A través del estudio de la conflictividad carcelaria de los años de la Transición, Cárceles en llamas explica en detalle el proceso de transformación de las prisiones franquistas hasta el sistema penitenciario vigente en nuestros días. Un recorrido atravesado por episodios oscuros y zonas de sombra sobre los que esta obra aporta luz y rigor, sin renunciar a un enfoque crítico que cuestiona el discurso hegemónico sobre el proceso que sentó los pilares del encierro contemporáneo en nuestro país.
Categoría: <span>Debate sobre objetivos y medios de lucha</span>
La historia de las luchas anticarcelarias en el Estado español desde la muerte de Franco a hoy y la importancia de la reflexión histórico-estratégica para el presente y futuro de la lucha contra el régimen de dominación y explotación del que la cárcel y el sistema penal son instrumentos de primera línea.
¡Salud a lxs compas!
En torno a la campaña contra la tortura y los malos tratos dentro de prisión (Cárcel=Tortura), quisiéramos aportar nuestro punto de vista.
Son ya 2 años del ayuno los días 1 y otros días que van haciendo lxs compañerxs vinculándose al apoyo de compañerxs en el extranjero.
Sigue existiendo la dificultad de la comunicación, y la coordinación.
Estamos en manos del enemigo, retardan, violan y desaparecen la correspondencia. Si parece que va existiendo mayor apoyo jurídico en algunas zonas del estado.
Lo que más escuchamos es la necesidad de radicalizar las acciones tanto dentro como fuera.
Ahora que la cárcel ocupa las primeras páginas de los periódicos a raíz de la derogación de la doctrina Parot, se vuelve a poner de manifiesto la ambigua relación de nuestra sociedad con el sistema penitenciario. La cárcel permanece ausente de todo debate de actualidad, salvo cuando se la invoca para reclamar más mano dura. Este desinterés mayoritario por lo que sucede tras las rejas, salpicado de ataques de populismo punitivo, efectista y vengador, no es nuevo: treinta años de desentendimiento y uso interesado de la alarma social nos contemplan. Pero hubo una época en que las prisiones acapararon la atención de la opinión pública, e incluso se plantearon alternativas al modelo penitenciario que ha acabado imponiéndose.
Tras la muerte de Franco, en sucesivos indultos y amnistías, las cancelas de las prisiones se abrieron para dejar salir a los opositores encarcelados. De esta forma se ponía fin a uno de los ejes fundamentales de la dictadura –la persecución política–, pero en absoluto significaba el final de unas leyes y prácticas caracterizadas por la severidad, la ausencia de garantías y los abusos. Además, todavía quedaban cerca de 10.000 presos por delitos comunes, que sólo fueron afectados por las medidas de gracia de forma muy tangencial, y no estaban dispuestos a ver salir a sus compañeros de reclusión sin reclamar el mismo trato. Ante la perspectiva del inicio de un nuevo régimen de libertades que la Transición anunciaba, los presos comunes –sociales, en el lenguaje de la época– consiguieron dotarse de un discurso y unas reivindicaciones propias que los presentaban como víctimas de la dictadura y, por tanto, con derecho a una oportunidad.
Con este escrito tenemos la intención de apuntar algunas cuestiones respecto a la lucha contra la cárcel, extrayéndolas de experiencias concretas en torno a la «lucha» o, mejor dicho, a la movilización contra la macrocárcel de Zaballa en Gasteiz. Como Autodefentsa intentamos llevar a cabo durante los últimos años unas prácticas e hicimos una humilde apuesta hacia la extensión de esta «lucha» priorizando su contenido. Fue un intento de romper las dinámicas, a veces repetitivas, del entorno radical que se identifica como anticarcelario, e ir jugando con las posibilidades que vimos en nuestra ciudad. Por el camino nos encontrábamos con varias decepciones y desilusiones que suelen aparecer cuando uno se mete en un terreno minado.
Antes de nada hay que decir que en este texto usamos términos como «revolucionario», que en estos días muchas veces suenan pretenciosos, o quizás también demasiado estigmatizados o caricaturizados como «anarquista», pero por otro lado, si dejáramos de usarlos, dejaríamos también sus planteamientos. Si la revolución (aparte de ser una palabra tan cargada de misticismo por, entre otras razones, su falta de base real) no es imaginable, eso no quita la necesidad de búsqueda de perspectivas revolucionarias y su indispensable concienciación acompañadas por experiencias de conflicto. Para hacer realidad nuestras ideas, hace falta la organización y coordinación de nuestras prácticas para generar una mínima presencia… Por eso, hablar de un movimiento anticarcelario, tendría que ir unido a hablar de un movimiento revolucionario, de una organización revolucionaria. Es por eso que este texto no apunta a los especialistas del tema carcelario, sino a todos los que todavía se plantean una realidad sin cárceles.
