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Como dicen en la página de El Lokal, donde hemos encontrado el cartel de arriba, el 4 de mayo la audiencia provincial emitió un auto denegando la libertad de los seis detenidxs que quedan en prisión preventiva desde el 27F. Estxs compañerxs llevan ya 67 días privadxs de libertad, a pesar de la inconsistencia de las pruebas y la desproporción de las acusaciones. La asamblea de apoyo que se reúne todos los viernes en el Ágora, Raval, a las 18:30. Lxs compñerxs de Barcelona se reafirman en su solidaridad con lxs detnidxs y continúan exigiendo su libertad. A raíz de las detenciones y encarcelamiento de lxs compañerxs, el colectivo anticarcelario Fuig inició una reflexión sobre los hechos, de la que han surgido unos interesantes textos que lxs compis han publicado en un folleto cuyo índice podéis ver a continuación y que podéis leer o descargar siguiendo el enlace que viene al final del todo.

DOS SEGUNDOS DE FUEGO, 20 AÑOS DE CARCEL

ÍNDICE

I. POPULISMO PUNITIVO: UNA ARMA DEL PODER PARA JUSTIFICAR LA CÁRCEL

II. ¿QUIÉN DECIDE QUÉ ES VIOLENCIA Y QUÉ NO?

III. EL CASTIGO COMO ESPECTÁCULO PUNITIVO Y EJEMPLO SOCIAL

IV. VUELVE EL «TERRORISMO ANARQUISTA»

V. EL «NO-ARRAIGO» COMO LEGITIMADOR DE LA PENA.

VI. UNA LARGA LISTA DE PERSONAS REPRESALIADAS.

Leer o descargar Dos segundos de fuego, Veinte años de cárcel

Actividad en la calle Sociedad-cárcel

Actividad en la calle Sociedad-cárcel

Actividad en la calle Sociedad-cárcel

Se trata de una convocatoria solidaria con las ocho personas detenidas el pasado 27 de febrero en Barcelona durante las movilizaciones espontáneas desencadenadas por la detención de Pablo Hasel que han llegado más allá de todas las previsiones y de la reivindicación inicial de libertad de expresión, tomando un cariz de oposición frontal al régimen totalitario de dominación y explotación imperante y prolongándose durante más de quince días tanto en ciudades y pueblos de Cataluña como del resto del territorio dominado por el Estado español, con expresiones de lúcida rabia anticapitalista no controladas por ninguna organización política o sindical, ya que, por mucho que hayan pretendido encauzarlas, sus convocatorias han resultado ampliamente desbordadas. Ha habido al menos 150 personas detenidas y las ocho de Barcelona, posteriormente encarceladas, siguen en prisión.

LA PRENSA APUNTA… Sobre las 8 personas acusadas de quemar un furgón policial

El pasado 27 de febrero detenían a 8 de nuestrxs compañerxs en el centro de Barcelona durante una manifestación. Este hecho se enmarca dentro del conjunto de movilizaciones masivas convocadas en nombre de la libertad de expresión pero que han acabado asumiendo cada vez más la voz del disenso general hacía el periodo histórico que estamos viviendo. Una realidad asfixiante caracterizada por una violencia institucional sin precedentes, que deja a la mayoría de la población sin futuro y que absuelve y defiende a los criminales de siempre: policías, políticos y familia real.

A raíz de sus detenciones tuvieron lugar registros policiales en 2 casas del Maresme, con la intención de relacionar a nuestrxs compañerxs con supuestas organizaciones criminales inexistentes y con acusaciones desproporcionadas basadas en pruebas irrisorias. Nada de presunción de inocencia, el escrito de los mossos ha sido reproducido en todos los medios de comunicación, que lo repiten y asumen como propio. A su vez, el juzgado hace lo que ya estaba escrito: imputación muy grave y prisión provisional sin fianza. No le vemos otro sentido a todo esto que la finalidad de acabar con la ola de protestas que desde hace semanas crece de forma exponencial en toda Cataluña.

