educación, vivienda, seguridad laboral, etc.?

Por estas y muchas otras razones, la abolición de la privación de libertad supondría uno de los primeros pasos imprescindibles para democratizar la sociedad y respetar todos los derechos de todas las personas, pero sobre todo para comenzar a afrontar una reflexión interesadamente omitida sobre qué es la seguridad ciudadana, sobre qué entendemos por prevención y lucha contra el delito, y sobre cuáles han de ser las respuestas que la sociedad ha de articular para combatirlo

Descargar texto en formato octivalla para imprimir

Puedes obtener el texto en euskera en la web de Borrokan

Actividad en la calle

Actividad en la calle

La gente del Grup Anticarcerari del Camp de Tarragona La Corda convocan como sigue su V vermut pro presxs, en el ateneo libertario de Tarragona.

Ahora que va terminando el verano y parece que todo vuelve a ponerse en marcha… ¡reiniciamos los vermuts pro-presxs! El próximo va a ser el domingo 2 de octubre, de 12’00h a 14’00, en el Ateneu Llibertari Alomà de Tarragona. Poco a poco, queremos ir generando un punto de encuentro donde pasar un rato agradable, compartir, conversar y, a ser posible, sacar algo de pasta para gastos habituales que tenemos en el grupo (impresiones, peculios, sellos, gasolina…)

Como siempre habrá buena música, punto de carteo a presxs y traeremos nuestra distri. Y esta vez, aprovechamos el evento para hacer una recolecta de libros de temática social y antiautoritaria con el fin de poderlos hacer llegar a compas de dentro. Si traes un libro te invitamos a una bebida.

Nos vemos allí. ¡Lucha, lectura y vermut!

https://lacorda.noblogs.org/

Actividad en la calle

Una familia de Palma de Mallorca ha denunciado públicamente y ante las autoridades la oscuridad y extrañeza de las circunstancias en las que, el pasado 2 de agosto, apareció muerto en la cárcel de Palma de Mallorca uno de su miembros, Francisco Belmonte Ferrer, de 52 años de edad, que llevaba allí preso tres años, de una condena de doce. Según el médico forense, el resultado de la autopsia, ocultado a la familia hasta el último momento, como de costumbre, es que la muerte fue debida a una sobredosis de drogas.  Pero la familia denuncia que en el informe forense no se describen los golpes, heridas y contusiones en gran cantidad que advirtieron en el cadáver cuando lograron verlo en el tanatorio. Aseguran que tienen pruebas de que Francisco no murió accidentalmente. Explican que les había contado que había recibido amenazas de muerte por parte de un funcionario de la cárcel. El viernes 18 de septiembre a las 18:00 horas, se concentraron, junto a  allegados y gente solidaria fente a la cárcel de Palma, como se puede ver en la fotografía de arriba. Y convocan otra concentración en el mismo lugar, para el sábado, 24 de septiembre, de 15:30 a 21:00 y también para el domingo, en el mismo horario: «Queremos saber la verdad. Estamos destrozados, con el dolor de ver cómo le han quitado la vida. Él estaba allí para cumplir condena pero no para que lo maten que es lo que han hecho con él. Queremos reclamar responsabilidades al centro penitenciario, a los custodios de mi hermano; ellos tenían que velar por él y no lo han hecho en ningún caso.» Declaraban en una entrevista publicada el 13 de septiembre en el diario digital Crónica Balear, de la que reproducimos a continuación la mayor parte.

“Mi hermano no ha muerto en la cárcel de Palma, a mi hermano lo han matado allí dentro”

¿En qué situación se encontraba tu hermano?

Llevaba tres años en prisión y tiene una condena de doce años en total. Había estado ocho meses en el módulo terapéutico pero discutió con alguien allí y lo derivaron al módulo catorce. En ese empezaron todos los problemas. Cuando se le pasa allí, ya no se le hacen visitas médicas ni nada. Incluso él mismo pidió el traslado para irse de Palma porque no se sentía seguro, estaba amenazado de muerte y no le hicieron caso. Han vulnerado sus derechos

La autopsia indica una “sobredosis”, ¿cuál era la relación de tu hermano con la droga?