El sábado, 19 de octubre a las 17h. en Can Batlló C/ Constitució 19, dentro de las jornadas “La Transacció democràtica”. Intervendrán: César Lorenzo Rubio (autor del libro), Iñaki Ribera Beiras (Observatori del Sistema Pena i els Drets Humans) y José Solís (ex-preso FIES).
Cuando tras la muerte de Franco se abrieron las puertas de las prisiones para dejar salir a los opositores políticos a la dictadura, nadie imaginaba lo que vendría a continuación. La deriva cada vez más violenta de estas acciones, tanto en su desarrollo, como en la respuesta gubernamental, marcó de forma indeleble los años de la Transición. Fue tal la relevancia que adquirieron las protestas y tanta la alarma social que generaron las imágenes dantes -cas de prisiones destrozadas y presos heridos o muertos, que el gobierno se vio empujado a emprender una reforma urgente del sistema penitenciario.
Pero a pesar de su temprana aprobación, la reforma tardó bastantes años en ofrecer resultados y no todos estuvieron en la línea prevista, mientras las condiciones intramuros se degradaban a ritmo acelerado a causa de la proliferación del consumo de drogas y la masificación.
A través del estudio de la conflictividad carcelaria de los años de la Transición, Cárceles en llamas explica en detalle el proceso de transformación de las prisiones franquistas hasta el sistema penitenciario vigente hasta nuestros días. Un recorrido atravesado por episodios oscuros y zonas de sombra sobre los que esta obra aporta luz y rigor, sin renunciar a un enfoque crítico que cuestiona el discurso hegemónico sobre el proceso que sentó los pilares del encierro contemporáneo en nuestro país.
Sacado de www.ellokal.org
Infozazpi irratia: «A cuenta de las jornadas contra la represión que se han celebrado en Orbeko Etxea hemos tenido el placer de poder entrevistar a un antiguo militante de la COPEL (Coordinadora de presos en lucha). Hablamos de una lucha histórica en las prisiones del Estado español. Una lucha que con el paso del tiempo se ha ido olvidando, pero que merece ser recordada por ser ejemplo de dignidad y rebeldía en medio de unas condiciones de vida casi insoportables. Hablamos de la COPEL, que nació a finales del 76 y que fué fundada en secreto en la prisión de Carabanchel. Hemos charlado de todo lo que supuso esta coordinadora, de cuales eran las condiciones de vida de los presos en las prisiones del tardofranquismo y de por qué desapareció la COPEL con Manolo, un madrileño que participó de su creación.»
La prisión es una tortura continua y el verano no hace más que empeorarla. Además, hay que añadir la sobrepoblación de las cárceles francesas y las huelgas de carceleros que marcaron el final de la primavera. A principios de mayo, había unxs 68.000 presxs en las prisiones del Hexágono francés (esta cifra, la mayor jamás habida, dice mucho fe la guerra que el Estado y la Justicia llevan contra lxs pobres). Todo esto, en cárceles hechas para encerrar a 57.300 presxs, es decir, de media hay 120 presxs amontonadxs donde habría a penas espacio previsto para 100. Además, las “huelgas” de carceleros (que sin el derecho a abstenerse de su centro de trabajo, bloquearon las entradas de las cárceles durante su tiempo libre) reducíano hacían perderse las visitas, actividades y paseos, retrasaban el comedor, etc. En dos palabras, son lxs prisionerxs lxs que pagan (de nuevo) cuando los perros ladran por algunas migajas. Por supuesto, la solución no es más puestos en la cárcel, ni condiciones mejores, ni más carceleros o mejor pagados. Las revueltas en las cárceles, en general, explotan por mejoras parciales (traslados, mejores condiciones de detención, acceso a medidas alternativas, etc.) o frente a abusos puntuales. Pero no se debe olvidar que la propia cárcel es una abominación y que la única solución es su destrucción. Y en los últimos tiempos, a pesar de que fuera a partir de reivindicaciones y objetivos parciales, algunxs presxs se han puesto a ello.