Denunciamos la manipulación informativa y el sensacionalismo de los medios de comunicación, que se limitan a proporcionar imágenes baratas de entretenimiento mediático y discursos de criminalización de las protestas. Como tantas otras veces se está utilizando la figura de los anarquistas y los antisistema como cabeza de turco. La prensa apunta y silencia las protestas como cortina de humo que tape a los verdaderos criminales. Por un lado está la policía, con su violenta represión que ha dejado múltiples heridxs graves y mutiladxs. Por el otro, las instituciones que dejan a millones de personas sin hogar y sin posibilidad de llegar a fin de mes.Finalmente, la familia real y los políticos que siguen robando impunemente. Ellos son los auténticos criminales, que no nos confundan de enemigo.

Lxs 8 compañexos del Maresme encarceladxs están muy animadxs porque saben que no están solxs. Como su grupo de apoyo estaremos presentes transmitiendo información, asegurándonos de que la solidaridad sea nuestro factor de unión. Agradecemos las colaboraciones y aportaciones antirrepresivas y lucharemos para poder abrazar a nuestros compañeros muy pronto.

Dentro de poco publicaremos una cuenta de banco para los gastos legales así como los datos de lxs compañerxs que deseen recibir correspondencia.

¡Os queremos libres ya!

Solidarixs con lxs detenidxs de la manifestación del 27F
9 Marzo 2021

Fuente: https://ellokal.org/comunicado-solidarixs-con-lxs-detenidxs-de-la-manifestacion-del-27f/

Más información:

Todo Por Hacer

La Directa

Actividad en la calle Sociedad-cárcel

Charla con Miguel Amorós sobre la pandemia en Tokata Y Fuga 12-XII-2020

En tus textos sobre ella, cargas el acento en el hecho de que la crisis del coronavirus ha supuesto una vuelta más de la tuerca del control social estatal en el tornillo del desarrollismo capitalista. Dices que “estamos participando como masa de maniobra en un ensayo general de defensa del orden dominante frente a una crisis global”, un proceso aparentemente desencadenado por la pandemia que podría haberlo sido por cualquier otro entre los muchos efectos nocivos de la “sociedad del crecimiento infinito”. ¿Nos podrías ampliar un poco esa perspectiva?

La pandemia existe y sabemos que su letalidad es baja, que es tratable por los medios habituales y que el ritmo de los contagios evoluciona de forma similar a otras enfermedades infecciosas respiratorias como la gripe. Por otra parte, sorprendentemente, a nadie parece alarmar el saldo de muertes en el mundo por cáncer, hambre, contaminación, diabetes, infartos, tuberculosis, paludismo, sida, hepatitis, suicidios o accidentes de tráfico. Entonces, si tanta dolencia nunca ha forzado medidas de excepción como la mascarilla, la distancia, el rastreo, el toque de queda o el confinamiento, ¿cuál es la base médica que las justifica en el caso de la Covid 19? ¿Problemas de seguridad asociados? No parece que sea el caso. El virus simplemente evidenció el mal estado de la salud pública y de la asistencia a mayores saturando hospitales y funerarias. La reacción desproporcionada por parte del gobierno obedece a una estrategia de choque que aprovecha una supuesta crisis sectorial para introducir cambios involutivos. Los regímenes que se entretienen con formalismos democráticos se saben débiles para afrontar una situación crítica con debates públicos y se decantan por la medicalización, o sea, por encararla como si fuera un grave problemas médico solucionable únicamente con medidas de emergencia que van más allá de la medicina. Para imponerla recurren al miedo. Gracias a la comunicación unilateral, ha sido factible la expansión de una psicosis de resultados horribles para la convivencia, pero excelentes para el modelo autoritario entronizado por el estado de alarma.

¿Cuáles son para tí las verdaderas causas?