Ha pasado treinta años de su vida enganchado. Esa es la verdad. Los últimos diez años consiguió mantenerse limpio y estuvo trabajando; le iba muy bien pero sufrió una recaída y delinquió para volver a consumir. Cometió algunos robos, se le juntaron varias condenas y le cayeron los doce años que estaba cumpliendo.

¿Os había contado que recibía amenazas en la prisión?

Sí. Decía que de un funcionario. Se lo dijo a mi hermano y a mi sobrino, incluso el domingo antes de morir se lo dijo de nuevo a mi hermano y también a mi madre. Les contó que le habían metido en un cuartito y que lo desvistieron, iban a pegarle pero él les dijo que no sería la primera vez que denunciaba a un funcionario por darle una paliza y le dejaron en paz.

¿Le había ocurrido ya en otra ocasión?

Hace ya años en la misma cárcel, en Palma, denunció a dos funcionarios por romperle la boca. Tiene la sentencia condenatoria.

¿Cómo os enterasteis de su muerte?

Siempre hemos mantenido visitas y comunicación con él, el último contacto fue poco antes del domingo 2 de agosto, el día que apareció muerto. Mi madre llegó al centro penitenciario a ingresarle el peculio y le dijeron que no podía ser, que esperase un momento. Acto seguido entró la policía judicial. Salió el director y otra persona y ni siquiera hablaron bien de mi hermano, fue un trato muy feo en aquel momento tan delicado. Nadie de la prisión nos ha informado de nada ni nos ha tratado en condiciones; exceptuando el cura, que es una buena persona.

¿Cuándo empiezan las sospechas?

No nos cuadraba nada. Fue todo tan repentino y tan extraño. En el tanatorio cuando vimos su cuerpo y su cara llena de golpes y moretones nos quedamos sin palabras. No podía ser. Nos dimos cuenta de que nos habían mentido. Alguien oculta la verdad. Algo le ocurrió aquella noche. Estaba lleno de golpes.

¿Qué decía el informe de la autopsia?

Eso es lo fuerte. La forense se puso en contacto con nuestra abogada y le explicó que se fue de vacaciones sin entregar el informe a principios de agosto cuando fue descubierto el cadáver. Nos entregaron la autopsia ayer 12 de septiembre. No entendemos cómo ha podido ocurrir eso. Según el documento que nos han dado murió por insuficiencia respiratoria, ingesta masiva de drogas e infarto. Estamos a la espera de la analítica de tóxicos. Yo sé que lo fácil es pensar en un toxicómano y en su adicción a las drogas pero no se describen los golpes que vimos. Fue una sobredosis, sí, pero no fue una sobredosis por su mano, lo mataron de esa forma.

En ese momento decidís pedir una segunda autopsia y denunciar el caso en la Policía Nacional…

Es que los golpes eran evidentes, lo eran tanto que hasta los agentes nos dijeron que habíamos hecho bien, que podía haber indicios de homicidio. Estoy segura de que mi hermano ya no consumía, pesaba noventa quilos, estaba en forma y tenía 400 euros ahorrados en su peculio; todo el mundo sabe que alguien enganchado dentro no tiene ni un duro y puede vender hasta su ropa para consumir. Mi hermano lo tenía todo, su dinero, su ropa de marca, su peso y su buen estado físico.

¿Qué creéis vosotros que pasó allí?

Creo que entró en su celda a las ocho y media de la tarde y que por la noche recibió una brutal paliza. Creo que cuando vieron que se les había ido de las manos, le metieron la sobredosis. Hay demasiadas cosas que no se han tenido en cuenta, las amenazas que recibió, algunas heridas que presenta compatibles con las pistolas táser de los funcionarios, la declaración de un preso que cuenta que le oyó quejarse de madrugada, una teórica visita a la enfermería en ese momento..; hay demasiadas cuestiones sin respuesta.

