En 30 años de ejercicio del periodismo es ésta la primera causa judicial, truchísima por cierto, que desde el poder armaron en mi contra para neutralizar la denuncia, que realizamos cada día, de asesinatos, torturas y el quebranto de la entidad humana de presos y cautivas, consumados por agentes del estado en todo el país.
A través de una llamada telefónica, anónima y embustera, dirigida al Departamento Central de la Policía Federal, fui acusado de narcotraficante, en noviembre de 2013, aunque recién me enteré en mayo de 2014. De ese modo, se instruyó un expediente en el Juzgado Criminal y Correccional Federal Nº 12 a cargo de Sergio Torres quien, dado la inconsistencia de la imputación no me procesó, sino que se disponía a archivar la causa. La compañera y abogada de la Agencia para la Libertad, Rosario Fernández, activó los papeles y no habrá “archívese” por ahora. No queremos el silencio “tranquilizador”. Recién empieza esta pelea que no empezamos nosotros.