Las hay de varios tipos. Primero, una combinación de ignorancia, inercia y temor gubernamental a medidas contraproducentes. Segundo, la crisis general del modo de vida capitalista, el lado oscuro de la insostenible industrialización del vivir. El hacinamiento, la hiperactividad, la hipermovilidad, la destrucción del territorio (luego de los hábitats de las especies animales), la alimentación industrial, la polución y un muy deficiente sistema de protección sanitaria, son los verdaderos responsables de la pandemia. El capitalismo ha tocado techo y se ha vuelto totalmente insalubre. Tercero, la reconversión digital de toda actividad planetaria.

¿A qué te refieres cuando hablas de choque de intereses dominantes contradictorios?

Entre las elites planetarias hay diferencias enormes sobre el modo de conjurar la crisis global, o por decirlo de forma más actual, la pandemia económica. Unas confiesan su preocupación por el cambio climático o la suerte de los refugiados y son partidarias de un gobierno mundial, de mantener la parafernalia democrática y del capitalismo verde. Las otras niegan la importancia del calentamiento global y levantan barreras contra la inmigración; están a favor de un enroque nacionalista, de un modelo chino de Estado y de un desarrollismo sin color.

Hablas de administración de la catástrofe y rearticulación de la megamáquina. De un gran avance en profundidad y extensión de la sustitución del “Estado social” por el Estado policial. De desmantelamiento de la sanidad pública, de medicalización y aún mayor crecimiento del poder de las multinacionales farmaceúticas. De dictadura sanitaria.

El poder (la megamáquina) se está reconfigurando a nivel estatal, financiero y tecnológico, y si en el terreno médico eso se manifiesta en la expansión de la industria privada de la salud y el avance de las grandes corporaciones químico-farmacéuticas, en el el terreno administrativo equivale a un desarrollo del área policial y una regresión en la política. Hoy podemos hablar de una dictadura legitimada por supuestas urgencias sanitarias cuya causa se atribuye a un temible enemigo microscópico del que solo las vacunas de las multinacionales nos pueden salvar.

Describes grandes progresos de la alienación: digitalización social, imperio indiscutido de la mentira espectacular, catastrofismo, gobierno del miedo, estadísticas manipuladas, estudios científicos interesados; desplazamiento de la soberanía a instancias cada vez más incontrolables; gestión técnica de los excedentes de población…

Los rápidos cambios producidos desde principios de año por las medidas restrictivas han alterado considerablemente las relaciones sociales y aumentado todavía más la presión sobre la población excedentaria, la gente excluida del mercado laboral, que cada vez resulta más costosa de asistir. También ha expandido en ciertos sectores conformistas una mentalidad sumisa e histérica, incapaz de razonar, propensa a la obediencia ciega y a la delación, típica de los sistemas totalitarios. La digitalización, los medios de comunicación subordinados, la ciencia sobornada y la policía omnipresente son las herramientas de esa forma extrema de alienación, debido a la cual los gobernados ceden gustosamente su soberanía nominal al Estado y a las instancias superiores que determinan sus decisiones.

¿Esos cambios en el régimen mundial de dominación y explotación son, entonces, irreversibles? ¿Se ha acabado lo que se solía llamar “democracia”? ¿Se está produciendo un salto cualitativo en la mundialización del mercado y su imbricación con el sistema tecnológico? ¿Qué es lo que tú ves venir?

El poder ya no puede dar marcha atrás. Todas las mudanzas venideras apuntarán en la misma dirección, la de la barbarie. Lo que dicen «democracia» y no lo es, en la medida en que responda al salto cualitativamente autoritario de la globalización, será visiblemente lo que ya era en esencia, una dictadura suavemente golpista y tecnológicamente bien equipada.

Conspiranoia y negacionismo, colaboracionismo izquierdista, sumisión servil y dependencia declaradas de la población, profundización en el ciclo trabajo-consumo, entrega a los dictados de los dirigentes, obediencia incondicional. ¿Galerías de un mismo laberinto?