La cárcel mata Muertes en prisión

Picar en imagen para ver la programación completa

Actividad en la calle

En el 70º Festival de Cine de Donostia-Zinemaldia, ha causado sensación la obra que la inauguró: Modelo 77, dirigida por Alberto Rodríguez, una película sobre la creación de la COPEL (Coordinadora de Presos en Lucha), descrita dentro de ese panorama general de dolor y rabia, motines y fugas masivas –no siempre exitosas– que rodearon la llamada ‘transición’. El corolario es llamativo: cuando, en 1977, el gobierno español se vio obligado a conceder una amnistía, ésta benefició a los presos políticos –y, de paso, firmó un infame punto final para los verdugos franquistas–, pero no se acordó de los, entonces, 8.000 presos sociales –mal llamados comunes. De aquella discriminación, tan cruel como arbitraria, surgieron las protestas más justas y más duras que han conocido las cárceles españolas contemporáneas. Y la COPEL fue su adalid. Véase el documental dirigido y producido en 2017 por algunos de sus antiguos portavoces, COPEL: una historia de rebeldía y dignidad.Los presos sociales

De las noticias, críticas y gacetillas que ha propiciado Modelo 77, se suele deducir que uno de sus méritos es que muestra la cara oculta de la sacrosanta transición. Así es pero no vamos a añadir nada a una conclusión avalada por los hechos –y censurada por los biempensantes y por los equidistantes. Nos centraremos en los presos sociales entendiéndolos como resumen, exponente y símbolo de la cultura de los desheredados.

Lo que primero queremos subrayar es que, para la sociedad hegemónica, tanto esa cultura ‘de la pobreza’ –que no es una cultura pobre, cf. infra–, como esos cautivos, no son entidades fáciles de entender puesto que los presos sociales no votan, no consumen y no van a misa… en definitiva, no les interesan. Lo cual es una simpleza pero es una perogrullada necesaria para frenar a ese imaginario colectivo que se ha despeñado por el abismo de la facilidad, de la buena conciencia y hasta del buenismo. Usando sólo el sentido común, podríamos preguntarnos: además de intentar explotarlos, ¿qué saben los que comen tres veces al día de los que no siempre comen? Nada, excepto si, en una rarísima crisis de moralidad, se refugian en el humanitarismo. Peor aún, este desapego (eufemismo) se inscribe en una historia social que arranca a finales del siglo XIX, cuando se popularizó en los ambientes marxistas –no en los anarquistas–, el fatídico término de lumpen proletariat –luego, lumpen a secas. Se pensaba que “si los lumpen suelen ser contrarrevolucionarios, no merecen ser reivindicados”. Y es un dato cierto, aunque sólo a veces. Los lumpen son así (repetimos, a veces) seguramente porque no creen en nada que surja de la sociedad dominante. Así sea a su favor.

Para matizar este prejuicio que dura más de un siglo, aportaremos dos datos opuestos:

a) por descontado que la revolución sandinista triunfó gracias a una fuerza organizada –el luego llamado FSLN– pero, como escribe alguien que la defendió activamente desde sus difíciles orígenes (vid O. Núñez, La revolución rojinegra, Managua, 2009), también triunfó gracias a la espontaneidad de los “vagos” (= marginales, delincuentes de poca monta)

b) en una larga carta anónima de los años 2000’s, un preso español demuestra ser el colmo de lo ‘políticamente incorrecto’. Confiesa su amor a su novia pero, ante la duda sobre su fidelidad sexual, añade que, en caso de enterarse, “sería capaz de matarte, ¿recuerdas aquella vez en el apartamento del mariquita cuando cogí la pistola y solté dos tiros en la cama porque te fuiste con un tío a fumar?”