La información vertical, la mentira generalizada, la demagogia dirigente y sus frutos emponzoñados las fake news, la negación friki y la obsesión complotista, son en efecto, junto con la servidumbre voluntaria, el control disciplinario y el consumismo acentuados, las características principales del panorama actual.

Perspectivas reales de resistencia y autodefensa.

La profunda desconfianza de las masas ante las improvisadas vacunas, el incumplimiento relajado de las medidas impuestas, la indignación del personal sanitario, la disidencia entre investigadores y la instalación de urbanitas en los pueblos, son síntomas de que la sumisión a los imperativos de la supervivencia metropolitana no es general y ni mucho menos automática. La credibilidad de quienes nos gobiernan no está en su mejor momento y su capacidad de maniobra es más bien limitada. Falta, eso sí, una alternativa civil activa que lleve a plantear la transformación radical del modo de vida, o sea, la salida del capitalismo. Ha de quedar claro que es necesario para la sociedad autogobernarse. La desobediencia, que ya es abundante, la protesta, que no escasea, la autonomía y el gusto por la verdad, casi ausentes, son únicamente los primeros pasos de una revuelta posible que reinvente la salud, los cuidados, la enseñanza, los transportes, el urbanismo, la vida cotidiana, la administración, la política…

El Estado Con Mascarilla

La Nueva Anormalidad. Un Suave Golpe De Estado

covid19 Sociedad-cárcel

Sin dejar de atender a la actualidad de la huelga rotativa por la salud y la vida de las personas presas, dedicamos la mayor parte del programa a conversar con Miguel Amorós sobre el suave golpe de Estado que ha instaurado la actual dictadura sanitaria del Capital; la rearticulación de la Megamáquina explotadora de la que este estado de excepción no es más que un episodio; los progresos de la alienación social que se ponen de manifiesto, y, en fin, el momento presente de desarrollo de la Sociedad-cárcel donde todos estamos presos, y las posibilidades de fuga.

covid19 Huelga de Hambre Rotativa 2020 Radio: Tokata Y Fuga Sociedad-cárcel

Gobernar por el miedo en tiempos de crisis

La catástrofe no solo es la promesa de desgracia hecha por la civilización industrial, es ya nuestro presente inmediato. Lo confirma el alarmismo de los expertos ante la posibilidad anunciada a los cuatro vientos de un colapso del sistema sanitario. Al decretar el fin del estado de alarma anterior, los gobernantes intentaban evitar la agudización de la crisis económica. Sin embargo, la precipitación por sacar la economía del confinamiento ha conducido a lo contrario: los rebrotes del virus no han tardado en venir, o al menos es lo que dicen las estadísticas de interesados estudios científicos. Según dejan entrever los medios de desinformación, la gestión efectiva de la pandemia no pudo ser más desastrosa, pues si bien una sociedad de consumo no es capaz de sobrevivir con una economía semiparalizada, tampoco puede dejar de lado a los consumidores. Su grado de disponibilidad para el trabajo y el dispendio, o sea, lo que suele llamarse salud, ha de ser satisfactorio. Más claro: por no dar un salto hacia delante en el control social de envergadura suficiente, los dirigentes se han visto forzados a dar un paso atrás, proclamando un nuevo estado de alarma con el fin de acogerse a disposiciones disciplinarias anteriores, preparadas con restricciones inútiles en «actividades no esenciales», toques de queda y confinamientos a la carta. No es seguro que estemos ante una “segunda ola”, pero lo cierto es que estamos ante un verdadero golpe de Estado. Por la vía de la excepción se abre un segundo capítulo en la implantación de una dictadura sanitaria destinada a perdurar. El pájaro desarrollista con la ayuda del virus mediático incuba el huevo de la tiranía.