Ni antes ni ahora, nunca fue fácil la entente cordiale entre políticos y sociales. A este respecto, por mor de neutralidad, citamos a un expreso político marxista-leninista (L. Puicercús. 2021. ¡¡No nos jodas, camarada!!; Queimada, Madrid) que –exceptuando a los anarquistas– es de los pocos memoriosos que menciona a los “comunes” aunque sea rara y vagamente y, desde luego, sin citar sus voces en jerga. Espigando en las anécdotas aportadas por varios otros expresos políticos,  encontramos:

En octubre 1972, “en la Tercera Galería [destinada entonces a políticos y a sociales de ínfima peligrosidad], a los presos comunes les cerraban la celda por la mañana y tenían que estar todo el día tirados en el patio, con frío, calor o lluvia, dando vueltas y vueltas”; 1973, “En Carabanchel y en otras prisiones el vino funciona como moneda de cambio empleada por los presos políticos en sus pequeñas transacciones con los presos comunes”; 1973, “En aquellos años no existían las comunicaciones “vis a vis” como en la actualidad… cada tres o cuatro meses se les concedía a algunos presos, comunes generalmente y que habían observado buena conducta, una “comunicación especial”, que consistía en recibir la visita en el locutorio donde se comunicaba con los abogados.”; 1973, “Ver cine era casi un lujo en la prisión de Carabanchel (un evento único en esta prisión) Lo más curioso del caso es que era el único momento de nuestra vida carcelaria donde estábamos juntos políticos y comunes.” (nuestras negrillas); 1973, “En las películas sobre cárceles y presos comunes siempre salen a colación los cuchillos, “pinchos” u otros utensilios… El instrumento más clásico es la clásica cuchara que ha sido “trabajada” contra una pared para conseguir convertirla en un arma de defensa o ataque. Otras armas se han confeccionado con trozos de madera, cristal, cañerías o cualquier material similar. Sin embargo, mucho menos conocido el “corte de filtro”, el más asequible, rápido de confeccionar y con resultados, aunque menos espectaculares que un cuchillo normal, no por ello menos “sangriento”. Este “corte” era utilizado por los presos comunes para autolesionarse en situaciones extremas, para presionar que los llevasen al hospital y, en último caso, como arma para agredir a otros reclusos.”; 1973, “Para acceder a las celdas de castigo había que atravesar la Quinta galería. Me animó oír cómo las puertas de las celdas de los presos comunes eran golpeadas por sus ocupantes en señal de solidaridad y apoyo a los que estábamos siendo conducidos a “celdas bajas”.

En cuanto a otras prisiones, un acontecimiento excepcional: “Tres presos políticos y dos comunes internados en la prisión provincial de Basauri, en Bilbao, se fugaron el 10 de diciembre de 1976”. Jaén, febrero de 1974: “Aquel día tuvo lugar un cacheo por sorpresa, ya que en otras ocasiones éramos informador por los presos comunes del “Centro” administrativo.”; Jaén, 1974, “Otra de las tareas del censor consistía en controlar los exámenes que periódicamente pasaban algunos reclusos que estaban estudiando alguna carrera desde la prisión… contaba con la colaboración de algunos presos comunes de confianza de los funcionarios para controlar el normal desarrollo de las pruebas.” (nunca lo vimos así); Jaén, verano de 1974; “El penal de Jaén era de una construcción muy antigua y todo el alcantarillado estaba repleto de ratas… una de esas ratas arañaron a uno de los compañeros mientras dormía por la noche en su celda. Al día siguiente… la dirección de la cárcel encargó a una veintena de presos comunes que matasen el mayor número de ratas posible… Para aquella acción les facilitaron palas y escobas. Verlo para creerlo. Cientos de ratas aparecieron por los huecos de los retretes y fueron aplastadas, pisoteadas, muertas y descuartizadas por las palas de los presos.” (lamentamos que nuestra versión sea otra)

Resumen: sobre un total de 35.000 palabras, sólo se menciona a los ‘comunes’ (nunca usa presos sociales) en estos comentarios de ocasión. En efecto, como subrayábamos en negrillas, el cine en Carabanchel era “el único momento de nuestra vida carcelaria donde estábamos juntos políticos y comunes”.

 Que sepamos, sobre la COPEL existen a la fecha dos trabajos académicos de muy distinta enjundia:  César Lorenzo Rubio. 2005. La revolta dels comuns. Una aproximació al moviment per la llibertat del presos socials durant la transició. Universidad de Barcelona. Edición en castellano: Cárceles en llamas. El movimiento de presos sociales en la transición. 2013. Virus ed., 440 pp. ISBN 978-84-92559-47-3. Y, Pablo Bravo González. Junio 2017. La coordinadora de Presos en Lucha –COPEL- como fenómeno sociohistórico (1976-1979) Una lectura antropológica a través de relatos de vida. TFM, Universidad de Barcelona. Además de la obvia diferencia entre una tesis doctoral y un Trabajo Fin de Master (TFM), desde el punto de vista bibliográfico, en su copiosa bibliografía, C. Lorenzo no cita a Bourdieu mientras que P. Bravo lo cita quizá demasiado. El primero entrevista a media docena de protagonistas e incluye transcripciones de otras entrevistas. El segundo, descansa más en los materiales ya publicados. Y, detalle significativo: ambos autores presentaron sus respectivos trabajos dentro del Departamento de Antropología, quizá en una suerte de continuación implícita de una de las tendencias antropológicas que hicieron furor en la segunda mitad del siglo XX; a saber, lo que Oscar Lewis definió como la “cultura de la pobreza” (término acuñado en 1959)La jerga

Durante el tardofranquismo –y es probable que hoy-, buena parte del desencuentro entre presos políticos y presos sociales estribó en que los primeros desconocían el idioma de los segundos. Ese idioma al que, por pura indolencia, llamaremos jerga refleja la cultura de los delincuentes pobres –amén de los gitanos y otros pueblos minoritarios. Como marginales los ha habido siempre, la jerga tiene siglos de edad -durante el Siglo de Oro, se llamó germanía. Evoluciona constantemente de manera que, hoy, difícilmente la entenderían los manguis actuales. Sin embargo, Arturo Pérez-Reverte dijo descubrir sus entretelas en su discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua; lástima que sus informantes fueran deleznables y su invención, excesiva –la definió como el golfaray, inverosímil término pues golfo en el sentido de travieso maleante no se usa en las cárceles.

Un idioma que hunde sus raíces en siglos atrás y que ahora se nutre a diario de actualizaciones, no es fácil de dominar –dada la multitud de colombianos presos en España, los actuales glosarios de jerga incorporan colombianismos de uso corriente. Por ello, a quien quiera iniciarse, le sugeriríamos que comience con una transición, una antológica pieza corta redactada en lengua madrileña-cheli-quinqui-marginal salpicada con unas pocas voces de la jerga, indescifrables para los profanos, cf. Ramoncín, “A la hija del tendero”, en El País Semanal, nº 248, 10.enero.1982.

Sin embargo, el tópico de la jerga es muy popular. Durante los años de la Transacción –perdón, transición-, varios conocidísimos (entonces) periodistas publicaron varios diccionarios; por desgracia, carentes en general del menor cuidado histórico –muchos ni siquiera mencionaban la germanía que es un filón desaprovechado- o esmero filológico. Desde aquellas lejanas fechas, hay cientos de folletos y pasquines que se creen en la obligación de incluir como apéndice un glosario –llamarlo ‘diccionario’ o ‘vocabulario’ sería excesivo-, con unas pocas docenas de voces delincuenciales sin añadir etimologías ni precisar la fecha de su registro ni la caducidad de su uso –recordemos que la jerga es volátil. Ni, mucho peor, sin especificar el colosal aporte de la lengua romaní –de los rom, gitanos. Para frenar en escasa medida esa avalancha de “jerguistas”, en 1977 regalamos a unos amigos un vocabulario de  unas 170 voces