En verdad, las condiciones de vida en la sociedad del crecimiento infinito constituyen una seria amenaza para la salud del vecindario, pero los dirigentes y sus asesores no plantean soluciones técnicas que no discurran en el sentido de los intereses dominantes. El problema es que estos son contradictorios. Hay conflicto de potencias y conflicto dentro de ellas. Las estructuras de poder se están reconfigurando a escala mundial ante las crisis venideras que el choque de intereses está planteando. Se articulan de nuevo los Estados, el capitalismo y la tecnociencia -la megamáquina- con previsibles malas consecuencias para la población, de la cual una parte cada vez mayor ya resulta inútil para el sistema. Se trata de gestionar excedentes, técnicamente, bien por guerras, bien mediante enfermedades infecciosas. Si lo que se persigue es la obediencia incondicional, el miedo, y en casos graves, el terror, es la herramienta necesaria de gobierno. En el caso concreto de la pandemia, todo consistiría en encajar la salud con la economía convirtiendo aquella en una oportunidad de tecnificación y desarrollo. La costosa sanidad pública se dejaría tal como está, es decir, semidesmantelada. Los medicamentos caros y las vacunas milagreras serían el primer objetivo de la industria farmacéutica, la más corrupta, y por supuesto, de los gobiernos. Acompañadas por medidas profilácticas como el lavado de manos, el saludo con codo, el pago con tarjeta, la mascarilla, la distancia, la ventilación, el silencio y pronto el carnet de inmunidad, abrirán paso al control general. Pero para que la población obedezca los consejos que brinda la farmacopea del espectáculo, urge una sumisión servil, y ahí está el problema: nadie cambia alegremente sus hábitos sociales por el aislamiento sin sentido por más que lo ordenen las autoridades. Situaciones supuestamente alarmantes requieren dosis superiores de catastrofismo y gran despliegue policial. La dominación ha de recurrir primero al miedo y luego, si eso no funciona con todos, a la fuerza. Políticamente, eso significa la supresión de las apariencias democráticas del parlamentarismo en pro del autoritarismo típico de las dictaduras, cuya eficacia ahora depende de un control digital absoluto. En efecto, la supresión de las libertades formales (de circulación, de reunión, de manifestación, de residencia, de prescripción médica, etc.) que garantizan las constituciones, el «rastreo», las multas y el fomento de la delación, tienen muy poco que ver con el derecho a la salud y mucho con la remodernización del poder a la que no es ajena la pérdida de confianza de los gobernados, que, ante la duplicidad, la ineptitud y la irresponsabilidad de los gobernantes, incurren con desenvoltura en la desobediencia. Y puesto que la soberanía llamada popular allá donde reina la mundialización no reside realmente en el pueblo, considerado un ser irracional que debe ser neutralizado, sino en el Estado, fiel ejecutor de los designios de las altas finanzas, el despotismo es la respuesta natural del poder a la pérdida de legitimidad. Al separar la gobernanza del derecho mediante decretos ad hoc de legalidad cuestionable, el Estado cobra a la población el peaje de una pretendida crisis que confiesa no haber sabido conjurar, pero de la que culpa al “comportamiento incívico” de determinados sectores, principalmente juveniles. Si no hubiera resistencia a tanto abuso, la vida social acabaría recluida en el espacio virtual y lo único democrático que permanecería en pie sería el contagio.