(ver A. Pérez. 1977. “Pequeño diccionario de jerga, caliente o germanía (argot carcelario)”, pp. 83-92; en Los presos. C. Núñez y J. González. Dopesa, Barcelona) que habíamos recopilado ca. 1970 en la Tercera Galería de Carabanchel durante nuestra primera campaña. Partes de ese minúsculo aporte, las hemos visto reproducidas varias veces. Por ello, advertimos hoy que ya tiene medio siglo y que no está actualizado por lo que su utilidad es más histórica que práctica –salvo en las voces rom que aguantan el temporal pero que, para estudiarlas, es mejor acudir a algún buen diccionario de romaní.

Antonio Pérez, 18 septiembre 2022

Vagos y maleantes

Si se hubiera cumplido la ley, ni siquiera tendría que haber entrado, pero le han tenido cuarenta y ocho días sin cuidados ni tratamiento, tirado en un patio, abandonado a su dolor, sin paliativos, sin alimentación adecuada, teniéndose que cambiar él mismo la bolsa de evacuación, sufriendo malos tratos y abusos.

Mientras las autoridades «competentes», carceleras, judiciales, gubernativas, en lugar de acelerar su excarcelación, urgente por su gravísimo estado y obligatoria según la ley, preocupados por su peligrosidad ─la de alguien a quien los médicos consideran un enfermo terminal y que no ha cometido nunca ningún delito violento─, en lugar de preocuparse por su dignidad y por sus derechos humanos, retrasaban su liberación todo lo que podían, aplicando unos mecanismos legales totalmente contradictorios con el humanitarismo ideológico de las leyes, pergeñados para neutralizar los aspectos garantistas de las mismas y potenciar los destructivos, al socaire del populismo punitivo y de la fascistización de los procedimientos de dominio pareja con el desarrollo capitalista desbocado.

«Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes». O esto es lo que dice el artículo 15 de la constitución española de 1978, todavía supuestamente en vigor. Tampoco es que nos tomemos muy en serio esa «magna ley», democratizadora del régimen franquista, y menos ese artículo por el que también queda abolida la pena de muerte, aunque no del todo, ya que permite a los militares aplicarla en tiempo de guerra. Y eso es lo que pasa con toda la palabrería constitucional y legal, que es difícil poner en claro si está hecha en nuestro favor o contra nosotrxs.

Y, aunque analizando su desarrollo legal, así como la actividad interpretativa correspondiente de la autoridad jucial y la práctica ejecutiva que van de la mano, cada vez nos convencemos más ─¡qué remedio!─ de que está hecha contra nosotrxs, cuando la dureza de la vida bajo el dominio del Capital nos agobia y no parece quedar otro recurso, a todxs se nos ocurre invocar esos derechos “concedidos” por el Estado. Sobre todo, cuando lo que te acorrala es el sistema punitivo y no puede menos que venirte la idea de que, si te castigan por desobedecer la ley, quienes deciden o ejecutan el castigo no pueden, en buena lógica, desobedecer esa misma ley que se supone están defendiendo.

Pero veamos cómo desarrolla el código penal ese principio que, al mismo tiempo que conserva la pena de muerte, prohíbe los tratos crueles, inhumanos y degradantes, para el caso de «enfermos muy graves con padecimientos incurables» que se encuentren en manos del Estado condenados a pena de cárcel, ya que la ley orgánica penitenciaria no dice nada al respecto, olvidando en una situación tan sensible la supuesta humanidad exigida por ella misma, en cumplimiento de la ley suprema.