El último libro de Vaneigem empieza así: «Desde los días sombríos que iluminaban la noche de los tiempos, solamente era cosa de morir. De ahora en adelante se trata de vivir. Vivir en fin, es reconstruir el mundo». Literalmente, la situación empuja a una reacción colectiva contra la privatización, la artificialización y la burocratización en defensa de la vida, estrechamente ligada a la defensa de la libertad. Lo que mata a la una (el Estado, el Capital), mata a la otra, por lo que tal defensa empieza por la desobediencia civil a los dictados de ambos. Ellos son el verdadero peligro, y no el virus. La reacción desobediente contra todas las imposiciones constituye en estos momentos el eje de la lucha social, pero desobedecer no es suficiente: frente a la confusión fomentada por el poder, hay que reivindicar la verdad. Conviene evitar a toda costa que la protesta sea desacreditada por las alucinaciones del complotismo y el negacionismo. Las fisuras que se están produciendo en el consenso científico pueden contribuir a ello. Respecto a la pandemia, la primera norma de la autodefensa aconseja guardar distancias higiénicas con el Estado e ir a la autogestión de la sanidad. El coronavirus, arma del Estado, también podría usarse en su contra. No interesa una sanidad pública porque depende del Estado y sus filiales autonómicas, sino un sistema de salud en manos de colectivos compuestos por personal sanitario, usuarios y enfermos. La cuestión consiste menos en crear clínicas alternativas en la órbita de la economía social -opción tampoco descartable-, que en arrebatar al Estado la gestión de una medicina que se quiere a escala humana, es decir, descentralizada y próxima. Nada será posible sin sostenidos estallidos de cólera que pongan en movimiento a masas insumisas hartas de sufrir la torpe manipulación de las autoridades y sus estúpidos confinamientos. Mejor afrontar las consecuencias de su insubordinación que vivir bajo la férula de ejecutivos ignorantes y tecnócratas embusteros. En un mundo determinado por el trabajo muerto y devorado por una psicosis inducida desde los medios, que sean cada vez más los cuerdos que tomen partido por la naturaleza, libertad, la verdad y la vida.

¡La bolsa o la vida! O el caos económico y sanitario, o el fin de la dominación. O las engañosas comodidades cada vez mas constreñidas de una economía mortífera, o la aventura de una existencia soberana, esa es la cuestión. Las protestas conscientes de la vida cotidiana han de tener como horizonte un mundo antidesarrollista, no patriarcal, sin polución, sin alimentos industriales, sin ocio de fábrica, sin basura, desglobalizado y desestatizado. Si nos detenemos de nuevo en la salud, recordemos que para propagarse, los virus requieren una población numerosa, densa y en perpetuo movimiento. En cambio, los agrupamientos pequeños y tranquilos no padecen enfermedades epidémicas. El hacinamiento y la hiperactividad promueven la transmisión -condiciones que se dan óptimamente en las metrópolis-, así como también los desplazamientos masivos debido a las hambrunas, las guerras y el turismo. Razones de más para que el mundo a reconstruir sea un agregado de pacíficas comunas autosuficientes mayormente rural, desmotorizado, desurbanizado y desmilitarizado.

Miguel Amorós

12 de noviembre de 2020

Sociedad-cárcel

Hablamos con una compañera afectada de la denuncia con sumario y amenaza de multa y cárcel que están sufriendo varias personas en Galicia por participar en una marcha antipunitivista a la cárcel de Teixeiro en 2013, cuando esa marcha se celebaraba por décimo tercer año. La compañera nos cuenta cómo se han seguido celebrando año tras año esas expresiones anticarcelarias y que para el día 19 de diciembre hay una nueva convocatoria, la que hace veinte. Hablamos también de la huelga de hambre rotativa por la salud y la vida de lxs presxs que está ya en su tercer mes y en su noveno turno de diez días y de algunas cosas que se han hecho últimamente en la calla para apoyarla.

Actividad en la calle Huelga de Hambre Rotativa 2020 Radio: Tokata Y Fuga Sociedad-cárcel

Hablamos con la compañera de un hombre que ha sido torturado recientemente en la cárcel de Morón de la Frontera (Sevilla), una de las cárceles donde más denuncias de tortura se han registrado, y no es la primera vez que es agredido en esa misma cárcel, hace más de 15 días y aún no le ha visto el médico forense. Conversamos con una compañero de Madrid sobre la resistencia de los puestos políticos de la plaza de Tirso de Molina a ser barridos de allí. Comentamos también las medidas de «confinamiento selectivo» contra 35 barrios de Madrid, los más pobres ¡qué casualidad! Y algo se habla de la resistencia frente a eso en Vallecas, la represión consiguiente, etc. Informamos también sobre el tercer turno de diez días de la huelga de hambre rotativa contra todo lo que mata a lxs presxs y otros temas relacionados.