El artículo 91 del código punitivo dicta que, en un caso así, los penados muy gravemente enfermos con padecimientos incurables, sin necesidad de haber cumplido una porción determinada de ella, “podrán obtener la suspensión de la ejecución del resto de la pena y la concesión de la libertad condicional”. Y que , entonces, la administración penitenciaria «elevará el expediente de libertad condicional, con la urgencia que el caso requiera, al juez de vigilancia penitenciaria». Pero, atención a la claúsula de seguridad, porque, igual que unx tiene derecho a la vida salvo que el Estado decida, según su lógica violenta, que no lo tiene, también nos es «concedido» el derecho a ser tratados humana y dignamente, a no ser que la autoridad judicial decida, basándose en informes policiales y carcelarios, que unx no se encuentra suficientemente destrozadx para que su capacidad para delinquir y su peligrosidad hayan quedado considerablente mermadas.

Y el artículo 91 CP continúa: «Si el peligro para la vida del interno, a causa de su enfermedad o de su avanzada edad, fuera patente, por estar así acreditado por el dictamen del médico forense y de los servicios médicos del establecimiento penitenciario, el juez o tribunal podrá, sin necesidad de que se acredite el cumplimiento de ningún otro requisito y valorada la falta de peligrosidad relevante del penado, acordar la suspensión de la ejecución del resto de la pena y concederle la libertad condicional sin más trámite que requerir al centro penitenciario el informe de pronóstico final al objeto de poder hacer la valoración a que se refiere el apartado anterior». Reiterando, para que nadie lo olvide, el conjuro asegurador.

No requiere muchos comentarios esta lógica de la dignidad humana supeditada, incluso en los casos más extremos, al rígido formalismo de la violencia llamada «legítima» y del sometimiento frente a ella. El sentido común ya comprende que toda esa palabrería y los «razonamientos» compuestos a su sombra serían absurdos o grotescos, si no se revelaran al primer vistazo como lo que son, el producto de la petulancia prepotente de un poder arbitrario y abusivo.

Y en manos de esa prepotencia que cumple siempre sus amenazas y rara vez sus promesas de autolimitación «humanitaria» ha estado Alberto Romero Varela esos cuarenta y ocho días, preso en la horrible cárcel de Teixeiro, donde reinan la arbitariedad y el abuso. El último día en total ilegalidad, porque la dirección de la cárcel, cuya inhumana negligencia ha retrasado innecesariamente todos y cada uno de los trámites necesarios para su excarcelación, decidió retenerle por una estúpida duda en la interpretación del auto judicial, haciendo volver a casa a su compañera que ya estaba esperándole en la puerta, después de un largo viaje, para volverla a llamar al día siguiente, notificándole que tenía que viajar de nuevo para recoger a Alberto.

¡Abajo las cárceles! ¡Muerte al Capital y al Estado! ¡Ahí dentro queda mucha gente sufriendo la degradación, el abandono, la inhumanidad y la crueldad de la máquina punitiva española! Nuestra única fuerza es la solidaridad. Las redes de la misma son demasiado débiles, como comprobamos cada vez que tenemos que movernos y vemos que apenas llegan para hacer un poco de compañía a las víctimas en su sufrimiento y ansiedad, ejerciendo muy poca presión efectiva para obligar al estado a aflojar su presa sobre ellas. ¡Es necesario fortalecer esas redes! Y no hablamos de las «redes sociales» o de la «sociedad civil»: ¡Sólo el pueblo salva al pueblo! ¡Solidaridad, apoyo mutuo, acción directa, de eso estamos hablando! ¿Es que se han quedado para siempre en meros fetiches ideológicos?

Cárcel=Tortura La cárcel mata Sociedad-cárcel ¿Salud carcelaria?

El sábado, 13 de agosto, los compis del grupo Fuera del orden, convocan una marcha nocturna por la zona de Alcalá de Xivert (Castellón), para disfrutar del buen tiempo en la naturaleza y apoyar a lxs presxs.Invitan tmbién tus amigxs no humanxs.

El punto de encuentro será delante de la estación, a las 20:00 y a las 20:30 saldremos. Durante la marcha haremos una parada para cenar, la comida será vegana y también habrá bebida fresca.

Cena 6€, bebida aparte.

Para confirmar asistencia: fuera_del_orden@riseup.net

Desde Dentro. La voz de lxs presxs

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