Actividad en la calle Cárcel=Tortura Familias Frente a la Crueldad Carcelaria Huelga de Hambre Rotativa 2020 Radio: Tokata Y Fuga Sociedad-cárcel

Ex-miembro de los Proletari Armati per il Comunismo a finales de la década de 1970, Cesare Battisti está recluido con cadena perpetua en la prisión de Oristano desde el 14 de enero de 2019. El 15 de mayo de 2020 entregó el siguiente texto en torno a la pandemia de COVID-19 al sitio web italiano Carmilla, que cierra con algunas reflexiones sobre los motines en prisiones alrededor de Italia por el virus.
El capital se reproduce sobre sus propias obscenidades. En 2005, el científico Anthony Fauci advirtió al gobierno de los Estados Unidos que pronto tendríamos la primera pandemia de infección pulmonar debido a los ataques al ecosistema, y que le seguirían otras infecciones. Desde 2005, el orden mundial establecido sobre el crecimiento económico a toda costa ha hecho todo lo posible por hacer realidad el desastre ampliamente anunciado.
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Si en la oscuridad del COVID-19 difundimos teorías de conspiraciones y estragos planeados, ciertamente no ayudaríamos al mundo a entender lo que nos está sucediendo. Sin embargo, hay que reconocer que los que pudieron y no hicieron nada para evitar el pandemónium han tomado una posición sospechosa.
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Nunca antes los señores de la guerra declarada al planeta Tierra habían logrado llevar el deseo de seguridad de los ciudadanos a tal punto que los hicieran aceptar el encarcelamiento masivo preventivo. El lockdown, como se suele decir: una expresión que en los Estados Unidos significa nada menos que la segregación. Donde la acción de la policía y el ejército en las calles es esencial para disuadir a los habituales «incontrolables». Y aquí nos quedamos todos en casa, incluso moralizando a los que se atreven a expresar cualquier duda sobre la eficacia y, eventualmente, el verdadero propósito de tales maniobras.
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Mientras tanto, mientras la industria de las multas florece en nuestro país, en algunos países «olvidados por Dios» es incluso legítimo disparar a los incautos que se aventuran a salir a la luz.
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Desde el advenimiento del COVID-19, seguir cualquier programa, en cualquier momento, en la televisión, leer un periódico de la «gran prensa» nacional e internacional es como entrar en la pesadilla de un futuro que ni siquiera el buen George Orwell se había atrevido a temer: ni una sola palabra, ni una sola imagen que no esté destinada a fomentar el pánico colectivo. Es de suponer que las voces disidentes, o al menos las críticas que existen, son debidamente ignoradas por los productores de la opinión pública. Sin embargo, esto no pudo evitar que algunas mentes libres expresaran su diferente punto de vista sobre lo que realmente está sucediendo aquí y en otros lugares.
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Sin restarle importancia al carácter dramático del virus, las palabras de Giorgio Agamben son un soplo de aire fresco: «La limitación de la libertad impuesta por los gobiernos es aceptada en nombre de un deseo de seguridad que ha sido inducido por los mismos gobiernos que ahora intervienen para satisfacerlo». A la luz de esto, ¿cómo podemos dejar de ver que el COVID-19 ha sido utilizado como un caso de prueba para un eventual estado de emergencia en caso de rebelión social a escala mundial? No queremos decir que el virus fue creado específicamente para estos propósitos –daríamos un amplio margen a los conspiracionistas pero con burlas de los que hablan de ello–, sino que esto ha sido montado artística y profesionalmente por los señores de la guerra (no es coincidencia que alrededor del COVID-19 la terminología de la guerra haya florecido), poniendo todos los recursos de quienes disponen del poder para domar una rebelión masiva: esto está ante los ojos de todos.
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Y como si las armas convencionales no fueran suficientes, las tecnologías más aterradoras para el control social están siendo puestas en juego. Se decía en el siglo pasado, entre los amantes de la literatura de género: un día todos tendremos un transistor –fue hace mucho tiempo– instalado en el cuerpo desde el nacimiento, así que sabrán en todo momento lo que decimos y dónde estamos. Delirios de juventud, tiempos en los que uno se encontraba en las plazas discutiendo sobre arte y revolución. Usos interrumpidos por el asalto masivo del Estado al pensamiento libre y revolucionario en el siglo pasado. Con el consiguiente declive político y cultural de las masas que continúa hasta hoy.
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Por fin el sueño del poder capitalista, ya no de reunión sino de separación, se ha convertido en un hecho. Rastrear contactos (o contact tracing, como le gusta decir a la gente que si no habla inglés tiene la impresión de no decir nada) no es nada nuevo. Nuestros teléfonos portátiles son seguidos paso a paso por los satélites y, en ocasiones, incluso nuestras conversaciones no escapan a la «gran oreja». Evidentemente, esto no fue suficiente para mantenernos a raya con la debida puntualidad y precisión. De hecho, la tecnología militar de punta tiene medios mucho más sofisticados, que se utilizan ordinariamente en operaciones de espionaje, especialmente por los departamentos del antiterrorismo. Sólo la resistencia de unas pocas instituciones internacionales garantistas ha evitado hasta ahora que toda la sociedad sea blanco indiscriminado de la tecnología del ultraespionaje.
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El COVID-19 ha puesto fin a este escrúpulo ético. Hoy en día se exige enérgicamente que debemos saber a dónde va cada uno de nosotros y con quién nos encontramos. Y eso es lo que ha pensado el año pasado la Universidad Rice, por encargo de la Fundación Gates. Con la invención de los puntos cuánticos a base de cobre que, inyectados en el cuerpo junto con la vacuna anti-COVID-19, serían como un código de barras legible con un dispositivo especial (Manlio Dinucci, L’arte della guerra). Dime con quién vas y te diré quién eres.
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Se sigue diciendo «nada será igual que antes», y hay que creerlo. Por desgracia, me temo que no será en el sentido que los más optimistas quieren, es decir, una especie de redención de la locura capitalista. En cambio, nos acercamos a los días en que la palabra comunidad será primero prohibida, y luego gradualmente vaciada de sentido cívico. En la era de los cuerpos separados, la reunión es una subversión. El virus se ha perfeccionado, el único antídoto es la separación, la obediencia. Lo que estamos presenciando ya no es una guerra contra las ideologías, sino el asalto decisivo del capital contra el ser humano como comunión de cuerpo y espíritu.
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Es el 25 de abril, en la prisión de Oristano, el aniversario de la liberación del nazi-fascismo. Así nos lo dijeron y lo creímos. Tanto es así que cada año el pueblo se lanzó a la calle, no sólo para no olvidar la Liberación, sino para hacerla realidad, un día, al menos para nuestros hijos. Ahora la plaza se ha ido, el pueblo está segregado. El capital de los estragos ha ocupado la escena, relegando un sueño de libertad a una mera infección viral.
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Paradójicamente, un territorio donde la comunidad está destinada a persistir hasta la última matrícula es la prisión. Los medios para sobrevivir aquí no existen, ni siquiera son posibles. En Oristano las máscaras y los guantes están prohibidos por orden de la dirección: se utilizan para ocultar las caras y las huellas dactilares. Los oficiales se mantienen en estado de alerta permanente. Las prisiones son bombas a punto de explotar. Los barrotes, en lugar de separar, unen los sentimientos de revuelta. Los reclusos no van a morir a manos de las leyes que celebran la venganza. Entonces se unen, gritan más fuerte que el virus, quieren comunicarse con la gente, decir que una solución es posible. Hablemos de ello.

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